¿Te acuerdas de Saúl?

Ideele Revista Nº 215
Saúl Cantoral

¿Te acuerdas del martes 13 de febrero de 1989? ¿Te acuerdas de aquella huelga minera que puso en vilo a un gobierno, populista de discurso, pero roñoso con sus trabajadores? ¿Te acuerdas de la foto de la espalda reventada del dirigente de aquella huelga? ¿Te suena el nombre de Saúl Cantoral?

También conocido como “Ringo” por sus amigos de Marcona, Saúl Cantoral fue un dirigente minero asesinado por un comando paramilitar durante el primer gobierno aprista. El minuto de silencio por su muerte se ha prolongado 23 años.

En las últimas semanas la memoria se ha puesto de moda, y bien que sea así. La memoria es importante para procesar el pasado, porque un pueblo que olvida su pasado está condenado a repetir su historia. Al menos eso es lo que se ha estado repitiendo últimamente (casi de memoria). Pero la memoria también es un producto. A veces multiusos.

Es que en nombre de la memoria también se recuerda para olvidar, se dice para callar, se descubre para tapar. Memoria selectiva, discriminatoria. Cómplice.

El 13 de febrero último volvió a pasar sin gloria pero con harta pena. Tres pequeñas reuniones en Lima, Nasca y Marcona convocó a un grupo de personas que más que aferrarse a un recuerdo, quieren mantener vigente la agenda del sindicalista.

Los actos de conmemoración del asesinato de Saúl cantoral fueron de cara a un país que hace tiempo les dio la espalda. El empuje de sus familiares, de un grupo de activistas de derechos humanos y de un sindicato que tal como lo encargó Saúl nunca dejó de pelear por sus derechos, lo hicieron posible.

Sin embargo para este país grande, de muchos medios y pocos dueños el día anterior del día de San Valentín y del anterior - anterior al terrible asesinato de María Elena Moyano pasó desapercibido. ¿No había nada que recordar?.

No hubo periodistas con afanes de fama y espíritu canallesco recorriendo las calles con una foto en mano, haciendo sorna de una ignorancia que sería la suya si la televisión no les hubiera dado un empleo. No hubo momento de la memoria en el canal del Estado. Tampoco hubo activistas de derechos humanos tuiteando desenfrenados por la memoria y la justicia. Ni políticos de izquierda, centro y derecha que declaren: recordemos a Saúl para que no se repita.

Es que a tipos como este Cantoral es mejor no recordarlos mucho. Y si no podemos enterrarlo del todo, mejor tenerlo como un ícono inofensivo del país y del tiempo del nunca jamás.

Pero ese no era Saúl. El minero de Marcona se ganó a pulso el odio de la patronal y la incomprensión de aquellos que no entendían el ritmo de la lucha. El tipo era peligroso. En poco tiempo al frente de la la Federación Nacional de Trabajadores Mineros Metalúrgicos Sindicalizados del Perú, había conseguido la jubilación minera a partir de los 50 años con un sueldo proporcional al vigente en esos momentos. También había logrado el reconocimiento del pliego único para el sector minero, que les iba a permitir los trabajadores de las distintas empresas, mejores condiciones de presión. En el momento de su muerte estaba impulsando la tercera huelga nacional. Era demasiado. No había forma. La conclusión a la que llegaron era que el mejor Saúl era el Saúl muerto.

En las últimas semanas un grupo intentó llevar de manera descarada el olvido como estrategia política. Decían buscar la amnistía para civiles, militares y policías. Pero el Estado con el respaldo mayoritario de la sociedad les dijo No. ¿Cómo amnistiar y perdonar a los que hicieron del país una sangría?

Pienso entonces: serán cosas del Orinoco, porque en nuestro país hace tiempo amnistiaron a los responsables del asesinato de Saúl cantoral y tantas otras muertes. La amnistía al ex presidente Alan García la hicieron el 2006 en plena campaña electoral. Durante ese tiempo no se escuchó en los medios de comunicación, ni en el congreso, ni en el Palacio u otras oficinas o instituciones alguna mención sobre la creación del Comando Paramilitar Rodrigo Franco (CRF). El tema no estaba en discusión. Lo desaparecieron de la agenda.

A unos solo les preocupó que Alan García no reeditara su desastrosa gestión económica y a otros, que Ollanta Humala- su contrincante-no se convierta en ese terrible ahijado de Chávez en que lo habían convertido, a su vez, aquellos, del primer grupo, a quienes solo les importaba la gestión económica. Así de trágica y cómica es nuestra política.

