Las críticas a Osito Lima

Escrito por Crédito de imagen: Diario El Comercio

Las críticas que desde los sectores progresistas se han formulado en contra de Osito Lima -un tik toker peruano que ha adquirido una fama vertiginosa en estos tiempos de crisis sanitaria y económica, al llenar su cuenta de videos en los que se lo aprecia regalando dinero a personas en situación de pobreza- han sido uniformes y categóricas. Se le ha dedicado hilos de Twitter, memes, podcasts y artículos de opinión que inclusive han pretendido exponer la identidad de quien estaría detrás del personaje de la cabeza de peluche.

Nadie lo ha dicho (explícitamente), pero el trabajo de los opositores de Osito Lima apunta a que él y sus propalados actos de desprendimiento desaparezcan. Y es que se lo acusa de las acciones más detestables: de espectacularizar la pobreza, de seguir la lógica de la dádiva política y de establecer una relación de violenta jerarquía con las personas que encuentra en situación de vulnerabilidad.

En el contexto de la pandemia de la COVID-19, en el que cada vez más personas se ven sumidos en la necesidad económica y los bonos monetarios estatales no ven la hora de llegar, es legítimo preguntarnos si Osito Lima es de verdad tan nefasto como algunos apuntan.

En este texto intentaré analizar las críticas que se han formulado hacia este personaje y cuestionaré varias de ellas sin el objetivo de desacreditarlas por completo, sino para problematizar y aclarar puntos que no han sido desentrañados.

Como los realities shows

Uno de los argumentos más difundidos en contra de Osito Lima es que este usufructúa de la necesidad de las personas. Por esta práctica, se lo ha asemejado a dos realities shows bastantes populares en sus tiempos: Trampolín a la fama y Laura en América. En el caso de Trampolín, la humillación tomaba forma cuando el conocidísimo conductor Augusto Ferrando chacoteaba con el participante de turno, por ejemplo, usando frases que, de tanto repetir, terminaron por volverse clásicas, como “¿esa es tu cara o me estás fregando?”, o haciendo bailar y hacer striptease a los obesos y adultos mayores. Los maltratos que Laura Bosso hacía por televisión abierta a sus participantes, en cambio, eran un poco más sutiles, pero no menos incómodos; consistía en exponer la (supuesta) intimidad de sus participantes, que siempre evidenciaban una vida desordenada y llena de vicios.

En realidad, las políticas asistencialistas como rol complementario de una propuesta económica integral terminan siendo fundamentales, por el simple hecho de que el hambre se siente día a día. Resultan siendo contraproducentes, en cambio, cuando su existencia permite eximir a los políticos de enfrentar problemas estructurales y hace que la ciudadanía se olvide de ellos. Un ejemplo claro es Beca 18, que hace incorpora en el pequeño grupo de privilegiados de una educación “de calidad” privada a un grupo aún más pequeño de estudiantes humildes.

A pesar de ello, nunca faltaron quienes estaban dispuestos a ser parte del show. Un dato revelador: casi la totalidad de los participantes de ambos programas era pobre. La hipótesis que muchos sostienen es que estas personas aceptaban la humillación por la necesidad de obtener el premio que llegaba después.

Encajando el esquema en la práctica de Osito Lima, podemos reconocer como el “premio” al dinero que el tik toker entrega en mano a los protagonistas de sus videos. Sin embargo, para que la actuación se acople al modelo antes descrito se hace indispensable identificar si a las personas se les impone como requisito para obtener la ofrenda el aceptar un maltrato. En sus videos, Osito no pide que los beneficiarios realicen alguna acción concreta, lo que se aprecia es que les hace una pregunta que prepara el terreno del presente que otorgará (“¿cuánto ganas al día?”, “dame un número del 1 al 100”, etc.), entrega el dinero y termina pronunciando frases bastante cariñosas y repetitivas. El maltrato activo de forzar a sus participantes a realizar una acción no espontánea como intercambio, aplicado en los programas televisivos de Laura Bosso y Augusto Ferrando, no se encuentra en la práctica de Osito Lima en una primera mirada.

