Padre Nuestro
Apuntes sobre el XI.º Congreso de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis y el 8.º Diálogo del Comité de Mujeres y Psicoanálisis.
¿El tema? El padre. Una de las organizadoras explica que la preocupación comprensible por la madre, de alguna manera produjo que nos olvidáramos del padre, por lo que ya era hora que se le diera su lugar.
Olga Montero/ Psicoanalista
Si el psicoanálisis va en busca de sentidos nuevos, de mirar las cosas con una segunda mirada, de atreverse a correr riesgos y pensar las cosas otra vez, este fue un diálogo psicoanalítico. La teoría, nuestros pacientes, los mitos, la literatura, la historia y las propias vivencias fueron los insumos de este intercambio.
Preguntarse, dudar, volver a pensar. Dialogar, escuchar, proponer, inspirarnos y aprender. Aprender acerca de un tema que nos concierne absolutamente a todos sin excepción: el Padre.
El tema motivo del Congreso inspiró la pregunta primera: ¿Qué es un Padre?
¿El Padre genético que permite la concepción? ¿El que acompaña a la madre en la crianza? ¿El que ejerce la función paterna? Y, si así fuera, el de la función… ¿en qué consiste tal función paterna? ¿Cuál sería la diferencia entre la maternidad y la paternidad? ¿Qué entendemos por masculino y qué por femenino? ¿Será necesaria la presencia de un hombre para que haya un padre?
Mil veces padre
Históricamente, se ha concebido al padre de diversas formas. Existen diferencias culturales en cuanto a su definición, así como infinidad de significados para el término padre. La revolución actual en los roles parentales, las diferentes formas de parentalidad que surgen, las novedades tecnológicas de la reproducción asistida, hacen necesaria la reflexión motivo de este encuentro.
Ante la riqueza de la diversidad de pensamiento, pudimos encontrar también un acuerdo: se necesita, para la construcción de la psique humana, de un padre simbólico, de un tercero mediador del deseo de la madre y el niño. Para el psiquismo sería indispensable la triangulación real y simbólica.
El psicoanálisis actual buscaría entonces un “principio paterno”, una función paterna, un padre suficientemente bueno. Éste sería un ser que marca diferencias, protege, enseña límites y se presta como figura identificatoria. Separaría al hijo de la madre, colaborando en la formación de un superyo exogámico. El portador de una ley transmitida por amor y con amor. Un padre óptimo para la vida psíquica.
El padre bueno, con una bisexualidad psíquica saludable, valora sus aspectos femeninos maternales y sus aspectos masculinos de autonomía. Y valorará en su hijo/hija tales aspectos también. Padre objeto de apego e identificación. Cuidador secundario que abre vínculo a lo intelectual y a lo social.
Para algunas escuelas vinculadas al psicoanálisis clásico, el padre real es irreemplazable en la construcción identificatoria y la organización psíquica del hijo. Estos enfoques dan al padre no solo una función sino que su cuerpo real (caracteres sexuales secundarios) tendría un efecto psíquico en la mentalidad del niño/niña.
En este diálogo encontramos posturas que difieren de esta concepción. Bastaría la presencia de un adulto responsable y dedicado. La buena crianza requeriría de la presencia estable de adultos maduros, seres devotos que creen lazos simbólicos, más allá del sexo y la elección sexual de esas personas. Se ha puesto el énfasis, en algunos trabajos, en la importancia de la calidad de la persona a cargo antes que en su sexo o en su opción sexual. El hijo necesita de un adulto que lo desee y le adjudique un lugar en el mundo, que lo ayude a encontrar su propio deseo.
Se ha propuesto también incluir la dimensión grupal del psiquismo y el concepto de paternidades grupales. La propuesta de una paternidad compartida entre varios miembros sostiene que la transmisión de la ley no es atribución unívoca de un solo ser.
Existirán paternidades indirectas, se retoma el concepto de función familia, funciones de crianza, cuyo buen ejercicio permite la construcción de una familia interna lo suficientemente satisfactoria para el desarrollo simbólico del niño. Será importante aquí tener en cuenta todo lo relacionado con la transmisión transgeneracional y la intergeneracional.
Estando-sin estar
La función paterna no remitiría exclusivamente a la existencia de cierto padre encarnado. El padre existe incluso sin estar. Se trata de una entidad esencialmente simbólica, ordenadora de una función.
El Congreso incluyó también la reflexión acerca de la patología vinculada al mal ejercicio de la función paterna:
El incesto y sus efectos. El “padre de la noche” narcisista que borra los límites y que hace sentir a la hija ciudadana de segunda clase, sin derechos.
