Doe Run: La contaminación invisible

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En la refinería de la Oroya se funden además de metales preciosos, conflictos sociales, laborales y medio ambientales.

El caso de Doe Run, en La Oroya, es mundialmente conocido. Es la quinta más contaminada del mundo, según el Ministerio de Salud, el 99,1% de los niños oroínos tienen promedios altos de plomo en sangre, 33,6 ug/dl (microgramos por decilitro), lo que sobrepasa los límites máximos permisibles de la Organización Mundial de la Salud: 10 ug/dl.

Entonces, ¿cómo es posible que se afirme que existe una contaminación invisible, cuando esto está probado con evidencia científica. Pareciera ser algo ilógico, pero explorando el trasfondo nos daremos cuenta de que no es así.

La acción de Doe Run en La Oroya

La primera impresión que se tiene al llegar a la ciudad de La Oroya es que se trata de un pueblo fantasma. Uno no puede dejar de observar que la fundición está ahora inactiva y que la ciudad parece extinguirse lentamente. Y es que hace ya dos años que se inició el conflicto entre la empresa Doe Run y el gobierno del presidente Alan García.

La empresa pedía al gobierno una nueva ampliación del plazo del Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA) y un salvataje económico de más de 150 millones de dólares para continuar con sus operaciones; de lo contrario cesaría sus actividades y dejaría sin trabajo a 3.500 obreros de su planilla y a otros 6.000 cuyo trabajo dependía indirectamente del complejo metalúrgico.

El gobierno de García decidió no renovarle la licencia y someter el complejo metalúrgico a un proceso concursal ante INDECOPI. La interesada en adquirir la fundición fue la empresa Cormin, parte de la corporación Trafigura, que mantiene hasta hoy una disputa legal con Doe Run.

Todo esto trajo consigo una serie de medidas de fuerza —movilizaciones, bloqueos de pistas, marchas de sacrifico, paros regionales— realizadas por los trabajadores de la empresa y las organizaciones sociales locales para exigirle al gobierno pronta solución al problema. El pico más alto de estas acciones fue el 2009.

Los antecedentes del conflicto se remontan al año 1997, cuando el gobierno de Alberto Fujimori privatizó el complejo metalúrgico, antes propiedad de la empresa nacional CentrominPerú. El multimillonario estadounidense Ira Rennert, dueño del grupo transnacional Renco, adquirió el complejo y estableció la empresa Doe Run Perú, que opera en Cobriza y La Oroya.

Desde que se instaló en La Oroya, Doe Run ha tratado de evadir, mediante postergación, sus compromisos ambientales: ha solicitado varias veces la extensión del plazo del cumplimiento del PAMA. Su única oposición ha sido un grupo de ONG agrupadas en el Consorcio Unión para el Desarrollo Sustentable de la Provincia de Yauli, La Oroya (UNES), que fundaría el Movimiento por la Salud de La Oroya (MOSAO) con algunos pobladores.

Los gobiernos que sucedieron al de Fujimori le permitieron a Doe Run seguir funcionando a pesar de que la contaminación que producía sobrepasaba los límites máximos permisibles (LMP). Pese a la oposición de las ONG y el MOSAO, en el 2006 la empresa logró que el gobierno de Alejandro Toledo le concediera la ampliación del PAMA hasta el 2009. Este último año, el gobierno de García cuestionó la renovación de la licencia a Doe Run. Pero todo indica que no fue precisamente por su gran vocación ambientalista —recordemos las tesis del “perro del hortelano” —, sino porque habría de por medio el interés de favorecer a la empresa Cormin, si nos atenemos a las versiones de los voceros de Doe Run, los trabajadores y representantes de la sociedad civil de La Oroya.

Ojos que no ven

Lo más sorprendente en este caso no es precisamente el aspecto objetivo, determinado por la existencia de una contaminación que supera los LMP y que está envenenando a la población, sino la dimensión simbólica, constituida por las representaciones de los pobladores afectados por la contaminación sobre la empresa y el conflicto. (Se usan nombres ficticios para proteger su integridad.)

