Matrimonio homosexual: La importancia de la legalidad
A raíz de la aprobación del matrimonio civil entre personas del mismo sexo en Argentina, el pasado 15 de julio, se han vuelto a poner en debate dos temas cruciales para la cada vez más visible comunidad LGTTB (lesbiana, gay, travesti, transexual y bisexual) en América Latina: el derecho universal al matrimonio y la adopción de niños por parejas del mismo sexo.
Argentina ha sido el primer país latinoamericano en garantizar este derecho, y el noveno en el mundo: Holanda lo aprobó en el 2001, Bélgica en el 2003, España y Canadá en el 2005, Sudáfrica en el 2006, Noruega y Suecia en el 2009, e Islandia en el 2010. No obstante, en otros países latinoamericanos, como Colombia, Ecuador, México o Uruguay, ya existían otro tipo de uniones civiles distintas del matrimonio. Es el mismo caso de Argentina, que permitía las uniones civiles con algunos derechos a las parejas del mismo sexo, lo que constituyó, sin duda, un antecedente importante para la eventual aprobación del matrimonio civil.
Recientemente, por ejemplo, se han celebrado uniones civiles entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal de México, gracias a la modificación del Código Civil que cambia la definición de matrimonio en el DF. Así, en marzo de este año el matrimonio dejó de ser allí “la unión libre entre un hombre y una mujer” para pasar a ser “la unión libre entre dos personas”.
El 16 de agosto, la comunidad LGTTB de México celebró la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que afirma la constitucionalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo y su derecho a adoptar.
En el Perú existen también dos iniciativas legislativas relacionadas con las uniones entre personas del mismo sexo: el proyecto de ley promovido por el congresista Carlos Bruce, que apunta hacia un régimen de manejo patrimonial similar al vigente para las uniones (no matrimoniales) de heterosexuales, y el proyecto de uniones civiles promovido por José Vargas, del APRA. Este último, inspirado en el ejemplo argentino, propone un registro de uniones civiles entre personas del mismo sexo para proteger el patrimonio adquirido por la pareja durante su convivencia y garantizar el derecho de ambos a la herencia y la seguridad social.
Un probable efecto dominó se espera en varios países latinoamericanos, lo que pone nuevamente en el debate la tensión entre la Iglesia Católica y el Estado peruano. Ésta es la razón por la que Cipriani pide que no imitemos a Argentina (véase su entrevista con Reuters el 21 de julio pasado).
¿Un avance en el movimiento de los derechos sexuales?
¿Resulta un avance la legalización del matrimonio homosexual? Para el movimiento de mujeres, la respuesta a esta pregunta no es sencilla. Como se sabe, la institución matrimonial fue duramente cuestionada por los movimientos liberacionistas, especialmente por el feminismo de la segunda ola, que consideraba y sigue considerando que el matrimonio es una institución opresora para las mujeres, pues en ella se reproducen los roles de dominación y sumisión de un género sobre el otro.
¿Quiere decir esto que, a contracorriente de lo que significa el matrimonio para el movimiento de mujeres, las uniones civiles entre personas del mismo sexo constituyen la panacea del movimiento homosexual? Creemos que no, pues la lucha por los derechos sexuales abarca muchos más dimensiones que la del derecho a casarse y tener el estatuto de pareja legal.
La polarización del debate sobre el matrimonio homosexual, debida principalmente a las tensiones entre el Estado y la Iglesia, impide ver que el derecho al matrimonio civil responde, antes que nada, a un derecho universal al que todos pueden acceder. Por lo tanto, no se lo puede prohibir para un sector de la población que no tiene una identidad heterosexual. Para decirlo en otros términos: no aceptar que en principio todos los seres humanos tienen los mismos derechos ciudadanos equivaldría a restarle humanidad a quienes no comparten ni practican la heterosexualidad.
Algunos comentaristas se han focalizado en los tecnicismos legales (habrá que cambiar la Constitución, que dice que el matrimonio está conformado por hombre y mujer) o los derechos de paternidad y maternidad (que los niños no pueden ser ni adoptados ni educados por padres de un mismo sexo, porque esto es contranatura). Sin embargo, estas opiniones descansan sobre una visión del amor y el cuidado de la familia, como si se tratara de cotos exclusivos de la organización familiar patriarcal. Pero la realidad desmiente esta visión: más de un 30% de los niños peruanos son educados, formados y llevados a su realización personal gracias al cuidado de madres jefas de hogar en los que no existe la contraparte masculina.