El padre ausente. El padre muerto. El silencio del padre.
El padre de la pulsión de muerte, aquel padre que no espera nada de su hijo, que no lo reconoce, sin disponibilidad libidinal para él. Padre que desinviste. Instaura en el hijo una lucha pulsional de agonía frente a un padre que abandona. Lucha que termina en el vacío, la nada o la muerte.
Trabajar en análisis la ausencia del padre constituye gran parte de la labor del psicoanalista actual.
Ausencia de padre en la mente de la madre, ausencia que permite que ésta incurra en un vínculo fusional con su hijo. Se resalta la importancia del espacio triádico, del beneficio para el niño de participar y también ser observado por un tercero. Ese espacio triádico se da cuando los padres tienen entre sí algo más que el amor por su hijo.
El beneficio de haberse criado por una pareja de padres con una relación firme y cálida entre ambos es subrayado por varios autores.
¿Qué ocurre cuando esta ausencia es generada por la madre que excluye al padre y lo devalúa? Estas madres desean poder ser reconocidas por el niño como la única imagen dispensadora de amor. Nos encontramos con la ineptitud del padre para prohibir la fusión; no se produce la ley interdictora con el consiguiente fracaso del efecto de corte en la díada. Es la madre quien al final ha dictado la ley. En este caso el padre no detiene o limita la acción de la madre; frente a ésta, el padre flaquea, tal vez porque lo sacude su propia historia con la madre, se hace cómplice para proteger su propio narcisismo. ¿La ley tendrá género?
¿Y si el padre está muerto? La muerte de un padre no solo se refiere a la elaboración de un proceso de duelo, sino que puede ser también la oportunidad de acceder por medio del análisis y de la figura del analista a elaborar una imagen más real de ese padre. La labor del analista será realizar esa función simbólica que el padre dejó deficientemente instalada.
¿Qué podemos hacer con nuestras intervenciones como psicoanalistas? Se propuso, a través de la mujer, enfocar en la desvalorización que se le hace al padre; explorar con los varones cuál es la raíz de la falta de compromiso como padres y como pareja; asimismo, prestar atención a las ansiedades masculinas.
¿Qué sucede cuando la función paterna no es ejercida y el niño queda atrapado en la relación dual? ¿Cómo se daría esta función paterna dentro del análisis?
Para lograrlo sería necesario que el paciente y el analista toleren la angustia catastrófica que la separación del objeto primario provoca, pues es solo por medio de ese proceso de duelo que se puede aspirar a un cambio de estructura.
Volvemos a Freud y al énfasis en el análisis profundo del analista. El psicoanalista debe atravesar su propio averno antes de poder ayudar a un otro a hacerlo. Debe haber pasado por el trabajo de duelo de sus propios objetos primarios y haber aceptado la castración simbólica. Ser capaz de arriesgarse a cuestionar sus conocimientos más firmes. Un analista con una bisexualidad psíquica adecuada que le permita ser padre y madre. Todo esto, sin embargo, no procedería de la omnipotencia, sino más bien de la elaborada capacidad del analista de mantener contacto con su propio sí mismo. De este diálogo, con el propio interior, se obtienen los recursos que le permiten brindar al paciente la posibilidad de vincularse con un otro suficientemente integrado.
¿Qué más podemos hacer? Realizar diálogos y congresos como éste; encuentros que amplían nuestra visión teórica y permiten mejorar nuestra forma de intervención.
Quedan seguramente muchas cosas sin decir, pero muchas ya están con nosotros, enriqueciéndonos, sugiriéndonos, motivándonos a seguir pensando. Nos vamos con ideas, con algunas respuestas y con muchas nuevas preguntas. Y, seguramente, de eso se trataba.




El padre y su dualidad
Bien por el resumen, solo faltó se exponga la inversa de la dualidad madre-padre: así como existe la dualidad en la madre, el padre también asume esa dualidad ante la falta de la madre, siempre y cuando éste padre sea responsable. el que estará vinculado con la prole, inclusive cuando presente un sustituto de madre por esa ausencia.
Hay una contradicción en el psicoanalisis de Freud, si este tiene que romper esquemas previos de la personalidad del psicoanalista, se verá enfrentado a su propia incertidumbre en sus funciones como padr, si lo és, y a la duda de su proceder si el psicoanalista no es padre.
Pregunto, ¿El congreso mencionado estaba conformado por solo mujeres psicoanalistas? se desprende de los textos resumidos.