Rosa Montero: “La izquierda ha hecho muchas indecencias morales”
“Necesito leer para vivir.”
El cerquillito y los ojos chispeantes le dan un aire infantil a la mitad de su rostro; la otra mitad es la de una mujer a la que la edad y el dolor le han brindado gran sabiduría. Estuvo en Lima como Jurado en el Festival de Cine de Lima y causó controversia con su fallo. Pero a ella le vale madre, como dirían los españoles, y también se pasa por el forro cualquier incomodidad que generen sus siempre controvertidas opiniones. Compruébelo en esta entrevista.
Eres una lectora voraz. ¿De dónde sacas el tiempo?
Sacas tiempo para tu pasión. Necesito leer para vivir. Igual que escribir. Lo que más me gustan son las novelas, pero también las biografías, el ensayo, los libros de viajes, de antropología, de divulgación científica. Por ejemplo, me gusta la historia y la literatura del mundo medieval; estuve leyendo sobre eso dos o tres años por puro placer. De ahí salió mi novela Historia del rey transparente.
¿Investigas mucho para escribir tus novelas?
No: mientras más investigas es peor. Los datos objetivos dificultan la creatividad, coactan la libertad. Justamente esta novela, Historia del rey transparente, está muy documentada, pero fue producto de todos los años que leí sobre el Medievo. Para escribirla tuve que volver a releer todos esos libros tomando notas.
Tú has escrito sobre cine. ¿Qué películas te gustan? ¿Cuál es tu opinión sobre el cine de autor, Hollywood?
Trabajé en Fotogramas, una revista de cine. Cubrí muchos festivales y hacía reseñas. Mi generación era muy cinéfila. Me gustan las películas que son buenas, originales, las que tienen veracidad, las que aportan algo nuevo. No entiendo eso del cine de autor. Hay buen y mal cine. Hay películas de Hollywood maravillosas; por ejemplo, El apartamento, de Billy Wilder, con Jack Lemmon y Shirley MacLaine.
Mencionaste a tu generación. No solo era cinéfila, sino que también creía en utopías.
Todas las generaciones creen en utopías. En 1830, Gustave Flaubert, en La educación sentimental, hablaba de una generación que quería cambiar el mundo. Los jóvenes quieren ser distintos de sus padres, y así avanza el mundo.
“He cambiado mucho mi visión del mundo.”
Políticamente la generación del 70 tenía a la Revolución Cubana como paradigma.
Se mitifica el pasado: es mentira. En los 70 había poca gente que era progre; la mayoría era convencional, no meneaba el culo para nada. Es un mito que todos eran contraculturales. Ese romanticismo es una manipulación de la memoria.
Era la época del franquismo.
Sí, y yo estaba mucho más radicalizada, aceptaba todo sin ponerlo en cuestión. Recuerdo que cuando Vargas Llosa, con un valor inmenso, empezó a denunciar lo del Caso Padilla, empezaron a decir que no debíamos leerlo y dejé de leerlo por un tiempo, a mí que me encantaba. De Alexander Solyenitzin se decía que era un vendido a Norteamérica. ¡Y yo, cómo lo repetía! Esa indignidad la he hecho. La izquierda ha hecho muchas indecencias morales. Mi visión del mundo ha cambiado mucho. Afortunadamente, porque creo que la vida te enseña.
Tú eras de izquierda. ¿Militaste?
No he militado, pero he sido lo que se llama en España “compañera de viaje”.
¿Y has apoyado militantemente alguna candidatura?
En 1982, la primera de Felipe González. No me arrepiento: estuvo muy bien que ganara la izquierda. Después fue terrorífico lo que hizo en el segundo Gobierno: se torturó, hicieron brutalidades. Tenemos un momento político muy malo en España; la oposición es espantosa. Lo peor de cada casa está ahora en la política de España. Ahora, Zapatero me parece un desastre; es un inútil. No quiso reconocer la crisis hasta que le saltó encima. Es un tío que hace las cosas por la imagen, por las apariencias. No tiene un proyecto detrás. Es un imbécil.
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