Violencia y extractivismo en el Perú contemporáneo

Escrito por Artículo publicado originalmente en diciembre de 2019 en la revista HALAC Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña, revista de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

Desde los años 90, los conflictos socioambientales en el Perú se han multiplicado de manera exponencial. Esto está en estrecha relación con el aumento en la extracción de materiales, sobre todo del sector minero. Los conflictos son acompañados de  mucha violencia represiva por parte del Estado y de las empresas extractivas. La gran mayoría de las veces, los muertos quedan anónimos y las secuelas sobre los numerosos heridos son ignoradas. En este artículo, después de repasar el metabolismo social peruano en el periodo 1990-2018, nos vamos a centrar en los tipos de violencia y las causas de esta violencia que, según nuestra  hipótesis, tiene su origen en la colonialidad.

Los conflictos socioambientales en el Perú están marcados por una extremada violencia que muchas veces dejan muertos y numerosos heridos, rápidamente olvidados. Los diferentes gobiernos, considerados en la primera parte de este este artículo, han asumido el “consenso de los commodities”[1]  y favorecen la implantación de empresas extractivas, no solo con un marco legal favorable sino también, como lo veremos,  “manu militari”. En la segunda parte veremos quiénes se oponen al emprendimiento extractivo. Antes de analizar en las partes subsiguientes las diferentes formas de violencia, no solamente la física y directa, presentamos la metodología utilizada para la determinación de las personas fallecidas que consiste en la revisión y análisis de diferentes bases de datos oficiales completados y comparados con mis conocimientos empíricos como activista. La composición de los diferentes actores, su relación entre ellos y la situación nacional serán analizados bajo la óptica del metabolismo social- Finalmente buscamos en las teorías de la colonialidad la explicación a esta violencia, ejercida sobre la población que resiste y que es, como constatamos, mayoritariamente indígena.

Desde los años 90, los cambios en el metabolismo social peruano demuestran que el país ha dirigido y basa toda su economía en la extracción principalmente de minerales.La economía del país se concentra en la exportación de materiales sustentada por un marco legal, social y político.

El gobierno del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) introdujo políticas neoliberales agresivas, como privatizaciones masivas, ventas de empresas estatales a bajo costo, leyes favoreciendo la inversión extranjera y dentro de esto, la partición de todo el territorio en cuadriculas comercializables[2] 9). Estas son las concesiones que cualquier persona o empresa puede adquirir, independientemente del lugar donde se encuentren.. De aquel periodo  data la llegada de empresas mineras como Yanacocha.

De acuerdo con Víctor Toledo[3] , el metabolismo social está compuesto por los flujos de energía y de materiales (oro, petróleo, madera, etc.) que se extraen de la naturaleza, transforman y hacen entrar en la economía, y que en parte salen como residuos (relaves mineros, agua contaminada, gases de efecto invernadero etc.). En el caso peruano, los indicadores físicos de sustentabilidad de la economía nacional nos muestran que la extracción está avanzando a un ritmo desenfrenado.  Para el Perú tenemos un Human Appropiation of Net Primary Productivity (HANPP[4]) de 20 a 30% [5](, considerando que la densidad poblacional es bastante baja, 24,8 h/km² [6], lo que indica que la apropiación humana de la producción primaria neta es todavía relativamente baja y que subirá si la deforestación se sigue incrementando.

El consumo doméstico (CMD) (extracción más importaciones menos exportaciones, todo en toneladas) arroja un valor de 21 toneladas por habitante, lo que es un valor bastante elevado (en la Unión Europea es igual a 13 TN/hab.) que se explica por el aumento constante de la extracción de minerales del país. Este indicador se entiende mejor si se compara con el valor del Balance Físico Comercial de 2014, que indica -14 000 000 TN[7]), cifra negativa que se traduce como una enorme cantidad de materiales extraídos del país. Dicha cifra corrobora la afirmación del desbalance comercial físico para el Perú: se exporta más de lo que se importa; se extrae mucho material del país, la dependencia con respecto a las exportaciones de materiales se acrecienta.

Pero no se entiende la magnitud y variaciones del metabolismo social a menos que entendamos las relaciones sociales existentes en un preciso momento y a una escala determinada local, regional, global[8] que van a determinar las decisiones políticas, sociales, económicas, culturales, etc. de un país.-Todos los gobiernos desde Fujimori hasta la actualidad han optado por políticas a favor de las actividades extractivas.

Del análisis de parte de las interrelaciones de todos estos factores (los ecológicos y los sociales) que componen el metabolismo social peruano y la comparación con algunos países sudamericanos como, por ejemplo Ecuador, Colombia, Bolivia,.apreciamos que la tendencia es ser productores y exportadores de materias primas a precio barato y en grandes cantidades, a cambio de importaciones muy menores (en toneladas) y de precio mayor. Los gobiernos sudamericanos -uno de los actores que componen el metabolismo social- desde algunas décadas han al parecer aceptado, , una suerte de “consenso de los commodities” que sustituye “el consenso de Washington” o tal vez meramente lo complementa, pues son justamente productores y exportadores de commodities[9] . Han accedido y admitido ser proveedores de materias primas baratas. Es lo que en economía se denomina aprovechar de las ventajas comparativas que el país ofrece para insertarse en la economía mundial, es decir sostener la economía de un país con las materias primas que produce. En el caso peruano, lo  constatamos con la suscripción de numerosos tratados de libre comercio (27 en vigencia o por entrar en vigencia y 5 en negociación[10]) y de leyes ad hoc que favorecen y facilitan la inversión como los llamados “paquetazos ambientales” del gobierno de Ollanta Humala[11]) y los siguientes gobiernos.

