Justicia
Somos una institución que prefiere trabajar por la preservación de la libertad de las personas o para sacar a inocentes injustamente encarcelados, antes que para meter a alguien preso. No solo no somos carceleros: somos, en general, anticárcel.
Para determinados casos, estamos por ir desarrollando un sistema de penas alternativas, por reservar la cárcel solo para situaciones extremas y cuando la libertad de los involucrados signifique un peligro real para la sociedad. Estamos seguros de que en algún momento de la historia se verá como una práctica salvaje eso de meter en una prisión a alguien de por vida por haber cometido un delito. Con la prisión se castiga y se hace sufrir casi inhumanamente no solo al que incurrió en un delito, sino a su entorno, lo que es injusto; más si esa es una cárcel del Perú.
Pero mientras no inventemos otra manera de sancionar los delitos graves, solo queda promover la cárcel para quien la merece, sea por la gravedad del delito, por la peligrosidad de quien lo perpetró o por el precedente que esté de por medio.
Porque si algo está plenamente demostrado es que el principal aliado del delito es la impunidad, su no sanción. El mensaje “no pasa nada” es peligrosísimo.
Si Fujimori no es sancionado por los casos de La Cantuta y Barrios Altos y por los secuestros en los sótanos del SIE el día del autogolpe del 5 de abril, el mensaje sería precisamente que se pueden cometer desde el poder los peores crímenes y que los responsables siempre quedarán a salvo.
Por eso, debe quedar muy claro que la exigencia de una condena severa para Fujimori no está motivada por ganas de venganza sino por un espíritu de Justicia. Esa condena servirá para sentar un precedente capaz de marcar un antes y un después en nuestro país: nada justifica —ni el terrorismo insano de SL y el MRTA— que nuestras autoridades (civiles y militares) recurran al asesinato, las desapariciones, la tortura, las detenciones arbitrarias o la violación. ¡No! Los derechos humanos son estándares universales que deben ser respetados siempre y frente a todos.
Y quienes los violan deben saber que tarde o temprano la Justicia los alcanzará, ya que el Derecho de los Derechos Humanos, el nacional y el internacional, está creando y desarrollando conceptos y mecanismos muy eficaces contra la impunidad ( la autoría mediata, por ejemplo)
Es eso lo que está en juego con el juicio y la sentencia de Fujimori. Si es condenado a una pena severa, no más violaciones de derechos humanos e impunidad; si es absuelto o condenado a una pena benévola, luz verde para violar los derechos humanos. No condenarlo como corresponde, dada la gravedad de los delitos cometidos y la gran variedad de pruebas existentes, es no hacer justicia y ayudar ilícitamente a quienes, olvidando todo lo que ocurrió en el pasado, quieren que el fujimorismo vuelva al poder.
Las razones humanitarias que se podrían tomar en cuenta atendiendo a su edad y sus condiciones de salud, físicas y psíquicas, corresponden a una etapa posterior.
El debateta
Más allá de los muchos méritos cinematográficos de la película La teta asustada y de la alegría que nos ha producido que la peruana Claudia Llosa haya ganado el Oso de Oro, lo cierto es que la trama y sus escenas han intensificado el debate acerca de muchos temas importantes : la violación sexual como arma de guerra en el Perú y en otros países, la situación del mundo andino, la relación entre la ficción y la realidad, la herencia de los años de violencia, la impunidad, los derechos de las mujeres, entre otros.
No importa que no haya sido esa la intención de la directora, o que la película, con todo derecho, no se lo haya propuesto. Interesa, sí, que sea eso lo que ha provocado su exhibición en el Perú. Por ello ideele aprovecha también la ocasión para plantearse una vez más estos temas.
Incorporamos en esta edición, por ejemplo, un riguroso artículo de Kimberly Theidon, la antropóloga que, producto de un largo trabajo de campo, identificó el mal de la teta asustada que inspiró a la película.



