Eso que no tiene nombre

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Está y no está al mismo tiempo. El sexo de la mujer: de la paradoja de su ubicuidad y su vacío semántico trata este artículo.

La mañana de ayer. En una combi, repleta. De repente, un niño grita: “¡Vulva, vulva, vulvaaaaaa!”. Se ríe. Algunos adultos también, sonrojados. ¡Ejem! Una señora, escandalizada, pregunta quién le ha enseñado semejante vulgaridad al pobre chico. Pero ¿qué cosa tan espantosa tienen las mujeres entre las piernas?

En esta época de supuesta libertad sexual, eso que no tiene nombre, lo de “ahí abajo”, sigue siendo un tabú, una palabra sucia, fea… tan impronunciable como el nombre del mismísimo Lord Voldemort.

Eso, sí, lo asimilamos a una temprana edad. En la tina, las niñas aprenden a lavar sus brazos, también conocidos como “brazos”; sus pies, llamados “pies”; sus orejas, científicamente denominados “orejas”; y su vulva… perdón: papa, chuchita, florcita o conejita.

A esta cosita también le decimos concha, coño, sapo, zorra, higo, raya, mono, patata, chichi o partes pudendas. Del latín pudendus, la palabra significa, según la Real Academia Española, “torpe, feo, que debe causar vergüenza”.

En francés se le dice torta velluda o foufoune. En freudiano: ausencia de pene. En inglés: cho-cho, depósito de esperma, masajeador de pene, guante cátcher, nido cucú, almeja con bigote, herida de hacha, sur sucio, taco vertical o cortinas de res.

¿A lo mejor “vulva” no es tan terrible?

(NDLR: Los genitales externos de la mujer, esos objetos anatómicos poco conocidos, responden al nombre de vulva.)

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Encuestas realizadas a mujeres en América del Sur y en los Estados Unidos han revelado un gran desconocimiento de la vulva. Muy pocas mujeres saben identificar sus diversas partes, como los labios —mayores y menores—, el clítoris o el vestíbulo, entre otras. Y en el caso particular de las chilenas, quienes se sintieron incómodas frente al tema y ante la sola pregunta, el 80% declaró “no haberse mirado nunca con un espejo”, porque, según señalaron, “no se me ha ocurrido”, “no me corresponde” y “es algo feo”. 

Uno de los factores que podría explicar esta actitud, según expertos en salud sexual, es que la reflexión sobre la anatomía sexual femenina queda reducida, mayormente, a lo reproductivo: la vagina, el útero y, entre otros, los ovarios. Lo demás queda a la ¿imaginación? de cada uno(a)… y hasta de los extraterrestres. 

Fue en 1972 cuando la NASA lanzó al espacio las sondas espaciales Pioneer 10 y Pioneer 11. Éstas llevaban una placa inscrita, según sus diseñadores, con información imprescindible para que posibles civilizaciones interestelares entendieran, entre otros elementos, la fisionomía humana. Sin embargo, la figura de la mujer desnuda fue representada sin la fina línea que indica el inicio de los labios mayores de su vulva. 

Para superar nuestros miedos y, sobre todo, para ser capaces de hablar y mirarnos sin complejos de culpa, presentamos un poco de lectura:

Monólogos de la vagina

Eve Ensler

“Lo digo porque creo que lo que no se dice se convierte en un secreto, y en los secretos, a menudo, arraiga la vergüenza, el miedo y los mitos. Lo digo porque quiero poder decirlo un día sin sentirme incómoda, sin vergüenza y sin culpabilidad. VAGINA.”

Entrevistas realizadas con más de 200 mujeres inspiraron la obra de Ensler. En ella se retratan las experiencias de esas mujeres, sus traumas, angustias, aspiraciones y alegrías, muchas veces las más íntimas: del aprendizaje de la sexualidad a la maternidad, de la violación a la mutilación genital.

 

Yo amo mi vulva

Silva Maza, Dina Cedano y Liz Cabrel

Un libro que no deja indiferente. Que impacta, asombra, muestra —a través de diversos testimonios personales y fotografías de vulvas— y que busca, según la coautora Liz Cabrel, “desvaginizar la sexualidad de las mujeres”. En otras palabras, romper el silencio que envuelve esta sexualidad para que el placer sea, también, un derecho.

En el Perú, el libro ya causó polémica. “La librería Crisol nos vetó ocultando los libros; retirándolos sin comunicárnoslo. Los devolvieron, pero solo después de un largo trámite”, señala Cabrel.

Más información en: www.yoamomivulva.org, www.vulvalucion.org y www.musasperu.org

 

Historia de la vagina: Un territorio virgen al descubierto

Catherine Blackledge

Según Blackledge, siglos de desinformación han fomentado el desarrollo de una cultura en la que resulta tabú nombrar o mostrar los genitales de la mujer, los cuales, muchas veces, son considerados como algo pornográfico y rodeado de mitos, prejuicios y falsas creencias. Sin embargo, como demuestra la autora, se ha empezado (¡por fin!) a sacar a la luz sus funciones reales, así como el papel que desempeñan en el placer sexual y la reproducción.

La huachafería citadina

Dos causas tiene esa conducta huachafa: considerar el tema sexual como tabú y el analfabetismo funcional de quienes se creen "decentes".

gracias por colgarlo...

gracias por colgarlo... resulta mas que interesante..... gracias nuevamente....

Interesante artículo!

Interesante artículo!

Vaya, vaya. Me alegra que

Vaya, vaya. Me alegra que ideele siga desarrollando esta "línea" -vulvar, aunque en mirándola bien, son varias líneas, llenas de posibilidades!!- más radical, más gozosa. O sea, podemos cambiar, para mejor.

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