El resultado final es que tras algunos años de mejorar los términos del intercambio hasta el 2012, los países sudamericanos, entre ellos Perú, ahora atraviesan una nueva situación (que es realmente vieja, habitual), caracterizada por déficits en la balanza comercial (mayores importaciones que exportaciones, en valores monetarios) y persistentes déficits físicos (las exportaciones en toneladas son mayores que las importaciones en toneladas, condición conocida como “déficit” físico, pues significa que se exportan más materiales de los que se importan, agotando o degradando los recursos naturales). Así, como indican Samaniego et al[12] , a la desfavorable situación histórica estructuralmente persistente de negativos términos del intercambio (una tonelada de importaciones es siempre más costosa que una tonelada de exportaciones), situación que se vio levemente aliviada en los años del boom de precios de materias primas, se añade ahora (una vez más) un nuevo deterioro en los términos de intercambio, que depende en parte de la composición de la canasta de productos que cada país vende al exterior. Como los déficits comerciales conducen a déficits en la cuenta corriente, existen nuevas necesidades de financiamiento externo o del uso, mientras duren, de las reservas internacionales acumuladas durante el período de bonanza. En ambas situaciones existirá una nueva necesidad de exportaciones adicionales de materias primas para pagar la deuda o fortalecer la posición externa, agotando recursos, contaminando el ambiente, y causando más y más conflictos socioambientales[13].

Los actores del metabolismo social y el estallido del conflicto

Según Víctor Toledo[14] ,  el segundo componente del metabolismo social son las empresas. Tradicionalmente, las empresas extractivas en América Latinahan sido de origen norteamericano, como Newmont, Barrick Gold, Pacific Stratus y Shell, o europeo como Angloamerican, Repsol, Glencore Xstrata, pero también sudamericanas comoVale, Odebrecht, Pluspetrol y peruanas como Benavides y Grupo Romero. Sin embargo, en los últimos diez años presenciamos la arremetida de empresas chinas. Con el país asiático, elPerú ha firmado más de 18 acuerdos entre comerciales (TLC de 2011), productivos, culturales, etc. China es hoy el principal socio comercial del Perú representando más del 26% de la actividad comercial peruana[15]. Las empresas chinas se concentran por el momento en la extracción de cobre (Las Bambas, Río Blanco, el proyectado Don Javier, Toromocho) o hierro (el proyectado Pampa de Pongo, Marcona)[16].

Las empresas extractivas tienen lobbies en el gobierno peruano y ejercen influencia (cables wikileaks[17]), convenios con la Policía Nacional del Perú (PNP) para la protección de las instalaciones mineras, etc. Como la política nacional es la de favorecer la inversión esperando beneficiarse de los impuestos a las regalías y del llamado “chorreo” las concesiones se otorgan indiscriminadamente sobre poblaciones, fuentes de agua, bosques amazónicos, reservas nacionales, etc. provocando conflictos con las poblaciones locales. La policía al mando de las empresas y las fuerzas policiales y militares enviadas para ejercer represión causan muchas muertes y dejan decenas de heridos[18][19], Defensoría del Pueblo, 2019). La contaminación por relaves (Hualgayoc), accidentes (Choropampa), derrames o escapes (Camisea, petróleo), contaminación del agua (Espinar, derrames), de los aires (Las Bambas, Bayóvar, etc.), procesos penales (Conga, Espinar, etc.), situaciones de terror (Majaz, Bagua, etc.). Las empresas dejan en manos del Estado la responsabilidad de resolver los pasivos ambientales mineros (PAM) o de llevar reparación a las viuda(o)s y heridos. Pero también existen los mismos efectos cuando se trata de la minería ilegal (Madre de Dios, Cajabamba) o de la tala ilegal en la cual los grandes grupos de poder se encuentran siempre implicados (tala ilegal a favor del Grupo Melka por ejemplo) o de empresas madereras (Incafor en San Ignacio) que se benefician de la tala ilegal (en Saweto por ejemplo). A continuación, nos vamos a centrar en analizar todos estos diferentes tipos de violencia.

Los pobladores afectados por los proyectos extractivos van a reaccionar a este embate de manera espontánea reclamando en un primer término la propiedad y la falta de consulta sobre el territorio y denunciando la contaminación. Son numerosos los conflictos registrados en el Atlas de Justicia Ambiental, Environmental Justice Atlas (EJATLAS). Los pobladores son llevados primero por un deseo de vivir en paz y armonía con su entorno, es un principio básico del buen vivir, conservar la armonía y restablecerla si ha perdido su equilibrio[20]). Como dice Galtung, la (búsqueda de la) paz es potenciar la vida, desplegar la vida (Galtung citado por Calderón, 2009[21]). Lo demuestran los conflictos Conga, Bagua, Derrames Petroleros, Amarakaeri y tantos otros.

