Gonzalo Benavente: “Es importante hablar de la reforma agraria para entender al Perú de hoy”

Foto: Festival de Cine de Lima.

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ESPECIAL: REFORMA AGRARIA

Gonzalo Benavente es el director de La revolución y la tierra, el documental que solo en su primera semana en cartelera llevó al cine a más de 18000 personas y que aborda uno de los episodios más polémicos de la historia peruana: la reforma agraria emprendida por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas.

En 2016, aún como proyecto, ganó el fondo de largometrajes documentales del Ministerio de Cultura (DAFO) y el agosto pasado recibió la mención del jurado a la Mejor Película Peruana del 23 Festival de Cine de Lima. Pero su mérito más grande, como el mismo Benavente Secco resalta, fue haberse estrenado en octubre del 2019 —a 50 años de la reforma— tal como él y su equipo lo concibieron tiempo atrás.

– En otras entrevistas has dicho que este documental pretende cuestionar la historia oficial de la reforma agraria. ¿En nuestro país, existe un discurso oficial sobre esta reforma o más bien se trata de dos memorias antagónicas que Velasco Alvarado y su medida suscita en el ciudadano de a pie? Paulo Drinot grafica muy bien lo último en un artículo en el que analiza los comentarios generados a partir de tres videos de You Tube sobre Velasco. Evidencia que por un lado, a este se lo identifica negativamente, es un dictador y el causante del retraso de la economía; mientras que por otro, se lo relaciona con palabras como dignidad y soberanía…

Tienes toda la razón con esa observación. Efectivamente el tema de Velasco polariza como ningún otro en la historia del país. Más que una historia oficial, que no la hay —porque el Perú es un país con muchos vacíos de memoria, y eso afecta a nuestra historia también—, en relación al tema Velasco lo que hay son imaginarios que se construyen. Mientras unos están más presentes en la ciudad, otros predominan en el campo.

En la ciudad, por ejemplo, en el colegio uno escucha estas leyendas urbanas de que Velasco retrasó al Perú 30 años, que no dejó tocar a Santana o que acabó con el rock. Son como muletillas que aparecen, cosas con las que uno nace y que quedan allí  sin ser cuestionadas. Entonces, este documental se trató de cuestionar esas observaciones, que parecen ser mayoritarias desde nuestro sector, y que sin duda lo son en la burbuja que es la ciudad. En el resto del Perú, que es mucho más grande que Lima, el recuerdo de Velasco tiene mucho que ver con libertades y con alcanzar el estatus de ciudadano, que es algo que no existía antes. En los Andes la gente no votaba si era considerada perteneciente al sector analfabeto —analfabeto en castellano, por supuesto, y no en quechua—. Entonces, sí hay un recuerdo de mucha estima con respecto a Velasco.

Igual en el camino nos dimos cuenta de que la situación era mucho más compleja. Por las investigaciones y los libros como el de [Paulo] Drinot y Carlos Aguirre [La revolución peculiar: repensando el gobierno militar de Velasco] pensábamos que partíamos un poco de esa polarización. Sin embargo, recorriendo el Perú por tierra nos dimos cuenta de que el discurso del atraso es el que más ha calado y el que va pegando conforme pasan los años y se intenta demostrar con hechos fácticos. Esta idea de que el campesino no pudo cargar con su propia vida creo que es bastante injusta. Tanto empresarios formales o campesinos tuvieron poco éxito en sus emprendimientos en esa época, y es que el Perú afrontó una verdadera crisis en los ochenta. Pero perdura en el imaginario que los campesinos no fueron capaces de mantener las cooperativas.

– ¿Por qué consideras que el régimen de Velasco fue una revolución?

Bueno, ellos mismos se autodenominaron como Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas y sí creo que cambiaron muchas cosas. Aunque, como dicen muchos académicos, fue una revolución desde arriba, y para que las revoluciones tengan éxito deben de provenir desde abajo. Pero esto no anula su aspecto revolucionario de querer cambiar el estado de las cosas, que en parte logra en términos de ciudadanía y que el documental toca como punto central. Que después de los experimentos sociales del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas por primera vez todos los peruanos y peruanas mayores de 18 años hayan podido votar ya es un cambio absoluto que marca un antes y después en este país. Las mujeres en el país votaban desde el 50, pero solo las personas de la ciudad lo hacían antes del golpe de Velasco.

