Desinformación y acciones ciudadanas en la pandemia

Escrito por Crédito de imagen: https://miquelpellicer.com/

La desinformación y la escasa información en la pandemia de la COVID-19 son en parte el resultado de la falta de estrategia comunicacional estatal, al igual que de hábitos de consumo informativo para ver noticias y realizar acciones de prevención contra el coronavirus. En estos escenarios, los ciudadanos deben actuar –en la sobreabundancia de noticias falsas– como vigilantes de los medios y comunicadores críticos mediante acciones políticas para la verificación de información, la diversificación de la lectura de medios o la identificación de fuentes a favor del servicio público.

En el plano comunicacional, la acción política más importante en la pandemia se ha convertido en el hecho de tener conciencia ciudadana frente a los mensajes de difusión pública sobre la COVID-19 que circulan en las redes sociales, lo cual significa un cambio de actitud para acceder y valorar la información, pero también para poner en práctica otras acciones como la persuasión, la disuasión o la participación social para evitar los contagios y la expansión del virus.

Las redes sociales y el Whatsapp son canales donde tendencialmente se “viralizan” con mayor frecuencia mensajes e información no verificada, contenidos falsos y fuentes desconocidas proclives a darle a las noticias de la pandemia un tratamiento sensacionalista y pesimista.

Algunos estudios comentan que en la pandemia han surgido “noticias falsas sobre la COVID-19” que pueden ser de “broma, exageración, descontextualización y engaño”[1]. Estas noticias falsas suelen proliferarse en circuitos como Whatsapp, Twitter y Facebook.

En el contexto español se encontró que las noticias falsas sobre ciencia y salud presentan temas como: “los infundios relacionados directamente con la ciencia, las falsas recomendaciones de salud, las falsedades relacionadas con la gestión sanitaria y fuentes mentirosas que suplantaron a especialistas o instituciones de la salud pública”.

Sin embargo, a las  noticias falsas se le suman también las intervenciones de los líderes de opinión que en la pandemia han sugerido públicamente que las personas deben inyectarse desinfectante (Trump) o que no es necesario el uso de la mascarilla (Bolsonaro); despropósitos que lindan con la falta de conciencia frente a la COVID-19, enfermedad infecciosa “que se contrae por contacto con otra persona que esté infectada por el virus” (OMS, 2020)[2]. Lo cierto es que, el letal virus está generando miles de muertes y está diezmando estados, sistemas de salud, economías; y una serie de afectaciones a la vida cotidiana de la población.

Los comportamientos sociales suelen ser pendulares se van a los extremos, se siguen las medidas a pie juntillas o no se toman las medidas. Así lo mejor es establecer una posición preventiva y prudente para evitar contagiarse. Sin bajar la guardia del cuidado. En ese vacío de información y desinformación se requieren campañas de comunicación, planes y estrategias comunicacionales de alcance nacional y local. 

En la denominada segunda ola de la pandemia, hay posiciones de escepticismo frente a los tiempos que tomarán los científicos para terminar la vacuna. Se puede identificar que las estadísticas, los encuadres alarmistas y sensacionalistas no bastan, porque lo que falta es orientación y acompañamiento con criterios comunicacionales de diferente tipo dirigidos a la población. 

Se necesita ver la comunicación no de manera instrumental ni solamente informativa, sino también desde la acción que genere cambios de actitudes y comportamientos. Aquí se evidencia la importancia que tiene la comunicación como proceso relacional, humano, ético, articulando a los otros, propiciando la participación de la ciudadanía.

Algunas propuestas comunicacionales pueden ser la difusión de microprogramas de orientación para niños, jóvenes, adultos, ancianos elaborados y adecuados de acuerdo al grupo etario y al origen cultural. Por ejemplo, a muchos niños pequeños se les dificulta usar mascarilla, ante ello se podrían producir programas y transmitir dibujos animados con personajes que utilicen mascarillas; también se pueden realizar programas sobre consultas y testimonios de la lucha contra el COVID-19, esos programas serían auspiciados por el Ministerio de Salud, las municipalidades o los gobiernos regionales. Programas en los que se podría informar sobre los lugares donde conseguir oxígeno medicinal, camas UCI, alcohol, productos de primera necesidad, horario de los bancos para cobrar los bonos solidarios, entre otros temas.  

En los programas comunicacionales y ciudadanos sobre la pandemia se deberían producir contenidos en las 51 lenguas nativas amazónicas contextualizadas a su realidad, buscando alternativas al uso del jabón, alcohol o lejía en zonas como los bosques selváticos donde esos productos escasean. En las comunidades nativas no llega a calar el mensaje “quédate en casa” porque la casa tiene una dimensión colectiva en la comunidad.

