La apertura de la economía y la liberalización del mercado desde inicios de la década de 1990 instalaron un crecimiento alto y sostenido y redistribuyeron los ingresos rentistas del orden populista anterior, desatando un intenso proceso de integración y cambio social que, siendo parcialmente conflictivo, no ha venido acompañado, sin embargo, de la construcción de una democracia liberal capaz de regular el juego de los nuevos intereses.