No es Chávez, no es Lula: ¿Será Lucio?

Ideele Revista Nº 215
Carlos Basombrío Analista Político

Es tremendamente difícil evaluar los acontecimientos de los primeros meses del Gobierno de Ollanta Humala, en medio de una coyuntura de crisis no resuelta como la que se viene desarrollando en la región Cajamarca por el proyecto Conga y que tiene importantes aristas políticas, sociales y económicas; más, todavía, por lo incierto del resultado final que, dada la naturaleza del Gobierno actual, puede ser de signos muy diversos.

Por cierto, otro tema pendiente de definición al momento de escribirse estas líneas es el destino del vicepresidente Chehade. Son fuertes los rumores de que le suavizarían la sanción y, por tanto, que la renuncia y el desafuero quedan fuera de la agenda de los parlamentarios oficialistas. Dependiendo de cuál sea el final de esa telenovela, tendremos también efectos diferentes en un tema tan importante como el de la lucha anticorrupción.

Concentrándome solo en Conga, creo que las cosas se pueden poner mucho más feas antes de que tengan un curso de salida. Al momento de escribir este texto hay tres desenlaces posibles de muy distinta naturaleza y repercusiones.

Creo que los rumbos más probables son opuestos y ambos de diferente pero siempre altísimo costo. Uno: que el Gobierno ceda a los que protestan y que cancele definitivamente el proyecto Conga, probablemente disfrazando el hecho de frases ambiguas para tratar de evitar la humillación, luego del rotundo “Conga va sí o sí” del Presidente. Ese escenario tendría repercusiones enormes en la minería en general, haciendo casi inviables los otros proyectos gigantes que hacen cola en Cajamarca, y quizá hasta tenga un efecto dominó en otras regiones. Ello tendría un impacto fuerte en la economía, justo en el año en que la crisis internacional se acerca a nuestras costas con gran fuerza.

El otro escenario —que tampoco se puede descartar, siendo éste un Gobierno tan poco definido y hasta contradictorio— es que se opte por la salida de la fuerza: decretar estado de emergencia y poner a las Fuerzas Armadas a cargo de Cajamarca. Si así lograse su objetivo de contener el paro, ello tendría otro tipo de repercusiones profundas, esta vez sociales, pues se produciría una ruptura total de Humala con su ala izquierda dentro y fuera del Gobierno. Denunciado por sus bases como traidor, no queda claro cuál sería en ese escenario la base política de sustentabilidad del Gobierno, más todavía cuando es muy claro a estas alturas que en la bancada de Gana Perú no hay un pensamiento unificado en torno a Humala y, menos todavía, una actuación unificada en temas como éstos, ya que muchos parlamentarios tienen juego propio.

La verdad, no soy optimista, y creo que el único escenario para mí deseable dentro de las actuales circunstancias no se va a producir; es decir, un diálogo realmente técnico, serio y razonablemente rápido sobre el efecto ambiental de Conga, y que el resultado de ese análisis sea el que determine su destino.

Creo que en cualquiera de los dos escenarios iniciales, el Gobierno sale muy debilitado en el corto plazo y con pronóstico incierto sobre su futuro en el 2012.

Sobre el corto plazo, parece ya inevitable un cambio de ministros para conseguir oxígeno. Dado que hay muchos sectores que hacen agua y que actúan contradictoriamente entre sí, éste podría ser bastante amplio. Cuando se produzca tendremos mayores elementos acerca de cómo se viene la mano, para un mediano plazo, que se anuncia difícil y tormentoso en cualquiera de los supuestos.

No puedo dejar de decir que mis temores de que este Gobierno se parezca menos a Lula o a Chávez y mucho más al de Gutiérrez en el Ecuador, crecen cada día más. Recordemos que el coronel Lucio Gutiérrez llegó al poder con un mensaje radical y con el apoyo de los sectores sociales más fuertes y radicalizados, en particular del entonces poderoso movimiento indígena. Que ya en el poder Lucio giró hacia la derecha y entró en conflicto con su base, la que al final se movilizó y en una asonada lo sacó del poder con la venia de los militares.

Nada está dicho. Ninguna historia se repite de manera idéntica o a veces, como decía Marx, lo hace como tragedia y otras como comedia. Además, Ecuador y el Perú no son iguales. Pero, ojo, tampoco son tan diferentes.

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