Tocar el cajón sin manos
Me han elegido para hacer un cambio.
Habrá baches, porque yo no construí la pista
y el carro que me dieron no era nuevo,
y cuando el carro se malogre habrá pasajeros que protestarán.
Ollanta Humala. Discurso en Confederación Campesina del Perú, 24/11/11
La última encuesta de APOYO muestra una reducción del respaldo con que cuenta el Presidente de la República: ha pasado de 65% de aprobación en septiembre a 62% en octubre, y finalmente a 56% en noviembre. Al desagregar estas cifras por nivel socioeconómico, se observa que desde el inicio de su mandato la aprobación a Humala se ha incrementado en los sectores A y B, y descendido en los sectores C, D y E.
Este cambio ha venido acompañado de la reactivación de los conflictos sociales. Algunas interpretaciones han señalado que esto se debería al “viraje a la derecha” de Humala, lo que esconde la presunción de que solo es posible hacer un gobierno popular desde la izquierda, y olvida que nuestro último presidente popular fue Alberto Fujimori. En todo, caso ¿qué ha sucedido?
Como hoy ocurre con Humala, tanto Toledo como García perdieron popularidad rápidamente entre los sectores medios y bajos del país, lo que indicaría que ello responde a una situación que va más allá de un solo gobierno. Así, existirían expectativas insatisfechas en un horizonte de más largo plazo en estos sectores. No se trata, por supuesto, de que la pobreza no haya descendido o de que la población no experimente mejores niveles de vida que antes, sino de que precisamente porque ello ha sucedido, las expectativas se han elevado a un nivel que ha sido difícil de manejar para todos los gobiernos.
Y es que no es sino esperable que los procesos de crecimiento económico y modernización generen antagonismos, pero además movilización y conflicto. En el pasado este tipo de situación produjo uno de los fenómenos políticos más importantes del siglo XX: el surgimiento del APRA. Es esto mismo lo que se encuentra detrás del ciclo de conflictos sociales que se inició con el gobierno de Toledo, y que con altos y bajos no se ha detenido hasta la actualidad. Lo sucedido recientemente en Cajamarca es la más reciente manifestación de esta tendencia.
Algunas interpretaciones han señalado que esto se debería al “viraje a la derecha” de Humala, lo que esconde la presunción de que solo es posible hacer un gobierno popular desde la izquierda, y olvida que nuestro último presidente popular fue Alberto Fujimori.
En efecto, las sociedades en cambio provocan la confrontación de intereses de aquéllos que resultan ganadores y perdedores en el proceso, pero también de los que consideran legítimo ganar más de lo que lo hacen. La clave para evitar que ese descontento termine por consumir a una sociedad es la canalización del conflicto a través de las instituciones. Si se apuesta por la modernización del país a través del impulso intensivo a las inversiones, habrá que contar con los medios para moderar y procesar los problemas y contradicciones que de ello se derivarán. Es el trámite de estas confrontaciones a través de las instituciones políticas —como el Estado y los partidos políticos— lo que hace que las pérdidas y ganancias de unos y otros sean consideradas legítimas y admisibles.
Sin embargo, estas instituciones son muy débiles hoy en el Perú. Por un lado, el Estado carece de credibilidad entre la población y se lo percibe como un agente de intereses particulares, por lo que sus intervenciones resultan ilegítimas, como queda claro en el caso de la aprobación de los Estudios de Impacto Ambiental (EIA). Este mismo Estado tampoco es capaz de redistribuir rápida y eficazmente los beneficios derivados de la inversión privada, como ha sucedido en los últimos años en los que millonarios presupuestos engordan cuentas bancarias gubernamentales. Para la población, asumir determinados riesgos o pérdidas podría ser más tolerable si existiera certeza de que éstas serán compensadas mediante los mecanismos redistributivos del Estado, lo que hoy no sucede. Estos problemas se resuelven introduciendo innovaciones institucionales, y no creando mesas de negociación para cada ocasión. Si Humala enfrenta una situación similar a la que antes enfrentaron Toledo y García, ello se debe en parte a que todos ellos condujeron en su momento el mismo Estado.
Por otro lado, el Gobierno necesita una estructura política que le permita movilizar apoyos y voluntades en torno a las políticas que implementa y las decisiones que toma. Ésta es la tarea de los partidos. Por ejemplo, si el Gobierno decidió que el proyecto minero Conga debe ejecutarse, y que ello es parte importante de su proyecto político, necesita de operadores que defiendan la validez de esta decisión, movilizando a quienes la apoyan e intentando neutralizar a los opositores. Sin embargo, el Partido Nacionalista carece de operadores, y mientras Lerner llama al diálogo desde Lima para dar viabilidad al proyecto Conga, Jorge Rimarachín, congresista cajamarquino elegido por Gana Perú, denuncia desde un estrado que “la derecha está secuestrando al presidente Ollanta Humala”. Así, ante la incapacidad para dar viabilidad a soluciones políticas, se precipitan rápidamente soluciones policiales y hasta militares.