Cuando se pregunta a los pobladores acerca del problema ambiental que los aqueja, suelen responder que la contaminación en la ciudad es mínima y que, por el contario, la empresa ha ayudado a reducirla, en relación con los niveles anteriormente existentes: “Aquí nadie se ha muerto o se ha vuelto mongolito o ha tenido cáncer. La empresa Doe Run se ha portado bien. Ha limpiado la ciudad”, sostiene Otilia, una comerciante de abarrotes de la ciudad.

Juana, una vendedora ambulante, afirma que “la contaminación es puro cuento. Yo he nacido y crecido en La Oroya y no me ha pasado nada ni a mí ni a mi familia. Centromín contaminaba más, el gas de las chimeneas llegaba a todo el pueblo. Doe Run nos ayudaba con la limpieza del pueblo”.

A su vez, los dirigentes de los sindicatos de la empresa manejan un discurso similar al de los pobladores: “La contaminación no mata. Tantos años que vivo en La Oroya y no pasa nada. Que me traigan un niño o un anciano que tenga plomo (en la sangre)”, dice Mauro, un dirigente del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos. Pedro, otro dirigente, asegura que “Doe Run está haciendo obras. Ha limpiado el río Mantaro”.

Es claro que, a pesar de los exámenes clínicos que prueban la existencia de plomo en la sangre de las personas, para los pobladores y trabajad ores de La Oroya que fueron entrevistados la contaminación no es un problema visible que deba ser tratado con inmediatez.

 Los antecedentes del conflicto se remontan al año 1997, cuando el gobierno de Alberto Fujimori privatizó el complejo metalúrgico

 Lo sustancial para ellos es mantener la fuente de trabajo y el flujo comercial. Para Rebeca, una de las dirigentas del Comité Provincial de Lucha, la empresa “está dando muestras de que sí quiere continuar operando con toda su planilla de trabajadores para bien de La Oroya”. Juana, la vendedora ambulante antes consultada, está preocupada porque siente que la situación la perjudica: “Las familias de los trabajadores se van a Lima o a otras partes porque no ven solución. Solo los trabajadores se quedan para marcar tarjeta. Eso nos perjudica a nosotros. ¡Ya no vendemos como antes! La empresa tiene que abrir de nuevo”.

Para decirlo de otra forma: un grueso sector de los trabajadores y pobladores de La Oroya ha “naturalizado” la contaminación, la ven como algo “normal” e incluso inexistente. En todo caso, sería el precio que hay que pagar para contar con un trabajo y un ingreso y mantener activa la ciudad. La percepción de sus derechos es fragmentada. Su derecho al trabajo y a contar con ingresos dignos no es visto en conexión con otros derechos, como el de la salud, del que incluso parecen dispuestos a prescindir.

“Las ONG y los curas antimineros contra La Oroya”

“¡Fuera las ONG anti-mineras de La Oroya!”, es una de las pintas que se encuentra en una de las fachadas de la empresa en la entrada de La Oroya antigua. Y es también la opinión de los dirigentes de las organizaciones sociales y trabajadores entrevistados, quienes culpan a las ONG de haber magnificado el tema de la contaminación ambiental: “Las ONG antimineras mienten. Vienen a confundir, a decir que somos la ciudad más contaminada del mundo, pero no es así”, asevera Mauro, dirigente del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos.

Pero no solo las ONG son percibidas como enemigas de La Oroya, sino también cierto sector de la Iglesia católica que por largo tiempo venía exigiendo a Doe Run que cumpla con sus compromisos ambientales. Un comunicado del Comité de Lucha publicado el 2009 llama a “cerrar filas ante los enemigos de la clase trabajadora […] supuestos defensores de la salud […] como el Arzobispo, Monseñor Pedro Ricardo Barreto Jimeno, S.J. […] Que se atengan a las consecuencias porque todo tiene su límite”.

