Arguedas y la poesía quechua cantada
Exordio
La música y el canto impregnan la múltiple obra literaria y antropológica de Arguedas, en la que merece su indudable predilección el canto quechua.
Arguedas dedicó tiempo, esfuerzo, interés genuino, pasión y devoción a recopilar, analizar, transcribir, traducir, difundir y promover la belleza expresiva de esta lengua, especialmente la que se canta en fiestas, rituales, actividades agrícolas y ganaderas.
Amigos, cantantes, maestros, alumnos y sacerdotes fueron animados a registrar su repertorio. Entre ellos están Andrés Alencastre (Killku Warak’a), Gabriel Aragón, el padre Lira, Rascila Ramírez, Lourdes Valladares, Jaime Guardia, Manuel Silva (Pichinkucha), Julio Benavente y Pancho Gómez Negrón.
Éste es un fervoroso homenaje a su legado, en gratitud por todo lo que hizo este gran amauta para afirmar nuestra identidad. Los textos que glosamos, escritos entre 1940 y 1969 (hace entre 71 y 44 años), tienen plena vigencia, no tanto por los prejuicios subsistentes, sino porque la cultura andina, en sus diversas vertientes, abre puertas del mundo globalizado hacia el conocimiento pleno, la valoración, el respeto, la dignidad y la prosperidad material de nuestro pueblo.
Contextualización
Muchos escritos dan cuenta del trabajo de Arguedas por valorar, reivindicar y promover el canto quechua, especialmente el wayno. Para enmarcar esta breve antología, citamos a continuación sus propios textos:
[...] en el Perú, la lengua quechua, en lugar de extinguirse, gana prestigio; y ya es evidente para todos que la música andina, predominantemente indígena, alcanza un grado de difusión inverso al previsto hace unos 40 años, cuando constituía una vergüenza y una aventura interpretarla públicamente en la capital (Lima) (La cultura: Un patrimonio difícil de colonizar. Lima, noviembre de 1966).
Lo indígena no ha sido apagado por el mayor intercambio con los avasalladores países muy desarrollados; por el contrario, este contacto ha fortalecido lo que hay de invasallable en el Perú y se está difundiendo como un acerado material galvanizador de la nación que se integra y se yergue (“Navidad y waylarsh: De lo mágico a lo nacional”. Suplemento Domingo, diario El Comercio, Lima, enero de 1967).
El wayno es como la huella clara y minuciosa que el pueblo [...] ha ido dejando en el camino de salvación y de creación que ha seguido. [...] En el wayno ha quedado toda la vida, todos los momentos de dolor, de alegría, de terrible lucha [...].
El indio y el mestizo de hoy, como el de hace cien años, sigue encontrando en esta música (wayno) la expresión entera de su espíritu y de todas sus emociones. [...] el wayno tradicional y anónimo en cuyos versos está el corazón del pueblo; desnudo y visible [...] de la quebrada y de la puna alta [...].
Y la energía indestructible del quechua deja su herencia en el alma del mestizo castellanizado [que], cuando canta, lo hace mejor y más auténticamente en quechua (“Canción popular mestiza e india en el Perú: Su valor documental y poético”. La Prensa, Buenos Aires, agosto de 1940).
[...] el wayno es la danza en que se vuelca libremente el regocijo y la voluptuosidad popular y la que recoge la inspiración del pueblo quechua en todos sus matices.
[...] Las traducciones [...] recogen con la mayor pureza posible el contenido del texto quechua. En la mayoría de los casos ha sido posible realizar traducciones verso a verso, imagen por imagen. En otros el esfuerzo interpretativo tuvo que ser intenso. En tal esfuerzo, el recuerdo del paisaje y la música de cada wayno me auxiliaron con doble virtud: abriendo las puertas de la imaginación y conservándola dentro del más puro e incorruptible espíritu quechua.
