Notas sobre "La Amazonia no es Avatar"
Hernando de Soto apareció en los medios participando en la campaña política y firmando un convenio con el Gobierno Regional de Loreto para promover la titulación individual en vez de la comunal. En la práctica, los gobiernos latinoamericanos han promovido la titulación individual desde Bolívar hasta Alan García; y, por supuesto, con Pinochet y Fujimori. Aun así, la propiedad comunal ha seguido existiendo y titulándose muchas veces gracias al esfuerzo de las propias comunidades nativas, sus federaciones, las ONG que las apoyan y algunos gobiernos regionales.
En el adelanto de su nuevo libro, La Amazonia no es Avatar, De Soto se pregunta si hay que expulsar a los invasores foráneos o es, por el contrario, necesario corregir la situación de desprotección de los pueblos indígenas. Coincido en que es la situación de desprotección la que hay que corregir. La pregunta velada es si el mercado va a proveer esa protección, o si ella debe derivar de una política pública que cumpla los estándares del derecho de los pueblos indígenas, que son derechos constitucionales.
1. De Soto despotrica contra las deficiencias del Estado, y plantea que un registro y un papel que tenga valor en el mercado van a proveer las necesidades de los pueblos indígenas. En primer lugar, la necesidad económica de los pueblos indígenas es grande, pero las deficiencias de la política pública son mucho más graves. El mandato del derecho de los pueblos indígenas es proveer el bienestar de estos pueblos. Este derecho de los pueblos indígenas es concordante con el sistema universal y el interamericano de derechos humanos, y ha establecido muchas pautas y lineamientos de cómo deben actuar los Estados en la política pública indígena.
Tal derecho de los pueblos indígenas no parte de un diagnóstico gaseoso del deber ser como único criterio, como lo hace De Soto sin citar bibliografía de respaldo, sino que conjuga el deber ser con un análisis antropológico, jurídico e histórico que recomienda que el Estado debe ser un facilitador de ese bienestar que se busca alcanzar para los pueblos indígenas.
2. De Soto nos dice, y con razón, que es el Derecho el que puede proveer la protección necesaria de estas personas. Solo que él apuesta por el Derecho Empresarial y pretende obviar la existencia de un Derecho de los Pueblos Indígenas que ya provee la protección a estos pueblos; lo que sucede es que los Estados con administraciones que ejercen la discriminación han seguido la lógica del desamparo.
3. De Soto indica que los indígenas no rechazan la globalización pero quieren los beneficios. Es cierto que un número importante de miembros de los pueblos indígenas prefieren los beneficios de la globalización, en particular los más articulados al mercado y, de entre ellos, los más jóvenes, que son mayoría por la alta tasa de crecimiento de la población amazónica. Pero también hay que tener claro que los indígenas necesitan derechos no solo para hacer empresa sino también para mil cosas más: desde respetar sus territorios, acceso a mejor educación intercultural bilingüe, acceso a mejores servicios de salud, prevención de la violencia y el delito, infraestructura, participación y reconocimiento de derechos en políticas públicas.
4. De Soto introduce en su discurso términos como entropía y biodiversidad, con lo que muestra que ha comenzado a leer el ABC del pensamiento ambiental. Sin embargo, luego de apelar a la naturaleza para darse la razón, introduce la noción de que la biodiversidad está protegida por una epidermis que la separa y defiende del caos universal.
Aquí sería necesario que provea sustento académico a una afirmación de tal importancia, pues la literatura señala más bien que en la Amazonía ocurren procesos de degradación intensos del ecosistema, incluida la biodiversidad, más aun ahora que hay casi 100 contratos petroleros y otras industrias extractivas operando simultáneamente. Tan afectada está la biodiversidad, que hay tratados internacionales que regulan su comercio, como la Convención Internacional para el Tráfico de Especies Amenazadas (CITES). El respeto de sus derechos, en lo que concierne a biocomercio, significa que se requiere su consentimiento previo, libre e informado, y que se les debe dar participación en los beneficios que generen los acuerdos contractuales emergentes.
5. De Soto afirma que: “Los indígenas o se arman de elementos de derecho necesarios para convertirse en sistemas abiertos que presentan diversidad a través de las combinaciones de recursos o desaparecen gradualmente como pueblos”.
Con ello pretende ignorar que los pueblos indígenas están articulados al mercado mundial desde la primera globalización de los siglos XV y XVI. Este predicamento intolerante que condena a la extinción a quienes no adopten su credo felizmente es solo un efecto especial que usa De Soto, pero es cuestionado por la pervivencia de los pueblos indígenas 400 años después de que su población fuera diezmada.
La modernidad se puede dar a lo largo y, progresivamente, en más anchos procesos de articulación de los mercados nacional, regionales y locales. La modernidad que pregona De Soto ya existe en la Amazonía. Ahora bien: esa modernidad no ha traído ventajas ni para las comunidades nativas ni para los pueblos indígenas en aislamiento o contacto inicial; ellos, más bien, necesitan protección irrestricta de su territorio mediante la garantía de la intangibilidad del área. Esto es necesario tanto por razones sociales como ecosistémicas.