Sin embargo, si la acción solidaria se desarrolla tal y como se muestra en los videos, queda claro que el influencer no le pide a las personas autorización para grabar, y menos para hacer virales sus rostros después… ¿Aquí podría estar el maltrato?

Siendo conscientes de que una probable venia para ser filmados por parte de los receptores de los obsequios podría ser parte del mecanismo humillación-recompensa expuesto anteriormente, resulta pertinente responder dos interrogantes. La primera, si el hecho en sí mismo de filmar a una persona sin su consentimiento puede ser considerado no solo una molestia, sino una vejación. Y la otra, si es que más bien, la vulneración para la persona toma forma cuando se difunde su imagen recibiendo un donativo. Este último punto es justamente el que señalan los críticos de Osito, y que es rebatido por su grupo de defensores que sostiene que la filmación no desmerece la acción central en sí misma.

Lo real es que no se encuentran determinados cuáles serían los criterios concretos que permitirían calificar a la acción que realiza Osito Lima como degradante para la persona que es filmada. Si bien se da por entendido que aquello implicaría considerar que exponer la situación de pobreza que termina haciendo a una persona destinataria de esta clase de asistencia es una humillación, queda por descifrar por qué sería así.

Analizando un nivel más general, cabría preguntarnos -de la mano de las críticas- si las imágenes difundidas por Osito Lima pueden ser calificadas como pornomiseria.

 ¿Pornomiseria?

Los cineastas colombianos Luis Ospina y Carlos Mayolo acuñaron este término a finales de los setenta, en un intento por señalar la clase de cine documental que explotaba la miseria humana como herramienta narrativa y que, por esas épocas, se propagaba en su país. “La miseria se convirtió en un tema importante y, por tanto, en mercancía fácilmente vendible. Si la miseria le había servido al cine independiente como elementos de denuncia y análisis, el afán mercantilista la convirtió en válvula de escape del sistema mismo que la generó. Este afán de lucro no permitía un método que descubriera nuevas premisas para el análisis de la pobreza sino que, al contrario, creó esquemas demagógicos hasta convertirse en un género que podríamos llamar cine miserabilista o porno-miseria”, argumentan en su ensayo ¿Qué es la porno miseria?. Agarrando pueblo, la película que estrenaron en 1977, narra el modus operandi de unos documentalistas que buscan filmar desesperadamente a personas “miserables” -como niños de la calle, prostitutas e indigentes- con el fin de obtener un producto audiovisual atractivo para el mercado extranjero. De ese modo, los directores graficaron esa clase de cine que tanto rechazaban.

 Lo que Ospina y Mayolo cuestionaban principalmente del fenómeno que denominaron pornomiseria era, en primer lugar, la manipulación de la realidad para la creación de discursos narrativos que, disfrazados de denuncia social, se centraban únicamente en ser atractivos para la audiencia y también, la perspectiva individualista de los problemas sistémicos de la pobreza que este acentuaba, al existir una negación absoluta de los contextos sociales y políticos en su enfoque. Para ser clasificado como pornomiseria, resulta lógico que el contenido de Osito Lima cumpla con al menos uno de estos puntos.

Entonces, ¿Osito Lima maneja antojadizamente la realidad para la creación de contenidos mercantilizables (o viralizables) o es que esta realidad, en el contexto de la crisis, se encuentra expuesta a los ojos de quien desee verlos? Los videos del tik toker muestran cómo personas de escasos recursos económicos son sorprendidos en medio de sus actividades cotidianas por Osito -el agente externo de esa realidad mostrada- quien las intercepta para poner en marcha el protocolo que da inicio a su acto de desprendimiento. Aquí es importante anotar que esta intervención no termina vendiéndose como parte de la realidad misma, sino que más bien es anunciada (por más que en entrevistas el personaje de redes haya asegurado que “no es nada nuevo”) como un gesto extra-ordinario. Dicho esto, hay quienes podrían replicar que la manipulación se encuentra no en cada video subido en la cuenta de Osito, sino en la cuenta como producto en sí mismo, al presentar caprichosamente -al estilo de lo retratado en Agarrando pueblo- una escena de pobreza extrema tras otra que, unificadas, ofrecen una idea de realidad no acorde a lo verdaderamente existente; una Lima compuesta solo por personas sumidas en carencias extremas. Vale plantearse aquí si el objetivo de la cuenta de Osito Lima es presentar la realidad de la ciudad. Si atendemos su discurso, podemos concluir que no, y que más bien su esfuerzo va en línea de destacar el trabajo diario que algunas personas, por necesidad económica, realizaban en las calles durante la cuarentena y ahora durante la pandemia. De ahí que suela llamar “superhéroes” a los protagonistas de sus videos, lo que termina siendo, si bien no una espectacularización de la pobreza, sí una romantización de ella.