Creo, por eso [que estas canciones] pueden llevar al lector hasta el mundo íntimo del pueblo quechua, hasta su transparente morada. Los poetas, los nobles espíritus, podrán acaso lograr una identificación tan completa como la del hombre de habla indígena. [...] (Canciones y cuentos del pueblo quechua. Lima: Editorial Huascarán, 1949).
A modo de aperitivo
Muchas canciones que conmovieron la sensibilidad de Arguedas y merecieron ser traducidas y publicadas por él siguen vibrando en la voz de miles de trovadores andinos en jaranas y serenatas, susurradas al oído a la sombra de un árbol o en el silencio solitario de la intimidad evocadora. Estas canciones son una muestra:
“Urqupi ischu kañasqay”
Urqupi ischu kañasqay
qasapi ischu kañasqay
¿hinallaraqchus rawrachkan?
¿kunankamaraqchus rupachkan?
Hinalla rawrachkan chayqa
hinalla rupachkan chayqa
warma wiqiykiwan chaqchuykuy
warma wiqiykiwan tasnuykuy.
“El fuego que encendí en la montaña”
El fuego que he prendido en la montaña
el ischu (paja) que encendí en la cumbre
¿seguirá ardiendo todavía?
estará llameando aún hoy?
¡Oh, mira si aún llamea la montaña!
si todavía hay fuego, ¡anda niña!
con tus lágrimas puras apaga el incendio
llora sobre el fuego y tórnalo en ceniza.
“Altun pawaq wamanchállay”
Altun pawaq wamanchállay
kaykunapim chinkarquni
rapraykipi apawaspa
ñanchallayman churaykuway.
Chaymantaqa ripusaqmi
hanaymanpas uraymanpas
wayra hina muyurispay
mayu hina qaparispay.
“Halconcito de alto vuelo”
Halconcito de alto vuelo
estoy perdido por estos lugares
llevándome sobre tus alas
ponme en mi camino.
Desde allí sí me iré
hacia arriba o hacia abajo
libre como el viento
cantando como el río.
Canción poética quechua en la huella de Arguedas
Muchas canciones tradicionales de creación anónima, que datan de hace un siglo o más, siguen expresando emociones y sentimientos de hombres y mujeres que encuentran en sus versos y melodías una herencia que brota de lo hondo de sus raíces y van fecundando la sensibilidad de niños y jóvenes del Perú profundo. Escuelas, festividades y radios locales propician encuentros y estimulan a sus cultores.
Estas canciones, sacadas al azar de nuestra propia alforja, están en la huella del Amauta, como una prueba de fidelidad al vívido ejemplo de su fecunda existencia:
“Rípuy-rípuy”
Rípuy-rípuy niwachkankim (2)
manaraq ripuypaq kallachkaptiy
manaraq ripuyta munachkaptiy.
Ripuytaqa ripullasaqmi (2)
wanwapa tulluchan qinachayuq
arañap llikachan punchuchayuq.
“Despedida”
Insistes en que me vaya
cuando aún no estoy para irme
cuando todavía no deseo alejarme.
De irme, sí me iré
con mi quenita de hueso de zancudo
con mi ponchito de tela de araña.
“¿Maytaq chay kuyakuychayki?”
¿Maytaq chay kuyakuychayki?
¿maytaq chay wayllukuychayki?
¿mayullawanchu aparqachinki?
¿qaqallawanchu ñitirqachinki?
Ñuqapa kuyakuychayqa
ñuqapa wayllukuychayqa
sunquy ukuchapim wichqarayachkan
ñawi ruruchaypim qucharayachkan.
“¿Dónde está ése tu amorcito?”
¿Dónde está ése tu amorcito?
¿qué es de aquella tu ternura?
¿es que se lo llevó una torrente?
¿o la sepultaste bajo una roca?
El amorcito que yo tengo
la ternura que me reclamas
está guardado dentro de mi corazón
está empozado en la niña de mis ojos.