Pero una vez que el conflicto estalla y opone a los bandos con diferentes concepciones de vida entre sí, el conflicto hace evidente las esferas de incompatibilidad dentro del sistema y la relación de poder en la sociedad. Demuestran que valoran la tierra, el territorio de otra manera que lo entienden las empresas extractivas, tienen otro lenguaje de valoración[22]) y se van a expresar  de otra manera resaltando la unión e importancia del territorio, es El agua vale más que el oro de Conga. Surge el conflicto socioambiental, como en Bagua, Bayóvar, Tía María, etc. El conflicto hará manifiesto la competencia de las partes por los bienes, unas por la preservación de la vida y otras por la acumulación de bienes y destrucción de la vida, como explicado líneas arriba. Al mismo tiempo surgen nuevos métodos de resistencia, como la Marcha por el Agua, las expresiones artísticas (la Bandera Verde), las implicaciones de los chefs (Tambogrande, Tía María) o de otras clases sociales (Tambogrande, Tablistas, Puerto Paracas). El conflicto va a constituir una oportunidad (Galtung), porque se produce un cuestionamiento sobre lo que se quiere alcanzar, qué tipo de sociedad se desea, y va a implicar a la sociedad de manera holística: las cosmovisiones se van a enfrentar. El estallido de un conflicto va a evidenciar también la complejidad de su solución porque no solo se enfrentan diferentes expectativas sino que también en el conflicto se ven envueltos distintos actores (campesinos, agricultores, comerciantes, transportistas, comuneros, el Estado en sus diferentes representaciones, sociedad civil, empresas poder judicial, defensoría del pueblo, etc.). Es el multinivel de Galtung[23]) que hay que considerar para lograr una salida. Sin embargo, visto que las partes en conflicto están peleando por lo más preciado que tenemos, la vida sí o la vida no, será casi imposible que el conflicto pueda ser resuelto de manera definitiva.

Materiales y métodos

El Atlas de Justicia Ambiental (EJATLAS) es un proyecto del Instituto de Ciencia y Técnicas Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) impulsado y dirigido por el profesor y reconocido ecologista Joan Martínez Alier. El Atlas registra los conflictos socioambientales a nivel mundial. Los resultados de muchos de los conflictos para el Perú registrados en el EJATLAS arrojan un elevado nivel de violencia Los conflictos son registrados por académicos o activistas en su mayoría conocedores del lugar del conflicto. Cada ficha registra en detalle la zona y población afectadas, los materiales extraídos, los distintos actores del conflicto, la metodología utilizada por cada uno de ellos y el resultado del conflicto: en este resultado se consignan los muertos y heridos. Para poder hacer un compendio completo del número de muertos desde hace unos 15 años, procedemos al análisis documental de los informes publicados por la Defensoría del Pueblo (mensuales) y de la CNDDHH (anuales) desde el año 2003. Estas dos instituciones nacionales registran los muertos y heridos en todo tipo de conflicto presente en el país. De ellos se han extraído los muertos y heridos en los conflictos socioambientales. tomando nota de los nombres de cada una de las víctimas.. A estas informaciones se han ido adicionando los conocimientos empíricos adquiridos y verificados durante más de 35 años de experiencia como activista. El trabajo cuenta asimismo con testimonios de víctimas de la represión estatal.

 En relación a las cifras, vale destacar que algunos de los muertos no aparecen en los informes oficiales porque, en diversos casos, se tratade  personas que resultaron heridas y fallecieron posteriormente y su muerte no fue contabilizada. Esta lista de fallecidos en conflictos socioambientales en los últimos 15 años es más numerosa que la contabilizada por Global Witness en sus diferentes reportes hasta hoy. Los informes anuales de Global Witness también fueron verificados con los resultados obtenidos de las otras tres fuentes de información anteriormente citadas. Después de este minucioso trabajo, tenemos así para los 15 últimos años de conflicto en el Perú la lista siguiente. Ver cuadro 1.

Del análisis de los conflictos con casos de muerte por represión o asesinato tenemos que 57 fallecieron en conflictos mineros y 29 por biomasa, 3 por conflictos de hidrocarburos y 2 en irrigación o represas. Lo que corrobora la tendencia tomada por la extracción de minerales en el Perú.

Cuadro 02. Cuadro resumen del número de muertes por sector extractivo entre 2003 y 04/2019.
SectorNúmero de muertes
Minería57
Biomasa29
Hidrocarburos3
Energético2
Fuente: Defensoría del Pueblo, CNDDHH, Neyra, 2019, elaboración propia

Tipos de violencia

El Perú es según los reportes publicados por Global Witness[24]  uno de los países más violentos con muchos casos de muerte en el terreno ambiental en proporción a su población. Los conflictos en el Perú se dan con una extrema violencia y muchos muertos, pero hay también una violencia estructural subyacente, de varios siglos, una violencia silenciosa, habitual[25].