– Sin embargo, los cambios del gobierno encabezado por Velasco se pensaron como parciales. Fueron reformas que pretendían evitar el desarrollo de una revolución propiamente, como la que se veía en Cuba o Vietnam. Eso lo recoges en el documental, cuando abordas la Alianza por el Progreso de Kennedy. De allí que —contrariamente a su autodenominación— gran parte de la izquierda lo haya considerado un contrarrevolucionario.

Hablando de forma técnica, la reforma agraria es un intento por capitalizar el campo, abandonar los rezagos del feudalismo e insertarse en lo que se entendía era la modernidad. Realmente su gobierno nace como un bloque no afín al comunismo, y la izquierda lo resalta así porque en esos momentos —aún en épocas de la Guerra Fría— lo que ellos buscaban era el modelo socialista sobre el capitalista. Entendiéndose como continuidad del modelo, eso sin duda no era una revolución. Sin embargo, la autocrítica que se escucha de muchos líderes de izquierda desde el presente es que Velasco sí fue una oportunidad de generar cambios importantes en el país a nivel social y que se desperdició. Finalmente, a Velasco Alvarado no lo apoyó ni la derecha ni la izquierda, porque la derecha oligárquica lo veía como alguien que les quita sus recursos para dárselos a los campesinos, y la izquierda lo percibía como alguien que quiere que el Perú funcione en términos capitalistas. Entonces, termina en el centro y abandonado. También pasa que si bien no fue un gobierno que mataba a nadie, que sí pasaba el los gobiernos militares de Chile y Argentina, sí ocurren deportaciones a muchos periodistas de izquierda. Fue un clima más de disputa siempre.

– Además que los términos de Velasco hacia la izquierda y el comunismo siempre fueron marcadamente hostiles y despectivos. La postura del régimen fue directa, pero parece olvidada dentro de la izquierda actual que ha variado considerablemente su valoración hacia la imagen de Velasco.

En la película rescatamos unas pocas declaraciones que dió Velasco criticando a “los intelectuales de café” que decían que en el Perú no se vivía una revolución, un poco apuntando a los jóvenes de izquierda de ese momento que no lo sentían suficientemente de izquierda. Pero creo que si uno desde el presente ve lo que pasó en términos políticos y económicos, y lo que se constituyó en el Perú desde el 92 y refrendó el 93 con la Constitución de Fujimori, y ya en términos de esta república empresarial, nos damos cuenta que quizás el gobierno que más cambios sociales y democráticos dio fue el de Velasco, en contra de lo que pensó la izquierda de su momento.

Yo creo que esa lectura que se pueda dar es porque estamos a 50 años de la reforma agraria. En el momento, para muchos de los personajes era muy difícil saber cuál era su rol dentro de esta gran historia que se estaba generando. Entrevistamos a Hugo Blanco, por ejemplo, el actor  protagónico de la primera reforma agraria en el Perú, en La Convención. Él estuvo preso en El Frontón y en un momento Velasco le dice para salir de la cárcel y trabajar para la reforma agraria y él se opone. Al final igual lo saca. Pero era un momento muy politizado, en el que personas que aparentemente estarían en el mismo bando, en términos generales, no lo estaban tanto. No había consciencia de que finalmente estaban en el mismo equipo. Pasa también dentro de las mismas izquierdas ahora, por ejemplo.

Si bien estamos en posiciones políticas distintas, Morales Bermúdez fue muy cordial en recibirnos y responder a preguntas obviamente incómodas.

– Al iniciar el documental en la época de la invasión española claramente sientas posición con respecto al carácter de la reforma agraria; esta fue reivindicativa. Continúas en la misma línea mostrando las distintas luchas campesinas, plasmando la idea de un Velasco de la mano siempre de dicho sector y sus demandas, pero lo cierto es que dentro del campesinado organizado hubo toda una polémica sobre cómo tomar esta reforma. La Confederación Campesina del Perú (CCP), por ejemplo, pasó por toda una guerra interna que la dividió en distintas facciones, hasta que fue proscrita por el régimen en 1972.

