Violencia contra la mujer: Plata Quemada
Antes de darse a la fuga, Julio Jaime Sal y Rosas arrojó una olla que contenía cerca de tres litros de agua hirviendo sobre su pareja, Elizabeth Alanya. Lo hizo mientras ella dormía, indefensa, y le dejó quemaduras de segundo y tercer grado en el rostro, el cuello, el brazo izquierdo, la espalda y parte del tórax. Cuando ella se despertó, aterrada, sintió que se quemaba viva.
La estadía de Sal y Rosas en la carceleta del Rímac fue, sin embargo, más que corta: apenas unas cuantas horas. Fue el magistrado Zoilo Ciriaco Enríquez Sotelo, juez especializado en lo penal de la Corte Superior de Lima, quien, a pesar de contar con las pruebas visibles de la violencia, dispuso que el agresor afrontara las investigaciones en su contra bajo mandato de comparecencia.
La violencia contra la mujer es una práctica más que extendida en el Perú. Y el caso de Alanya, quien pidió desde su cama del Hospital Arzobispo Loayza garantías para su vida —su agresor estuvo en libertad durante más de dos semanas y la amenazó a ella y a su familia a través de llamadas telefónicas—, nos muestra una vez más la inoperancia y la inacción tanto de los servicios de salud pública como de la justicia.
Otro caso de violencia hacia la mujer… ¿otro caso de impunidad?
Justo juez
“¿Por qué no hay justicia para mi hermana? ¿Para mí? Este tipo andaba suelto, amenazándonos, rondando mi trabajo. Dijo que me haría lo mismo o peor, que terminaría su trabajo”, dijo Zelmira Alanya, hermana de la víctima.
Sal y Rosas fue puesto en libertad el 31 de julio, unas pocas horas después de haber sido capturado por la Policía. Regresó a las calles “gracias” a Enríquez, quien resolvió devolver al Ministerio Público el requerimiento de detención preliminar porque presentaba, según aseveró, varias omisiones que necesariamente debían ser subsanadas. Así, el magistrado justificó su decisión con el argumento de que la ausencia de un informe médico completo le impedía determinar “la gravedad de las lesiones” y hasta “la existencia de las mismas”.
Hay que tomar en cuenta que Enríquez se pronunció tras dos días de amplia difusión del caso en televisión y en la prensa escrita, donde aparecieron imágenes de Alanya postrada en una cama de hospital, así como de sus quemaduras de segundo y tercer grado en el rostro y el cuello. ¿Acaso el hecho —ya público y notorio— no bastaba?
“Un juez no puede vivir en una burbuja y de espaldas a la realidad. No se puede liberar a una persona que ha cometido un delito solo porque no existe un documento; es como decir que un difunto no está muerto porque no existe acta de defunción. La probanza estaba en el hecho”, señaló el presidente del Poder Judicial, Javier Villa Stein.
Además, si dejamos de considerar por un momento la “exigencia” (que en realidad no lo era) del informe médico detallado, existían en este caso varios otros indicios razonables que justificaban que se disponga la detención preliminar de Sal y Rosas:
- Evadió la justicia tras agredir a su pareja, por lo que era lógico suponer que podía volver a hacerlo.
- Fue capturado por la Policía, no se entregó.
- Registra antecedentes penales.
- Admitió su “error” de manera voluntaria y pública (por los medios de comunicación).
- Hubo premeditación.
- Tenía una conducta propensa a eliminar pruebas y obstaculizar las investigaciones: amenazó a través de teléfono celular a las testigos y a la víctima.
“Todas la pruebas estaban ahí, reunidas. No se debió actuar con esta celeridad ‘inapropiada’ y poco usual. Lamentablemente, en nuestro país, más que legislar con la ley, se tiende a legislar con la ideología, con esta mirada machista que tienen los operadores”, señaló Gina Yáñez, directora del Movimiento Manuela Ramos, una ONG que ofrece asesoría legal a víctimas de violencia familiar.
Regrese a su casa, señora
Tras sufrir la brutal agresión, en la madrugada del 29 de julio, Alanya acudió al Hospital Arzobispo Loayza. Un médico, cuya identidad todavía no ha sido revelada, la observó rápidamente, le recetó unos medicamentos y dispuso que regresara a su casa.
“La agresión, ya terrible en sí, se convirtió en una violación aun mayor de los derechos de Alanya. Ella acudió al hospital y un par de horas después fue retirada y devuelta a su casa. ¡Imagínese, con las severas lesiones que tenía, devolverla a casa! Estos hechos y esta actitud reflejan el desdén, la poca voluntad y la poca importancia que se atribuye a la violencia contra las mujeres”, señala Yáñez.
Al día siguiente, al constatar la profundización, la infección y la inflamación de sus heridas, y afligida por los horribles dolores, Alanya decidió regresar al hospital. Esta vez sí fue hospitalizada. ¿Presión mediática?
Lesiones leves
La defensa de Alanya exigió la detención de Sal y Rosas por el delito de homicidio en grado de tentativa, lesiones graves y exposición o abandono de personas en peligro (luego de agredirla, Sal y Rosas se fugó). Sin embargo, el pasado 10 de agosto la fiscal provincial Liz Patricia Benavides Vargas desestimó el primer y el último delito y decidió acusar al agresor por la comisión del delito contra la vida, el cuerpo y la salud en la modalidad de lesiones leves por violencia familiar.
