Perú Posible y los partidos

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La crisis y los desafíos de un Partido, cuya actuación en la actual coyuntura puede ser, en muchos casos, puede ser definitoria.

Faltando solo 30 días para las elecciones nosotros íbamos adelante, pero al final terminamos en cuarto puesto. Un resultado así, obviamente, afecta. Renunciaron toda la Comisión Política y el Comité Ejecutivo Nacional. El Comando de Campaña, debidamente responsabilizado, quedó automáticamente desactivado. Hecha una evaluación inicial del proceso, el presidente Toledo dispuso la reorganización del partido; además, anunció un congreso estatutario para septiembre, y, con el fin de elegir nuevas autoridades nacionales, uno ordinario para fines de año.

En eso estamos ahora. Se trata de adecuar mejor el partido a nuestra realidad territorial, aumentar la representatividad de los cuerpos directivos, promover mayor participación de los militantes de base y quizá decidir una reinscripción general, entre otros asuntos. Si tomamos la cuarta acepción de la palabra “crisis” según la RAE, podemos concordar que se trata de un momento decisivo […] y de consecuencias importantes.

Mantenemos la fe por una razón principal: Perú Posible, su ideología y su programa tienen un espacio bien definido y vigente en el espectro político del país, que le permite exhibir perfil propio.

Somos un partido de centro, si se quiere de centro-izquierda, cuya ubicación lo distingue de la derecha conservadora y de la izquierda radical, con experiencia de gobierno y que sigue apostando por el crecimiento económico con inclusión social, postulando una economía orientada hacia las grandes mayorías y lejana de las argollas financieras, así como de grupos de poder privilegiados.

Fue precisamente esta convicción la que nos llevó a apoyar a Ollanta Humala en la segunda vuelta, pues comprobamos que su nuevo programa tenía importantes coincidencias con nuestro Plan de Gobierno. Sobra decir que asimismo consideramos una obligación impedir el retorno del grupo de Fujimori.

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Tal posición, que contribuyó de alguna manera al triunfo de Humala, nos ha ganado la abierta animadversión e inquina de la derecha más conservadora, que es la que controla la mayoría de los medios de comunicación. Así se explica la campaña de prensa dirigida contra el partido y el ex Presidente por la expulsión de Carlos Bruce. La derecha quiere “castigarnos” por haber contribuido nosotros a su derrota en la segunda vuelta. El propósito se nota en informaciones notoriamente sesgadas, que generalmente omiten nuestras respuestas que demuestran la gravedad de las faltas contra el Estatuto y el Código de Ética cometidas públicamente por Bruce, así como el cumplimiento puntual del debido proceso, especialmente su derecho al descargo. (La posterior veloz incorporación de Bruce a la bancada aprista en el Congreso habla por sí misma.)

Los partidos son indispensables en la democracia, y sus problemas en el Perú desbordan el terreno de este artículo. Empero, avancemos algo.

Recordemos primero que, como ocurre en otros lugares, el rol de nuestros partidos está ligado principalmente a su actividad en el Congreso, por lo que se desprende que su proceder se juzga por su comportamiento en ese lugar; y como quiera que el prestigio del Parlamento no anda en buen pie, ello lo afecta directamente. Por otro lado, es evidente que la decisión de Alan García de incumplir la Ley de Partidos, que permite financiación estatal, ha afectado de manera significativa su desarrollo operativo, sin el cual resulta heroico mantenerlos en funcionamiento.

Es cierto que sus elecciones insuficientemente democráticas, las alternancias permanentemente burladas, el destructivo voto preferencial, su miopía para recoger a tiempo los anhelos más profundos del pueblo, el caudillaje incurable del que parecen sufrir, así como la extendida percepción de simpatizantes y afiliados de que los partidos son básicamente vehículos para conseguir empleo burocrático, hacen que esa imagen aleje a gente de buena fe que no está dispuesta a dar su tiempo y su esfuerzo integrando organizaciones que no son ejemplo de real vocación de servicio.

Ciertamente, la respuesta a esta última objeción es que si tantos deciden no militar en partidos, no es justo que después se quejen de que los que sí optaron por afiliarse no satisfagan sus expectativas . Por eso se trata, en última instancia, de dos vías que tienen que encontrarse: partidos más democráticos y más sintonizados con su entorno, pero también ciudadanos más dispuestos a comprometerse con la sociedad en la que viven.

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