AFP y ONP: qué hacemos con ellas

Escrito por Crédito de imagen: Andina.pe Revista Ideele N°294. Octubre 2020

Para entender la austeridad de propuestas en la industria previsional del Perú habría que hacer un ejercicio histórico, y en ello remontarnos a cómo y bajo qué hábitat nació el sistema previsional peruano sea desde el sistema nacional de pensiones [SNP] o desde el sistema privado de pensiones [SPP].

Las reformas liberales de los años 90 llevaron a reperfilar el SNP y traducir aquella redefinición en la Oficina de Normalización Previsional u ONP; un modelo de “traslado” donde la “zona de oferta” de pensiones para la población de jubilados es compensada por una “zona de demanda” de aportes desde la población de trabajadores: una alimenta [o “traslada” recursos] a la otra.

Si se rompe esta cadena es el Estado quien equilibra ambas dimensiones, es decir con el dinero de todas y todos los peruanos.

Desde el ala más mercantilista de los confusos años 90, grupos económicos y financieros locales auparon una iniciativa del modelo del SPP de Chile en concordancia con la escuela de Chicago y sus aires neoliberales.

El objetivo era formular un modelo de negocio local donde una firma gestora de activos, conocida como administradora privada de fondos de pensiones [AFP] provocara gestionar obligatoriamente carteras individuales de inversión de aportantes en nuestros frugales mercados de capitales.

La iliquidez, poca diversificación y austera profundidad del mercado o trading de acciones y bonos de la discreta bolsa local provocó que las autoridades reguladoras de estos mercados extendieran permisos para colocar los dineros de los aportantes; y las AFP empezaron a jugar en las grandes ligas: Wall Street se abrió a ellas.

Bueno, es un decir porque los assets under management [AUM] o activos bajo gestión de estas firmas gestoras –en índices como el industrial Dow Jones o S&P500 o el DAX alemán o el NIKKEI japonés o el mercado de US Treasury bonds- equivalen a un gotero esparcido en el Océano Pacífico.

Tanto las AFP como la ONP nacieron en un entorno con actores como Alberto Fujimori -hoy encarcelado por robo y asesinato- y su exministro de Economía, el fallecido Carlos Boloña Behr, un economista neoliberal acusado por la procuraduría a inicios del siglo XXI “de corrupción de funcionarios, falsedad ideológica y otros”, como indica una reseña de Perú21 en 2018.

Boloña –de acuerdo con las pesquisas de los procuradores- “autorizó un pago de US$ 15 millones en favor de Vladimiro Montesinos para que este escapara a Panamá”, añade el medio.

Objeciones a un modelo

Ese fue el “parto” de las AFP y ONP –que nacieron mal, qué duda cabe- y que tras tres décadas no sólo son cuestionadas por su desempeño “financista” sino que –a propósito de la actual pandemia por la COVID 19- son objeto de observaciones, críticas y cuestionamientos que de acuerdo con la experiencia se enfocan más en el modelo de negocio que en lo realmente clave: qué hacer con ambas.

Para David Tuesta, economista y exministro de Economía y coautor de un trabajo sobre la reforma del sistema previsional “los reclamos del público tienen un asidero real”.

“La expectativa traducida en una promesa al momento de jubilarse por parte del público, al día de hoy no se cumple”, señala Tuesta.

“Y en cuanto a la forma cómo se diseñó el sistema de pensiones hay grandes fallas: no se contempló el problema de una muestra vulnerable a riesgos de pobreza o de mercado laboral; por lo tanto no hay capacidad de ayudar a esta población”, agrega.

“Es una promesa cumplida a medias porque para un grupo sí funcionó pero para otro el beneficio pensional no se cumple”, resume el experto.

Y para mayor detalle, la explicación de Tuesta se resume en que ambos modelos no combatieron ni pobreza ni precariedad laboral; y mucho menos se preocuparon en desmantelar alrededor de cuatro quintos de informalidad laboral del mercado de trabajo en el Perú.

“Ellos [AFP] defienden su valor agregado: te doy una rentabilidad y con esto cumplo mi rol”, dice Tuesta. Lo mismo, se deduce, con la ONP.

Rol del Estado

La responsabilidad del Estado “ausente” también es evidente.

