De la “PISCITUMNA” a un CAMPO SANTO

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Renzo Aroni, Historiador – EPAF

Hermano mío no me vayas a olvidar, hermano y hermana nunca me olviden; en el fondo de tu corazón siempre me vas a guardar, estés donde estés guárdame en tu memoria (canción de Telésforo Huashuayo “Si no vuelvo, búsquenme en Putis”)

El pasado viernes 26 de junio, en la ciudad de Ayacucho, mientras me dirigía a comprar el boleto de regreso para Lima, escuché el gemir de una guitarra y la voz nostálgica de un gran amigo, Abilio Soto Yupanqui, músico y folclorista ayacuchano, quien se encontraba en el escenario de una radio-teletón haciendo vibrar su quru guitarra (guitarra mocha), sumándose a la campaña de “Solidaridad y Justicia para Putis: Ayúdanos a construir nuestro Campo Santo”, en el parque María Parado Bellido, frente a la antigua cárcel de Ayacucho. El evento fue organizado por la Asociación Paz y Esperanza, el Consorcio Projur y la Comisión Multisectorial para la Reconstrucción de Putis. Además, en el acto se podía distinguir a diversas personas que miraban con tristeza la exposición fotográfica y artística de la violencia política; había bolsas de cemento y ladrillos donados por el público, y una caseta donde la gente se acercaba a colaborar con dinero de acuerdo con sus posibilidades.

Escribir sobre la memoria de la barbarie ocurrida en el pueblo de Putis, localizado en el distrito de Santillana, en las alturas de Huanta, Ayacucho, es muy doloroso; sin embargo, lo intentaré, y lo haré a través del recorrido de las letras de una poesía testimonial, Putis Llaqta/Pueblo de Putis, cuya autora es la profesora Felícitas Pozo Chávez (Huanta, 1946), de la Asociación de Quechua de Letras y Artes Ayacucho-Chanca (QANTU). La poesía fue publicada en el boletín n.° 3 de Qantu el 12 de septiembre del 2008, en la ciudad de Ayacucho. La poesía comienza con un sentido humanitario y muestra de solidaridad con el pueblo de Putis y sus deudos:

Tukuy tiqsi muyun/ Todo el mundo

riqsiykusunki/ ya te conoce

pitaq mana waqaykuspa/ quién no llora

hukllawakusunkichu./ y se solidariza contigo.

En Putis fue hallada la fosa común más grande de “ejecución extrajudicial” que conocemos hasta el momento, obra del Ejército peruano perpetrada durante el periodo de la violencia política ocurrido en el Perú entre 1980 y el 2000. Según la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), en Putis fueron asesinadas 123 personas por los militares en diciembre de 1984. De ellos, diecinueve eran menores de edad:

Putis llaqtallay/ Querido pueblo de Putis

imayna yana sunquraq/ cómo será el negro corazón

pipa kamachisqanraq/ y quiénes darán órdenes

chay wayrurukuna/ a aquellos militares.

Hasta antes de desatada la guerra, Putis era un pueblo abandonado en los confines de nuestra serranía. Quizá por eso fueron los miembros de Sendero Luminoso (SL) los primeros foráneos en llegar a Putis; luego lo hicieron los militares persiguiendo a los senderistas. En respuesta, los de SL elevaron sus acciones asesinando al Teniente Gobernador de Putis y, más tarde, obligando a los campesinos a abandonar su comunidad para moverse a las “retiradas” en los cerros. De ahí que los militares hayan visto a los campesinos como “terrucos”, cómplices de los senderistas:

Manachu mamayuq,/ No tendrán madre,

manachu paniyuq,/ no tendrán hermana,

manachu wawqiyuq,/ no tendrán hermano,

chay suqru butaskuna/ ésos que calzan botas.

Cuando los militares establecieron su base en Putis, convocaron a los campesinos para que retornaran al pueblo; les ofrecieron seguridad y desarrollo y les dijeron que iban a construir una “piscigranja”. Los campesinos creyeron en el ofrecimiento y retornaron. Cavaron la inmensa fosa durante tres horas y luego fueron reunidos en varios grupos. Fue entonces cuando los militares les dispararon a matar para luego enterrarlos en la fosa excavada, al mismo estilo nazi:

Wiksanku ukupi/ Con su hijito

wawachantinta,/ en su vientre,

kuchuykunankupaq/ por qué los cortaron

balyaykunankupaq./ por qué los balearon.

En mayo y junio del 2008, los miembros del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), por encargo de la Segunda Fiscalía Penal Supraprovincial-Ayacucho, realizaron, como peritos oficiales, la diligencia de exhumación de cinco fosas ubicadas en la localidad de Putis. Entre fines de agosto y comienzos de septiembre, el EPAF expuso centenares de prendas y objetos personales de los restos hallados en las fosas comunes de Putis, no solo para que los familiares puedan ayudar a identificar a sus deudos, sino también para denunciar públicamente esta barbaridad y la necesidad de hacer justicia. La exposición fue hecha en la ciudad de Huanta, en el distrito de Santillana y en la misma localidad de Putis:

Manacha runaqa/ Seres humanos

kanmanchu/ no creo que sean

warmachakunata huñuykuspa/ aquellos que juntaron

kañaqkunaqa./ niños e incineraron.

