Memorias del hortelano

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¿Y qué fue de los pueblos indígenas? ¿Cuál es el reto que enfrenta el actual Gobierno en este turbulento territorio? Según los líderes indígenas amazónicos, la Administración de Alan García prácticamente les declaró la guerra, y acaso el símbolo más terrible de esa tirantez fuera la tragedia de Bagua. Pero hay, además, una serie de indicadores que sugieren que, bajo la curiosa teoría del “perro del hortelano’, se desplegaron una serie de políticas, y no-políticas que la actual administración debería revertir. A propósito del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebró esta semana (9 de agosto), éste es el menú indígena que le espera a Ollanta Humala… 

“Ningún gobierno tuvo tan mala relación con las comunidades nativas”, sostiene, categórico, Fermín Tiwi, indígena awajún que tiene un máster en Derechos Humanos, desde las oficinas del CAAAP (Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica). Lo dice con convicción y algo de ira santa, mientras conversamos sobre una mesa cubierta por una manta con motivos shipibos que parecen estar también airados.

Tiwi hace un recuento de lo, según él, vivido y sufrido durante los cinco años del gobierno de Alan García, y señala los problemas con los territorios y la titulación, así como el olvido de la educación, de la salud, de la simple inclusión o consulta. “La exclusión de los indígenas —añade— tiene larga data, pero con García alcanzó diferentes formas y sabores.” Sabores amargos, sin duda, a juzgar por las cifras y algunas constataciones.

Esta tierra es nuestra
El frente acaso más turbulento, y que en cierto modo se sitúa en el ojo tormentoso del conflicto, está en la posesión no de tierras, sino de territorios. La distinción es clave porque, en rigor, para un indígena no se trata de terrenos intercambiables, como los que uno compra en la ciudad. Ese no entender que los territorios incluyen el agua, el aire, el suelo, los espíritus ancestrales, ocasionó tumultos peligrosísimos en el periodo anterior.

Como recuerda Richard Chase Smith, del Instituto del Bien Común (IBC), para un indígena el territorio es esencial, y las políticas de titulación en los pasados cinco años han sido pobres. “No ha habido esfuerzos por titular o por ampliar comunidades ya tituladas”, dice, “pero sí entusiasmo para otorgar concesiones petroleras.” La Defensoría del Pueblo sostiene que se llegó a titular siete comunidades nativas, pero el especialista lo duda.

Alberto Pizango, presidente de AIDESEP (Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Amazonía Peruana), es más contundente y señala que no se tituló ninguna y, como Tiwi, piensa que “el gobierno de García es el que más ha maltratado a los indígenas”. Las cifras oficiales de COFOPRI (Organismo de la Formalización de la Propiedad Informal) señalan que hay 1.265 comunidades nativas amazónicas tituladas, de 1.447 reconocidas.

Y que faltan titular (al 2010) 182. El problema, sin embargo, es el salto casi cuántico que ha dado el proceso para titular tierras indígenas en el Perú (algo parecido a lo ocurrido con INDEPA; véase recuadro). Hasta el 2007 existía el PETT (Proyecto Especial de Titulación de Tierras y Catastro Rural), pero ese año se fusionó con COFOPRI, por lo que la titulación de tierras indígenas quedó en una suerte de limbo burocrático.

Smith sostiene que eso revela, de parte del Estado, un marcado desinterés, pero apunta algo aun más crucial: los conflictos más atizados han sido y serán por territorios, el de Bagua incluido. Ese estallido, el más simbólico y sangriento de este periodo (34 muertos, 24 policías y 10 civiles, la mayoría de ellos nativos), se debió a los famosos —y penosos— decretos legislativos, promulgados por el Ejecutivo, que hacían frágil la posesión.

Es interesante seguir, de la mano de Smith, el hilo de los acontecimientos previos, que conducen a un cambio de uso de tierras en la región de Amazonas, donde viven los awajún. Una parte de la Zona Reservada Santiago-Comaina, que se iba a convertir en un Parque Nacional, fue excluida y comenzaron a otorgarse concesiones para la explotación de oro. Para entonces (2008) los awajún ya estaban en literal pie de guerra por este hecho.

