La Independencia y su costo económico

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La Independencia fue una pésima empresa económica. ¿El principal perjudicado? Nuestro bisoño país.

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Antes de que se desataran las guerras de la Independencia, en la década de 1810, la economía virreinal no andaba del todo mal. Es cierto que había una crisis agrícola, sobre todo en la costa, que se arrastraba del siglo XVIII, pero la minería y el comercio pasaban por un relativo auge. Si bien las reformas borbónicas afectaron los intereses de los comerciantes limeños, éstos todavía controlaban los mercados del Perú, el Alto Perú y, en cierta medida, los de Santiago y Quito. La minería, por su parte, se había recuperado gracias a la producción de plata en los yacimientos de Cerro de Pasco (sierra central), Hualgayoc (Cajamarca) y Huantajaya (Tarapacá).

Pero esta economía aparentemente estable comenzó a desplomarse por la revolución independentista. En primer lugar, los comerciantes del Tribunal del Consulado empezaron a desfinanciarse por la cuantiosa ayuda que tuvieron que entregar a la contrarrevolución desde los tiempos del virrey Abascal; la Corona nunca devolvió los préstamos. Luego, la misma guerra destruyó muchos centros productivos como minas, obrajes y haciendas. Finalmente, la población, tanto los de mayor fortuna como los más pobres, se vio obligada a dar cupos de guerra durante los años que duró la lucha.

Como se recordará, durante este tiempo dos ejércitos —unos 20 mil hombres— transitaban por el país. Había que alimentarlos, vestirlos, armarlos y pagarles. El dinero y los productos para sostenerlos salieron de los propios peruanos. Cabe mencionar que España nunca ayudó económicamente al ejército realista. De hecho, la guerra fue una sangría económica para el Perú, una situación de la que tardaría muchos años en recuperarse.

La Independencia tuvo un costo económico muy alto para el país. La separación de España no trajo, como soñaban los liberales, el auge comercial que se esperaba por la eliminación de las restricciones mercantiles. La producción decreció; virtualmente se perdieron los antiguos mercados como el Alto Perú, Chile y Quito; el crédito escaseó, y la renta per capita tardó en recuperarse. Esta pérdida de mercados erosionó considerablemente a la agricultura costeña y a sus terratenientes. Además, la vida política, inestable y, por momentos, corrupta, no garantizaba ningún tipo de inversión.

En 1834, por ejemplo, el cónsul británico Belford A. Wilson informaba a su Gobierno lo siguiente: “Sobre la existencia de este Sistema de Soborno, yo simplemente creo que ningún funcionario público en el Perú se halla completamente exento, algunos pueden ser conquistados a menos precio que otros, pero todos, desde el último Presidente, el General Gamarra para abajo, están infectados con este vicio. La justicia en el Perú ha sido hasta ahora, y parece que continuará siendo, alcanzada tan solo por el soborno”.

El desorden era tal que ningún gobierno pudo implementar un modelo económico claro; menos un presupuesto. Los ingresos más importantes con los que podía contar eran las rentas de aduana, el tributo de los indios y los “cupos” de guerra que levantaban los caudillos. Es lógico suponer, además, que el principal gasto que debían hacer los regímenes de entonces fue el orden interno, es decir, garantizar su permanencia en el poder. El crédito externo, por último, estaba suspendido.

La crisis de la agricultura, actividad a la que se dedicaba la mayor parte de la población, se había acentuado. Muchas haciendas habían sido destruidas por las guerras y perdieron trabajadores. En la costa, por ejemplo, cientos de esclavos aprovecharon la presencia de los ejércitos libertadores y se enrolaron en la lucha bajo la promesa de conseguir su libertad. Los hacendados tuvieron que sobrevivir con solo algunos esclavos, peones libres e indios yanaconas. Por ello, los viajeros que recorrían la costa compararon su agricultura con la Venus de Milo: carecía de brazos.

Otro problema de los hacendados era la escasez de crédito. Tuvieron que depender, cuando podían, de los préstamos costosos (alrededor del 18%-24% anual comparado al 4%-6% anual de los censos durante el Virreinato) de los comerciantes usureros o prestarse entre ellos mismos. En la sierra, la agricultura, tanto para los gamonales como para las comunidades indígenas, quedó en un nivel casi de subsistencia. Todo esto demuestra que los hacendados, por su debilidad económica, no pudieron convertirse en grupo dirigente y tuvieron que cobijarse en los caudillos para defender sus intereses.

