Bárbara Jochamowitz : Memorias de familia
Entrevista a Bárbara Jochamowitz por Matilde Ureta de Caplansky
Un diálogo entre la psicóloga Matilde Ureta de Caplansky y Bárbara Jochamowitz, sobre un original libro “Memoria de familia”:
” Yo inicialmente comencé a escribirlo para mi familia y el tono que usaba era como si estuviera frente a ellos hablándoles. Pero al avanzar me di cuenta que podía ser para mucha más gente. Entonces le rebajé el tono coloquial, porque a mi lado muchas personas empezaron a mostrarse interesadas y porque ¿dónde no hay un abuelo que se llama Simón? pues en todas las familias hay un abuelo como él o muy parecido a él, o hay una tía que se llama Consuelo o es como ella. Y donde hay una familia, están todas las familias”.
¿Qué sentiste durante el proceso creativo o de investigación?
Se pasa por distintos momentos, empezando por el esfuerzo inicial que hay que vencer, cuando no está nada hecho, que es lo más duro, lo más difícil. Pero poco a poco uno se va metiendo en el trabajo, y se llega a tener momentos de una enorme intensidad con uno mismo. Yo me he pasado momentos, generalmente por las noches, cuando ya todo el mundo se había acostado, en que me quedaba sola. Eran momentos de una enorme intensidad. Tenía un nudo en la garganta; muchas veces hasta se me han escapado las lágrimas mientras escribía.
Esta convivencia con tus presencias, interlocutores fantasmales o recuerdos incluso corporales ¿se te presentaron durante el proceso?
Pero con una intensidad progresiva, cada vez mayor. Yo me daba cuenta que conforme avanzaba y me metía más, esas presencias inicialmente eran los miembros de mi familia, pero eran una abstracción. Una abstracción a la cual yo podía aterrizar mirándoles las caras en sus fotos, conforme les fui dando vida. Porque yo creo que lo que he hecho es darles vida. Uno escucha, de los escritores, que los personajes lo van llevando a uno. Es así. He llegado a soñar con ellos. Por ejemplo, en sueños, estar sentada en la computadora, voltear y ver sentada en el suelo desde el escritorio a mi bisabuela Bertha mirándome.
Si mal no recuerdo, frente a tu escritorio en Madrid…
Ahí está la foto de mi bisabuela.
Se podría decir que tu escritorio se pobló de ellos.
Exactamente, yo siento que en esa etapa, mi vida y la vida de mi familia se llenaron de ello, porque hablábamos tanto de mi familia actual, mi familia de Madrid. Mis hijos venían y mirábamos las fotos, y yo les contaba cosas que me había imaginado, lo que había descubierto; es una presencia creciente en ese sentido.
¿Cuál es tu antepasado favorito?
Yo creo que mi gran descubrimiento ha sido Bertha Jochamowitz. Es una familia donde hay una línea muy matriarcal, porque quien deja las cartas a través de las cuales yo comienzo a armar una historia es esta señora, Bertha Moses.
Entonces Bertha Moses Jochamowitz es tu bisabuela.
Es mi bisabuela. Ella dejó las cartas que les escribió a sus hijas. Las hijas guardaron esas cartas y las trajeron desde Europa hasta Lima; no las tiran a pesar de los años que han transcurrido. Esas cartas y todas esas fotos las rescaté yo de milagro. Luego una tía me dio a mí el testamento de Simón Mosevich.
El que aparece en el libro.
Sí, el que aparece en el libro. Que es un pergamino hermosísimo. Cuando yo vi por primera vez el documento no tenía idea de quién podía ser ese señor. Las investigaciones y el descubrimiento de todos estos personajes me llevaron a descubrir que es mi tatarabuelo. Pero la familia tiene una línea matriarcal; las mujeres hemos sido las que hemos ido creando los hitos a través de los cuales se ha ido trasmitiendo la historia.
Sí, pero el gran fundador ha sido Simón, hermoso personaje.
Exactamente, muy hermoso.
¿Te había traído reminiscencias pasadas? Cuántas veces habremos escuchado y visto desde el vientre de nuestras madres y hemos recibido de nuestros padres las historias.
Lo fantástico es cuando uno es capaz de darle un lugar a estas cosas que están allí, cuando uno es capaz de convertir este gran rompecabezas que está lleno de pequeñas piezas sueltas, en un panorama visible, inteligible. En términos personales es mi gran hallazgo haber dado un lugar a muchas cosas que estaban ahí sueltas.
¿Por qué no hablaste de tus padres?
Es que meterse con el presente es muy peliagudo y nuestros padres son el presente. Nuestros padres somos nosotros también. La línea divisoria fue muy clara: yo no podía entrar con el presente.