Lo que ocurrió después (Bagua) fue la explosión de un conflicto acumulado por territorios, pero también, según Smith y el sociólogo Santiago Alfaro, de la controvertida teoría del “perro del hortelano”, plasmada por el Presidente en sendos artículos en el diario El Comercio entre el 2007 y el 2009. En uno de ellos (28/10/2007) llega a afirmar que se “ha creado la figura del nativo ‘no conectado’, desconocido pero presumible”.

No existían, en efecto
¿Presumible? Lo asombroso es que, justamente en ese momento, el pálido INDEPA tenía, dentro del MIMDES, un programa para estos grupos nativos, cuyo nombre más apropiado es “indígenas en aislamiento voluntario”. Estimados de Beatriz Huertas, especialista en el tema, sostienen que serían unos 5.000 en el Perú y que actualmente estarían diseminados en las cinco Reservas Territoriales existentes, pero quizá también en otros lugares.

El tema no es irrelevante si se tiene en cuenta que, hace muy poco, el gobierno saliente, con la aprobación del INDEPA, pretendió aprobar el Reglamento de Supervisión de Actividades Exploratorias y Extractivas al Interior de las Reservas Territoriales Indígenas. Según la norma, sería posible hacer actividades de esa naturaleza en dichas reservas, no obstante que un decreto supremo del 2008 prohíbe este tipo de actividad económica.

Lo más llamativo es que el mencionado Reglamento está dirigido a ampliar el famoso lote 88 de Camisea, del que ha hablado hasta el paroxismo el nuevo presidente, Ollanta Humala. Ese lote, de donde supuestamente saldría el “gas más barato para todos los peruanos”, si se ampliara, vulneraría la Reserva Territorial Nahua Kugapakori y Nanti. ¿Está preparado el flamante Gobierno para tomar una decisión salomónica y amazónica?

No es un asunto simple. Como recuerda Pizango, quien hoy sostiene seguir muy dolido por lo ocurrido en Bagua, “los indígenas son quienes cuidan la Amazonía”. Si bien en los hechos el asunto puede ser discutible (no todos lo nativos hacen actividades sostenibles, algunos de ellos incluso estarían metidos en el negocio de la madera o la extracción de oro), el mirar la Amazonía solo como un depósito de recursos luce muy desatinado.

La existencia de indígenas aislados (“hermanos autónomos”, según AIDESEP) remueve más certezas por una razón: le crea al Estado el dilema de aprovechar recursos no renovables o defender los derechos de ciudadanos vulnerables que, entre otras cosas, sucumben fácilmente a contagios epidémicos por su falta de defensas sanitarias. Hay cuatro reservas territoriales más en las que vivirían y vivirán (si no se encuentra petróleo, claro).

Hay nativos ashuar que tienen altas concentraciones de plomo y cadmio en la sangre, en un caso que lleva décadas. A ese cóctel se agrega el ninguneo de la educación intercultural.

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Salud, Educación, problemas…
Es sintomático, además, que a estos problemas que implican el simple hecho de estar, o existir, se sumen unos niveles de calidad de vida desoladores. Un clásico de América Latina: los indígenas siempre son los más pobres entre los pobres. En el Perú, esa situación se registra con la cifra de 55% de personas cuya lengua materna no es el castellano en situación de pobreza, frente a 29% que aprendieron a hablar en castellano.

En la franja amazónica los números son aun más dramáticos (véase recuadro). Según Alicia Abanto, jefa del Programa de Pueblos Indígenas de la Defensoría del Pueblo, es en el rubro salud donde ha habido algunos avances. Uno de ellos ha sido el papel del CENSI (Centro Nacional de Salud Intercultural), que ha elaborado un “Plan General y una Matriz para la Estrategia Nacional Sanitaria Nacional de los Pueblos Indígenas 2010-2012”.

Aun así, la situación sanitaria sigue siendo dramática. En el 2009, por citar un caso, solo el 17% de los partos ocurridos en las zonas amazónicas fueron atendidos por un profesional de la salud. Con cierta indulgencia se podría argumentar que los propios métodos indígenas palían esa situación, pero hay otros datos que configuran un panorama difícil. La escasez de agua potable y saneamiento es el más dramático. Casi no existen.