En 1834, el cónsul británico informaba a su Gobierno lo siguiente: “yo creo que ningún funcionario público en el Perú se halla completamente exento (del soborno), algunos pueden ser conquistados a menos precio que otros, pero todos, desde el último Presidente, están infectados con este vicio".

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Por su lado, la minería, luego de colapsar por las guerras independentistas, se recuperó lentamente. Antes de la aparición del guano, fue el sector más importante de la economía y, al igual que en los tiempos virreinales, la plata su principal producto de exportación. Pronto se reabrieron las minas de Cerro de Pasco, Hualgayoc y otras más pequeñas en Puno y Arequipa. La producción de Cerro de Pasco era la más importante, con cerca del 70% del total nacional entre 1840 y 1843, su momento más auspicioso, cuando llegó prácticamente a igualar los niveles más altos de la producción tardío-colonial. Pero, al igual que los agricultores, los mineros tuvieron que sufrir el problema de la escasez de capital. No hubo, como en el Virreinato, “bancos de rescate” (instituciones de crédito a largo plazo formadas con protección estatal y administrados por el gremio minero) que apoyaran a las minas. Tuvieron que depender del crédito usurero de los comerciantes. Pero los mineros solo recibían crédito a corto plazo de los prestamistas de Lima, y únicamente para la comercialización del mineral. La inversión a largo plazo en la minería no era parte de las actividades financiadas por los comerciantes. Dicha inversión era esencialmente autofinanciada por los mineros.

Otro problema fue el suministro de mercurio, insumo básico para la purificación de la plata: a partir de 1830 tuvo que ser importado de España, porque las minas de Huancavelica habían cerrado. Esto encarecía aun más los costos de producción. Los mineros también tuvieron que recurrir a los militares para defender sus intereses y se vieron obligados sistemáticamente a dar cupos de guerra.

Los comerciantes, básicamente los de origen extranjero, fueron los únicos que gozaron de una situación relativamente cómoda. En un inicio, los traficantes británicos aprovecharon la Independencia e inundaron el mercado peruano con sus mercancías. Pero hacia 1825 y 1827 el mercado se saturó y las importaciones se estancaron. Los británicos perdieron cerca de un millón de libras esterlinas en su primera aventura con el mercado peruano. Muchos se desalentaron y quebraron. Solo las casas comerciales con experiencia y solidez previas, como la Casa Gibbs & Sons, instalada desde antes de la Independencia (1818), subsistieron.

Las cifras que conocemos nos indican que en 1824 había solo 240 ingleses residentes en Lima, 20 casas comerciales de esa nacionalidad en la capital y 16 en Arequipa. Estos números se redujeron en los próximos años. Los pocos comerciantes que se quedaron se beneficiaron de la importación de artículos de lujo y, sobre todo, prestando dinero, con altos intereses, a los mineros, a los hacendados y al propio Estado. Entre 1830 y 1860, por ejemplo, tuvieron los mejores ingresos, pues sus ganancias se incrementaron entre un 50% y un 60%.

Por último, si hablamos de regiones, solo Arequipa y la sierra sur tuvieron una economía expectante. Allá, comerciantes nativos y extranjeros, terratenientes y ganaderos, lograron establecer una economía regional sólida gracias a la exportación de lana de oveja y de auquénidos al mercado británico por el puerto de Islay. El control de este capital mercantil le dio a la élite arequipeña una importante capacidad económica y política. No en vano muchas de las luchas entre los caudillos se resolvían en los alrededores de la Ciudad Blanca. Por ello, esta región y su élite se desarrollaron independientemente y, con frecuencia, en oposición a Lima. Esto explica el apoyo de Arequipa a la Confederación Perú-Boliviana, proyecto que ampliaba su mercado y su influencia política.

