Elecciones congresales 2020: más allá de lo razonable, más cerca del estrés social

Desde hace un tiempo en nuestro país, cada proceso electoral es precedido por diversos estudios donde las encuestas de opinión son un componente importante. A su vez, las elecciones son objeto de análisis y discusiones centradas sobre el proceso mismo. Los comentaristas, casi siempre politólogos, se encargan de interpretar cada detalle del proceso a fin de aplacar la curiosidad ciudadana respecto al desenlace y consecuencias de cada elección. Sin embargo, más allá de las interpretaciones que enfatizan los datos estadísticos o el comportamiento de los actores políticos importa buscar explicaciones que permitan dar cuenta de los procesos que actualmente subyacen a la vida política y que, para el caso peruano -es necesario remarcarlo- son comparables con situaciones similares que vienen afectando a no pocas democracias alrededor del mundo. Asumimos equivocadamente que los males actuales que aquejan la democracia en nuestro país son específicamente peruanos y no tomamos en cuenta los análisis comparativos.

Las últimas elecciones congresales son parte de un proceso que se vive en torno al actual sistema democrático en el país. Esto obliga a tomar en cuenta dos aspectos esenciales. El primero tiene que ver con las transformaciones de los partidos “políticos” o lo que queda de ellos. El segundo aspecto está relacionado a los sufragantes, la manera en que participan en cada elección y la situación que viven en cada proceso electoral. 

De la militancia a la burocracia

Respecto a lo primero, es lugar común señalar la fragmentación política y la crisis de los partidos en el Perú. Pero prestamos poca atención al probable cambio de paradigmas políticos y sus instituciones. Persistimos en buscar en las causalidades de antaño, en la persistencia de tradiciones y herencias coloniales respuestas a procesos desencadenados contemporáneamente. Por ejemplo, asumimos que el caudillismo secular es el mal nacional que renovado se halla al origen de la crisis actual de los partidos. Sin embargo, más que caudillos de viejo cuño capaces de generar adherencias, apoyo de militantes y simpatizantes lo que tenemos en la actualidad son propietarios de marcas partidarias o de franquicias “políticas” que acertadamente han sido denominadas como partidos “vientres de alquiler” y que pueden inclusive conseguir el candidato ideal para sus fines particulares.

De igual modo, las doctrinas partidarias que constituían el corpus ideológico partidario que contenía ideas eje para el accionar de militantes y seguidores han sido sustituidas por programas de acción marketeros capaces de impactar en la mente de los electores a fin de acumular capital político canjeable finalmente con ventajas económicas al adquirir acceso al poder o participar en su distribución. Esta lógica utilitaria es la que se ha impuesto en la manera de hacer “política” no solo en el Perú sino en otros lugares, pero fue nuestro país uno de los primeros en el cual las sucesivas crisis de la política y los partidos se han hecho recurrentes.

Las doctrinas partidarias que constituían el corpus ideológico partidario que contenía ideas eje para el accionar de militantes y seguidores han sido sustituidas por programas de acción marketeros capaces de impactar en la mente de los electores.

La conversión de los partidos en empresas para captar sufragantes se acompaña de otro efecto. Es cada vez más evidente que los aparatos partidarios otrora conducidos por una dirigencia organizada y conectada con una militancia de base y cuadros intermedios ha ido cambiando su composición. Los expertos en elecciones son ahora indispensables en cada una de las agrupaciones. 

En el Perú, los casos de asesores extranjeros prestando servicios a los equipos de campaña es asunto corriente pese a las controversias que acompañan sus intervenciones. Los asesores son acompañados también por otro tipo de expertosque se desenvuelven como operadores o brokers de la política que desarrollan sus tareas con el mismo profesionalismo que lo haría cualquier experto en mercadotecnia sin importar finalmente, las adhesiones partidarias y ni siquiera las afinidades políticas. Estrategias para la captación de votantes, financiamiento así como para la selección de candidatos, se diseñan ahora en las oficinas de esta nueva burocracia partidaria antes que en los comités partidarios. El sociólogo Max Weber había adelantado, a principios del siglo pasado, el devenir de las instituciones modernas con la burocracia como su principal componente. Lo que no avizoró con claridad es que algún día la política misma pudiera estar en manos de la burocracia y las consecuencias que de ello derivarían. En el Perú, esta nueva burocracia de la política, parece ser un sombrío anticipo de lo que afectará a las democracias alrededor del mundo.

