Cuando dos mundos chocan…

Ideele Revista Nº 261
(Foto: Dan Jackson)

Solo dos semanas después de que Máxima Acuña recibiera el Goldman, poniendo en la mira internacional, una vez más, el sonado caso Conga, otro vergonzoso caso peruano, el Baguazo, fue denunciado a través de imágenes documentales, en el prestigioso festival de cine documental de Toronto. En When two worlds collide (Cuando dos mundos chocan) Heidi Brandenburg y Mathew Orzel reconstruyeron lo ocurrido el 5 de junio de 2009 en Bagua, destacando a Alberto Pizango como personaje central. En cuanto a protagonismo cinemátografico, Alan García Pérez no se quedó atrás, poniendo en evidencia su falta de conocimiento sobre la cosmovisión indígena y la realidad peruana – lo cual, por cierto, provocó exclamaciones de asombro y consternación en la audiencia. La cinta logró el premio especial del jurado para mejor debut documental en Sundance y el primer premio del jurado en DocumentaMadrid.

Entre otras denuncias latinoamericanas, figuraron las del tráfico ilegal de carbón, que conlleva a un conflicto medioambiental y social en la población fronteriza entre República Dominicana y Haití, y la de la desaparición de Amarildo de Souza, un albañil de 47 años, quien presuntamente fue torturado y asesinado por la policía en Río de Janeiro. La primera denuncia la documentaron el colombiano Juan Mejía Botero y el estadounidense Jake Kheel en Death by a thousand cuts (Muerte por mil cortes), mientras que la segunda la hizo el australiano Dan Jackson en su documental In the shadow of the Hill (A la sombra de una colina). Según el documental de este último, Amarildo de Souza, padre de seis hijos, fue visto por última vez en Rocinha, la más famosa y más grande favela de Río de Janeiro, la noche del 14 de julio de 2013, cuando la policía lo detuvo para interrogarlo sobre el tráfico de drogas en la zona. De Souza no tenía ningún antecedente criminal. La misteriosa desaparición de Amarildo de Souza se produjo, todo indica, mientras se realizaban numerosas batidas en las favelas y se blanqueaban las calles en preparación para el Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016. Revista Ideele conversó con Jackson en Hot Docs.

¿Cómo así decidiste internarte en el mundo de la favela más grande de Río de Janeiro y hacer un documental sobre la misma?
La primera vez que fui a Brasil se me hizo muy difícil filmar y ganarme la confianza de los residentes de la comunidad de Rocinha. Entonces, era solo cuestión de vivir en la comunidad y formar parte de ella. Para lograrlo, contacté a un blogger que escribía sobre Rocinha y que vivía allí. Sus historias de pasión, encuentros, reencuentros y desencuentros me intrigaban mucho… Movido por la curiosidad, un día decidí preguntarle: ¿Existe la posibilidad de alquilar un lugar donde vivir en Rocinha? Me contestó de inmediato y me dio una cita. Nos encontramos en un lugar céntrico, me hizo un tour por Rocinha y me consiguió un lugar donde vivir. Luego me presentó a varias personas de la comunidad, entre ellas: un fotógrafo local, una persona clave… Él se convirtió rápidamente en mi mejor amigo. Me acompañaba a todas partes y me ayudaba en todo lo que necesitaba. Nos comunicábamos solo en español, porque yo no hablaba portugués en ese entonces… Gracias a él y a otros miembros de la comunidad pude hacer este documental.

A tu llegada ¿ya tenías en mente hacer este documental?
No, al inicio solo pensaba hacer un cortometraje. Tenía algunas ideas sobre lo que quería hacer, pero nada claro. Lo que sí sabía era que quería contar una historia que estuviera enmarcada en la favela, como si fuera a pintar un cuadro en medio de este fantástico y caótico lugar de contradicciones… Pero todavía no sabía cuál era esa historia. En mi primer viaje, me quedé dos meses en Rocinha y no fue hasta en mi tercer viaje que desapareció Amarildo, en cuya historia se centra mi película.