6. Luego De Soto afirma que quienes se enfrenten a la globalización sin derechos empresariales serán desplazados por aquéllos que sí los tienen. Se pregunta si los indígenas tienen las propiedades y empresas para protegerse.
En el caso del río Tambopata, en la Reserva Nacional Tambopata, que se conecta con Puerto Maldonado y el circuito aéreo Lima-Cusco, las comunidades nativas han desarrollado empresas en asociación con inversionistas en turismo articulados con operadores internacionales especializados. Estas asociaciones aportan al crecimiento económico de miembros de las comunidades nativas, generalmente algunos grupos familiares, pero es difícil que todos los miembros de la comunidad reciban beneficios. Éstos derivan de regalías, cuando las hay, compensación, indemnización o trabajo, es decir, el alquiler de tierras para el albergue, el uso del recurso o el pago de salarios. De tal modo, no todos desean priorizar la venta de su mano de obra en dicha actividad: algunos prefieren continuar realizando otras actividades. Esto ocurre también porque sus grupos familiares no han tenido interés o acceso al proceso de información para participar de la operación.
7. A continuación De Soto sostiene que los títulos no dicen dónde se ubican. Algunos títulos muy antiguos pueden no decirlo, pero para eso se va al campo a hacer la demarcación del territorio. Aquí jalaron los informantes de De Soto: tan sí se sabe dónde están, que existe una base de datos llamada Sistema de Información de las Comunidades Nativas de la Amazonía (SICNA), del Instituto del Bien Común-IBC, que está disponible en Internet y es tan útil que incluso ha sido invitado por el MINAM a ser parte del repositorio de información geográfica que mantiene el Ministerio.
8. De Soto dice que los títulos no son oponibles a terceros y presentan problemas de superposición entre ellos. Los títulos sí son oponibles a terceros. Otra cosa es que el Estado neoliberal haya pretendido pasar por alto estos derechos, como tan claramente lo dijo Alan García varias veces, incluso horas antes de los sucesos del 5 de junio del 2009. Para todos los problemas de demarcación, superposición y registro, la alternativa es un proyecto concertado desde la autoridad para escuchar a los indígenas, al registro y a otros actores, con el fin de proponer las reformas necesarias al Ejecutivo y al Congreso.
9. De Soto afirma seguidamente que el sistema de titulación es un proceso costoso y largo. Sí, gracias al Estado y al mercado que priorizan a los actores económicos, en particular algunos de los más poderosos, antes que cumplir con la titulación que ordena la Constitución y desarrollar políticas públicas que atiendan los derechos de los pueblos indígenas en el marco del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Durante el gobierno de García casi no se ha titulado, a pesar de que post-Bagua se anunciaron 11 millones de soles para titular a 169 comunidades nativas. La Comunidad Nativa Puerto Azul, del pueblo Cacataibo, espera una ampliación desde 1991, mientras el Estado entregó, en el 2004, 4 concesiones forestales sobre el área solicitada por la comunidad nativa.
De Soto introduce en su discurso términos como entropía y biodiversidad, con lo que muestra que ha comenzado a leer el ABC del pensamiento ambiental. Sin embargo, luego de apelar a la naturaleza para darse la razón, introduce la noción de que la biodiversidad está protegida por una epidermis que la separa y defiende del caos universal.
10. De Soto señala que no se puede determinar quién es propietario, quién es comunero, quién tiene diferentes derechos en cada comunidad. No es cierto. En primer lugar, la Asamblea General de la comunidad nativa es la propietaria de la tierra comunal. Esta Asamblea ordena a la directiva comunal que asigne tierras en posesión donde construyen, con sus manos y las de sus compañeros comuneros, sus casas y sus chacras. Esos bienes, el edificio de la casa pero no el terreno, así como los frutos de las chacras pero no el terreno, así como sus herramientas y equipos, son de propiedad privada. La tierra y los recursos son comunales, mientras que los frutos del trabajo individual son de apropiación individual, aun cuando hay reglas de redistribución del excedente y demás temas antropológicos. Esto ya lo dijeron hace cien años los estudios antropológicos de Malinowski.
11. A seguir, De Soto plantea nuevamente que, al no compartir el Derecho Empresarial, los indígenas viven en una esfera de apartheid económico infértil. La verdad es que la situación económica, política, de seguridad, infraestructura e institucionalidad en la que viven los pueblos indígenas no se resuelve con elementos de Derecho Empresarial, sino, muy por el contrario, requieren de un análisis más complejo desde los diversos sectores de las políticas públicas.
12. De Soto argumenta que al no poder hacer empresa el indígena no puede alejarse de su comunidad y relacionarse con otras empresas, usar títulos valores, llevar libros contables. Las empresas de propiedad de indígenas y los indígenas emprendedores existen en la medida en que estas personas están más articuladas al mercado por la economía y la geografía. Pero esa realidad no es la de TODOS los miembros de las comunidades nativas, sino que hay una diversidad de situaciones que van desde el pueblo en aislamiento o contacto inicial, cuya lengua y cultura no conocemos, hasta el indígena que ha viajado por el mundo desarrollando negocios exitosos en países europeos y americanos de altos niveles de ingreso. Y esto lo han hecho no porque se haya repartido empresas como pan y circo, sino porque los indígenas han superado las barreras que los siguen afectando y han creado sus empresas. Imagínense si las políticas públicas permitieran priorizar la atención hacia ellos.