“Siwar qintíllay quri raprállay”
Siwar qintillay, quri raprállay
¿maytataq rinki? (2)
kayman pawaspa, wakman pawaspam
waqachiwanki, llakichiwanki.
Wiqi ñawintin, llaki sunquntin
maskamuchkayki (2)
¿icha wakpichu, icha maypichum
yanallay nispay, urpillay nispay.
Mana rapiyuq chaki sachaman
chayallaspaykim (2)
llantunaykipaq mana tarispa
chaypi waqanki, yuyariwanki.
“Mi picaflor de alas doradas”
Mi picaflor de alas doradas
¿a dónde te vas?
Pues, volando por aquí y por allá
provocas mi llanto, y me haces sufrir.
Con ojos llorosos y el alma transida de dolor
ando en pos de ti,
diciéndome a mí mismo
¿aquí o allá estará mi amada paloma?.
Cuando te poses sobre un árbol
marchito y deshojado
y al no hallar dónde cobijarte
llorando me recordarás.
“Unpa rosas”
Hatun wayqu unpa rosas
¿imanasqam chakichkanki?
(¿imaraykum qilluyanki?)
ñuqallayraqchá chakichkayman
mana yanayuq kallachkaspay
ñuqallayraqchá qilluyayman
mana piniyuq kallachkaspay.
Remdioraq kallaptinqa
wiqiywanpas parquymanchá
(wiqiywanpas chaqchuymanchá)
manañam remedio kanñachu
sapinmanta chakirquptin
manañam remedio kanñachu
musuqmanta chikllinanpaq.
Qasquy hunta kuyasqaymi
ñawiymanta chinkarqunña
qasquy hunta wayllusqaymi
sunquymanta ripukunña
manañam remedio kanñachu
kikinmanta ripukuptin
manañam remedio kanñachu
sunquyman kutiykamunanpaq.
“Hawachan”
Ñuqachum ripuy (pasay) nirqayki (2)
kay runap wasinkunapi (llaqtankunapi)
waqastin (llakistin) purinallaykipaq.
Ñuqaña ripuy (pasay) niptiypas (2)
ñachari sunqun tiyanña
nispachá kutimuwaq (vueltamuwaq) karqa.
“Rosal en botón”
Mi rosal en botón de la quebrada grande
¿por qué te estás marchitando?
(¿por qué languidecen tus hojas?)
yo debiera estar marchitándome
(yo sí debería estar languideciendo)
pues estoy lejos de mi amada
pues soy solitario, no tengo a nadie.
Si aún habría remedio
con mis lágrimas la regaría
si todavía hubiera esperanza
con mi llanto la resucitaría.
Pero ya no reverdecerá
pues se ha secado desde la raíz
y ya es imposible que rebrote.
La que yo amaba con toda mi alma
ha desaparecido de mi vista
aquella cuya ternura llenaba mi pecho
ha huido de mi horizonte.
Pero ya es imposible que vuelva
pues huyó por su propia voluntad
ella no retornará ya jamás
a anidar en mi corazón.
“Fuga”
¿Acaso yo te dije que te fueras?
yo no te di motivo para que te alejes.
Así yo te hubiese dicho ¡vete!
aunque yo te hubiera dado motivo
debiste suponer que mi corazón
ya recuperó la paz y volver.
Coda
Arguedas decía que fue impelido a difundir el valor literario y la gran ternura del canto quechua por los prejuiciosos que lo calificaban de primitivo, pobre. Varios cantantes andinos fueron reprochados en Europa y los Estados Unidos por omitir el quechua en su repertorio. Por otro lado, tenemos a Juan Diego Flórez y Miguel Hart-Bedoya, que han hecho trabajos musicales en quechua, elogiosamente acogidos. Otro ejemplo es Magaly Solier que, en la entrega del premio “Oso de Oro”, en Berlín, fue ovacionada por hablar y cantar en quechua.




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