Sí, incluso hay comunicados de algunas confederaciones en contra de  la reforma agraria. Son inevitables los conflictos en cada proceso histórico. Quizás es más fácil para nosotros ver el proceso 50 años después y sentar posición de eso, pero hay muchas pasiones en el momento que hace que no necesariamente entendamos hacia donde nos estamos dirigiendo. Justamente, así como comentas que iniciamos mucho antes, creo que es importante el contexto para entender la reforma agraria. Queda claro que esta es una historia bastante larga que tiene que ver con el significado de la tierra en este país, que con la invasión española pasó a ser vista como una propiedad y que  ser dueños del suelo significaba ser dueño de las vidas que la habitaban. Después, con la Independencia hay una flexibilización de adueñarse de tierras, pero tan solo para un sector criollo específicamente. Entonces, hay hitos importantes para entender a la reforma agraria en su magnitud. Entre ellos estaban la invasión española y la Independencia. De eso nos dimos cuenta en el camino: no se podría entender el significado de la reforma agraria si no contabamos su contexto.

Por otro lado, sí, planteamos de carácter reivindicativo a la reforma, pero no pretendemos decir que nuestro punto de vista es el correcto y que el otro esté equivocado y seguir en este debate absurdo y un poco ciego que podría generarse. Lo que queremos es mostrar con honestidad nuestra visión, que se relaciona más que nada en términos de ciudadanía, porque el tema económico —que también se discute en el documental— es un poco el que ha persistido para alimentar nuestro imaginario.

– Has sido criticado por presentar a un Francisco Morales Bermúdez “edulcorado”, en calidad de sucesor de Velasco y cabeza de la segunda fase del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas y sin reparar en su papel en el Plan Cóndor… 

Me parece que Mónica Delgado lo dice. Es que el tema del Plan Cóndor no está muy relacionado a la reforma agraria. Si bien estamos en posiciones políticas distintas, Morales Bermúdez fue muy cordial en recibirnos y responder a preguntas obviamente incómodas. El equipo fue claro en mostrarle nuestra visión, lo que hacemos en el documental es mostrar su versión de aquello y lo acompañamos con los comentario de otras personas críticas. En ese contexto, queda medianamente claro en la narrativa del documental que la reforma agraria y todos estos cambios que se generan en el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas de Velasco terminan con Morales Bermúdez. No hubo con él una continuidad en el tema de políticas, eso es un tema claro. En la narración que hace Morales sobre asociación y qué tanto es un golpe o una continuación, dejamos a él que diga su versión, pero queda lo suficientemente claro que sí fue un golpe. No aprovechamos para llenarlo de adjetivos, simplemente queremos que el espectador pueda ver los sucesos y sacar sus conclusiones.

– El crítico de cine Ricardo Bedoya es prácticamente el narrador de la cuestión fílmica en el trabajo, ¿cuál fue su grado de involucramiento en este? 

Es muy probable que ni él mismo sea tan consciente de cuál es su involucramiento en el documental. Lo cierto es que su obra académica fue bien importante como guía para saber cual es la totalidad de películas peruanas que han existido. Él tiene publicados muchos libros enciclopédicos en los cuales pudimos investigar mucho al respecto. Gracias a esos trabajos —que vienen desde los años 90 hasta el presente— es que descubrimos la existencia de películas que nunca antes habíamos conocido. La cifra que se maneja es que hasta el 90 o el 70 por ciento de películas peruanas que se hicieron ya no existen. El trabajo de hoy, en general, ha sido muy importante para encontrar películas, echarnos a buscar y encontrar las obras que muchas veces ni los cineastas propios tenían. El trabajo de Ricardo en estas últimas décadas ha sido el de general cuasi oficial ante la ausencia de una oficial de cine peruano, fue un poco lo que nos guió.