Apenas el 7,9% de las comunidades amazónicas cuenta con agua proveniente de la red pública, lo que ocasiona que se consuma agua de ríos y acequias. Una de las consecuencias esperables es que el 35,7% de las atenciones en las aún insuficientes postas o centros de salud es por infección atribuida a parásitos, y el 19,4% por vómitos o diarreas. Mejor no enfermarse en la selva, entonces, y menos si se es indígena.

Lo saben bien los candoshi de la selva nororiental, que sufrieron un brote de Hepatitis B: de acuerdo con declaraciones del dirigente Jamer Maniahuari, esta enfermedad infectó al 80% de los miembros de este pueblo, cuya población apenas bordea las 2.000 personas. A fines de diciembre del 2009, el Ministerio de Salud y el Gobierno Regional de Loreto, junto con organizaciones de la sociedad civil, elaboraron un plan de prevención.

De acuerdo con informes de la Defensoría del Pueblo, se tomaron muestras, se logró identificar a portadores del virus, pero no se logró “minimizar la peligrosa propagación de la enfermedad”. De ahí que Pizango exija mayor atención a este tema, así como a la situación de los ashuar en el río Corrientes (también en la zona nororiental), que aún sufren los estragos de la contaminación causada presuntamente por Pluspetrol.

Según él, hay nativos ashuar que tienen altas concentraciones de plomo y cadmio en la sangre, en un caso que lleva décadas. A ese cóctel se agrega el ninguneo de la educación intercultural. Por otro signo de gentileza de la saliente administración gubernamental, fue subsumida por la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe y Rural (DEIBR).

Las cifras también hablan aquí. Tan solo el 2,3% de los maestros que laboran en escuelas de Educación Intercultural Bilingüe (EIB) tiene un título en esa especialidad. Según las investigadoras Lucy Trapnell y Virginia Zavala, la extinta DEIB llegó a contar con un presupuesto de 40 millones de soles. Hoy el dinero destinado a ese rubro llegaría solo a un millón de soles. ¿Se trata de un desvarío presupuestal, o de una decisión deliberada?

 

Teoría y práctica
Según Smith e Ismael Vega, del CAAAP, nada es casual. Todas estas cifras, prácticas, disoluciones institucionales, basureos y olvidos serían la consecuencia práctica de la teoría del “perro del hortelano”, según la cual hay que apostar por la gran inversión para hacer producir tierras improductivas. De acuerdo con García, porque “la demagogia y el engaño dicen que esas tierras no pueden tocarse porque son objetos sagrados…”.

Ante la pregunta de qué debe hacer el actual Gobierno, Pizango dice que “exactamente lo contrario a lo que hizo el gobierno anterior”. Tiwi, por su parte, dice en awajún: “Apu Alan García, amek dekame wajuk takasume perunmash shig takasú akumek shig kanaqtatme nunikchan akumek waittanum juwak me…”. En castellano, eso quiere decir: “Si Alan García trabajó con conciencia, se sentirá libre. Si no, su propia conciencia lo sancionará….”.

Las cifras del olvido

- En el Perú existen 77 etnias indígenas.
- Hay, a la vez, 57 lenguas nativas y 18 familias lingüísticas.
- De ellas, 16 son amazónicas y 2 andinas.
- La población indígena amazónica es de 332.975 personas.
- El 81% de los pueblos amazónicos viven en situación de pobreza.
- La pobreza extrema, en estos mismos pueblos, llega al 41%.
- Solo el 11% de los indígenas de entre 18 y 20 años acceden a la educación superior.
- Desde el 2006 al 2010, solo se había titulado a 7 comunidades nativas.
- Solo en el 2010 se perforaron 233 pozos petroleros en la Amazonía.
- El acceso a fuentes de agua mejorada es de apenas 15% en las etnias amazónicas.
- El 94,2% de las viviendas en estas comunidades no cuenta con saneamiento.
- El 59,1% tampoco cuenta con establecimientos de salud.
- Solo el 38% de niños indígenas de 6 a 12 años asiste a una escuela bilingüe intercultural (cifra del 2008).
- Solo hay material educativo propio para 15 de las 55 lenguas amazónicas.

Fuentes: Perupetro, Defensoría del Pueblo, INDEPA.

 

¿Zape INDEPA?