El artículo 122-B del Código Penal define una lesión leve como “un daño en el cuerpo o en la salud por violencia familiar que requiera más de diez y menos de treinta días de asistencia o descanso” (énfasis nuestro).
Al juzgar a Sal y Rosas, la fiscal se basó en el informe médico legal preliminar que recibió su despacho semanas atrás. Éste determinó que, por tratarse de quemaduras de segundo grado que habían comprometido una superficie corporal del 15%, “solo requiere 25 días de incapacidad médico legal, salvo complicaciones”.
“Como ven, tengo 25 días aquí (en el hospital). ¿Está limpio mi rostro? No lo está. En ocho meses o en un año recién me van a limpiar la cara”, dijo Alanya, quien hace poco tenía aún la piel del rostro y de una parte del cuerpo en carne viva.
Los médicos han señalado públicamente que la recuperación de Alanya será ardua y dolorosa, que tomará meses y podría incluir más cirugías (ya se le ha realizado una compleja operación de limpieza e injerto de piel de cerdo). Según Zarela Solís Vásquez, directora del Hospital Loayza, sus curaciones diarias (a base de cremas) durarán meses.
Además, lo más probable es que Alanya quede desfigurada para siempre. Quemaduras de esta gravedad suelen dejar cicatrices severas e irregulares en la zona y pueden asociarse con pérdida permanente de pelo y glándulas sebáceas.
Según el artículo 121.° del Código Penal, se consideran lesiones graves “las que desfiguran de manera grave y permanente”.
Si bien es cierto que la fiscal ha señalado que solicitará una nueva evaluación médica en 90 días, ¿por qué no se denunció desde un primer momento a Sal y Rosas por lesiones graves? Para Alanya, la decisión de la fiscal resulta simplemente indignante. Fue como decirle que lo ocurrido no fue tan terrible, ni tan grave. Que las quemaduras de segundo y tercer grado que provocaron la muerte de sus nervios y tejidos, que quedaron con una coloración blanca y marrón, secos y con una textura de cuero, son lesiones leves. Solo leves.
“Así como él me hizo, así voy a actuar. ¿Eso es lo que quieren? Cuando me mate, ¿qué van a decir? Bueno, ya la mató, ahora hay que meterlo preso. ¿Eso están esperando las autoridades? ¿Eso están esperando para que se haga justicia?”, señaló Alanya al enterarse de la decisión de Benavides.
“El primer día que me pasó eso, de repente las heridas no me han dolido tanto como esta indignación que estoy sintiendo ahorita, que [Sal y Rosas] está libre de culpas, está en nada. Si ellos no hacen justicia, yo me voy a ensuciar las manos. Así como a mí me hizo, igual voy a actuar. ¿A eso quieren que llegue uno?”, añadió.
Esperanza y vida, ¿a pesar de todo?
El 27 de agosto, trascurridas cuatro intensas y tormentosas semanas desde la agresión, Alanya fue dada de alta por los médicos del Hospital Arzobispo Loayza.
“Yo me recupero de mis heridas, ya camino y puedo hacer cosas sola. Pero físicamente tengo para rato. Eso me han dicho los médicos. Ya me dieron de alta médicamente, pero físicamente todavía estoy mal. La recuperación será lenta”, dijo Alanya, quien por razones de salud deberá permanecer aislada en su casa durante nueve meses.
Hace poco firmó los documentos que su abogado, Roberto Miranda, presentará junto a su historia clínica, proporcionada por el Hospital Loayza, para que se denuncie a Sal y Rosas por lesiones graves. Esperemos, esta vez, que la fiscal Benavides deje de lado el formalismo legal y actúe de cara a la realidad.
“Lo que yo quiero es que quien me hizo esto pague con la cárcel. Estos 34 días (de hospitalización) han sido de mucho sufrimiento para mí, para mis hijos y mi familia”, sostuvo Alanya, ahora portavoz de la campaña “Alto a la Violencia” lanzada por la Red por una Familia sin Violencia. Esta Red, conformada por diez organizaciones —entre otras, Paz y Esperanza— busca prevenir el abuso y la violencia contra las mujeres y los niños.
“[Sal y Rosas] me destruyó la vida en cinco segundos. Pero yo no hice nada para que me agreda así. Nada. Debe haber un alto a la violencia contra la mujer… estas cosas no se deben repetir”, añadió, sonriendo por primera vez desde hace ya más de un mes.
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Julio Jaime Sal y Rosas Agresor. Acudió al despacho del juez Pedro González Barrera el 20 de agosto. Rindió sus generales de ley y se le trasladó a la cárcel. |
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Zoilo Ciriaco Enríquez Sotelo Juez del Séptimo Juzgado Especializado en lo Penal de la Corte Superior de Lima. |
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Liz Patricia Benavides Vargas Fiscal provincial que denunció al agresor por la comisión del delito contra la vida, el cuerpo y la salud en la modalidad de lesiones leves por violencia familiar. |







CASO ALANYA-ALTO A LA VIOLENCIA
SALUDO Y FELICITO ESTE ARTICULO.
MUY BUEN ANALISIS Y RESEÑA DE LO OCURRIDO EN LA VIDA DE UNA MUJER PERUANA QUE PUEDE SER NUESTRA HIJA, NUESTRA HERMANA O NUESTRA PROPIA MADRE.
SOY EL ABOGADO DE ELIZABETH Y RECONOZCO Y AGRADEZCO A ANNIE, HABERSE DEDICADO A ESTE TEMA.
ATTE
ROBERTO MIRANDA
ABOGADO
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