Reconocemos varios tipos de violencia. La primera, la inicial, es contra el territorio. Cuando una concesión es otorgada, la empresa inicia el reconocimiento del territorio con la exploración. En la etapa de exploración aparecen por el territorio ingenieros haciendo mediciones, personas completamente extrañas que penetran en el territorio. Esa es la primera violencia que el Estado y la empresa ejercen: el extractivismo se apodera de los territorios originarios, los territorios les son arrebatados y se rompe la relación ancestral que el indio, el poblador, el indígena tiene con la tierra y pierde sus huellas comunales[26] . Esta pérdida se ve reforzada cuando el Estado y la población a favor de la actividad extractiva consideran que ese territorio tiene que ser “sacrificado” a la extracción, son las zonas de sacrificio y que el indígena tiene que aceptar esa condición[27] . La siguiente etapa de la violencia la constituye la compra de los terrenos dentro de la concesión: en el Perú la empresa debe demostrar la titularidad de los terrenos sobre los cuales va a realizar el proyecto. La empresa pasa a adquirir los terrenos comprándolos muchas veces a bajo precio jugando con el desconocimiento del poseedor o propietario del terreno sobre el valor metálico de los minerales o hidrocarburos. En caso de que el propietario o poseedor no acceda a la venta, la Ley de Minería en el artículo 37 concede la posibilidad de solicitar la expropiación a favor de la empresa. Conocemos el caso de la Sra. Máxima Chaupe sometida a interminables juicios, presiones, violencias y agresiones por parte de la minera Yanacocha para que desocupe el terreno que la empresa quiere explotar. En el caso de las tierras comunales, el carácter de inembargables e inalienables fue suprimido por la constitución de 1993 del expresidente Alberto Fujimori dejando las tierras a la merced de apetitos extractivos. En 1996, la nueva Ley del Catastro Minero Nacional (Ley N.º 26615) modificó los derechos de tenencia de tierras facilitando aún más la posesión de concesiones. Esta legislación conduce que al día de hoy, casi en el 50% de las tierras comunales campesinas se encuentra concesionada[28].

La posterior violencia será el daño irreparable al entorno causada por los desechos y relaves que atentan contra el medioambiente y la salud, a los cuerpos que se van a ir degradando producto de la contaminación y malnutrición y, por ende, a la fuerza de trabajo que se desvaloriza[29] . Muchas veces la población se ve obligada a desplazarse por dejar paso al proyecto o por contaminación de las aguas y de los productos alimenticios. Esta es una violencia sutil, enmascarada bajo el rostro de “desarrollo” que lleva a la violencia por extinción de pueblos. La población indígena pierde la relación horizontal con la tierra y pasa a integrar muchas veces los circuitos verticales constituidos por las empresas extractivas[30] , en cuanto emplean a la población o se crean actividades en torno a la empresa extractiva: transporte, alimentación, hotelería, alquiler de viviendas.

Hay violencia no solamente contra el territorio sino también contra las personas que se resisten al proyecto extractivista. El Estado y las empresas utilizan varios niveles de violencia: sicológica, contra los grupos y poblaciones que se oponen a un proyecto con ataques en la prensa de “anti-mineros”, “anti-desarrollo”, anti-progreso”, se les acusa de no querer el bien del país y ser un obstáculo para el desarrollo. Estos ataques se dan en la prensa escrita, radial, televisiva, creando un clima de miedo, de terror. Los ataques pueden ser dirigidos contra organizaciones enteras como ataques institucionales con argucias legales (allanamiento del local de la ONG IDL en julio de 2018 por la corrupción de empresas), congelamiento de cuentas, expulsión de extranjeros del país (caso del religioso británico de la Salle Paul Mc Auley, presidente de la Red Ambiental de Loreto expulsado del Perú en 2010 y fallecido en 2019 en un crimen no esclarecido), allanamiento de locales.

Luego está la violencia física manifestada en la represión de las manifestaciones de protesta, con intervención policial o militar, disparos con balas de goma o reales, uso de bombas lacrimógenas. Declaración del estado de emergencia, el acoso judicial, la detención y el arresto de todo aquél/aquélla considerado opositor/a los proyectos. La persecución y denuncias ante los fueros judiciales de centenares de activistas, campesinos, indígenas, profesionales con la criminalización de la protesta. La gran mayoría de las veces sin ninguna prueba que corrobore la acusación (Conga, Espinar, Las Bambas, etc.).

¿Y los heridos?

Además del asesinato de los manifestantes contra el proyecto extractivo que determina el aniquilamiento físico,centenas de personas quedan heridas, personas no contabilizadas como, por ejemplo, Eulalia Romero Rodríguez, herida de bala en tres partes del cuerpo, recibió disparos a mansalva por policías ebrios que reprimían a los ronderos en Cajas Canchaque Alto en el caso Majaz. Ella fue herida el 2 de diciembre de 2009 y todavía no se ha juzgado a los culpables ni ha recibido compensación alguna[31] ni tampoco su nieta Gueivy que sufre daños sicológicos desde entonces. Gueivy, de tan solo 5 años de edad presenció la muerte de sus dos tíos, Cástulo y Vicente, en el caso Majaz y los disparos que hirieron a su abuela.. Eulalia nos cuenta:

“Iba caminando por la cuesta a visitar a mi papá, en eso llegaron dos camionetas con 22 policías, unos de uniforme otros de civil, veo que detienen a un joven y le pegan, le quitan su ropa, echan gases lacrimógenos, disparan, el joven logró huir, me desmayo y al despertar tenía disparos de bala en los dos tobillos y otro en la nalga derecha”.