¿Bajo qué argumento entonces —que no sea el de la tradición religiosa o el referente biológico— se puede proscribir un matrimonio de dos personas del mismo sexo? Quizá el problema radique en que el argumento final para impedir el matrimonio homosexual descansa en la interpretación de la Biblia.
Quienes defienden el matrimonio homosexual se basan en el principio de que todo ser humano tiene el derecho a la libre elección de su condición civil. Si entendemos el matrimonio como un derecho ciudadano, tal como el derecho a la igualdad ante la ley, no debería existir mayor polémica sobre el sexo de los cónyuges. En resumen, no solo se trata del derecho a tener propiedades, heredar y ser reconocido como parte de una familia; se trata, sobre todo, del derecho individual a ser considerado como una pareja de ciudadanos o ciudadanas capaces, entre otras tareas, de adoptar y criar hijos.
Pero si bien el matrimonio homosexual es un derecho ciudadano, es válido preguntarse hasta qué punto se trata de un avance realmente importante en el terreno de los derechos sexuales para el movimiento LGTTB y el de las mujeres.
No cabe duda de que el mayor logro de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo es el de atacar el estigma y la discriminación sobre quienes no han seguido una norma heterosexual. La legalización del matrimonio significa, en términos kantianos, que se objetiva la voluntad universal del pueblo en una ley. Es decir, la ley consagra el derecho de los homosexuales no solo a los beneficios de una herencia, sino también a expresar su sexualidad públicamente con los mismos derechos que todo ciudadano o ciudadana de un país.
Visibilizar públicamente la identidad de género, indiscutiblemente, forma parte de los derechos sexuales de los individuos. Basta atender al reclamo de gays y lesbianas para comprender la importancia de aparecer en los espacios públicos sin ser violentados. El derecho a poder abrazar o besar a la pareja del mismo sexo en lugares públicos, por ejemplo, sin ser estigmatizado, o, en el caso más frecuente de los travestis, sin ser agredidos (y muchas veces hasta la muerte), son derechos sexuales que no se pueden ejercer a plenitud en el Perú de hoy.
El matrimonio homosexual otorga legalidad y reconocimiento a las diferentes identidades sexuales. Solo por esta razón, se podría aceptar ya que el matrimonio homosexual permite un avance en el movimiento de las diversidades sexuales. Este paso en la legislación, más allá de la posibilidad de acceder al matrimonio civil, significa el avance de los derechos fundamentales de los no heterosexuales: derecho a mostrar su identidad sexual sin ser discriminados, la eliminación del estigma que los ha acompañado en su vida afectiva y, en general, a la posibilidad de ser considerado en igualdad de condiciones para cualquier cargo político.
Sin embargo, los derechos sexuales trascienden el derecho a la unión civil de personas del mismo sexo. Las legislaciones todavía siguen penalizando a las mujeres por su opción sexual y reproductiva. Se levantan trabas para el divorcio y la tenencia de los hijos, la Iglesia sigue luchando contra la libertad sexual (especialmente de las mujeres) a través de la condena a los anticonceptivos y al derecho al aborto.
Pero no por eso se debe escatimar esfuerzos en conseguir para el Perú una legislación que permita el libre derecho a dos personas del mismo sexo a unirse y formar una sociedad “con todas las de la ley”.