Tres décadas donde no sólo la procrastinación respecto a inversión en salud y educación se hizo –y se hace- indudable hoy con la COVID 19 que viene matando a 101 peruanos y peruanas por cada cien mil habitantes según el observatorio del Johns Hopkins Hospital; bien, tras ese descuido el SNP y el SPP tampoco provocaron mayor presión en gobiernos que miraron más a las cajas N° 2 de empresas brasileras de construcción que a un proyecto jubilatorio concreto.

Se suma a la informalidad y dejadez de esta industria y del Estado, las menesterosas iniciativas privadas desde esta agremiación –por ejemplo- en temas de educación financiera y cultura previsional y de ahorro.

Sin Fuerza

Como advierten economistas independientes, la crítica vino colgada al modelo de negocio –sobre todo de la AFP- donde esta firma gestora de activos no dio la talla con tasas muy tibias de rentabilidad con una horquilla o rango -en función al tipo de fondo- de entre 0,94% a 6,6% anuales a marzo del 2020 según la Superintendencia de Banca y Seguros y AFP [SBS].

A agosto del 2020, este deterioro mejoró tras la debacle del trading global y local de los mercados del primer trimestre del año por la COVID 19 rebotando a una horquilla de entre 2,41% a 7,29% año dice el regulador.

No obstante este avance, los AUM continúan en US$ 43 mil millones y una tasa de traslado o pensión media de alrededor de US$ 250 mensuales [SBS, marzo 2020].

Devolución versus deudas bancarias

A propósito de un proyecto del Congreso de devolver el cien por ciento de las cuentas de los aportantes de las AFP una señal que genera una suerte de “conflicto filosófico” respecto a los AUM es que –con datos de la SBS- por ejemplo, la cartera a marzo del 2020 de la banca múltiple en función a préstamos de consumo o créditos de consumo [tarjeta de crédito y crédito vehicular] así como segmento hipotecario suma US$ 29 mil millones.

Son US$ 14 mil millones menos que los AUM de las AFP. Y es dinero que podría amortizar esa deuda de familias y empresas. Para pensarlo más allá de lo demagógico que pueda sonar.

AFP y ONP: puntos de presión

La reforma integral debe ser el principal punto neurálgico. Pero una reforma donde el Estado cubra aquellos márgenes de pensiones que la AFP o la ONP no cobijan.

“Las cuentas individuales deben registrar un soporte por parte del Estado”, advierte David Tuesta para el caso de las AFP. “Y no están dirigidas a las AFP sino para aquellos [aportantes] que no ahorran lo suficiente”, añade.

Tras ello es clave también, y no sólo desde el Estado sino desde la industria misma, el reperfilamiento del rol de la AFP y ONP: unir ambas dimensiones es una posibilidad o al menos, como señalan expertos y críticos al modelo como el Nobel en Economía en 2001 Joseph Stiglitz, redefinir la responsabilidad o el ethos del SNP a través de una “ONP 2.0”.

Y donde esta deje atrás la metodología el sistema de reparto y así “se eviten las vulnerabilidades fiscales [o cargarle a los contribuyentes la bill]”, como anota Tuesta; y mute este modelo a una suerte de “AFP estatal” que pille el teléfono y dé inicio a operar en el trading global y local de los mercados financieros a través de una mesa de dinero.

Y finalmente cambios estructurales en la edad de jubilación, cambios en la obligatoriedad del aporte y en el ahorro privado, en el diseño del traslado tipo ONP o mejor aún: en su desmantelamiento; combatir –cómo no- precariedad laboral, informalidad y –sobre todo- pobreza vía una pensión ciudadana “mucho más amplía”, como advierte el exministro Tuesta.

En suma, el problema ya no es la AFP u ONP; la cuestión va más allá de ello: la reforma debe ser más profunda y el reperfilamiento debe atender un proyecto pensionario más a largo plazo.

Las AFP y la ONP no son el punto; el punto es una reforma total.

***

Al expresidente de los Estados Unidos -Franklin D. Roosvelt- se le atribuye una frase a propósito del exdictador nicaragüense Anastasio “tachito” Somoza. Roosvelt habría dicho de este “tal vez sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

De esta forma, el ex primer mandatario estadounidense justificaba la existencia de “algo” no precisamente bueno pero sí necesario “siempre y cuando sirva a sus intereses”. Esperemos que no ocurra lo mismo con la narrativa de debate respecto a ambos modelos de negocio: AFP y ONP.

Esperemos que ambas no sean “nuestras Anastasio Somoza”.

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