Otro testimonio es el de Elmer Campos herido el fatídico 27 de noviembre de 2011, cuando miles de ronderos, campesinos, defensores ocupaban las pampas de Conga defendiendo sus lagunas. La policía disparó a mansalva, Elmer cuenta:

“Vi que disparaban, yo había subido a defender las lagunas, el agua, en eso me abalancé sobre mi primo y lo cubrí con mi cuerpo, sentí como un rayo sobre mi espalda. La bala había atravesado mi columna. Me llevaron al hospital y después a Lima. Me extirparon un riñón, me retiraron el bazo. Sufro de dolores horribles y no puedo caminar. Sufro de permanentes infecciones urinarias”.

Elmer[32] como Eulalia y muchos otros sobreviven completamente abandonados de todos.

Estas clasificaciones sobre los tipos de violencia se acercan mucho a las consideraciones elaboradas por Navas et al[33] sobre la violencia directa, ecológica, lenta, estructural y cultural que después de realizar un análisis de los diversos tipos de violencia en América Central corroboran la necesidad de abarcar un acercamiento multidimensional[34] : la violencia no es una, se expresa de distintas formas y abarca todos los ámbitos y aspectos de una sociedad. Estas realidades aparecen en muchos de los casos del EJAtlas para el Perú.

Resultados

El alto nivel de conflictividad en el país con 91 casos registrados en el EJATLAS (marzo 2019), de los cuales un tercio (27) presenta casos de muerte, y con 113 casos o más mensualmente registrados porla Defensoría del Pueblo (2019) demuestra también la parte inversa: el nivel de resistencia es elevado, en el Perú el 29 % de proyectos es detenido o ganado[35]). Y estas luchas se dan en su gran mayoría por los pueblos indígenas. La participación de los pueblos indígenas andinos y amazónicos en los conflictos reseñados se da en el 90%[36] (Neyra, 2019) de los casos aproximadamente, bastante más que su proporción en la población (28%, según los censos[37]). Sin embargo son ellos los que mayoritariamente entregan sus vidas en un 86%. Estas cifras son resultado del cálculo efectuado a partir del cuadro 1 en el que solo cuatro conflictos en la costa con poblaciones mestizas, Marcona, Tía María, Chaparri y Sechura provocaron 13 muertes, mientras que el restante fueron 81 muertes indígenas como lo confirma el mapa (Figura 1) de la ubicación de los conflictos mortales en el país, la gran mayoría en el sector minero por sobre la región andina de sur a norte.

A partir de los datos ilustrados es evidente que el precio de lo que está en juego, la vida, es muy elevado. Para buscar una respuesta al por qué de la violencia en nuestro país entre el Estado, las empresas extranjeras o peruanas y las poblaciones indígenas, es necesario confrontarse al problema de la colonialidad y de la identidad.

En América se dio la mayor masacre en la historia de pueblos indígenas, tras su contacto con Europa. La exportación de esclavos africanos se dio algo más tarde. Estas masacres (racializadas) sentaron las bases para la dominación completa[38]  que fue hecha por el afán de acumulación del capital. A diferencia de la situación actual, de América se extrajeron al empezar “bienes preciosos”, preciosities como las llamó Wallerstein: plata, oro, diamantes, de mucho precio y poco peso. No había todavía grandes medios de transporte. Actualmente el volumen de la extracción de las bulk commodities es mucho mayor.

Racismo, colonialidad y violencia

El racismo y el poder colonial están en el origen de la acumulación de capital.Así empezó la situación de la población indígena, de los “indios” cuya población aumentó de nuevo a partir del s. XVIII. Colonialismo rima, en efecto, con capitalismo. En este proceso, la iglesia católica jugó un rol crucial al querer catequizar por la fuerza a ese ser considerado irracional, salvaje; esta “cruzada” o “extirpación de idolatrías” y destrucción de huacas como se produjo en Perú, coincidió con el despojo de sus territorios.

La República independiente no integra a esa “masa” de indios que también reclama su independencia y el fin del yugo. El nuevo amo, hijo de españoles, con cultura occidental, no pretendió devolver a los pueblos originarios su estilo de vida anterior, ni sus tierras. La posesión de las tierras cambió de dueño[39] más no la situación del indio,los criollos se erigieron en anticoloniales para tener ellos el poder.

Los nuevos amos de la República, los blancos criollos, aspiran en realidad a desarrollarse a semejanza del centro europeo, a “modernizar” todavía más las nuevas repúblicas latinoamericanas, a ser ellos los que conduzcan las riendas del país. Mantuvieron el “patrón colonial del poder” (Quijano) con el control de la economía, de la autoridad estatal y militar, con una visión eurocéntrica, al mismo tiempo que controlaron el conocimiento, lo que Quijano denomina magistralmente colonialidad porque incluye la parte epistémica-cultural. De este modo, reproducían la colonialidad pero siendo ellos los nuevos amos.

