El tío Mario
Gerardo Saravia
Mi vecina , de aristocráticas letras, dice que Benedetti es un poeta menor. Bondadoso, militante, sencillo, pero ¿poeta? menor. Coincide con el poeta mayor Antonio Cisneros, que dijo del uruguayo: “Fue un hombre bueno”. Bueno, también César Hildebrandt le dedicó unas letras a la amabilidad del ¿poeta?, digámoslo así.
Una entrañable me dice: “De Benedetti solo me encantan sus poemas de amor”. Quizá todos tengan razón. Y viceversa, también.
Qué manera más atorrante, la mía, de empezar un homenaje a Mario Benedetti: citando a sus detractores. No me retracto. Tal vez aquellos que tanto lo bondadocean no son exactamente enemigos suyos. Podrían ser hasta sus causas y solo difieren en la estética.
Persisto en lo anterior porque creo, finalmente, que al tío Mario le llegaría altamente. Sin gota de furia, pero.
Mario guarda sus rabias para cosas más sustanciosas que entrar en peliagudas contiendas con la real academia de la poesía.
Yo lo quiero, lo quiero mucho y como no soy Benedetti, ni academia alguna me está fisgando, puedo inventarme peleas que denostan del tío y figurarme en contraparte aguerridas defensas. Sin lío el mundo sería frío. Benedetti invita a rimar.
Insisto también en la entrada, porque se me ocurre que si algún aspecto hay de superesencial en Benedetti son justamente sus construcciones “menores”, su sintaxis a la vera del estadio, apasionados sueños de quinceañera y panfletarias declaraciones de amor.
Tío Mario, en tu última hora tus amables pirateadores te saludan.
Tu boca no se equivoca
Dije que lo quiero y lo hago de puro convenido: ¿Quién no ha usufructuado de Benedetti a la hora nona? ¿Cuántas veces no hemos hurgado hasta su última coma en medio de pasiones y engatusamientos? ¿O cantado sus canciones de lucha en el tiempo militante? ¿Cuántas veces reenviamos uno de sus poemas y nos “olvidamos” de poner autor? ¿De cuántos asaltos de alcoba y guerrillas del corazón no serán responsables su “Táctica y estrategia”?
El Tío Mario nació en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó (Uruguay), el 14 de septiembre de 1920. Y desde el nombre le sembraron las dudas y los gustos masivos: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, pa’ lo que mande usted.
En 1928 inició la escuela primaria en el Colegio Alemán de Montevideo. Sus estudios secundarios los empezó en el Liceo Miranda, y pare usted de contar. No los terminó. Concluyó la secundaria de manera libre.
Lo sencillo y popular son más que una elección en Benedetti. Los tiempos que cobijaron al charrúa fueron distintos. El síndrome de la titulitis aún no había prendido mecha en la muchachada. Crisis profunda y compromiso profuso tallaban la vida de la juventud latinoamericana.
La materia prima de sus escritos no la aprendió en facultad de literatura alguna, porque no fue a ninguna. Tampoco en talleres de poesía o cenáculos letrados. Cuando Benedetti hablaba de las estratosferas oficinescas de Montevideo, de las correterías clandestinas o los devaneos de clase media, no lo sacaba de una maestría social con mención en burocracia. Lo escribía del forro y hasta de memoria. Ya dijimos: Benedetti no terminó la secundaria. Empezó trabajando. Desde los catorce años trabajó ocho horas diarias en la “Will L. Smith, S.A., repuestos para automóviles”.
Currículo vital del maestro: taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor y profesor. Además de clandestino y exiliado. ¿Para qué más?
No me gasten las palabras
Hay cosas peores que decir que Benedetti es un poeta menor. Se me escarapelan las sienes cuando escucho los nominalismos post mortem “poeta de la alegría”, “el poeta del compromiso”, “el poeta del amor”, “el poeta musical”, “el poeta del exilio”, como si todo poeta no llevase un exilio a cuestas.
Pamplinas.
Si con algún título quisieran honrar a Benedetti, sería con el del “Poeta del forwardeo”. ¿Cuántas veces sus poemas, cual combativos cantos de amor, no han invadido nuestra bandeja de entrada? ¿Cuántas no nos ha llegado en forma de spam? Las señas indicaban reenviarlos a 10 personas y tu suerte cambiará. Lo cierto es que el viejo nos cambió tantazo la existencia.
Éste es su poeta de la alegría:
“Lo cierto es que este mundo se está haciendo cada vez menos habitable. El aire que se respira está muy viciado, enrarecido por tanta falsedad, por tanta globalización de la hipocresía. Hay que darse cuenta de que si sigue por este camino, la humanidad va hacia su suicidio colectivo.
