Hacia la gran transformación

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La autora fue una joven candidata al parlamento en las últimas elecciones y representó al sector del Partido Nacionalista que reivindicaba con mayor denuedo el proyecto de “La gran transformación”. Es decir el plan que agitara el actual mandatario en la primera vuelta electoral. ¿Qué opina este sector ahora? ¿Se sienten fortalecidos o más bien un poco defraudados? 

Sería ingenuo tratar de descifrar qué es lo que piensa Ollanta hoy, o qué fue lo que pensó cuando saltó a la palestra política durante los sucesos de Locumba, si realmente pensó que ese hecho representaría lo que representa hoy, etcétera. En política las especulaciones son pan de cada día, pero al final solo podemos contentarnos con estudiar los hechos, los discursos y el contexto, interpretarlos y llegar a conclusiones programáticas.

Lo que se puede o no esperar del Presidente y del nuevo Gobierno no depende solo de él, sino también de la correlación de fuerzas entre las clases dominantes herederas de casi doscientos años de control del Estado peruano y, en contraposición, de las clases históricamente dominadas.

Sobre las primeras, es sabido que tienen el control de gran parte del aparato económico y político y que, por eso mismo, son mucho más fuertes que las clases populares y las organizaciones políticas que las representan. Esto es así porque estas últimas vienen de un largo periodo (los años noventa) en el que se eliminaron derechos fundamentales como las ocho horas y se limitó severamente el acceso a la educación, la salud, la estabilidad laboral, la libertad de expresión y organización, además de que hubo torturas, asesinatos y desapariciones.

Lo fundamental en esta nueva etapa de cinco años no es tanto garantizar la plenitud de tales derechos, sino construir organización popular sostenible, políticamente avanzada e ideológicamente en proceso de definición para estar a la altura de una eventual reacción del sector más renuente al cambio similar a la de la década de 1990.

Los jóvenes que, como yo, defendimos y llamamos a votar por la gran transformación, debemos entender producto de qué históricamente somos, para asumir un rol protagónico en este periodo. Entender que los derechos fundamentales por siglos postergados no pueden darse de un día para otro. Sin embargo, si las clases dominantes han demostrado en casi dos siglos de dominio que no pudieron resolver los problemas populares, esto no se le puede permitir al actual Gobierno. Será una larga etapa en la que si nos organizamos, asumimos un rol político protagónico en la organización del pueblo dentro o fuera del Gobierno, estudiamos y avanzamos teórica y prácticamente desechando nuestras taras neoliberales, podremos acortar sustancialmente los procesos.

Si bien el nuevo Gabinete ha dado bastante espacio a los sectores conservadores, ésta era y es una necesidad que se veía venir, pero estaba en función de la capacidad de respuesta del pueblo. Si hubiésemos ganado en primera vuelta, todo sería distinto. Aun así, es deber de todos sumar orgánicamente al proceso para que el viraje hacia la gran transformación se dé lo más pronto posible.

La cuestión de si nos sentimos representados o no por el actual Gabinete no pasa por ver solo los nombres. Un análisis parcial, en definitiva, daría como respuesta una falta de representación y cierta decepción. Y aunque esto no tendría por qué ser de otro modo, debemos analizar políticamente este hecho en función de la capacidad de organización de las fuerzas democráticas y progresistas y de respuesta ante una eventual reacción de las clases dominantes.

Lo cierto es que será difícil avanzar, pero teniendo puntos programáticos delimitados y concertados los ministros deben responder a la proyección planteada desde la hoja de ruta; lo que sí no podríamos tolerar son casos flagrantes de concesión de cargos de confianza a personas con poca solvencia moral o con actos de corrupción a cuestas.

De ahí que lo que podemos esperar de este Gobierno en realidad ya ha sido delineado desde el discurso presidencial de asunción de mando, cuando se planteó que el cumplimiento de las promesas electorales se iniciará con los sectores de extrema pobreza; no podría ser de otro modo, y esto debe analizarse a partir de lo que históricamente ha sido relegado.

No creo que en este periodo se consiga que el Estado asuma la administración de las industrias estratégicas; tampoco, que pueda darse una respuesta firme al retorno del latifundio; ni que se elimine la corrupción enquistada por décadas. Pero sí creo que se permitirá que nuestros empresarios tengan mayores oportunidades para construir industria nacional, que el problema del neolatifundismo se frenará eliminando las trabas a la pequeña y mediana propiedad agraria, que la corrupción será detenida y que el Estado empezará a depurarse. Creo que más allá del Gobierno, el pueblo asumirá la construcción de su patria para garantizar la gran transformación.

En esta etapa el principal riesgo es que los sectores conservadores acentúen su presión al Gobierno y no le permitan aplicar el programa, pero, nuevamente, esto dependerá de la capacidad de la dirigencia popular para organizar y educar política e ideológicamente a las grandes mayorías. Hablamos de cambios profundos.

La principal fortaleza de esta nueva etapa es que un gran sector de peruanos y peruanas se encuentran motivados y llenos de energía por la victoria que representa el actual proceso. Debe recordarse este momento como un hecho histórico único y comprender que el ánimo y la moral que alberga el pueblo luego de tantas décadas de opresión, asesinato y latrocinio no podrán ser borrados tan fácilmente. Sus aptitudes para procesos mucho más definidos y específicos no se darán seguramente en esta etapa, pero dependerán del pueblo y la capacidad que el resto de sectores supuestamente más claros tengan para desarrollarse el avance hacia una patria más justa y soberana.

[No puedo dejar de saludar mediante este espacio la gran lucha que vienen desempeñando los estudiantes chilenos por una educación democrática, gratuita y de calidad. Desde aquí, toda la solidaridad con ellos.]

Impresionante!!!!

Que puedo decir habla como una gran "luchadora" como si fuera que conquisto espacios desde las calles, nuevos jóvenes que salen a la palestra con cierto triunfalismo de grandes protegonistas del cambio.

A Paloma Duarte Soldevilla.

la he visto luchar incansablemente y la sigo mirando, estoy orgullosa de ella. Luchadora jóven, tenaz, inteligente. Un cuadro de lujo.
Te queremos, admiramos y acompañamos Paloma, no desmayes.
Hay quienes creemos mucho en tí y en todas y todos los y las jovenes que lucharon y luchan en equipo para hacer de nuestro país un pais de oportunidades para todas y todos. Gracias por tus aportes.

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