13. De Soto plantea una serie de mitos que existen sobre estos temas. El séptimo de ellos sería que la cosmovisión indígena es incompatible con la globalización. De Soto responde que hace 60 años también se decía que la sociedad japonesa nunca funcionaría fuera del sistema feudal, y que los árabes y los esquimales solo podían organizarse tribalmente.
Nuevamente él plantea como mito algo que nadie ha dicho; no cita fuente y generaliza. Los pueblos indígenas se adaptan tanto como cualquier sociedad; lo que no podemos hacer es vender su tierra, deforestar su territorio y pretender que puedan beneficiarse de ello. Para los aislados y en contacto inicial se aplica el principio de no contacto, es decir, no entrar en sus tierras, y el principio de autonomía que les permite definir las prioridades de su propio desarrollo. Cuando los aislados lo desean, por diversas circunstancias, establecen contacto con poblaciones asentadas y pasan a mantener visitas periódicas y, eventualmente, a asentarse. Este proceso puede tomar tiempo. Acelerarlo por la vía de establecer lotes petroleros sobre sus tierras tiene riesgos epidemiológicos mortales para estos individuos o sus grupos.
14. Hacia el cierre de la nota, De Soto se pregunta: ¿Por qué se crean los mitos de Avatar? Señala que son los “expertos” quienes actúan con “virulencia” cuando los que no lo son (se incluye) tratan de aportar ideas. La experiencia le ha enseñado, dice, “que en todos los continentes, cuando a los excluidos se les da las herramientas legales, políticas y técnicas que les permitan organizarse y expresarse por sí mismos, saben perfectamente cómo vincularse con ventaja sobre el resto del mundo”.
Sí, pero hay mejores herramientas que vender sus tierras. Se les puede dar acciones para participar de regalías al 5% o alrededor de esa cifra, y con ello se puede financiar las tan deseadas becas de estudio en la universidad o proyectos sostenibles de desarrollo. Vender la tierra los expulsa hacia la ciudad o poblados intermedios, a ser pobres rurales afectados por el desamparo. Si hay casos exitosos de individuos indígenas y empresas familiares, un programa de apoyo a ellos sería muy útil. Claro que los indígenas cambian (incluso los PIA y CI), pero la vía del electroshock no debe ser una propuesta para todos los casos.
15. Finalmente, De Soto se pregunta: ¿Por qué la mayoría de nosotros no nos enteramos de las reivindicaciones de los pueblos amazónicos y nos identificamos con estas demandas? ¿Acaso no han venido protestando frecuentemente? ¿No será que sus demandas son expropiadas y retransmitidas por quienes creen que los indígenas no deben cambiar, y que crear riqueza los priva de su identidad? ¿Cómo hacer para que los marginados de la Amazonía dialoguen con aquéllos que pueden ayudarlos a transitar hacia la modernidad?
De Soto plantea la tesis de la manipulación, el contrabando ideológico y la expropiación del discurso de los indígenas. En el Perú, los líderes indígenas son gobernantes de su historia y de su devenir político desde los ochenta, cuando sus organizaciones se consolidaron y expandieron por toda la región. Si bien en la década de 1960, cuando se inició el movimiento indígena amazónico, se podría decir que los antropólogos estaban demasiado cerca de estos procesos, ya hacia los ochenta los indígenas toman control de esta relación, y precisamente en 1990 los líderes de COICA arrinconaron al movimiento ambiental en Washington D.C. y le plantearon una alianza que les permitiera tomar más control de lo que sucede con los proyectos de conservación en la Amazonia y su apoyo al movimiento indígena amazónico.
De manera que estos mitos salen de la cabeza de De Soto solo para buscar desacreditar a su oposición pero sin citar fuentes. Algunas industrias desean el suelo y subsuelo (agro, minería), mientras que a otros les basta con comprar la producción y no les interesa la propiedad de la tierra. No es que De Soto desconozca: ocurre que nos muestra solo lo que le interesa.
*El autor es docente PUCP y UNALM.





LA AMAZONÍA ES AVATAR
Hay dos posibilidades. De Soto es un malvado o es un idiota. Sus generalizaciones sin base me inclinan a la primera hipótesis. En el fondo sostiene que si a un índigena se le dota de documentos y se le instruye es capaz de enfrentarse -con posibilidades de éxito- al mundo globalizado. De Soto sabe que con estudiar un año unso cursos de negociación y/o adminsitración de empresas no capacitan a un awaruna para competir con un Master de Harvard...
Y si no lo sabe, estoy seguro de que entenderá que si a De Soto se le enseñara durante un año como vivir en la selva y se le dieran todos los consejos necesarios y se le dotara de un arco y unas flechas y se le dejara calato en medio de la selva, De Soto no viviría más de dos días. Su estúpida cosmovisión occidental le impediría salir vivo.
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