La comunicación con pertinencia ciudadana, social, política, intercultural, orientadora y de acompañamiento debería ser la comunicación que permita encontrar certezas, razones, mensajes, motivación, inspiración y respuestas contra la desinformación o las dolorosas y terribles noticias sobre las curvas estadísticas de muertos e infectados, la falta de camas en las unidades UCI y oxígeno medicinal. 

Actuar implica hacer política como postura para el bien común. Esa acción en la lucha contra el COVID-19 es una comunicación para la dignidad y el respeto de la vida. Algunas acciones políticas, por parte de los ciudadanos, para interiorizar y conocer el alcance de la comunicación en la pandemia pueden ser las siguientes:

1) Verificar la información que recibe en los celulares y Whatsapp. Una fuente seria, institucionalizada y científica no es alarmista ni sensacionalista.

2) Contrastar la información de los medios tradicionales, redes sociales, gobernantes, científicos y médicos para formar su propia opinión.

3) La información y la comunicación son realizadas por personas que pueden tener diversos fines tales como comerciales, intereses personales, proselitismo político, mentir, pero también un marcado interés de servicio; por ello hay que tener presente esta diversidad de intereses al momento de leer, ver y escuchar una noticia o información.

4) Compartir videos y mensajes por Whatsapp solo cuando se tenga la certeza de su origen, si no está seguro del origen de la información, no la comparta. Puede incluir también el mensaje ” información sin confirmar” o “fuente desconocida”.

5) Diversificar las fuentes y los medios que sigue, hoy la información es tan amplia y diversa que lo mejor es ampliar el campo de análisis informativo.

6) Varios medios tradicionales tienen una línea editorial condicionada por la publicidad, conflictos de intereses empresariales y políticos; la consecuencia de ello son encuadres noticiosos y agendas informativas poco plurales con alcances limitados a temas centrales como la democracia, la verdad y la justicia.

7) Existe una fuerte tendencia para aprovechar políticamente la pandemia, con posturas populistas y autoritarias. Ante ello será importante insistir en la lucha contra la corrupción y la promoción de valores democráticos como la justicia y la verdad.

Sin duda la comunicación al servicio de la salud, de la información, de la estabilidad emocional, de la democracia son una serie de hábitos y voluntades que se conforman y practican en el autogobierno y el ejercicio ciudadano.

Son acciones políticas en las que todos y todas debemos participar como miembros de la comunidad a la que pertenecemos. Es nuestra dimensión pública, en la que debemos estar todos inmersos para el funcionamiento del estado, de nuestros barrios y ciudades.

Parafraseando a Michel Sandel[3] “lo que el dinero no puede comprar” son los hábitos y las voluntades de las personas para seguir viviendo con salud, dignidad, igualdad y democracia. Ese es el actuar político de los ciudadanos. Si eso no ocurre, pueden aparecer en cualquier momento personas con fines subalternos que buscan alterar el estado de derecho para defender individualismos egoístas y corruptos.  

La pandemia de  la desinformación sobre la COVID-19 se combate, por parte de los ciudadanos con un actuar activo y vigilante para verificar la información y contrastarla, lo cual implica una educación para lograr hábitos en el uso de los medios de comunicación tradicionales y los medios digitales[4]. En la pandemia esta forma de proceder significa seguir actitudes y prácticas ciudadanas, como el hecho de: “Usar la mascarilla por mí bien y el de la comunidad”.

Agencias de noticias y medios alternativos ya están recurriendo al “fact-checking” o a la verificación de los hechos para contrarrestar las noticias falsas. Mientras que por parte del Estado se requiere un mayor vínculo y acercamiento con las organizaciones de la sociedad civil y el componente comunicacional público, social e intercultural.


[1] “Desinformación en tiempos de pandemia: tipología de los bulos sobre la Covid-19”, Salaverría Ramón y otros. El profesional de la información, v.29, n.3, e290315.  

[2] Organización Mundial de la Salud: “Preguntas y respuestas sobre la enfermedad por coronavirus” (COVID-19).

[3] Michael Sandel. Lo que el dinero no puede comprar: Los límites morales del mercado. Barcelona. Random House Mondadori, 2013.

[4] “Alfabetización mediática y cultura de la participación: retos de la ciudadanía digital en la sociedad de la información”, Monreal Inés María y otros.  edmetic, Revista de Educación Mediática y TIC 6 (2), 2017.

Sobre el autor o autora

Franklin Cornejo Urbina
Periodista y comunicador. Doctor en Ciencias Sociales con mención en Comunicación Social por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma). Docente de la Escuela de Periodismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

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