Frente Amplio: El desafío de la permanencia

Ideele Revista Nº 262
(Foto: La República)

Los amigos de Ideele me pidieron un comentario sobre el Frente Amplio y su devenir próximo. Quisiera aprovechar mi actual lejanía para plantear algunas observaciones que si bien no parten de la coyuntura inmediata del FA, ciertamente se conectan muy bien con su futuro para hacer mi reflexión.

En una reciente investigación sobre las variables que explican el éxito o el fracaso en la construcción de partidos políticos ubicados a la izquierda del espectro político en América Latina (y que incluye el caso de Izquierda Unida), el politólogo Brandon Van Dyck llega a interesantes conclusiones. Si bien los hallazgos de Van Dyck se refieren a partidos que se consolidaron (o fallaron en esta tarea) entre los años 80 y la primera mitad de la década siguiente, sus pretensiones teóricas van más allá de los casos analizados. Personalmente creo que pueden decirnos algo sobre lo que le ocurre al Frente Amplio y los retos que debe encarar si quiere ser parte de los casos exitosos de consolidación.

Según dicho estudio (y haciendo una gran simplificación) las variables claves que explicarían el éxito en la construcción partidaria de este tipo de partidos, serían por un lado la existencia de un sólido aparato organizativo y por el otro liderazgos capaces no sólo de generar importantes adhesiones de cara al electorado, sino que sean capaces de recabar los respaldos y en última instancia las adhesiones de las facciones al interior del partido.

Mas allá del valor teórico de las dos variables anteriormente descritas, ambas se encuentran en el centro de la discusión sobre el futuro del Frente Amplio.

En el primer caso, la consolidación de un sólido aparato organizativo es hoy fruto de una acalorada discusión al interior del Frente Amplio, de la cual ha dado cuenta la prensa en las últimas semanas. Desde mi óptica, hay por lo menos dos grandes posiciones. Una primera que busca mantener al Frente como un espacio de coordinación entre organizaciones políticas y sociales, que, bajo la bandera de la no homogeneización, la diversidad y el respeto a las distintas identidades apuesta por el fortalecimiento de estas últimas por sobre las del primero. Si bien a nivel del discurso, esta posición plantea que un fortalecimiento de los componentes del Frente no tendría porque impactar en un debilitamiento de este como organización, creo que en la práctica esto es precisamente lo que sucederá. Si son las organizaciones que componen el Frente aquellas donde se concentrarán los recursos materiales, de movilización e ideológicos; lo que sucederá de facto es un deterioro del poder del Frente Amplio como organización y un desplazamiento del poder político desde esa estructura hacia las organizaciones que la componen, repitiendo lo sucedido con Izquierda Unida. Serán los liderazgos de las diversas organizaciones las que decidirán las orientaciones del Frente y no este último en sus espacios de decisión. En la actualidad, el debate por sobre si abrir el padrón de militantes o no de Tierra y Libertad (en tanto organización que controla la inscripción legal) es una arista de dicho debate. Abrirlo, supondría un fortalecimiento del Frente Amplio como organización, en detrimento del poder que los liderazgos actuales de Tierra y Libertad poseen.

Se podrá argumentar que, existiendo elecciones primarias abiertas, el poder último reside en los militantes y simpatizantes del Frente y no en las cúpulas de las organizaciones, sin embargo esto es del todo insuficiente. Si bien el nuevo mecanismo le otorga a las bases partidarias un poder importante en una de las decisiones claves de cualquier organización política, como es la nominación de candidatos, esto no supone un fortalecimiento del Frente Amplia como organización.En los años que nos separan de las próximas elecciones existen un sin fin de decisiones claves que deberán ser tomadas. ¿Quiénes lo harán?¿Los dirigentes de las organizaciones que componen el Frente o serán quienes están nombrados en los cargos directivos de este? Este no es un detalle menor, pues significa un traslado del poder desde las organizaciones componentes hacia el Frente Amplio y por lo tanto una perdida de poder de los dirigentes de las pequeñas organizaciones que lo conforman.

En el segundo caso, el tema del liderazgo, los casi 20 puntos que alcanzó Veronika Mendoza en las elecciones generales de abril le han asegurado un liderazgo importante de cara a la opinión pública, el cual sin duda deberá cultivar en estos años. Sin embargo, esto no basta. Es necesario que Mendoza construya un liderazgo al interior del Frente, que llegue hasta las propias organizaciones que la componen y a sus militantes. Sin el apoyo de una parte significativa de los militantes y dirigentes de las organizaciones que componen el Frente Amplio, será muy difícil que este se consolide. Sin corrientes fuertes dentro de las organizaciones que componen al FA que se movilicen y actúen para que este se fortalezca los resultados más probables son o bien el mantenimiento de este como un espacio de coordinación o bien el sisma interno ante desacuerdos de las diversas dirigencias.

Esto quiere decir que una de las principales tareas de Mendoza, será legitimar su liderazgo interno dentro de Tierra y Libertad, la principal organización del Frente Amplio. Para ello son necesarios dos elementos, por un lado reconocer, pese a su mal desempeño electoral, el liderazgo que posee Marco Arana dentro de su organización y por otra parte, convencer a sectores importantes de esa organización de la necesidad de fortalecer el Frente Amplio. Arana, con su nombramiento como vocero de la bancada, así como su declaración respecto a su voto en blanco en segunda vuelta, parece estar dispuesto a dar la batalla por conservar el liderazgo dentro de su organización y así orientar el Frente en la dirección que él busca darle. Así, el objetivo de Mendoza debiera ser sino alinear a Arana dentro de su apuesta por fortalecer el Frente, por lo menos lograr su neutralización.

Algunos ven en los resultados de las últimas elecciones, la demostración que la unidad de la izquierda no es pre-requisito para un buen resultado. Esto es en parte cierto, aunque habría que decir que pese a que la unidad no se logró, los electores tuvieron frente a si un menú limitado de candidatos de este espacio, logrando una cuasi-unidad de facto. Mas allá de esto, el fortalecimiento del Frente Amplio y su eventual ampliación, debiera ser percibido por quienes están dentro, como fuera de él como la condición básica que transforma en creíble para el electorado una candidatura de izquierda. Si tanto énfasis han hecho quienes comandan el Frente Amplio por romper con el pasado, una forma de hacer esto es fortalecer al Frente Amplio como organización política y pensar en su sobrevivencia y crecimiento como un objetivo estratégico en el camino a la victoria en las elecciones del 2021. Esta es una de las principales tareas que en tanto líder del Frente Amplio deberá enfrentar Veronika Mendoza en los próximos años.

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