Sería válido poner en duda la honestidad de sus palabras y fines; podría ser que  el influencer no considere a los protagonistas de sus videos como superhéroes y que la motivación de sus acciones tampoco sea verdaderamente ayudar. Podría haber optado por grabar esta clase de videos sabiendo de sus altas probabilidades de viralización. Su solidaridad, en ese caso, como ya han denunciado sus detractores, sería parte de una estrategia para ganar capital social. 

 Sin embargo, una crítica de esta índole, además de estar basada en una especulación, se apoyaría en parámetros éticos bastante arbitrarios. Si lo que se reprueba es el no- puro -desinterés de un sujeto que realiza una buena acción, ¿por qué centrarse en Osito Lima y no condenar, por ejemplo, el esquema de trabajo bajo el que operan las ONG?

Apuntando a ese otro punto de la pornomiseria relacionada a la individualización, podría decirse que Osito Lima efectivamente promueve una perspectiva individualista al realizar ayuda hiperfocalizada e incentivar a hacerla también, y es justamente lo que señala gran parte de sus opositores. Nuevamente, el rechazo particular a Osito termina siendo subjetivo y, en última instancia, injusto. En este caso, la crítica no cabría únicamente a las acciones de Osito Lima, sino al concepto mismo de caridad.

Osito Lima y la política

No han faltado personas que han elevado las acciones de Osito Lima al nivel de la política. La actriz Tatiana Astengo, por ejemplo, ha asegurado que “es un político en campaña. Es un político regalando tapers”.

Igualar cualquier acto de generosidad que una persona pueda realizar -tenga intereses subalternos o no- con la práctica política de entregar dádivas a los sectores populares es errado y peligroso. Por un lado, significa desconocer los perjuicios de una práctica que tiene como trasfondo la compra de votos y el mantenimiento del status quo y, por otro, implanta un rechazo hacia las acciones solidarias de sujetos puntuales por no compartir el imaginario considerado correcto, lo que termina siendo una falta de conexión con la realidad del pueblo, a quien le resulta vital la ayuda material para satisfacer sus necesidades crónicas.

Son dos las ideas que deben ser superadas en relación a lo anterior. Primero, la creencia de que quien realiza obras de caridad lo hace para combatir la pobreza. Lo cierto es que el acto en sí no revela si la persona es o no consciente de que el problema no se resuelve de esa manera. Y después, la posición contraria a cualquier tipo de asistencialismo por considerarlo contrario a dar respuestas estructurales a los problemas. En realidad, las políticas asistencialistas como rol complementario de una propuesta económica integral terminan siendo fundamentales, por el simple hecho de que el hambre se siente día a día. Resultan siendo contraproducentes, en cambio, cuando su existencia permite eximir a los políticos de enfrentar problemas estructurales y hace que la ciudadanía se olvide de ellos. Un ejemplo claro es Beca 18, que hace incorpora en el pequeño grupo de privilegiados de una educación “de calidad” privada a un grupo aún más pequeño de estudiantes humildes. Y que además, termina siendo la excusa para que los dineros públicos para la educación vayan a universidades particulares.

¿Estamos viendo bien qué criticar?

Sobre el autor o autora

María Sosa Mendoza
Periodista. Estudió en la Universidad de Lima.

1 Comentario sobre "Las críticas a Osito Lima"

  1. Coño que mierda son uds, el tipo esta ayudando, publica videoa de buena onda para promover la buena vibra y uds lo primero que hacen es tirarlo abajo, aprendan un poco de el lpm.

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