¿Cómo fue que llegaste a conocer a Amarildo?
No, no lo llegué a conocer. Amarildo desapareció el mismo día que llegué a Brasil por tercera vez. Antes de eso, ya había empezado a filmar a otros seis residentes de Rocinha, quienes tenían fascinantes historias por contar. Al final tuve que centrarme en solo tres personajes – aunque tengo suficiente material para hacer uno o dos documentales más –.

¿Cuáles fueron los mayores obstáculos que tuviste para realizar este documental? No pareces ser del lugar. ¿No tuviste ningún encontrón con gente de la favela?
Ah, sí, una vez. Cuando recién me estaba familiarizando con el lugar, con sus subidas y bajadas, con sus calles estrechas y todos sus pasajes y callejoncitos… En medio de todo ese laberinto, un día me perdí y terminé en una calle oscura que estaba controlada por traficantes de drogas. De pronto, unos tipos se me acercaron, me rodearon y me apuntaron con sus armas a la cabeza… Todos ellos estaban armados, llevaban AK-47s y M-16s. Me habían visto filmar por las calles de Rocinha. Me revisaron de pies a cabeza. Afortunadamente no me encontraron ninguna cámara ni ninguna grabadora escondida. Y una vez que se convencieron de que yo no los estaba filmando a ellos, bajaron sus armas, me sonrieron y me empezaron a hablar como si fuera del lugar. Tanto es así que me invitaron un churrasco a la parrilla con frijoles negros y un par de cervezas. Inclusive más adelante cuando me veían por la calle siempre me preguntaban cómo iba mi documental.

¿Sobre qué les dijiste que trataba tu documental?
Les dije la verdad. Les dije que no estaba haciendo un documental sobre ellos, que quería hacer un documental sobre el arte y la cultura de la comunidad. Para ese entonces Amarildo todavía no había desaparecido. Una vez que Amarildo desapareció, la historia de mi documental se centró en él y en su desaparición. De modo que cada vez que los traficantes me veían, me preguntaban: ¿Qué pasa con tu documental? Y, bueno, en una oportunidad ya les dije que mi enfoque era la desaparición de Amarildo, y a ellos les gustó esa idea. Me apoyaron mucho. Me decían: Sí, tienes que contar esa historia; tienes que contar la verdad sobre lo que hace la policía en las favelas. Inclusive me dieron acceso a zonas que ellos controlaban. Yo les explicaba lo que quería hacer, y, ellos enseguida llamaban por radio y mi pedido se convertía en realidad. Parece mentira, pero aparte de ese episodio con los traficantes, no tuve ningún otro problema en Rocinha.

¿Tampoco tuviste dificultades con la policía? ¿Nunca recibiste amenazas por parte de la policía cuando te veían conversando con traficantes o filmando en la zona?
De manera directa, no... aunque siempre sentí sus miradas. Cuando pasaba cerca de donde estaban ellos, se me quedaban mirando. Es decir, no me quitaban la mirada. A veces se me acercaban y me preguntaban qué hacía yo allí y sobre qué tipo de filme estaba haciendo. Simplemente les dije que estaba haciendo un documental sobre la cultura de las favelas, más no les mencioné nada sobre mi interés por la historia de Amarildo. En una oportunidad uno de los policías me aconsejó que me fuera de la favela, pero no me amenazó. No me dijo: Si no te vas de aquí, te vamos a hacer esto o aquello. Nada de eso.

¿Qué fue lo que te dijo exactamente?
Me dijo: “Este es un lugar peligroso. Más vale que te vayas de aquí!” En realidad, no sé si me quería dar a entender que el lugar era peligroso porque la policía me tenía en la mira o porque había criminalidad en la zona.

El caso de Amarildo es sólo la punta del iceberg. Desde que se hizo el anuncio en enero de 2007 de que Río de Janeiro sería la sede del Mundial de fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016 hasta finales del 2013 desaparecieron un total de 38,000 personas solo en esa ciudad.