Lo más doloroso de la exposición fue quizá ver las ropitas de los niños. Esta exhibición itinerante fue registrada por el fotógrafo peruano Domingo Giribaldi, y se expuso por primera vez en noviembre del 2008 con el título “Si no vuelvo… búsquenme en Putis”, en la galería del Centro de la Imagen, en la ciudad de Lima. Desde entonces la muestra fotográfica ha recorrido el interior del país para sensibilizar a los sectores insensibles y al público visitante. También ha sido exhibida en los Estados Unidos y Europa, para que sea vista por la comunidad internacional

Pampasqa pachakunapim/ Entre las ropas                                                              exhumadas

kasqa waknaña/ están los pañalitos,

pañalchakuna, uya watachakuna/ pañuelitos de cara

añilluchankuna, pili milipas./ anillos y pili milis.

Putis sigue viviendo en la indiferencia, la exclusión y la invisibilidad. ¿Cómo es eso posible? Es una muestra de que nuestro país sigue siendo un país fragmentado social y culturalmente. Los asesinados de Putis eran campesinos quechuahablantes y altoandinos; no tenían documentos de identificación —es decir, ni siquiera existían legalmente, no eran ciudadanos peruanos—. Quizá por eso el desprecio de sus vidas por quienes los ejecutaron; quizá por eso aún hay indiferencia: nos cuesta recordar este suceso; quizá por eso, la memoria como deber aún no es posible; quizá por eso, el amor por la humanidad, por la justicia y la verdad, aún no es parte de nuestra cultura de vida.

Wayqachaypi kuka kintu/ Coca quinto de mi bolso

willaykullaway yachachkankim/ comunícame tu                                                            saber

maypitaq tariyman/ dónde se puede encontrar

justicia nisqankuta/ esa justicia que llaman.

Además, los familiares de las víctimas no han hallado respuesta explícita desde el Estado respecto de lo que pasó realmente con sus deudos. Este caso, como muchos otros, es aún parte de la agenda pendiente. Si bien el Estado tiene obligación de investigar cualquier tipo de crimen de violación de los derechos humanos durante el periodo de la violencia, se hace necesario que establezca la búsqueda, recuperación, identificación y restitución de las víctimas bajo un “paraguas humanitario”. Esto quiere decir que tiene la obligación de ir más allá del protocolo judicial o de la agenda política, utilizando los elementos de la “justicia restaurativa y retributiva”, con la participación de los afectados o los familiares de las víctimas, para garantizar la confianza en el proceso judicial y así ayudar a cerrar el ciclo de duelo con la restitución de los restos de sus seres queridos en un acto de reparación simbólica.

De la misma manera, la búsqueda humanitaria no perjudica la judicialización, siempre y cuando la recuperación de la evidencia en el proceso de la búsqueda se haga de manera protocolizada. El “paraguas humanitario” favorece el dar respuesta, mientras que los procesos judiciales, por definición, obtienen evidencia; por su naturaleza, los procesos no siempre tienden a dar respuesta, de modo que convierten a los familiares de las víctimas en rehenes de la justicia. Los responsables de la masacre en Putis tendrán que explicar a los familiares, a los peruanos y las peruanas, a la historia, por qué cometieron esta masacre. Los encubridores y cómplices, que ocultan los nombres de los asesinos, tienen mucho que decirnos. Sin embargo, tarde o temprano la diosa Alethia revelará los secretos de esta ejecución tan vil; mientras tanto, con la ayuda de la diosa Mnemósine, nos mantendremos vigilantes para que este acontecimiento se esclarezca y no quede en el olvido.

A fines de agosto del 2009, con ocasión del VI Aniversario de la CVR y el Día Internacional de los Desaparecidos, se tiene previsto enterrar los restos de las víctimas asesinadas en Putis. Será una caravana de solidaridad que prevé actividades culturales, misa y velorio, tanto en la ciudad de Ayacucho como en Huanta, para, finalmente, realizar el entierro de los restos en un Campo Santo construido en la comunidad de Rodeo del Centro Poblado de Putis. Participarán en el evento las organizaciones de familiares de víctimas, los movimientos ciudadanos por los derechos humanos, autoridades gubernamentales y ediles, y personalidades reconocidas del país y de la comunidad internacional. Será una fecha de conmemoración en la que podremos regocijarnos y construir memorias para la reconciliación social y, con ello, contribuir a la restitución del tejido social.

¡Acompañemos a cerrar un capítulo de la memoria de Putis!

Piscitumna a un Campo Santo

Un excelente artículo que refleja que la inclusión no debe darse por discursos y en un idioma que siga marginando a esa parte de la población a la que llamar excluidos tal vez sea mucho ya que ni siquiera son considerados en tal condición.

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