Entonces, prosigue la época de la servidumbre y de los peones y se crea al “indígena”[40], a ese ser que es un ser humano porque así se declaró en la colonia y se confirmó en la independencia pero no tiene que ser igual que los amos. Se creó una nueva subjetividad[41]. A los indígenas se los catalogó per se como seres inferiores que debían de aprender del ser superior, moderno que los había liberado del yugo español y debían aprender su lengua y su pensamiento. Se les siguió inculcando el sentimiento de culpa judeocristiano introducido por la religión católica durante la colonia, la culpa de ser inferior y para salir de esta situación debían aceptar la “salvación” de los nuevos amos y sus estructuras de poder.

Las formas y estilos de vida de los indígenas fueron catalogadas de “primitivas”, arcaicas, tradicionales[42]. Es decir sociedades que no han alcanzado el desarrollo eurocéntrico, por lo tanto hay que enseñarles, guiarles. Es como ponerlos en tutela. Se refuerza la idea de raza en la cual los blancos criollos van a instituir la división del poder y del trabajo. La destrucción y la dominación siguió en base a la idea de raza, a la diferencia de raza que retomaron de los españoles, la raza de los colonizados y la raza de los colonizadores[43].).

Europa, por esos años de la Revolución industrial, se impone con el concepto lineal de historia y la racionalidad que separa cuerpo y mente[44]. Inspirados por la Revolución francesa, la Revolución industrial, la Ilustración, la Reforma, es esta visión que los blancos criollos desean imponer en el país con la retórica de la democracia[45]). Para ellos será el punto de partida, antes no existía nada, ni el indígena. Este concepto lineal de la historia traído de Europa prefigura un antes y un después, el indígena se sitúa “antes” de ese desarrollo y esto refuerza su pretendida inferioridad. La cultura europea se convirtió en el modelo universal a alcanzar). Los nuevos amos pretendieron “modernizar” a las antiguas colonias difundiendo el eurocentrismo que se considera el centro desde donde se irradia conocimiento hacia las periferias; las periferias hacen parte de su todo y no se pueden desarrollar fuera de su todo, deben de seguir el pensamiento guía. Esta misma comprensión del mundo vale tanto para las ideas liberales y capitalistas como para las ideas jerárquicas de izquierda marxista, es decir que estas dos tendencias comparten la misma visión eurocéntrica.

Los nuevos dueños republicanos reprodujeron el colonialismo de la invasión española también hacia adentro, hacia las poblaciones indígenas. Este colonialismo interno[46] (González Casanova, 2006; se da en todas las esferas, no es solamente racial, sino clasista, capitalista, cultural. Las ciencias sociales, como parte de la subjetividad de la colonialidad jugaron su rol y sacralizaron las divisiones raciales entre blancos e indígenas, jerarquizaron saberes, conocimientos. Se busca oponer lo civilizado con lo primitivo, lo científico con lo mítico, lo racional con lo irracional[47]. “Civilización o barbarie” proclamó Sarmiento en Argentina. Al considerar al indígena como un ser inferior que necesita del criollo moderno para avanzar, se refuerzan las relaciones de explotación. Es decir, se ejerce un control sobre la imaginación del dominado, el indígena, un control de su subjetividad hasta hacerle creer que es inferior). En el Perú será al “cholo[48]”, un indio que vive en las urbes, en la costa, un indio ya más “moderno”, más “integrado” en la sociedad criolla, a-culturizado, pero que es siempre relegado a oficios como albañil, peón, basurero, jardineros, empleadas del hogar, guardianes, policías de primer rango o militares rasos. No obstante, lo que en realidad estaba en juego era la posesión de los productos de la naturaleza, de los productos del trabajo. El uso de la violencia encontró su justificación frente a un ser considerado como inferior.

Esa subjetividad se traduce en el surgimiento de la antropología como ciencia que estudia “al otro colonizado” ligada a la expansión del occidente[49] (Castellanos, 2000). Al considerar a las otras culturas como objeto de estudio, no se las considera capaces ni dignas de intercambiar con la europea (y posteriormente la norteamericana). Esta marca, esta herida es la que se soporta y carga aún nuestro país, en el estudio y comprensión de nuestra historia y de los conflictos socioambientales y sigue dividiendo a citadinos con provincianos. Muchos intelectuales y académicos, y luego la población  en general, consideran todavía que si no se escribe y publica en inglés, pues aún no se ha obtenido reconocimiento. Se pierden idiomas muy antiguos sin ningún lamento público y ante la satisfacción criolla.  Escribir no ya en castellano sino en inglés sería estar bien integrado en la modernidad occidental, ser moderno es ser desarrollado, civilizado[50] (Mignolo, 2001). Pero esa modernidad no es otra cosa que la colonialidad, el sometimiento a la visión colonial eurocéntrica. Nuestras universidades – y sector educativo- son el vector de esta noción de modernidad que implica colonialidad  porque reconoce y admite una inferioridad de nuestras culturas frente a la visión eurocéntrica.

