Eran las postrimerías del primer Gobierno de Alan García y el Perú era un país destrozado y sin esperanzas. La inflación más alta del mundo, el aparato productivo semiparalizado, la violencia terrorista en todo su esplendor y las violaciones de los derechos humanos eran el pan de cada día. Fue por entonces que pasamos la barrera de los tres mil muertos al año y que conseguimos el dudoso título de ser el país con más desaparecidos por año en el planeta.