Mientras rodabas tu documental, ¿conociste a más personas que buscaban a sus seres queridos que también habían desaparecido?
No necesariamente que los estuvieran buscando, pero sí me topé con personas a cuyos esposos la policía los había asesinado o a quienes la policía les había plantado drogas en los bolsillos y que al poco tiempo terminaron desapareciendo. Una de estas historias, que lamentablemente no la pude incluir en el documental, aparece en mi página de Facebook. Se trata de la historia de una madre que está convencida de que la policía mató a su hijo en Rocinha. Su hijo de veintitantos años desapareció alrededor de la misma fecha en la que desapareció Amarildo. Por temor, la madre de este joven guardó silencio, pero al ver que la gente denunciaba abiertamente la desaparición de Amarildo, se arma de coraje y termina hablando del caso.

Hablemos de cifras. ¿Cuántas personas han desaparecido en Río de Janeiro en estos últimos años?
El caso de Amarildo es sólo la punta del iceberg. Desde que se hizo el anuncio en enero de 2007 de que Río de Janeiro sería la sede del Mundial de fútbol 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016 hasta finales del 2013 desaparecieron un total de 38,000 personas solo en esa ciudad. Claramente el caso de Amarildo no es un caso aislado. Estamos hablando de una epidemia. 

¿Nunca se pudo establecer si el cadáver que se vio una noche por allí en Rocinha era el de Amarildo?
Bueno, no. Se supone que era el cuerpo de Amarildo, pero no lo puedo decir con certeza. El cadáver ya no estaba allí cuando los residentes de Rocinha volvieron al día siguiente con la policía.

En tu documental hubo momentos bastante tensos cuando llega el abogado que representa a la familia de Amarildo. ¿Quién es él? ¿Cómo lo conociste? ¿Recibió amenazas?
Joao Tancredo es un abogado y activista de derechos humanos. Cuando desapareció Amarildo, fue una de las primeras personas que contactó a la familia para brindar su apoyo. Lo hizo sin cobrar un solo centavo. Joao es una persona muy valiente y sumamente dedicada a su profesión. Por su labor, fue víctima de un intento de asesinato y ha recibido varias amenazas de muerte. Lo conocí a través de la familia de Amarildo. Lo conocí más o menos al mismo tiempo que Michelle Lacerda, la sobrina de Amarildo, empezó a exigir justicia por la desaparición de su tío. Desde ese momento, empezé a pasar tiempo con él, con los familiares de Amarildo y con varios residentes de Rocinha que aparecen en el documental.

¿Cuál fue el propósito de tu documental?
Bueno, en primer lugar, explorar: ¿Dónde está Amarildo? Luego, es un poco disipar los estereotipos acerca de las favelas y dar a conocer la vida real de los habitantes de Rocinha. No todo aquel que vive en Rocinha es traficante de drogas o delincuente. Hay mucha gente que hace cosas fascinantes en la comunidad. A pesar de la pobreza y las dificultades que encara la mayoría de los residentes de estos barrios marginales, hay un gran espíritu de comunidad y fraternidad. Hay mucha alegría y felicidad por las calles de Rocinha. Se siente un calor humano que es casi inexistente en países desarrollados. La gente sabe luchar por la vida y disfrutar de la vida. Otro rasgo llamativo de Rocinha: sus extraorinarias vistas panorámicas. Me gustaría que más gente visite Rocinha y que interacte con miembros de la comunidad. No se trata de ir con alguien de afuera y hacer un viaje tipo safari por Rocinha, sino de ir y sumergirse en la vida local. Después de vivir más de un año en Rocinha, debo confesar que allí viví los mejores momentos de mi vida.

¿En qué quedó la investigación sobre la desaparición de Amarildo?
Según revelan las últimas investigaciones, 12 agentes de la Unidad de Policía Pacificadora de la Policía Militar de Rocinha fueron declarados culpables por los delitos de tortura, muerte, fraude de procedimiento y ocultación de cadáver. Lamentablemente, todavía no se ha encontrado el cadáver de Amarildo. Sin embargo, se sospecha que el Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), cuerpo conocido por su extrema brutalidad, fue responsable de llevarse el cadáver de Amarildo para hacerlo desaparecer.

Agregar comentario

Entrevista

Colaboraciones

Ciencia