Los intentos del gobierno del General Velasco Alvarado (1968- 1975) de solucionar el problema indígena reconfigurando a la comunidad indígena en comunidades campesinas, fueron recibidos por la izquierda como un gran avance sin comprender el trasfondo de intentar romper la cohesión cultural de la comunidad indígena, de llamar “campesinos” a los indígenas, de anteponer una clasificación por clase social a la posible reivindicación étnica, cultural (como si se dio hasta cierto punto en Ecuador y Bolivia). Con esta tentativa de los años de Velasco se  intentó desindianizar al indio para verlo desde una óptica clasista[51] . Como si un cambio de denominación venido desde arriba, desde el Estado fuera a mejorar su condición. Sin embargo, constituyó un paso en adelante en el sentido de que intelectuales y ONG comenzaron a tomar más en cuenta a las comunidades y ellas mismas a organizarse con sus propios representantes pero no llegó a existir en Perú una Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) como en Ecuador. Posteriormente, las comunidades indígenas (de la Sierra y de la Selva) fueron las víctimas principales del terror de Sendero Luminoso (1980-1992) que las consideraba racistamente como inferiores y atrasadas, teniendo la misma visión eurocéntrica que los patrones y los ejércitos a los cuales quería combatir.

Esta constelación racista prosigue en el Perú. Es importante destacar las reivindicaciones ambientalistas que se expresan como reivindicaciones de poder indígena (ya sea apelando al convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) o fuera de él). Y dentro de esta situación, es más importante todavía recordar que las mujeres son más discriminadas y explotadas. Racismo y abuso sexual van juntos en América desde octubre de 1492.  El racismo forma parte integrante de la acumulación y de la desposesión del territorio, es tanto causa como efecto, tal vez más causa que efecto. El racismo será (en toda América) el eje central alrededor del cual se disemina la colonialidad del saber para instalar el patrón colonial del poder. No cabe estudiar los conflictos socioambientales actuales sin conocer estos orígenes.

La violencia, sin embargo, se ejerce también contra el “blanco” que toma posiciones ecologistas, tal vez defendiendo en primer lugar su propio bienestar (Comunidad de Tablistas, Federación Deportiva Nacional de Tabla, caso Tablistas[52]) y que son preservacionistas o que se comprometen de manera activa favor de los pueblos afectados: profesionales (fotógrafo y conservacionista Heinz Plenge, caso Chaparri), activistas, abogados (Juan Carlos Ruiz Molleda en el caso Espinar), médicos (Dr. Fernando Osores en el caso Espinar), ingenieros procesados y criminalizados por el Estado o las empresas). A este “blanco” o mestizo se lo ve ya con los ojos del colonizador y se lo reprime porque se ha identificado con las luchas ambientalistas. Se produce una conversión, una metamorfosis en la mente del represor (y quien le dicta en la mente), la colonialidad del saber se hace nuevamente presente y el color de piel pasa a un segundo grado y se identifica solo la posición política tomada por el activista/profesional.

Los conflictos socioambientales, objeto de estudio de la ecología política se enfrentan en la práctica, desde hace tiempo, a la colonialidad del poder y del saber, cuestionándola. Con todo,van a recrear una historia socioambiental nueva, van a analizar y subvertir las relaciones de poder y contribuir a la toma de conciencia. En este sentido, la ecología política debe ir de la mano del pensamiento crítico latinoamericano porque comparten la inquietud por la identidad, buscan una nueva perspectiva histórica[53] (Bravo, 2017) para comprender y cambiar nuestra realidad e incorporan una crítica al comercio internacional desigual.

Conclusión

En este artículo hemos querido presentar el panorama de violencia en los conflictos socioambientales en Perú. Luego de identificar a los actores del metabolismo social  constatamos que las políticas extractivas que siguen los gobiernos peruanos son hechas en detrimento de su población local. Los gobiernos ejercen una represión violenta y masiva en contra de la población resistente. Esta violencia puede tomar muchas formas, no solamente física y directa. Pensamos haber demostrado que el origen de esta violencia en Perú debe ser buscado en la colonialidad que también aliena la mente del represor cuando se trata de población blanca resistente o identificada con las luchas de resistencia. Estas afirmaciones pueden levantar mucho debate pero es hora de enfrentar la colonialidad, admitir que nuestra sociedad es racista, constatar la alienación para redireccionar nuestro accionar y pensamiento. Tenemos que descolonizarnos, arrancar la colonialidad del saber de nuestras mentes. En este marco, hemos querido publicar la larga lista de fallecidos con nombre y apellido para darles su debido reconocimiento y que no queden en nuestras memorias como simples X. Así mismo, reiterar de que detrás de cada fallecido quedan muchos heridos abandonados a su suerte.

