Vayan a ver Respira (últimas funciones)
No vale la pena ver Respira. Vale el gusto. Y esto no es una crítica a la obra. Tampoco una invitación. Se trata, más bien, de una conminación. Respira es la última obra de Roberto Ángeles con el guión de Eduardo Adrianzén.
Recién el arte se está atreviendo a tratar la era tabú: los terribles y temibles años 80. El teatro, tan pródigo en la década de la denuncia, ha llegado un poco tarde al estadio de la abstracción o de la reflexión en estos temas.
Respira, según dice la presentación, es una tragicomedia que cuenta la vida de Mario, un hombre que habiendo llegado a una situación límite en su vida, se enfrenta a los fantasmas del pasado. Mario tiene un problema con las creencias: no cree en nada. Es que vivió entre dos credos poderosos que paralizaron alguna germinante fe: la política y la religión. Mario se cría en una típica familia izquierdista de clase media acomodada, asiste a un colegio religioso castrante y tradicional, y asiste al vía crucis familiar de tener hermano senderista.
Sin metáfora de por medio, Respira se adentra en el tema frontalmente, pero con una mirada distinta. No se trata de una versión teatralizada del informe de la CVR, ni tampoco de las ficciones retratadas en películas como “Vidas parelelas” o “Paloma de papel”. A su manera, es trasgresora e iconoclasta. Se aleja de la visión socio-política clásica del conflicto armado para trasmitir una percepción personal que interpela a otros actores de ese tinglado histórico que nos tocó vivir: la izquierda peruana. También toma distancia de la visión puramente marginal en la composición social de la subversión.
“La mirada incide en el terrible desfase en la izquierda entre discurso y realidad. Respira trata sobre una familia que maneja el discurso político cotidiano pero de forma abstracta. De manera tal que le tiraba toda la responsabilidad de la guerrilla a los de abajo y eso hizo naufragar al liderazgo de la izquierda del Perú de fines de los 70; y el pueblo lo percibió claramente. Cuando aparece la violencia real, que no era partera de nada sino que era cosa aterradora, todo se descalabra porque el discurso no vendía eso tampoco y hubieron una serie de contradicciones terribles que hicieron que suceda lo que sucedió”
“Lo que yo notaba siempre y me parecía interesante es que la gente que se metió en mi generación a Sendero y al MRTA eran personas que tenían familia, padre, hermanos; no eran mutantes, eran personas como cualquiera. No eran necesariamente la parte más deprimida de la sociedad, era gente que creyó en un discurso y lo llevó hasta las últimas consecuencias” relata el autor Eduardo Adrianzén, quien también refiere la necesidad de entender lo que realmente pasó en ese tiempo.
“Es que las cosas no salen de la nada; juntas carácter más razones y así resultan las cosas. En el Perú no nos gusta ver lo que pasó a nuestro alrededor. Tienes que entender a la gente; el escritor tiene la obligación de entender a todos sus personajes, de ponerse en su cabeza y su lugar para entender porqué. Yo no gano nada trabajando con clichés,”
Se trata pues de una visión distinta, que invita de manera instintiva al debate.
Paralelo al tema del desfase y sus consecuencias, Respira trata un tema que podría ser un derivado de los conflictos de aquellos años, la llamada generación X, que es representada por Mario, atada a la imposibilidad de creer:
“Yo veo un montón de contemporáneos míos que no creen en nada, que no tienen convicciones, que mañana pueden decir cualquier cosa dependiendo de quién le pague y eso tiene que ver mucho con este trauma social generacional. El de ahora trata de discurso político y religioso, y Mario no puede creer en ninguno; la gente o tiene fe religiosa o en una idea terrestre. Y eso es lo que sucedió en la gente que tiene entre 30 y 40 años; muy pocos lo tienen eso de creer en algo”, refiere Adrianzén.
Ahora para quien no tenga ánimos de debatir mucho y meterse en rollos complicados, Respira tampoco tiene pierde. La obra de Adrianzén puede ser jodida y controversial, pero a la vez jocosa y placentera. Depende del ánimo y el fuste con que quiera ir.
Quizá sea el arte una de las herramientas más adecuadas para tratar estos hechos. En todo caso, el aporte desde esta perspectiva es insoslayable porque no toda respuesta entra en el plano de la comprensión racional. ¿Qué subversión de emociones destartalaron la escena de los 80? En unos actos muy bien puestos, Adrianzén y Ángeles no intentan revelarnos todos los acertijos históricos, pero sí acercarnos a los rincones del espejo a los a que a tantas veces escapamos reflejar.
La cita es en el Peruano Británico de Miraflores, a las 8 pm. Las últimas funciones son del Jueves 25 al Lunes 29 de Junio.




Comentarios
¿Y como hago para ver los comentarios de esta obra de teatro?
Interesante argumento
Acabo de leer este resumen de la obra y me trae muchos reduerdos, especialamente al generacion del 60 - 90, cuando recién terminaba de triunfar la heroica revolución cubana y muchos pensábamos que sería fácil repetirlo en cualquier lugar de América, tal es asi que el che Guevara, (que este 18 de junio si estuviera vivo cumpliría 81 años)se viene a Bolivia muy ilusionado por el triunfo de Fidel, pero la realidad fue muy diferente. ¡Qué tan diferente fue!, que lamentablemente fue asesinado por el ejército boliviano por orden de la CIA. Aquí se acabó la ilusión de tantos revolucinarios románticos que pensaron que lo de Cuba se podía repetir. ¡Que desilusión para tanta gente que simpatizábamos con los barbudos y las causas justas para formar una nueva sociedad.
Cuantos años han pasado y el sentimiento que expresa Pancho en su guión, es SU sentimiento, sus anhelos, y oo no me excluyo, me identifico bastante con lo que expresa, como sé en mucha gente igual,... bueno... quisimos cambiar el mundo... o en todo caso que cambiara a la manera como hubiéramos querido que cambie... pero no se pudo y eso duele.
Bueno vivo en Sullana, pero que bueno fuera que la obra aunque sea se presentara en el Teatro Municipal de Piura... ¡¡¡¡Basta de tanto centralismo!!!!
Muchos saludos para Toñito Montenegro,ya no lo he vuelto a ver.
Le invito a ver mi web:
http//noticiasdesullana.blogspot.com
A Roberto Angeles lo conozco, trabajamos en el CCTV de la Normal de Monterrico en el año 1980, por ahí y a Eduardo, igual, nos conocimos por intermedio de Antonio Montenegro cuando vivía en Santa Cruz y tenía sus autito blanco... tremendo pata¡¡
Muchos saludos
Luis F. Adrianzén A.
(si se atreven presentar la obra en Piura podría hacer algunas coordinaciones desinteresadamente) (e-mail:luisfelipeadrianzen@gmail.com)