No es que tenga demasiada esperanza en que este mundo, que se encamina hacia su final irreversible, vaya a salir del pozo, aunque algo habrá que hacer para evitarlo. En todo caso no me parece que sea bueno desistir, hay que seguir creyendo en la 'revolución posible' e intentar poner los medios para llevarla a cabo. Yo lo hago a mi humilde manera, con la escritura”.Entrevista con la agencia alemana DPA
¿Esperanza? Quizá, pero como trinchera. Benedetti no se cansaba de repetir que un pesimista era un optimista bien informado.
¿Podemos comprender sus palabras sin cavilar las dosis de odio, amor, rabia, querencia y esperanza terca ante las miserias del mundo?
El tío Mario no era tampoco el bonachón empedernido que repartía caramelitos en la esquina. Esas historias están bien para responsos, pero no son fieles a la memoria. Don Benedetti era renegón y a veces insoportable. ¿Sus poemas no delatan una humanidad inoxidable?
Últimamente no amaba las celebraciones y le molestaba (es de los nuestros) que le recordasen a cada momento la edad:
“No pretendo ser antipático, es solamente que necesito más tranquilidad. La gente —y especialmente la prensa— tiene que entender que no puedo estar siempre disponible para todo el mundo”.
“Huyo despavorido de las celebraciones. Y eso es lo que voy a hacer ahora. Me voy a marchar de Madrid, no quiero más celebraciones. Cuando celebré los 75 años, de tanta fiesta y festejo tuve después que pasar casi dos meses en la cama para recuperarme, así que no me van a agarrar ahora para lo mismo… ya me cansaron con tanto recordarme que voy a cumplir 80”.Entrevista con Fernando Heller
Benedetti tampoco inventó la confusión (ahora que se puso de moda el apanado a la panameña), pero su obra puede ser una hermosa y sinfónica confusión de amor, rabia, militancia y esperanza.
Existen miles de poetas que usufructúan de la esquina y del pueblo. Lo popular puede ser una fuente incontinente de hermosas e ininteligibles abstracciones. Al sistema lo podían crakear con encriptadas fórmulas de ombligo, que nadie entendiese.
El tío Mario eligió lo fácil. Es decir, el camino más difícil. Hacer poesía para no- poetas. Poemas de esquina sobre la esquina.
Que lo diga, si no, Marco Martos, que de estas artes sabe mucho:
“Abordemos la cuestión más compleja: ¿Por qué algunos escritores se sitúan en la antípoda de la escritura de Mario Benedetti? ¿Por qué no tienen capacidad de apreciar una escritura diferente? Benedetti no es, strictu sensu, un escritor de vanguardia como Góngora, como Vallejo, como Borges, como Neruda. No es un innovador en la retórica de su tiempo, la del siglo XX y XXI, pero sí participa de lo popular que tienen esos grandes escritores, posee gracia y profundidad en lo que escribe”.
Su poema a Maradona fue una muestra más de que le importaba un bledo el camino de la correctitud. Sin duda no era el más aplaudido en tertulias de alta literatura, ya lo dijimos, y me entra la malicia de pensar que el fondo del desprecio en estos círculos a Mario se debió a que se hacía entender.
Si antes su gran delito fue levantarse contra la inequidad perpetua amparada en herméticas botas, el pecado moderno del querido viejo era simplemente ser legible. Trasgresor nato, casi de puntillas y con la pausa provinciana de su añorado Montevideo, desafiaba las coordenadas de un arte a la medida de semiólogos. Donde la ininteligibilidad es un don y la comprensión vilipendiada.
Mario querido, tu táctica era:
mirarte
aprender cómo sos
quererte como sos
Nuestra táctica, en cambio, es copiarte harto, para conquistar a dos.





Buena Gerardo. Qué nos
Buena Gerardo.
Qué nos importa que los crípticos se crean "mayores". El viejo llevaba la vida en lass venas, conversando con las baldosas de 18 de Julio en Monte, sentado en algún banco de la Plaza San Martín en Buenos Aires, mioentras miraba a las palomas picotear el viento. El buen Mario fue y murió siendo un militante de la vida y de la vida buena, aun cuando esto costara tiempos de exilio. Poco importa que "los mayores" busquen su inspiración sentados en el sofá de su cómoda existencia, mientras recuerdan los varios dígitos de sus cuentas bancarias y en la metafísica de sus vácuas letras... Qué importa. Entre tanto, no interrumpamos al maestro...al viejo que descansa en su amada tierra.
Pablo
Un poco tarde
Excelente artículo, quizás el único reproche y esto por mi edad, sin duda alguna, es matizar un excelente manejo del idioma con palabrejas importadas cuyo significado puede valer para la juventud pero es un atentado a este, mucho más si el artículo es de homenaje a un escritor latinoamericano.
Mario Benedetti
Posiblemente el hecho de ser considerado "un poeta Menor" sea precisamente lo que lo hace tan grande. Decir las cosas profundas con simpleza, para llegar a todos.
Marta