Los desacuerdos se solucionan negociando pérdidas y ganancias. No existen soluciones “correctas” ni “técnicas” para una confrontación social y política; solo existen soluciones legítimas e ilegítimas. Lamentablemente para el nuevo Gobierno, el presidente Humala ha heredado el mismo Estado que sus antecesores y tiene un partido bastante más débil que el Partido Aprista, que ya en su momento tuvo problemas para enfrentar esta situación. La voz del Estado aprobando un EIA genera hoy tanta confianza como lo hizo durante la última década; las promesas de futura inversión estatal toman tanto tiempo como antes en cumplirse y tenemos nuevamente un Gobierno sin partido. Es decir, un nuevo Gobierno con las mismas débiles instituciones.
“Los refranes son siempre aleccionadores”, dijo el Presidente en referencia a la frase “una cosa es con guitarra y otra con cajón”, en el marco del balance de sus primeros 100 días de su Gobierno. Como en su momento lo hicieron sus antecesores, Humala está aprendiendo lo difícil que resulta tocar el cajón sin manos.





La minería y el tratamiento
La minería y el tratamiento de los minerales y los metales pueden producir desastrosas consecuencias ambientales tanto en las zonas montañosas como en las tierras bajas. Es más, como los ecosistemas montañosos son tan frágiles, su degradación puede ser difícil y a menudo imposible de corregir. Los aspectos más graves de la degradación ambiental debida a la minería son: los daños a la calidad y disponibilidad del agua; la pérdida de biodiversidad y de cubierta vegetal, y las consecuencias que la contaminación produce en la atmósfera, así como el calentamiento del planeta.
Los efectos visuales de la minería son los indicios más evidentes del trastorno ambiental: tiraderos en la superficie, amontonamientos de escoria, terraplenes, zanjas y la explotación a cielo abierto. Antes de iniciar las actividades mineras, es necesario eliminar los árboles y la vegetación.
Desde los Andes hasta las islas del Pacífico, el derrame accidental de metales tóxicos utilizados para extraerlos minerales, ha privado a los agricultores del agua potable y para la irrigación.
Al concluir las actividades de explotación minera, suele quedar una enorme cantidad de escorias. En los andes, la contaminación del agua, debida a los desechos producidos por la minería, puede ser particularmente grave ya que en ellas se origina la mayor parte del agua que se consume en el ámbito doméstico y que se utiliza en la agricultura de regadío. El agua que se extrae por bombeo, o que llega a la parte baja, menudo tiene un gran contenido de ácidos y está muy contaminada de metales pesados y sustancia químicas. En todo el mundo se han declarado biológicamente muertos diversos ríos a causa de la contaminación de sus aguas con minerales tóxicos, así como debido a la producción de ácidos provenientes de los desechos rocosos.
La minería también contamina la atmósfera.
Las explosiones, el transporte y las actividades de trituración de la minería a cielo abierto pueden contaminar el aire. La fundición de metales se asocia a la lluvia ácida, y una de las consecuencias comunes de la minería son los escurrimientos ácidos de los desperdicios rocosos.
Donde esta el Presidente y los ministros (cabrones de mierda que venden la patria)a caso no les han arreado al colegio para que sepan que el medio ambiente esta a punto de destruirse. o en todo caso que se pongan a leer la carta del 2050, para que se enteren de de lo que nos sucedera de aqui a unos cuantos años mas o es qu no piensan en sus j¡hios, nietos, etc...
SOLO VULNERAN NUESTROS DERECHOS
Lo único que hace la prensa y ustedes es solamente ver la contaminación de Cajamarca, desde sus intereses, ya que todo el mundo dice que nos contaminen, porque eso va a generar más ingresos al Estado y por ende más bienestar económico para todos, sin importarles las consecuencias que esto genera para nosotros. Claro es muy facil decir contaminelos y demosle algo para que se queden callados.
Los Cajamarquinos sabemos como es esta empresa de abusiva y ahora ustedes nos van a venir a engañar diciendonos el Estado va a ser garante, garante de que va a ser un Presidente que vino con un discurso para ser elegido, engañando a la gente del campo para que vote por él; que confianza se puede tener en este tipo de líder.
Es muy facil opinar y hablar por el bienestar del país sin tener en cuenta a los que son directamente afectados, que pera que ahora la consigna no sea defendamos al pueblo, sino defendamos la mineria y no importa si es que personas mueren con esta actividad. ¿Estamos en el gobierno de Venezuela que si tu das tu opinion eres terrorista o patria roja?
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