Lo paradójico de todo esto es que quienes defienden el medio ambiente y la salud son percibidos como los enemigos de La Oroya, mientras la empresa, que contamina y es la responsable de los altos niveles de plomo en la sangre de los pobladores, es vista como la defensora de los intereses de la ciudad.

La Oroya es Doe Run

Para entender por qué los pobladores de La Oroya cierran los ojos ante un problema objetivo como la contaminación, resulta pertinente citar el testimonio del periodista Mario Huarcaya, publicado el 3 de junio de este año en Correo Huancayo: “De niño escuchaba decir a mi abuelo: ‘El día que deje de salir humo de las chimeneas de la fundición, la ciudad desaparecerá’”.

Para el abuelo de Huarcaya la fundición era la ciudad. Es decir, el complejo metalúrgico es lo que le da sentido e identidad a La Oroya. Ésta es exactamente la misma percepción que tienen los pobladores entrevistados. Para ellos, La Oroya es tal porque existe el complejo metalúrgico. Sin éste, la ciudad simplemente desaparecería. Y si bien esto tiene una explicación material —el complejo metalúrgico ha sido y es hoy la fuente de subsistencia de los trabajadores y comerciantes que habitan en La Oroya—, también estructura la identidad de los oroínos. Así, el complejo es mencionado siempre por los programas de las radios locales como el “orgullo de La Oroya y de la región Junín”.

El complejo metalúrgico, desde que se fundó en 1922 con la empresa Cerro de Pasco, hasta que se nacionalizó con CentrominPerú en los 70 y se volvió a privatizar con Doe Run en los 90, ha contaminado permanentemente el medio ambiente. La única diferencia es que antes de los 90 no existía una normatividad ambiental. Es decir, durante casi 70 años el complejo y las empresas a su cargo han contaminado La Oroya sin que nadie les diga nada.

La contaminación es así, para los oroínos, invisible. Porque es normal. El humo de las chimeneas siempre ha estado ahí como parte de la vida de los pobladores. Lo raro, lo anormal, es que no haya humo.

La necesidad económica de los pobladores y este elemento identitario han sido muy bien aprovechados por Doe Run, que ha ofrecido mantener el puesto de trabajo de todos los trabajadores de su planilla y garantizar la estabilidad económica de la ciudad, con lo que ha aislado a las ONG y la Iglesia y su discurso ambientalista.

De hecho, la incidencia sobre el tema ambiental realizada por las ONG y cierto sector de la Iglesia católica no articuló el plano laboral y económico. En cambio, Doe Run lo hizo en todo momento, apareciendo como la representante no solo de sus intereses como empresa, sino también de los intereses de toda La Oroya, al ser la que tiene en su poder el complejo metalúrgico, fuente de trabajo y a la vez elemento constitutivo de la identidad oroína.

Doe Run consolida su poder teniendo como principales aliados a los dirigentes de los sindicatos, organizaciones sociales y un sector de la población, que, como se ha visto, reproducen su discurso, ya que para ellos La Oroya es el complejo metalúrgico y el complejo metalúrgico es Doe Run.

Un conflicto no resuelto

Hasta el momento el conflicto sigue activo, ya que la situación de Doe Run es aún incierta. La empresa ha presentado una propuesta de reestructuración que incluye a todos sus trabajadores en planilla. Por su parte, según las declaraciones del presidente Ollanta Humala, el Gobierno pareciera querer darle una solución al conflicto. Sin embargo, la propuesta de solución aún no está clara, ya que más allá de decir que “deben seguir laborando los trabajadores” y que “tiene que resolverse el problema medioambiental”, no dice cómo lo va a hacer.