La historia del INDEPA (Instituto de Desarrollo de los Pueblos Amazónicos, Andinos y Afroperuanos) sería digna de un culebrón televisivo institucional. Fue creado el 2005, con ciertos bombos y platillos étnicos, durante el gobierno de Alejandro Toledo, e impulsado fervorosa y afanosamente por la entonces primera dama, Eliane Karp.
Durante ese periodo gubernamental tuvo alguna importancia, pero no peso político, y cuando, en el 2006, se dictó la LOPE (Ley Orgánica del Poder Ejecutivo), pasó de ser un Organismo Público Descentralizado a ser un Organismo adscrito al MIMDES (Ministerio de la Mujer y el Desarrollo Humano) y a la PCM (Presidencia del Consejo de Ministros).
En julio del 2010, cuando se creó el Ministerio de Cultura, pasó a ser una Unidad Ejecutora del Viceministerio de Interculturalidad, que, dicho sea no tan de paso, no estaba previsto en el libreto de creación de esta cartera, pero fue incluido por presión de otros sectores políticos. No era, precisamente, un anhelo del gobierno aprista.
Según la Defensoría del Pueblo, en todo este tiempo la reacción del INDEPA frente a la vulneración de los derechos de los pueblos indígenas ha sido “incipiente o nula”. La prueba mayor fue la tragedia de Bagua del 5 de junio del 2009, en la que sus directivos no aparecieron en el primer plano de los acontecimientos, como obviamente correspondía.
Las limitaciones de recursos y técnicos (no existe, por ejemplo, un plan nacional para los pueblos indígenas), que son la natural consecuencia de la falta de interés político, han ocasionado ese aislamiento institucional. Aunque la misma Defensoría sostiene que con el último cambio puede ser “una oportunidad para consolidar esta institución”.

 

 

Dichos de Alan

“En tercer lugar derrotar las ideologías absurdas, panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios. En fin, volver a esas formas primitivas de religiosidad donde se dice no toques ese cerro porque es un Apu, porque está lleno del espíritu milenario y no sé qué cosa. Bueno, si llegamos a eso, entonces, no hagamos nada, ni minería. No toques a esos peces, porque son criaturas de dios y son la expresión del dios Poseidón. Volvemos a ese animismo primitivo. Yo pienso que necesitamos más educación.”

[Entrevista en Willax TV, 28/1/2011.]

“Y contra el petróleo, han creado la figura del nativo ‘no conectado’; es decir, desconocido pero presumible, por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo $90 por cada barril.”

[El Comercio, 28/10/07. Artículo “El síndrome del perro del hortelano”.)

 

Consulta en salmuera

El 6 de julio del 2009, la Defensoría del Pueblo presentó un Proyecto de Ley Marco para el Derecho a la Consulta, que facilitaría la aplicación del Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Dicho convenio, suscrito por el Perú, establece que los pueblos indígenas tienen derecho a una consulta “con procedimientos apropiados” sobre medidas “susceptibles de afectarles directamente”.
La mencionada norma fue aprobada el 19 de mayo del 2010 en el Congreso de la República, por 62 votos a favor, 7 en contra y 6 abstenciones. El 21 de junio del mismo año, sin embargo, el Ejecutivo devolvió la Ley con ocho observaciones. Posteriormente, la Comisión de Aplicación de Normas de la OIT exhortó al Estado peruano a que promulgue esta Ley, que, sobre el terreno, hubiera impedido muchos tumultos.
Tras varias idas y venidas en la Comisión de Constitución, y en la de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología, se quedó pendiente de aprobación en el Congreso saliente y pasará al Congreso siguiente, que deberá debatir las observaciones del ex presidente. Si algo permaneció en los planes de Ollanta Humala —en la campaña, en sus planes, en su verbo— es que harían efectivo el derecho a la consulta. Ahora, pues…

* Tomado del portal www.oecomanazonia.com

comentario

Es lamentable apreciar que a lo largo de todos estos años los gobiernos de turno no se hayan preocupado por incluir a los pueblos amazonicos, andinos y afroperunos en la agenda de nuestro pais, y mucho menos el tomar las acciones pertinentes que permitan proponer alternativas de solucion a sus tan grandes y graves problemas. Espero que este nuevo gobierno pueda hacer lo propio e incluya socialmente a todas estas comunidades por el bien del futuro del pais.

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