Y, lo cual no significa que no te lo debas, porque si no ¿cómo haces el vínculo?
Eso se lo debo a mis descendientes.
¿Tu aconsejarías que todos hagamos un intento de esto?
Es una ventaja hacerlo. Es absolutamente fundamental. Y es una lástima, un horror, lo que sucede con la gente que tira los cabos sueltos que quedan allí y que impiden que las memorias de las familias se pierdan. La nuestra estuvo a punto de perderse.
Lo que pasa es que quizás una de la cosas que no hemos entendido los seres humanos es que a través de la historia de una familia también vemos la historia de Europa, del Perú y la historia en general de todos.
Es que eso también se fue haciendo claro al escribirlo, porque yo inicialmente comencé a hacerlo para mi familia y el tono que yo usaba era como si estuviera frente a ellos hablándoles. Pero al avanzar me di cuenta de que no, que esto podía ser para mucha más gente. Entonces le rebajé el tono coloquial, porque a mi lado muchas personas empezaron a mostrarse interesadas y porque ¿donde hay un abuelo que se llama Simón? pues en todas las familias hay un abuelo como él o muy parecido a él, o hay una tía que se llama Consuelo o es como ella. Y donde hay una familia, están todas las familias.
Tu trabajo es una genealogía. Creo que es una mezcla biográfica genealógica.
Si es que se puede hablar de un género, que sea ese.
Lo biográfico es un género, lo genealógico va implícito en la biografía. Surge de ahí.
Lo que pasa es que la genealogía, en mi corto entender, está casi impregnada de cuestiones biográficas, de un intento de poner en relieve los valores. Y en mi caso el trabajo no pretende ningún tipo de genealogía nobiliaria.
No genealogía en ese sentido sino en un sentido más psicoanalítico y más transgeneracional.
De modelo familiar.
¿En qué momento este grupo judío fundador de la sociedad israelita, se empieza a bautizar?
No tenían lugar, mi abuelo tuvo que bautizarse, tuvo que dejar su tradición. Era mucho más importante para ellos el insertarse en la vida del país; fue una dicotomía que debe haber sido muy dura.
La historia de los marranos siempre ha sido así.
Sí, en todo el mundo.
¿Por qué no se casaron con judías entonces?
No había; era un lugar muy pequeño, una colectividad mínima. Hubieran tenido que irse. Por eso a sus hijas las llevaron a París a ver si se colocaban.
¿Estás contenta con tu obra?
Sí.
Tiene cierta tristeza.
Bueno.
Tiene cierta nostalgia. ¿Cuál es? ¿La nostalgia del pasado, de los abuelos?
No.
Porque finalmente es como una familia exitosa.
Lo que pasa es que se hace tan evidente el declive que implica el tiempo. O sea, se hace tan patente cuando uno va haciendo un seguimiento y los últimos vestigios son tan tristes que uno dice “bueno, yo también voy hacia eso, todos vamos hacia eso. ¿Hay alguna manera de exorcizarlo?”
Bueno, escribiendo libros como estos, justamente, dejando una huella y dejando, como dicen: un libro, un árbol, un hijo.
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La historia |
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Hacia 1850, un sastre judío, su esposa y sus dos pequeños hijos, llegaron a Lima procedentes de Manchester. Este libro cuenta la historia de ese sastre, de sus hijos y de los hijos de sus hijos, los primeros que nacieron en el Perú. Con la ayuda de los recuerdos y olvidos de los mayores, de la correspondencia salvada milagrosamente y de las fotografías familiares, Bárbara Jochamowitz ha escrito este libro lleno de simpatía –aunque no de complacencia- hacia sus protagonistas. Una historia que también quiere encontrar una explicación a los destinos y a la trayectoria de un grupo familiar. No es una historia de grandes personajes, ni trágica ni heroica, pero en ella se pueden seguir las huellas que en el siglo dejó una familia. La aventura de la emigración a América, cuando Europa era un continente del que la gente se quería escapar; la ciudad de Lima, a fines del siglo XIX, triste y pobre después de la guerra con Chile; la irrupción del nuevo siglo y de las nuevas generaciones, la a veces feliz y a veces dolorosa integración de una familia del nuevo mundo, todo ello aparece en este libro a través de unas historias personales o colectivas. ¿Tienen esas historias algo que decir a las nuevas generaciones? Tal vez mucho en el presente, sin saberlo, repiten gestos, temperamentos, enfermedades o fisionomías que ya existían un siglo antes de haber nacido. Precisamente porque nadie lo sabe, la historia guarda sorprendentes secretos. El libro de Bárbara Jochamowitz nos permite echar una mirada en nosotros mismos. |