Los declaro mujer y mujer
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El matrimonio gay es un tema sensible para nuestra comunidad, porque aborda los derechos civiles y de equidad. Además, lo confieso, la mayoría de nosotros cargamos miedos inmensos; nos llegan historias de terror, casos de gente que por no tener este derecho no puede tomar una decisión médica por su pareja en el momento adecuado, o tiene dificultades para sacar una cuenta mancomunada, o para comprar una propiedad juntos y, al final, pierden todo. Por ejemplo, apareció hace unos años en España un caso en el que un juez había ordenado a una madre lesbiana dar la custodia de sus hijas a su padre porque la homosexualidad de la madre era dañina y aumentaría las probabilidades de que las hijas también sean lesbianas. (ver aquí) Cualquier madre del mundo puede entender el miedo de la comunidad gay al leer esto. Te pueden quitar a tus hijos. Solo porque a alguien más se le ocurre que lo que eres está mal. Eso es lo que se siente al saber que en este sistema no tienes ninguna seguridad. El discurso de “yo no soy homofóbico, pero que los gays no adopten porque pueden volver gay al niño” es uno de los más ampliamente difundidos en nuestro país. Yo lo he escuchado de amigos, padres de amigos, amigos de alguien más, familia, etcétera, desde que era adolescente. Lo que este discurso dice, sin darse cuenta, es que finalmente ser gay es malo, y por eso no queremos que los niños luego crezcan y sean gays. Eso me ha llevado, muchas veces, a citar experimentos que demuestren que las personas gays son muy buenos padres (ver aquí ) y que la sexualidad de los padres no se hereda. Pero lo que pasa es que en el fanatismo difícilmente puede asomar la razón. Cuando debatía este tema con mi padre, apareció un aspecto interesante. En muchos lugares del mundo ha surgido una especie de “solución para todos”. La idea era simple: si la comunidad gay quiere tener un documento legal que los proteja, y los grupos fanáticos no quieren verse amenazados por la “destrucción de la santa institución que es el matrimonio”, hay que crear un documento legal igualito al matrimonio, pero que no se llame matrimonio; que se llame “domestic partnership” (algo así como “compañerismo doméstico”), y que tengan más o menos los mismos derechos, pero tampoco tanto. Pero pasa, como siempre hemos sabido, que las palabras tienen un valor particular, una fuerza impresionante, porque cargan distintos significados en el imaginario colectivo. Si le dices a alguien que eres esposo o esposa de alguien, no es lo mismo que si le dices que esa persona es tu “compañero doméstico”. En especial si la otra persona no sabe qué diablos es eso, nunca ha escuchado de este término o no le ha interesado saber. Y de nuevo aparecen casos, historias, que nos asustan y nos indignan, porque sabemos que nos puede pasar a nosotros. El año pasado un hombre no pudo acompañar a su “compañero doméstico” en la unidad de cuidados intensivos porque la enfermera no reconocía su derecho a estar ahí, aun cuando se esperaba que su compañero no viviese (ver aquí). El hombre, desesperado, llamó a su abogado y, después de un rato (inmensamente largo cuando tu pareja se está muriendo a unos metros de ti), finalmente logró entrar. Pero la sola diferencia de un término, una palabra, pudo haberle costado la vida a una persona. Es asustador. Nos da miedo, pánico, terror, saber que esto nos puede pasar a nosotros, o peor. Porque acá no podemos adoptar, y no podemos ser siquiera “compañeros domésticos”. Acá nuestra vida, nuestros derechos, están en manos de algún otro grupo que decidió que somos aberrantes, antinaturales (aunque la homosexualidad esté documentada en más de 450 especies), que no somos iguales, que no merecemos los mismos derechos. Que no merecemos la misma seguridad, el mismo sistema. No solo tenemos miedo; también nos indignamos. Y nos preocupamos, porque en una inequidad social estamos metidos todos. Y una injusticia en cualquier lugar es un problema para la justicia en todos lados. |




Sobre la Opción Sexual, La Vida sobre la Muerte