Sin duda, la solución al conflicto debe ser integral y articular la demanda del respeto al trabajo y la vigencia de La Oroya con el respeto a la vida, la salud y el medio ambiente. Doe Run debe cumplir con sus compromisos ambientales. A su vez, el Gobierno está en la obligación de hacer valer la legislación ambiental vigente.

Generar nuevos sentidos comunes que valoren y defiendan la vida, la salud, el medio ambiente y el trabajo digno para las personas, que se materialicen en políticas concretas de desarrollo para La Oroya, es la ardua tarea que tiene el nuevo Gobierno de la mano con las organizaciones de la sociedad civil. El reto está planteado.

Es un artículo descriptivo

Es un artículo descriptivo que permite tener una muy buena visión del conjunto de elementos e intereses involucrados. La descripción es clara y tiene muy buen hilo conductor.
Pero la falta de teorización pone en evidencia un error al calificar como "dimensión simbólica" lo que en realidad es falsa consciencia. Evidentemente estamos ante población manipulada e inconsciente de dicho proceso. Por lo que la empresa logra imponer e inculcar en la mente del obrero los intereses del capitalista. Claro está, el primer síntoma del ignorante es ignorar su condición. Es una lástima, pero sabemos que el origen de los sindicatos está en el interés del Estado burgués de establecer un nivel de falso consenso.
No sé de dónde podría derivarse la simpleza de señalar que "Los pobladores de La Oroya no están equivocados ni difieren en lo esencial de ningún movimiento popular". Aquí también se puede demostrar que ni siquiera los intelectuales están a salvo de desarrollar una consciencia falseada y falseable.
Felicitaciones Alonso, espero que el hecho de querer encajar en el ideele no obligue a que adecues tu discurso según lo que te este espacio considere "adecuado". Esperemos que esto permita un desarrollo teórico mucho más contundente. Saludos.

Oroya y Yanacocha

Los periodistas de investigación deberían rebuscar un poquito más para encontrar qué tienen en común Cerro Hualgayoc, Yanacocha y La Oroya... si en estos casos se repite el nombre de un gran cacique de la minería, quizá no sea casulidad...
En su momento el mismo Julio César Vallejo nos regaló Tungsteno, novela que hasta los más pulidos críticos literarios calificaron de socialista, maniquea y otras tantas simplicidades, pero el transcurso de la historia nos está revelando que aquello que vio nuestro poeta es una dolorosa y vergonzante realidad que no debe quedar impune.

Buen artículo, aunque

Buen artículo, aunque según mi parecer le falta un remate, considero que lo que expuesto demuestra fundamentalmente lo equivocados que están los ambientalistas y en general todos los que sugieren que se puede hablar de conflictos ambientales. Es cierto que muchos movimientos populares están vinculados a la conservación del medio ambiente, pero esto no es sino fenomenia, la verdadera razón de cualquier conflicto entre una empresa, el Estado u otro entidad enemiga de la clase trabajadora se ubica en las necesidades más inmediatas de alimentación, de vivienda y en general de una vida económica relativamente segura. Los pobladores de La Oroya no están equivocados ni difieren en lo esencial de ningún movimiento popular, el problema central aquí no es la contaminación, es la supervivencia.

Buen artículo, aunque

Buen artículo, aunque según mi parecer le falta un remate, considero que lo que expuesto demuestra fundamentalmente lo equivocados que están los ambientalistas y en general todos los que sugieren que se puede hablar de conflictos ambientales. Es cierto que muchos movimientos populares están vinculados a la conservación del medio ambiente, pero esto no es sino fenomenia, la verdadera razón de cualquier conflicto entre una empresa, el Estado u otro entidad enemiga de la clase trabajadora se ubica en las necesidades más inmediatas de alimentación, de vivienda y en general de una vida económica relativamente segura. Los pobladores de La Oroya no están equivocados ni difieren en lo esencial de ningún movimiento popular, el problema central aquí no es la contaminación, es la supervivencia.

