La noche del 15 de agosto del 2007, el pánico, el dolor y la desesperación, como es natural, no nos dejaron ver las circunstancias que permitieron que el sismo se convirtiera en desastre. Tres años después de estos lamentables hechos, con la calma que el tiempo nos ha dado, concluimos que lo ocurrido hubiera podido evitarse con un mínimo de prevención.
Volviendo a mirar para ver mejor