El Gran Mandarín

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En el Perú todavía existen zonas de biodiversidad únicas en el mundo, que corren el riesgo de desaparecer. La marcha hacia el progreso no tiene que cobrar un precio tan alto poniendo en riesgo la riqueza ecológica y única que posee este país.

A solo un año del fin de su mandato, Alan García ya puede ver el fin de la carrera. El hombre grande ya está pensando en su legado. Y ¿cuál será? ¿El Presidente que puso en marcha un proceso infatigable de modernización? ¿El líder que hizo del Perú una de las economías más sólidas del continente? 

Pero ¿cuánto le ha costado merecer estos elogios? Si bien es cierto lo ‘macro’ en el Perú suena auspicioso, el manejo de los detalles, la dimensión ‘micro’, tiene rasgos muy desalentadores.

La pobreza terca que ha afectado al país por siglos se está reduciendo, pero las cifras siguen siendo demasiado altas e injustificadas considerando la escala de crecimiento económico y las inversiones. Mientras no es fácil sobrellevar la pobreza en los rincones más aislados del país, este año y en todos los anteriores, niños y ancianos mueren de frío y malnutrición en la sierra sur, un acontecimiento predecible y evitable.

Pero Alan García no es un hombre que se fije en los detalles. A él no le interesan los pequeños proyectos de desarrollo sostenible ni nada por el estilo; para él tienen que ser grandes, muy grandes.

Como un Castañeda pero mucho más hablador, su lema podría ser: “Obras, obras y megaobras”. La Interoceánica, las seis represas amazónicas, parte del acuerdo energético entre el Perú y Brasil, la gran expansión de los puertos en el océano Pacífico y la carta blanca que le ha dado a China para realizar grandes inversiones en la minería.

Seguramente no le falta visión ni ambición. Pero el crecimiento económico del que tanto se jacta el señor García necesita un mejor manejo para que la riqueza que se genere se pueda dirigir a los más pobres y sea sostenible en el largo plazo.

Además, el Gobierno de García necesita entender que el medio ambiente es un recurso y evitar seguir la ruta de otros países con selva tropical como Indonesia y también Brasil, que ha dejado que los monocultivos como la palma aceitera y la soya se instalen y se reproduzcan, causando un fuerte daño al ecosistema.

En el Perú todavía existen zonas de biodiversidad únicas en el mundo, que corren el riesgo de desaparecer. La marcha hacia el progreso no tiene que cobrar un precio tan alto poniendo en riesgo la riqueza ecológica y única que posee este país.

Un manejo irresponsable de los recursos podría terminar con la selva peruana, el segundo país con el mayor territorio amazónico, que es un tesoro de todo el mundo.

Pero ha habido avances en algunas áreas; por ejemplo en la electrificación rural, que está por cumplir su meta de 90% de cobertura a escala nacional. También el Programa Agua Para Todos está avanzando paulatinamente en proveer agua para a una gran parte de la población limeña. Sin embargo, hay mucho por hacer en infraestructura básica, y no solo para los que viven en la gran capital.

No cabe duda de que Alan García es un político de gran talento, posiblemente uno de los más astutos en la historia del Perú. Es un admirador intelectual de Maquiavelo, y se nota la influencia del maestro italiano en la conducta cotidiana del Presidente.

Si bien el Perú es un país con una tendencia populista, también su electorado muestra un alto nivel de escepticismo hacia los políticos. Alan explota —y a su vez es víctima— de estas dos tendencias.

A pesar del verbo presidencial, creo que se habla mucho pero se dialoga muy poco. Esto se refleja en una actitud soberbia y paternalista y en la inflexibilidad de su administración frente al descontento de muchos sectores

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A pesar del verbo presidencial, creo que se habla mucho pero se dialoga muy poco. Esto se refleja en una actitud soberbia y paternalista y en la inflexibilidad de su administración frente al descontento de muchos sectores de la población con reclamos válidos. 

Esta tendencia es más notable si hablamos del limbo en el que se encuentra el diálogo entre el Gobierno y los pueblos indígenas de la Amazonía peruana, aun después de toda la atención internacional que atrajo el manejo vergonzoso del Ejecutivo en el ‘Baguazo’.

El señor García ha expresado su admiración por la China especialmente por su crecimiento exponencial del que el Perú se beneficia. Tal vez admire también la manera paternalista y autoritaria como ésta ha logrado su industrialización y cómo toma decisiones sobre lo que cree mejor para el país.

Ésa es una tendencia peligrosa. A pesar de que su popularidad no ha subido 30% en un año, existe una especie de culto alrededor de la personalidad de García. Es una enorme figura rodeada de enanos. Y su talento como político se destaca más frente a la mediocridad de una buena parte de su Gabinete y a la falta de personas preparadas en el Congreso.

Es ese desequilibrio el que le permite al señor García actuar con pocos límites. Por ejemplo, al observar la ley que aprobó el Congreso y que aseguraba el cumplimiento de las normas establecidas en la norma 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

Tampoco busques corrupción donde hay ineptitud. En varios casos, cuando se atribuye la última patinada gubernamental a la corrupción, al tráfico de influencias o a una cortina de humo, estamos hablando simplemente de ineptitud.

En el Perú aún no se puede cortar ni una (la corrupción) ni la otra (la ineptitud) tras 10 años de democracia y crecimiento económico, pero sin duda el Gobierno de García debería haber reducido ambas en niveles más avanzados que los actuales. Y a pesar de los avances, esta dejadez contamina la imagen del Presidente frente a un pueblo cada vez menos tolerante hacia los excesos de los que los gobiernan.

Pero Alan García como animal político tiene sus fallas. Por ejemplo, el torrencial verbo que pronuncia sobre cada asunto importante o trivial, cuando mejor sería guardar silencio. Aun así, con una parte significativa de la prensa nacional notablemente susceptible a sus encantos y a su falta de rigurosidad, puede decir lo que le venga en gana.

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