Incendio en la Calle (13)
Gerardo Saravia
Llégale aquí, a mi guarida
Jura’o to’ el mundo aquí es pura vida
Pero si tú atenta en contra e mi vida
Quizás una bomba suicida
Haga el trabajo.
Hasta hace algún tiempo, la sustancia musical era fácilmente compartimentalizable. Existía la música comercial, la de protesta, la independiente y hasta la introvertida. Nadie se hacía problema por moverse de su sitio. Chapa tu senda y no te me prendas, pensaban los artistas. Ni juntos ni revueltos: los grupos musicales y los cantantes solían viajar por autopistas diferentes por su contenido y su propuesta musical. Pero eso era antes.
Llegó Calle 13 y lo confundió todo.
A cualquier distraído transeúnte musical se le haría imposible asumir que los rítmicos chirridos de “Atrévete”, en los que impelían a sus fieles y fielas (y fieras sobretó) a salir del closet:
Atréve te te te te
salte del closet
destápate, quítate el esmalte
deja de taparte que nadie va a retratarte
fueran los mismos camorristas que grabaran la comprometida —hasta el tuétano— y harto controvertida “Querido FBI”:
Esta noche voy
a ahorcar a diez marineros. Hoy tengo la mano
aligerá’ y a mano pela’ les vo’a dar una pela pa’
que vean que el gas pela. Nuestra bandera la han
llena’o de meao. Murió desangra’o, mi gente,
que murió desangra’o. Nunca arrodilla’o, lo
van a tener que enterrar para’o.
René Pérez, que se hace llamar Residente (en honor a la manera críptica cómo se organizaban las visitas a su familia en el barrio de Trujillo, en Puerto Rico), y su hermano político Eduardo Cabra, Visitante para sus panas, formaron hace cuatro años una banda musical que, según sus impulsadores discográficos, no pensaba pasar de un irreverente grupo reguetonero de moda. Pero pronto la historia de Calle 13 se volvió grandilocuente y esquizofrénica.
En su corta existencia, Calle 13 ya ha grabado con lo más famoso del jet set latino: Shakira, Cafetacuba, Vicentico, Alejandro Sáenz y más etcéteras son solo algunos de los artistas con quienes Calle 13 ha compartido pista de CD.
A Residente se le puede ver un día en Nueva York coordinando los últimos toques para su producción con Skakira, y al día siguiente a la vanguardia de una marcha de obreros en Puerto Rico. Después volanteando un CD con una asonada musical contra policías abusivos en pleno San Juan. A la semana siguiente, dándole vivas a un tal Pizango en su concierto por Lima. Y la trassiguiente, firmando un suculento contrato con la Sony y agradeciendo por los cinco Grammys Latinos ganados.
El revolú de la Calle
Toda música populosa suele forjar en algún momento a ciertos exponentes que trascienden la nebulosa de neón. Son artistas que traen de la nariz del callejón y la moda al ritmo y lo elevan a categorías académicas, donde nadie lo habría vaticinado. Como lo hizo Blades en su momento con la salsa. ¿Quién apostaba algo por el reguetón, más allá de su cadencia, hace algunos años?
La sociedad pacata se tapaba los ojos ante su expresión bailable: el perreo. Los salseros jurábamos y augurábamos una letal sentencia: el reguetón no duraría más de dos años. Las feministas condenaban sus letras machistas pero, caleta nomás, se contorneaban. No faltaban tampoco los académicos de siempre que rescataban “la problemática y analítica de un ritmo emergente”, gustando de escuchar sin oír los compases del subdesarrollo.
Con gran audiencia, mayoría de detractores y un puñado de protectores, el reguetón triunfaba en las radios, pero condenado por siempre a la cárcel del cuerpo y sus vaivenes.
Pero llegó Calle 13 e inventó lo absurdo: un reguetón para pensar. ¿Qué cosa?
El mérito de Residente y Visitante fue convertir lo absurdo en celestial. No le pusieron frac a la danza; más bien se armaron de una lanza y se pintaron de guerra.