Sin ser homosexual, pienso que hay que respetar la opción de cada uno, Si la relación está basada en el amor, es algo que tiene que ver con Dios y por lo tanto, solo lo mas medieval de la Iglesia Jerárquica que no convive con la democracia, es quien se opone en razón a la naturaleza y no a la calidad de la relación. La Iglesia jerárquica no puede tener el monopolio de la cruz, hay otras cruces que se nos impone como la pobreza y por la cual el Vaticano no salta hasta el techo por este tema, pobreza que si es perversa, y antinatural porque va en contra del amor de Dios; en cambio si hacen de la homosexualidad el peor de los pecados. Ahora, con relación al aborto, soy una persona que cree en la vida y no en la muerte, por lo tanto no estoy de acuerdo con el aborto No es la muerte quien posee el sentido de las cosas, sino la vida. El Misterio Pascual aparece en nuestras vidas como una gran Metáfora: todo nace, crece se desarrolla, muere y se transforma en parte del todo. Los cristianos llamamos a esto Resurrección, no la resurrección de un cadáver sino la victoria de la vida sobre la muerte, es la esperanza que venceremos a la injusticia, a la opresión, al hambre, a la miseria, y a todo que no nos permite vivir a plenitud, a amar en comunión, La resurrección es la esperanza a que la vida tierna se impondrá sobre la muerte y todas las señales de la muerte: el odio, el egoísmo, la pobreza, la idolatría, el hedonismo, las leyes del mercado. El mensaje de Cristo no son las cruces que unos imponen sobre los otros sino la liberación de los crucificados. El Misterio Pascual es el triunfo de la propuesta del Reino de Dios. Nuestra liberación y conversión es la misma experiencia pascual, en este proceso experimentamos crisis, noches oscuras y tenebrosas para después irrumpir hacia la luz que va a iluminar todos los rincones de nuestra morada, solo temen a la muerte los que se apegaron a los bienes y a los placeres, adornando su egoísmo y ego. ¡¡¡Jesús resucitó!!!! Venció a la muerte, se convirtió en pan, cuerpo divino y con su sangre sello la alianza y nos dio la vida eterna. Con relación al matrimonio, no creo tampoco en esta institución, vivo con el padre de mis hijos por mas de veinte años, y nunca he necesitado de un papel escrito para respetarlo y que él me respete, y nos amemos con la misma intensidad de hace mas de veinte años, empero si creo que debe darse un institución civil, que resguarde el patrimonio y los derechos de la prole, de las personas que quieran vivir juntas y darles un estatuto de legalidad. El problema lo veo yo que, no es a nivel de Iglesia sino de esa curia retrógrada, que no quiere perder la hegemonía moral, y que si soporta convivir con las dictaduras militares y la corrupción, pero no acepta dialogar con los demás. El mundo avanza y nosotros tenemos que seguir cambiando, cambiando en nuestras ideas y aceptar que la modernidad también nos trajo el concepto de dignidad, de la democracia comunitaria y que no todo cambio es malo, lo que si es malo es que dejemos morir a este planeta por el envenenamiento de nuestro ecosistema. Qué clase de especie podremos ser que nos dedicamos al exterminio mutuo? Nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad, estamos en el mundo de los tsunamis, del sálvense quien pueda, tenemos que vivir al acecho, dicen que tenemos que cuidarnos del prójimo: cuídate de éste que es un ladrón, si alguien se acerca a nuestro hijos: cuídate que puede ser un pedófilo, si alguien te quiere abrazar: cuidado que puede estar con la porcina. La sociedad nos impulsa a vivir en soledad, a no compartir, a no relacionarnos. “Nuestra esperanza es que este padecimiento se ordene a una radiante transformación, a un nuevo paradigma de convivencia en el que no sea tan difícil que tratemos a los seres de la naturaleza con compasión y a nuestros próximos con humanidad y con cuidado”. (Leonardo Boff). Un saludo de Silvia para un gran amigo a quien respeto y admiro mucho, Saludos Raulito Solis, que bonito es saber que vamos avanzando en el Ministerio Público. Un Abrazo, Silvia
tolerancia
Me parece que la tolerancia es una de las cualidades menos abundantes y eso lo refleja el hecho que quieran quitar la suscripción de una revista sólo porque hay un articulo que no dice lo que ustedes piensan. Finalmente es una cuestión sólo de ponerse en los zapatos del otro, practiquen y verán que cada vez les será mas facil comprender las situaciones en que se encuentra cada persona y que tan legítimo es lo que piden o esperan de la sociedad en la que viven.
la sagrada familia
Yo no soy homosexual, pero soy libre.
Leyendo los comentarios al articulo solo me queda pensar en los miles de abusos sexuales cometidos por miembros de la iglesia católica, pedófilos protegidos por una posición muy debil y no clara de su institución.
También pienso en que la mayor parte de abusos sexuales cometido contra menores de edad, niños y niñas, ocurren en ambientes intrafamiliares y no son denunciados por ,la verdad, no entiendo qué criterios. Yo diría que casi el 100% de los casos de abuso sexual, ocurridos dentro de las familias no son atendidos correctamente por los padres (empezando porque no les creen a los niños), y hay muchas veces en que los padres son los autores: toda esta barbaridad en contra de los niños ocurre en matrimonios heterosexuales.