Agustín Mantilla, en cambio, tiene todavía un proceso judicial pendiente pero la sociedad le ha otorgado una amnistía social. El ex ministro del interior, acusado de dirigir el CRF, se pasea regio por cuanto programa lo inviten, sin despeinarse siquiera con alguna pregunta incómoda.

El caso Mantilla ha sido reducido a la piadosa acusación de haber recibido dinero de Montesinos. Su respuesta fue siempre: No lo hice a nombre propio. Así aquel quien en su momento fue señalado de co-dirigir un órgano paramilitar, hoy queda travestido en un rudo y terco militante capaz de sacrificar su honra para salvar el destino de su jefe y el de su Partido.

La amnistía al ex presidente Alan García la hicieron el 2006 en plena campaña electoral. Durante ese tiempo no se escuchó en los medios de comunicación, ni en el congreso, ni en el Palacio u otras oficinas o instituciones alguna mención sobre la creación del Comando Paramilitar Rodrigo Franco (CRF).

Punto aparte. A ver si una ayuda memoria vía CVR, nos pone en autos de lo que estamos hablando:

“La mañana del 13 de febrero de 1989, el Secretario General de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros Metalúrgicos Sindicalizados del Perú, Saúl Cantoral Huamaní, llegó a Lima procedente de Nazca en compañía de otros dirigentes mineros y se reunió con varios líderes de su gremio en el local de la Federación Minera ubicado cerca al Parque Universitario. Luego regresó a su hostal, alrededor de las 6 pm. En esas circunstancias, recibió una llamada de su secretaria indicándole que había olvidado un sobre en el local de la Federación, por lo que decidió regresar para recogerlo. A la salida del local minero, se encontró con Consuelo García Martínez con quien se dirigió al distrito de Breña en busca de una amiga suya que tramitaba pasaportes con celeridad 14, pues debía viajar a un evento nacional de minería. Aproximadamente a las 8.10 p.m. salieron de la casa de la amiga de Consuelo García, y desde ese momento nadie más los volvió a ver con vida”.

Su cuerpo lo arrojaron en el Parque Zonal Huiracocha en Canto Grande. Tenía varios impactos de bala en la espalda y signos de haber sido torturado. Luego de su muerte el gobierno desconoció el pliego único de reclamos y logró aplastar la huelga minera. La estrategia estaba clara y tuvieron éxito. 

Pero sigamos con la memoria y desempolvemos esta investigación realizada por Cesar Hildebrant Chávez para Agencia Perú el año 2002. Se trata de una entrevista realizada al ex suboficial de La Marina, Miguel Aurelio Exebio Reyes, ex integrante del CRF:

“El cabecilla de este comando se llamaba Jesús Miguel Ríos Sáenz, alias "Erico", "Flecha" o "Chito Ríos". Hoy tiene más de 40 años y desde 1986 hasta 1989, según diversas investigaciones, fue el jefe operativo del comando Rodrigo Franco, un grupo paramilitar que operó durante el gobierno de Alan García y que, hasta el día de hoy, sus muertes no tienen responsables”.

“¿A quien reportaba usted?
A Chito.
¿Con quien coordinaba el señor Ríos?
Con el general Luque Freyre y con Mantilla. (Luque Freyre era el jefe de Inteligencia del Ministerio del Interior, y Mantilla era el ministro de este despacho durante el gobierno aprista).
¿Cómo puede saber que coordinaba con Mantilla?
Porque él me lo contaba todo. Dormíamos en el mismo cuarto. Donde eran las reuniones entre chito y mantilla en el ministerio del Interior.
¿El presidente García tenia conocimiento de esto?
Todo estaba coordinado. El presidente García sabía todo, y las altas esferas del partido sabían de la existencia del comando.
¿Todos?
Todos los del entorno del presidente García”.”

¿Te acuerdas de Saúl Cantoral? Deberías. No más preguntas. Por ahora.

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¿Te acuerdas de Consuelo?, a

¿Te acuerdas de Consuelo?, a Consuelo García la mataron al mismo tiempo y en el mismo lugar que a Saúl, pero el artículo ni lo menciona, peor aún, cita el informe de la CVR donde señala que ellos se encontraron, pero luego no dice nada de su muerte. Entiendo el propósito del artículo, pero ¿no se está fragmentando la realidad y construyendo una memoria parcelada?. Es posible que el autor no sepa quien era Consuelo García, la mujer que trabajó durante años en la organización de las mujeres mineras, que apoyó las movilizaciones y olla común de las dos huelgas nacionales mineras de 1988, ...pero el no saberlo no otorga patente para "borrarla". Yo me acuerdo de Saúl y yo me acuerdo de Consuelo, de ese 13 de febrero de 1989 no tengo memoria selectiva.