Pero no son tontos y menos suicidas. El genio consistió en ingeniárselas para que la Sony corriera con todos los gastos, muertos y heridos que generase su secuela musical. ¿Cómo lo hicieron?
“Creo que ésa es una de las virtudes de Calle 13: cruzar la línea fina entre lo popular y lo underground. No tocamos temas que no tengan un mensaje. La disquera respeta nuestra música muchísimo.
“Siempre cuando tenemos concierto o un Grammy o Billboard aprovechamos la oportunidad para exponer nuestra propuesta para que nos conozcan y no depender de las radios”, anota Residente.
En sus Trece
No sabemos si Calle 13 descubrió la fórmula del éxito al saber combinar moda con contenido social y dejar contentos a todos con letras-TNT, tipo resistencia chilena, y a la vez tan pegajosas y bailables tipo la mayonesa, más light. El asunto es que les ha dado resultado. A las disqueras, al parecer, no les interesa pelearse con la Calle por dos o tres versos de guerra y dejar de percibir sus millones de regalía.
Trece ha demostrado también que las conversaciones con las disqueras no tienen que ser necesariamente un duelo entre tiburones y pejerreyes. Si bien la cultura del débil-fuerte es una tradición casi intangible en la mayoría de casos, el trío reguetonero decidió cuadrarse en un perímetro similar y, mostrándoles los colmillos, parecen haberles dicho: “Ustedes tienen el dinero y nosotros el talento” (y la gente, y el cariño, y la cultura, y las púas, pues).
No es poco lo que las transnacionales del ritmo han cedido. No solo en la aceptación de letras “incorrectas” política, social y hasta moralmente, sino cuando a uno de sus engreídos se le da por hablar, los de la Trece padecen de una adorable incontinencia verbal. Como cuando hace unos meses decidieron hacer una libérrima declaración a favor de la piratería:
“Jamás iba a pensar que esto iba a viajar por el mundo. Nosotros estábamos haciendo esto para repartirlo por Internet, porque creemos a full en la cuestión de la piratería”, confesó el Visitante al contar cómo fue que se estrenaron en la fama. Grabaron unas cuantas canciones por Internet, las difundieron libremente y una disquera paró la oreja y los contactó con Sony Internacional.
No se busca padrino
Los reguetoneros también han revolcado el concepto de padrino. Los tres de la Trece han tenido como únicos padrinos a los de pila. La volteada de tuerca consiste en que su grabación con los famosísimos no obedece a un plan de márketing para posesionar a los puertorriqueños en el top-top de la música (algo muy común por esos lares). Al contrario, más y bien.
Los célebres no necesitan, obviamente, la fama de Trece, pues tendrían hasta para regalarle. Pero saben que una canción con los puertorriqueños no tiene pierde. Es un éxito redondo de tan solo anunciarlo. Si no que lo diga Shakira-Shakira.
Pero en las juntas de Trece existe jerarquía, y ellos la tienen clarita. La grabación con Rubén Blades representó para ellos el paroxismo del éxito, no cuantificable, y, como diría Enrique Iglesias (quien sin duda no está en su lista de preferidos), fue una experiencia religiosa:
“Tú sabes quién es Yoda; pues Rubén Blades es Yoda. Él es todo para nosotros. Yo crecí con sus canciones, y cuando grabamos el tema “La Perla” y él preguntaba ‘¿Cómo estoy rapeando?’, no me atrevía a corregirle nada”, dice Residente.
Dentro del cúmulo del virtuosismo musical no está el de ser acomedido. Ellos desparraman palabras y posiciones a donde quiera que vayan. En el Perú no callaron su opinión sobre la selva, que calzó con su preocupación, casi obsesiva, por el medio ambiente y el derecho de las minorías primigenias:
“Nosotros estamos al tanto de lo que está pasando con los indígenas. Estamos al tanto de todo. Nos gustaría hacer algo. Está bien que los nativos (de Bagua) se hayan defendido, pero lo hicieron porque lamentablemente se los ha hecho a un lado siempre. No se debe pisotear a las minorías, y nosotros nos identificamos porque estamos en esa onda siempre y eso nos jode, lo vivimos también. Más allá de lo que puedan conseguir de esas tierras, no se debió permitir que haya violencia. Las cosas no se deben resolver de esa manera, porque la violencia forma parte del pasado. Ahora se dialoga y no se actúa atacando”.