Por otro lado, la cantidad de madres que crian a sus hijos solas en cada vez mas impresionante. o la cifra creciente de embarazos en adolescentes. consulten por favor las estadisticas peruanas. casi todas estas casi niñas embarazadas pertenecen a hogares de matrimonios heterosexuales. Y aun no menciono la cantidad de casos de adulterio en el matrimonio, hablo de hogares en paralelo, que atentan contra los derechos civiles de los niños y niñs....¿sigo?
Personalmente no creo en el matrimonio, por todo lo que acabo de mencionar, sólo es un estatus civil, legal que debe ser reconocido para dos personas que toman decisiones de manera conciente sobre su descendencia y patrimonio. lo demas creo que está en cada uno de nosotros. y sobre adoptar niños.... ¿creen que la cosa seria peor? al menos las parejas homosexuales deciden criar a un niño y no lo tienen por casualidad.
En el Peru, en todos los años que la iglesia ha estado presente no han mejorado estas condiciones....y han tenido tiempo ¿eh?, todo ha empeorado y no es culpa de la homosexualidad
Excelente articulo. Gracias!
Excelente articulo. Gracias!
la sagrada familia
Yo no soy homosexual, pero soy libre.
Leyendo los comentarios al articulo solo me queda pensar en los miles de abusos sexuales cometidos por miembros de la iglesia católica, pedófilos protegidos por una posición muy debil y no clara de su institución.
También pienso en que la mayor parte de abusos sexuales cometido contra menores de edad, niños y niñas, ocurren en ambientes intrafamiliares y no son denunciados por ,la verdad, no entiendo qué criterios. Yo diría que casi el 100% de los casos de abuso sexual, ocurridos dentro de las familias no son atendidos correctamente por los padres (empezando porque no les creen a los niños), y hay muchas veces en que los padres son los autores: toda esta barbaridad en contra de los niños ocurre en matrimonios heterosexuales.
Por otro lado, la cantidad de madres que crian a sus hijos solas en cada vez mas impresionante. o la cifra creciente de embarazos en adolescentes. consulten por favor las estadisticas peruanas. casi todas estas casi niñas embarazadas pertenecen a hogares de matrimonios heterosexuales. Y aun no menciono la cantidad de casos de adulterio en el matrimonio, hablo de hogares en paralelo, que atentan contra los derechos civiles de los niños y niñs....¿sigo?
Personalmente no creo en el matrimonio, por todo lo que acabo de mencionar, sólo es un estatus civil, legal que debe ser reconocido para dos personas que toman decisiones de manera conciente sobre su descendencia y patrimonio. lo demas creo que está en cada uno de nosotros. y sobre adoptar niños.... ¿creen que la cosa seria peor? al menos las parejas homosexuales deciden criar a un niño y no lo tienen por casualidad.
En el Peru, en todos los años que la iglesia ha estado presente no han mejorado estas condiciones....y han tenido tiempo ¿eh?, todo ha empeorado y no es culpa de la homosexualidad
Siempre simpaticé con
Siempre simpaticé con vuestra revista, sin embargo este tema me indica que Uds. son muy extremistas a contracorriente.
Y le diré porque, conozco personas homosexuales y el 90% no tiene, creo yo, los valores necesarios para criar un niño, me imagino a esos degenerados haciendo barbaridades con los pobres niños, debe haber un 10% que se escapa de eso, pero mire es solo un 10%, yo creo que la mayoría de homosexuales tiene problemas mentales, que opina Ud. de una perra montando a otra perra, no es normal, la homosexualidad no es normal y no es que no respete a las personas que optan cpor eso, simplemente es fruto de una anomalía, mas aún si es que un buen porcentaje de esos casos es por una violación temprana, entonces como puede ser natural, por favor.
Espero se rectifiquen, matrimonio es matrimonio osea es la union entre un varon y una mujer, si quieren hacer uniones gay, que se llame de otra manera algo como homotrimonio, uniotrimonio, etc.
Saludos
acerca del matrimonio entre personas de un mismo género
Si el asunto de la legalización transita por la vereda de los gananciales, bien podrían asociarse esas personas sin distorsionar el matrimonio, el cual debe mantenerse como la unión legal entre dos personas de distinto género.
Un artículo verdaderamente
Un artículo verdaderamente falto de solidez, cubierto de falacias y falsedades, además muchas inconsistencias. Eliminaré mi suscripción.
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