Referencias

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[1] Svampa, Maristella, “Consenso de los commodities” y lenguajes de valoración en América Latina, Revista Nueva Sociedad 244 (2013): 31

[2] Ingemmet, “Mapa geoquímico regional polimetálico”

[3] Toledo, Víctor, “El metabolismo social: una nueva teoría socioecológica”, Relaciones 136 (2013):49

[4] Human Appropaition of Net Primary Productivity

[5] Haberl et al, “Quantification of the intensity of global human use of ecosystems for biomass production” (2010):5

[6] Inei, “Encuesta Demográfica y de Salud Familiar, Nacional y Regional, 2016”, (2017),

[7] Minaya, Gretell, “La Curva de Kuznets Ambiental (CKA) basada en el Indicador de Consumo Material Doméstico (CDM): Perú, 1970-2015”:31

[8] Toledo, “El metabolismo social”:47

[9] Svampa, “Consenso de los commodities” :37

[10] Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, 2019

[11] Neyra, Raquel,“Paquetazos ambientales o el afianzamiento del neoliberalismo en el Perú”, Ecología Política, n°51, (2016):10

[12] Samaniego, Pablo, et al, “Desequilibrios en la balanza comercial andina: ¿se ajustan biofísicamente?”, Revista Iberoamericana de Economía Ecológica Vol. 24:164

[13] Samaniego, Pablo, et al, “Déficits comerciales y déficits físicos en Sudamérica”. FLACSO, (2015):5

[14] Toledo, “El metabolismo social”:48

[15] Cámara de Comercio Peruano-China CAPECHI, 8 de mayo de 2019

[16] Ejatlas, 2019

[17] Por ejemplo el cable 38881 del 19 de agosto del 2005 publicado por The Guardian el 31 de enero de 2011 

[18] CNDDHH, “Informes anuales de Derechos Humanos” de 2001 a 2016

[19] Defensoria Del Pueblo, 2019, Reporte de conflictos sociales Nº 180

[20] Acosta, Alberto, “El Buen Vivir, Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos”, (2013):51

[21] Calderón, Percy, “Teoría de conflictos de Johan Galtung”, Revista Paz y Conflictos, nº 2, (2009):66

[22] Martinez-Alier, Joan, “El ecologismo de los pobres: Conflictos ambientales y lenguaje de valoración” (2005)

[23] Calderón, “Teoría de conflictos”:68

[24] Global Witness, “En Terreno Peligroso” (2016),

[25] Nixon, Rob, “Slow violence and the Environmentalism of the Poor”, Harvard Press University, (2011):10

[26] Machado, Horacio, “Crisis ecológica, conflictos socioambientales y orden neocolonial: Las paradojas de Nuestra América” Rebela, v. 3 n°1, (2013):138

[27] Machado, “Crisis ecológica”:137

[28] Ibc, Cepes, “Directorio Comunidades Campesinas del Perú” (2016),

[29] Machado, “Crisis ecológica”:141

[30] Machado, “Crisis ecológica”:139

[31] Fedepaz lleva el juicio contra los culpables pero al Estado no le interesa que se llegue a término.

[32] Earth Rights International apoya a Elmer en el juicio contra los culpables, Newmont, Yanacocha y el Estado

[33] Navas et al, “Violence in environmental conflicts: the need for a multidimensional approach”,B. Sustainability Science, Volumen 13, (2018):654

[34] Navas et al, “Violence in environmental conflicts”:651

[35] Ejatlas, 2019

[36] Neyra, Raquel, “Los cambios en el metabolismo social y la generación de conflictos socio ambientales en Perú”, Universidad de Zaragoza, (2019):517

[37] 332 975 indígenas amazónicos, 1,06% (INEI 2016); origen quechua 23,2%, aymara 3,2% (2015, Encuesta Nacional de Hogares); lengua materna quechua 12,3%, aymara 1,7% (2007,Censo Poblacional)

[38] Quijano, Aníbal, Coloniality and modernity/rationality”, Cultural Studies, 21:2, pp 168-178, (2007):171

[39] Mariategui, José Carlos, “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”, (1928) Capítulo III:38

[40] Quijano, Aníbal, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”. Perspectivas latinoamericanas, (2000):203

[41] Quijano, “Colonialidad del poder, eurocentrismo”, (2000):215

[42] Lander, Edgardo, “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocéntrico”, Perspectivas latinoamericanas, CLACSO, (2000):10

[43] Quijano, Coloniality and modernity/rationality”:171

[44] Lander, “Ciencias sociales: saberes coloniales”, (2000):6

[45] Quijano, Coloniality and modernity/rationality”:172

[46] González Casanova, Pablo, “El colonialismo interno” CLACSO (2006),

[47] Bravo, Lucia, “El pensamiento crítico latinoamericano, La opción decolonial”, (2017):38:46

[48] Nombre despectivo que los colonizadores españoles daban a los indios, equivalente a “perro”

[49] Castellanos Guerrero, Alicia. “Antropología y racismo en México”. Desacatos, (4), (2000):53

[50] Mignolo, Walter, “La colonialidad: la cara oculta de la modernidad, en Cosmópolis, el trasfondo de la Modernidad”, (2001):44

[51] Svampa, “Debates”:109

[52] Tablistas (surfers) contra la destrucción de playas en Lima, Peru (2017)

[53] Bravo, “El pensamiento crítico latinoamericano” (2017):29

Sobre el autor o autora

Raquel Neyra Soupplet
Economista (La Sorbona) y Doctora en Sociología de las Políticas Públicas y Sociales por la Universidad de Zaragoza, España.

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