Independencia y Economía

¿Quiere decir el autor que preferible hubiera sido seguir siendo colonia española? Por supuesto que en el Virreynato "la economía no andaba del todo mal", ¿pero quién se beneficiaba con eso? Creo que valió la pena el sacrificio económico, coincido con quien dice que "El ser libres, tan igual como vivir en democracia, no puede ser medido en términos económicos, lo que obtenemos como personas al vivir en un país libre y democrático no tiene costo ni "precio", más allá del dinero están los derechos humanos y libertades ciudadanas".

idea clave

La idea del artículo es clara y bien sustentada. La guerra de independencia no trajo un descalabro económico y político. No me atrevo a decir social. Pero está claro que no siempre se avanza hacia adelante. Y, por favor, cuidado con las lecturas con moralina y descontextualizadas históricamente.

PROBLEMA REAL

En realidad no aprecio en el articulo un “cuestionamiento” en sí a las “guerras” de la independencia y al "efecto negativo" en la economía del Perú de esa época (cualquier guerra en cualquier país en cualquier tiempo siempre ha tenido y siempre tendrá un costo para la economía de un país), por el contrario, los pocos datos estadísticos que se muestran en el artículo deberían más bien apreciarse en su contexto histórico y valorarlos en ese sentido

por ejemplo, el informe del Cónsul británico de 1834 (un antecedente de los wikileaks) constituye una excelente descripción o apreciación de ese “país” que fue el Perú de esa época : “Sobre la existencia de este Sistema de Soborno, yo simplemente creo que ningún funcionario público en el Perú se halla completamente exento, algunos pueden ser conquistados a menos precio que otros, pero todos, desde el último Presidente, el General Gamarra para abajo, están infectados con este vicio. La justicia en el Perú ha sido hasta ahora, y parece que continuará siendo, alcanzada tan solo por el soborno”.

Si éste fuera un wikileaks del cónsul británico en el Perú del 2011, las palabras serían EXCTAMENTE LAS MISMAS (con la excepción del nombre del Presidente que en lugar del general Gamarra sería la de los dos últimos ladrones que fungieron como alias “Presidente”, PORQUE ÉSA ES LA SITUACIÓN DE ESTE PAIS DESPUES DE 177 AÑOS, EXACTAMENTE LA MISMA, TOTAL CORRUPCION EN TODOS LOS NIVELES

Ningún país podrá llegar a ser tal con una situación como esa. La ausencia de políticas económicas, de un modelo económico, de institucionalidad, etc, etc, son solo temas que los gobernantes de turno plantean todos los años para distraer y entretener a la población (que en el Perú es en su gran mayoría ignorante) haciéndoles creer que esos son los asuntos importantes de la “patria”.

Mientras no se enfrente con firmeza el problema de la corrupción, el Perú jamás llegará a ser un país, ni siquiera se acercará a algo parecido, simple y llanamente seguirán siendo “un montón de gente desconcertada”

veamos otro enfoque

El ser libres tan igual como vivir en democracia, no puede ser medido en términos económicos, lo que obtenemos como personas al vivir en un país libre y democrático no tiene costo ni "precio", más allá del dinero están los derechos humanos y libertades ciudadanas, el enfoque del artículo no solo debe estar en términos cuantitativos, sino también cualitativos.

Comentario

Interesante articulo, pero cuidemonos de decir que por las guerras de Independencia el Peru del 2011 es como es.

No es un problema de una "herencia colonial." Y creo que el autor se da perfectamente cuenta de ello.

Si a pesar de todo hoy sigue la pobreza, la extramada desigualdad, la violencia ciudadana no es por San Martin ni Bolivar, ni La Serna: es porque despues de casi 200 años, y luego de haber los peruanos vivido varios "boom economicos", ni el Estado peruano ni las elite nacionales han hecho algo al respecto.

Critica a "el costo económico de la independencia"

¿costo económico?: Una guerra, una revolución, a veces las guerras hacen las de una revolución (Contreras dixit), traen consecuencias, .., más en su artículo no encuentro "el costo". Nos narra ud. las carencias institucioanles post independencia, es decir cuestiones políticas: falta de modelo político, carencia de institucionalidad, ausencia de un poder judicial, ausencia de polìtica económica, falta de política minera, no cuaja una elite sólo hay caudillos militares. Pero si esos son los costos, entonces vamos con lo ya conocido desde el pensamiento critico "la incapacidad criolla para crear un Estado" o nuestro autor más bien nos habla desde el brazo de la derecha conservadora "para que independizarnos si siendo subditos de España estabamos bien"¿?.
Mg. Ernesto Morales Erroch

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