La suya fue una entrevista que duró prácticamente lo mismo que el de otros entrevistados —entre hora y medio y dos horas—. Pero en la edición se fue dando que iba entrando de manera muy orgánica la idea de ir insertando escenas del cine peruano. No sabíamos cuánto iba a aparecer en el metraje final de la película, pero nos dimos cuenta de que funcionaba muy bien porque nosotros también estamos realizando una película. Entonces, no solo sirve como homenaje a quienes hicieron estas imágenes antes, sino que también mostramos que son imaginarios que se construyen en una época y nuestra película, de alguna manera, también lo es. Lo que quiero decir es que no es una verdad oficial, es una voz,  una mirada que se suma y que no pretende resolver el Perú en dos horas, sino que pretende sumarse a muchas voces que ojalá vuelvas a estas épocas y repongan nuevos discursos, porque la única manera de entender al Perú es a través de la multiplicidad de voces. Al final, entonces, la parte del cine creció en la película. Nos emocionaba mucho poder incluir películas fantásticas para nosotros y que sorprendentemente no conocíamos. Yo, en particular, estudié cine en este país y no había visto mucho de estas películas, lo que habla mucho de  las tareas que tenemos que emprender los cineastas y el Estado mismo para conservar estas películas que se hacen y para difundirlas, para que las conozcamos, porque nada es más importante que conocer nuestras propias historias. Quizá es importante, para los que hacemos películas, velar por el material fílmico que se ha hecho en este país y que se sigue haciendo para que se vea y para que finalmente sirva como un documento histórico en algún momento. No sé si los que hicieron estas películas hace 50 años o más -porque tenemos películas de más de 90 años- imaginaron en algún momento que su trabajo iba a ser visto como un documento histórico, pero ante la ausencia de memoria que tenemos en este país es que se vuelven fuentes fundamentales para ver a este país. Por supuesto que debemos ver a cada una de estas piezas desde su contexto. Y es que el cine siempre es un privilegio de ciertos sectores de las ciudades pero felizmente eso está cambiando y las regiones están generando material fílmico  quizá mucho más innovador en términos cinematográficos que la ciudad. Eso no pasaba en el siglo XX, en el que existía un cine de las ciudades que podía ver lo que sucedía en los Andes y la Amazonía, muy preocupado de los cambios sociales que se están dando. Finalmente, por eso, para contar la historia del Perú del siglo XX en términos sociopolíticos nos sirvió mucho el cine porque este terminó reflejando muy bien estas disputas por la ciudadanía.

Hubo una experiencia puntual que hizo que picara el bichito de la revolución de Velasco como posible proyecto.

– Además, en el documental participan profesionales de diferentes materias en calidad de comentaristas. La especialidad de varios de ellos no necesariamente es el régimen velasquista, su aporte es más general, en cuestiones sociológicas y antropológicas. ¿Cuál fue el criterio de selección de ellos?

Después de un año y algo más de investigación tratamos de dividir una especie de estructura de cómo íbamos a contar la película, con mi guionista Grecia Barbieri. Ahí es que entendimos que debíamos contarla desde la invasión española. Pero también  nos interesaba mucho contar la historia hacia el presente, porque creo que es importante hablar de la reforma agraria para entender al Perú de hoy, y algunos temas que de alguna manera hacen eco con la reforma agraria. Nosotros pensábamos, por ejemplo, lo determinante de que en el primer gobierno de Belaúnde el Apra se tire a la derecha y se alíe con los odriístas en el Congreso para bloquear todas las reformas de Belaúnde. Si se hubiera dado una apertura democrática en ese periodo, se hubiera visto a los peruanos y peruanas de manera más inclusiva y seguramente habríamos generado ciudadanía sin tener que ver un golpe de Estado.

– Cómo la política determina nuestra realidad día a día…

Sí, y lo mismo vemos en el presente con los conflictos sociales y ambientales. Casos como el de Bagua nos dicen que pasa mucho que no les damos el carácter de ciudadanos, de iguales, a muchas personas, por más que ahora tengan derecho a votar y ese tipo de formalidades. Hay cosas que no deberían seguir sucediendo en este país, y que deberíamos solucionar en el contexto de la democracia, porque sino se tratará de solucionar por las vías de la violencia, cuando se llegue a un punto de no retorno. En ese sentido, la reforma agraria tiene un punto de conexión con el Perú actual.