No faltó quien se las quiso dar de parchador y, parafraseando al Rey Juan Carlos, le dijo “¿por qué no te callas?”, pero René Pérez, gallito siempre, no escatimó un contraataque: “Este lío también es mío”:
“Me dicen que por qué opino si yo vengo de otro país. Pues les digo que a veces uno desde lejos ve mejor las cosas que desde cerca. Esto de la selva ya ha pasado en otros países. Además, la Amazonía es de todos, es el pulmón del mundo y tenemos que defenderla”.
Pero no todo en Calle 13 es disidente. Además del pegajoso compás tipo hitazo del verano, los Trece siguen la tradición reguetonera de broncas en cantina. Hace poco les declararon la guerra a sus colegas en el combativo “Llora”:
Como las gallinas tú cacareas.
Es muy fácil ser esclavo de la industria
navegando a favor de la marea.
Tú te vendiste más barato
que una prostituta en la autopista
Ésa es la diferencia entre un negociante y un artista…
Reguetonero no lo tomes personal,
esto es pa’que te motives.
Tampoco te estoy tirando a ti,
le estoy tirando al que te escribe.
Pero se alejan de los típicos superstar en muchas otras cosas. Aunque cueste trabajo hacerlo, su vida privada es lo más top secret que se pueda. Ahí están los coleguitas que pueden dar fe de sus derrotados esfuerzos por arrancarles explosivas declaraciones personales. Lo siento, mecha mojada:
–Usted ya lleva buen tiempo con su pareja, la ex Miss Universo. ¿Cómo van las cosas? ¿Se huele algo de matrimonio?
–Ya. ¿Cuál es la pregunta?
–Si se piensa casar, si han visto la posibilidad de matrimonio, si…
–No. ¿Otra pregunta?
El aporte de Trece, además de sus iracundas letras y su alucinante poesía de callejón, está en la experimentación musical muy en boga por los más pintaditos músicos. Hace poso hicieron un periplo musical por Latinoamérica, donde recogieron una serie de ritmos y palabras que van incorporando en sus recientes producciones.
A todo esto, ¿dónde quedó la bomba y plena, ritmos originarios de Puerto Rico? No pues: Calle 13, que pagaría por ser reconocido como la vanguardia musical latinoamericana, no le pega mucho sus oídos a su tierra de pila. La escueta respuesta de Cabra se comprende en un país en el que lo único que no pudieron avasallar fue su cultura musical. Ahí está el grandioso legado de Mánelo y Lavoe para refregárnoslo. “Es que hemos preferido dedicarnos más a la importación que a la exportación musical”, dijo.
Mal que nos pese a los salseros, la propuesta de Calle 13 ha venido a trastocar los estereotipos y a renovar el sonido de la calle, callejuela y callejón urbano, monopolizado hasta hace poquito por la exquisita y sonora clave salsera.
Mal que les pese a los underground más radicales, Calle 13 está logrando llegar hasta lo más extremo de un discurso que antes solo ellos manejaban. Pero ahora lo dicen timbrando en lenguaje de esquina y en vivo por MTV. De tú a tú, poesía bruta y lengua afilada, puñeta. Pa’que lo oigan los sordos y lo escuchen los malditos.
Tengo ganas de cogerte, estrujarte romperte
Morderte, odiarte, el hígado comerte
Sacarte los ojos
Mancharte de rojo
Abrirte las tripas a lo Jack the Ripper
Tengo ganas de degollarte con lo que escribo
Usando los peores adjetivos
Pa’ describir el encabronamiento que siento
A ti te vo’a sacar de tu asiento, de tu sitio, de tu silla
Con mi propia boquilla vo’a arrancarte las rodillas.