Doe Run - La contaminación Invisible

Sería importante mencionar los aspectos de la privatización del Complejo Metalúrgico de La Oroya y el Contrato en sí a través del cual Doe Run adquirió esa Planta. Su conocimiento ayuda a comprender los acontecimientos posteriores.

Doe Run adquirió el complejo y conocedora de los graves daños ambientales ocasionados en el pasado acordó adquirir el complejo si el Estado remediaba la contaminación anterior en especial lo relativo a los suelos (donde se depositaba los polvos que emitía la refinería). Esto fue acordado y así establecido en el Contrato de Privatización. El Estado debía remediar los suelos y terminarlo en el 2004. A la fecha, 2012, no se ha remediado aún ni un solo metro cuadrado de suelo.

La remedición de suelos, motivo por el cual los niños están afectados con metales como el plomo es una responsabilidad del Estado determinada en el Contrato de Adquisición o privatización de la Planta por parte de Doe Run. El viento produce polvo y los niños juegan y se llevan el polvo a la boca o lo respiran. Eso explica porque los adultos no están contaminados.

En dicho contrato también se estipuló las condiciones extraordinarias por las cuales una parte podría solicitar a la otra una prórroga de sus compromisos. Una de ellas consideraba causas económicas extraordinarias.

Doe Run ha tenido 2 ampliaciones de compromiso de mejora ambiental, PAMA, sustentadas en el acuerdo contractual con el Estado. La segunda prórroga no fue utilizada porque la empresa tuvo que cerrar la planta por problemas financieros que felizmente están camino a superarse después de la reunión de su Junta de Acreedores.

No seria serio si uno no reconoce que estas ampliaciones se hicieron luego que la empresa lograra objetivos ambientales sin precedentes. Al momento del cierre, sus emisiones, sus descargas de agua y la remedición de los suelos en su planta cumplían los LMP que menciona la nota a excepción del Dióxido de Azufre que es el 9no proyecto ejecutado al 52% y que es lo pendiente por hacer (los otros 8 proyectos ya fueron completados).

Son esos logros ambientales, los éxitos habidos en sus programas de responsabilidad social y su compromiso con su fuerza laboral lo que le ha valido la licencia social que la nota indirectamente reconoce. La empresa ha sabido responsablemente balancear los valores sociales, ambientales, laborales y económicos, sin privilegiar uno contra otro. Eso es lo que la población reconoce y aprecia.

Saludos

Viva La Oroya

Lo que afirma el autor de la nota es verdad: existe contaminación invisible en La Oroya, pero esta está en los suelos contaminados producto de más de 80 años de operación de la fundición. Cuando Doe Run Perú adquirió el complejo metalúrgico se comprometió a adecuar sus operaciones de manera que sus emisiones gaseosas y vertidos líquidos estén dentro de los límites máximos permisibles en tanto el estado peruano se comprometió a remediar los suelos contaminados, obligación que hasta ahora no termina de hacerlo.
El PAMA de Doe Run Perú no será suficiente para acabar con la contaminación de La Oroya, es urgente y necesario que el estado peruano también haga su parte y entonces si podremos decir que la ciudad de los humos está libre de contaminación.

Viva La Oroya

Para los detractores de Doe Run, lo que la empresa, sus trabajadores, la población haga nunca va a estar bien. Nos tratan como si nosotros no supiéramos qué nos conviene o no. También son campeones en afirmar imprecisiones y se irrogan el derecho de ser nuestros defensores.
Estos señores no entienden que nosotros sí entendemos los beneficios que la actividad minera trae a las zonas donde se desarrolla. La Oroya tiene una tradición minera de más de 80 años y sabe de las repercusiones sociales, económicas que ello conlleva.
Tal es así que Doe Run Perú posee una envidiable licencia social que ya otras mineras quisieran tener. Con su llegada en 1997, los cambios que vivió La Oroya han sido significativos.

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