Otra cosa es que la reforma agraria y lo que sucedió en esos tiempos nos ha impactado tanto y ha generado tantas nuevas situaciones que es importante mencionar la mayoría. Por eso creemos que es importante abrirnos a otros temas que no tienen que ver tanto con la tenencia de la tierra sino con el comportamiento social de los peruanos. Temas como racismo, inclusión social, diversidad,  etcétera. Nos apoyan mencionando ello Marco Avilés y Joseph Zárate, por decir dos nombres. Así es como abrimos un poco el abanico hacia el Perú de hoy. Igual, este es un documental pensado para alguien que nunca antes se ha hecho una pregunta sobre la reforma agraria. No tienen que tener nuestra misma posición o nivel de conocimiento. Quisimos generar puentes con alguien que pensara lo opuesto o que no sepa nada. Por eso tampoco llegamos a un nivel de especificidad tan alto, como  el funcionamiento de cooperativas, que es importante conocer, pero que no era nuestro centro como documental.

– ¿Esa conciencia sobre el rol determinante del gobierno encabezado por Velasco para lo que hoy en día somos como país fue la motivación que tuvo tu equipo para apostar por un documental sobre la reforma agraria, o es una conclusión a la que llegan después de todos estos años de investigación?

Fue algo que fue madurando con el tiempo. Hubo una experiencia puntual que hizo que picara el bichito de la revolución de Velasco como posible proyecto. En la última campaña electoral le hicieron una entrevista a Marisa Glave que fue muy criticada. Ella había dicho que la reforma agraria había tenido cosas positivas. Eso nos llamó la atención, porque era algo que también pensábamos pero nunca habíamos dado el esfuerzo por investigar cuales eran estas cosas positivas. Así es como surge rápidamente la idea de armar el proyecto, empezamos a investigar y salió, felizmente, un financiamiento del fondo de DAFO [Dirección Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios, del Ministerio de Cultura], ya que presentamos el proyecto y ganamos en el primer año que postulamos. Eso no me ha pasado muy seguido.

A partir de ahí me empezaron a escribir mucha gente diciendo que al fin se iba a saber la verdad. La mayor cantidad de mails que recibí tenía que ver con una valoración positiva de la reforma agraria, gente que tenía malestar por todas las pestes que se han hablado sobre Velasco en este tiempo, pero también los hubo en el sentido contrario. Con eso me di cuenta de que la reforma agraria es un tema muy importante para mucha gente. Ahí fue cuando sentimos el golpe de responsabilidad, porque las personas nos pedían estar a la altura del reto.

– En la primera presentación que tuviste del documental en el Festival de Cine de Lima dijiste que la proyección del documental era el punto final para este proyecto, ya que las ediciones podían prolongarse por siempre. ¿Tú y tu equipo quedaron satisfechos con el producto final o hay algo que claramente hubieran cambiado de haber tenido más tiempo?

En general estamos muy contentos. En honor a la verdad, seguimos editando después. Hemos cambiado algunas cosas del documental después de que se haya presentado en el Festival de Cine, sobre todo en el tema de mezclas y de posproducción, que es en lo que nos tuvimos que apurar principalmente cuando fuimos convocados para presentarla en ese espacio. Hemos corregido muchas cosas en términos sonoros y temas de edición que hacen que la película se vea mejor en un cine, pero en el término de declaraciones todo sigue siendo igual para el espectador que la vea ahora.

– Con respecto a la exhibición en salas de cine, ¿habrá pluralidad en los espacios?

Me tranquiliza saber que estará en Cineplanet del Centro, en la Plaza San Martín. La verdad  es que hemos batallado mucho para que esté en Lima Norte y Lima Sur, aunque sea en una sala de cada uno de estos sitios, porque creo que la reforma agraria puede conectar mucho más con familias que vienen de un entorno de migración, para quienes la reforma es mucho más cercana e importante que en distritos como Miraflores, que quizá no tienen tanta conexión con aquel fenómeno, pero en donde exclusivamente se suelen proyectar este tipo de películas. Nos hubiera gustado estar más presentes en otras salas, pero el cine peruano debe batallar con otros grandes productos mediáticos allí.

Sobre el autor o autora

Alan Benavides Romero
Periodista redactor y fotógrafo de derechos humanos y conflictos sociales.

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