Razones y emociones

Si las formas partidarias parecen estar cambiando de contenidos, desde el lado de los sufragantes también podemos ubicar nuevas transformaciones. Como ya se ha mencionado, las simpatías por determinado tipo de representaciones sociales eran las más de las veces actos racionales, o por lo menos se esperaba que lo fueran. En un sistema democrático, el ciudadano informado mantiene un mínimo de coherencia que se expresa en lo que se denomina voto consciente o racional, sus preferencias se basan en el rational choice y, en menor medida en identificaciones, y solidaridades sociales. Sin embargo, ni en las democracias más institucionalizadas el voto ha sido totalmente consciente o basado en el mero cálculo racional. Un elemento siempre presente en el comportamiento humano es emocional como lo muestra la antropología de las emociones. El comportamiento político también está motivado por sentimientos de rechazo, cólera, alegría o tristeza. Obviamente, se espera que la decisión racional prime en un sistema democrático.

Pero el peso de las emociones en la decisión del voto empieza a adquirir una creciente importancia en los últimos tiempos, especialmente en el caso peruano. Aunque no conocemos con precisión las razones de esta transformación, debemos señalar que este fenómeno parece ser una tendencia global que se empieza a vivir inclusive en las democracias de más larga data como en los Estados Unidos y recientemente en Gran Bretaña. El trumpismo en el caso del primero y el apoyo al brexit de este último son dos ejemplos que nos indicarían que no somos los únicos. 

En las elecciones congresales del 2020 el voto a favor del Frepap o la UPP del antaurismo no pueden explicarse sólo como identificaciones con el conservadurismo, con lo andino o persistencias del radicalismo de izquierda. El rechazo y la cólera en el momento de sufragar serían manifestaciones de un estado de ansiedad socialmente producido a partir de factores como la corrupción, el uso y abuso del poder político o la incertidumbre frente a políticas desde el Estado. Por ejemplo, la opción por el discurso radical como el de la UPP de Antauro Humala en Ayacucho, tendría relación con el estrés social motivado por la incertidumbre ante la erradicación de la coca o las presiones sobre la minería ilegal.

El estrés social nos puede ayudar a comprender cómo las reacciones colectivas emocionales responden a factores socialmente provocados (conflictos violentos, crisis políticas, estados de emergencia, etc.). En lengua quechua, la población tiene una palabra para referirse a tales estados: sasachakuy tiempo o época de dificultades. En el Perú, la violencia del conflicto armado de fines del siglo pasado provocó un período de estrés  social intenso y prolongado que se expresó en las elecciones de 1990. Y parece ser que estas elecciones responden a una situación de crisis política agudizada a partir del 2017. El riesgo es que para las elecciones del 2021 se mantenga tal situación y entonces el voto emocionalmente condicionado por el estrés social sea predominante. Cada sasachakuy responde a diferentes factores. El actual parece ser motivado por la crisis en el modo de hacer política, aunado al hecho de la corrupción y las incertidumbres del presente.

Sobre el autor o autora

Jefrey Gamarra Carrillo
Profesor -investigador especializado en estudios sobre espacios nacionales y sociedades post-conflicto. Con estudios de post-grado en la Escuela de Altos Estudios de Paris-Francia y actual candidato a doctorado en Antropología en la misma escuela. Profesor en las maestrías de Gestión Pública y Antropología en la sección de Post-Grado de la UNSCH. Ha sido investigador asociado en l a Universidad de McGill (Canadá) y el Centro de Investigación para el Desarrollo en Dinamarca. Actualmente investiga temas relacionados a espacios sub-regionales como el VRAEM y conduce un equipo de investigación para estudiar condicionantes socio-culturales de las disposiciones para la investigación en estudiantes de la UNSCH.

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