“La Búsqueda” en Toronto

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Hot Docs, el festival de cine documental de Toronto, arrancó este año días después del sorprendente suicidio del ex presidente Alan García Pérez, cebándose curiosamente en un par de tremebundas experiencias peruanas. Máxima,el documental dirigido por la peruana Claudia Sparrow, ofrece una versión edulcorada del vergonzoso hostigamiento experimentado por la campesina cajamarquina que supo plantar cara a las mineras Newmont y Buenaventura, impidiendo hasta la fecha la explotación aurífera en Conga. La Búsqueda, codirigido por los españoles Daniel Lagares y Mariano Agudo, intenta con menos filtros y mayor crudeza superar el legado del espeluznante conflicto armado interno que descoyuntó al país las últimas dos décadas del siglo pasado.

El documental se centra en las historias de tres protagonistas: Lurgio Gavilán Sánchez, José Carlos Agüero y Dolores Guzmán. Las tres cubren complicadas vivencias que por momentos parecen sacadas de un libro de ciencia ficción. Lurgio Gavilán Sánchez ha sido de todo: ex integrante de Sendero Luminoso, ex militar, ex franciscano y hoy antropólogo y profesor universitario. José Carlos Agüero es hijo de una pareja senderista que fue ejecutada extrajudicialmente. Dolores Guzmán es una sobreviviente de la matanza de Paccha, Chungui – el distrito ayacuchano más golpeado por la violencia de esos años. La Revista Ideele tuvo oportunidad de entrevistar a Daniel Lagares en Toronto.

La Búsqueda se empezó a fraguar a partir de un homenaje que hicieron ustedes a ANFASEP, la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú, y a Mamá Angélica, el símbolo de la búsqueda de los desaparecidos en Perú. ¿Por qué decidieron no incluirla en el documental?

En ANFASEP recibimos un buen impulso para hacer algo de mayor profundidad. Pero luego buscamos otro enfoque un poco más libre. Como españoles no teníamos la carga de vivir ni de medir tanto las palabras. Nosotros empezamos con una idea más apegada a la justicia, como procesos judiciales, y luego nos fuimos apartando de esa idea. Fue entonces que conocimos los escritos de José Carlos Agüero, que se ajustaban más a lo que nosotros estábamos buscando, que era ya no señalar al culpable, no cuestionar muchísimo el rol de víctima. Creo que por eso nosotros nos queríamos alejar un poco de ANFASEP, porque hablar de ANFASEP te llevaba a hablar primordialmente del rol de víctima de la mujer andina. Es un rol que limitamos a Dolores Guzmán, una de las protagonistas, pero queríamos complementar un poquito las cosas. Cuando dimos con los escritos de José Carlos vimos que ese era el momento de hablar sin máscaras. La primera entrevista se la sacamos a José Carlos antes de que saliera su libro Los rendidos y sentimos que ya teníamos a uno de los personajes.

¿Cuánto tiempo les tomó hacer el documental?

Primero pensamos que en un año lo podíamos tener más o menos listo, pero nos equivocamos. El proyecto al final nos ha tomado 5 años y el proyecto que hemos terminado haciendo es muy distinto del que pretendíamos hacer en un comienzo, ¿no?

¿Cuál era tu objetivo al realizar este documental? ¿Qué mensaje querían transmitir?

Era hablar del estigma, era hablar de la culpa, era hablar del perdón y de cómo sumarnos a las voces como las de José Carlos y Lurgio o a personas como Dolores que hacen todo lo posible por superar esa dolencia y tratar de vivir una vida normal. Sin olvidar, sin ocultar.

¿A quién va dirigido tu documental? ¿Quién es tu audiencia? ¿Quién es tu público?

 Bueno, yo creo que es para todos, y que hay un antimilitarismo muy claro. Partimos de ahí, del horror de la guerra, de la acción armada.

Hablemos de desafíos. ¿Qué desafíos encontraste en el camino durante el rodaje del documental?

El desafío ha sido logístico. Todo lo demás ha sido muy sencillo. Para empezar por lo fácil, hay una voluntad muy grande de hablar por parte de las víctimas y de los victimarios también. Había como un deseo de hablar y de escuchar, y yo creo que es tan delicado hablar de los años del conflicto, o como lo queramos llamar. La palabra acusaba y entonces el silencio era lo que se imponía. Cuando se hablaba la palabra era para acusar y ahora mismo la palabra no es para acusar; es para buscar la tranquilidad; es para liberar. La gente ya ha visto. La gente sabe. No necesita que le cuenten lo que ha pasado porque lo ha vivido. La palabra busca la tranquilidad; busca poder expresarse con tranquilidad. O sea la palabra tranquiliza. Acerca. No culpa. Y nosotros hemos encontrado eso en su buen momento, que luego el aparato, el Estado o la burocracia, creo que se ha asustado y ha habido un poquito de reacción, ataques al Lugar de la Memoria. Ha habido todo eso en este proceso en estos 5 años que dura la película. Hemos vivido primero un momento muy dulce en cuanto a que todo el mundo quiere conversar; todo el mundo quiere hablar y luego, como desde las instituciones gubernamentales han tratado de silenciar, ha habido censura en el LUM, un tratamiento que en Perú se llama terruquear. Pero eso no lo para nadie, porque ha habido muchísima gente que por desgracia ha vivido esos años. Así que nosotros los hemos encontrado con esa facilidad de abrirnos las puertas y de conversar con toda la naturalidad. 

La dificultad ha sido logística. Son rodajes que muchas veces están muy lejos, que nos tomaron días llegar caminando. Y luego, como es un documental que tiene que seguir unos acontecimientos, esos acontecimientos tienen que darse y esos a veces tardan. Porque una prueba de ADN puede tardar un año o un año y medio. Entonces, tenemos que esperar ese resultado para ver, para planificar qué es lo que vamos a hacer después, en función de ese resultado que se da. Si la historia continúa o tenemos que pensar en otra cosa. Esa ha sido la gran dificultad.

A eso iba. Hay una detallada escena de una exhumación de cadáveres, ¿cómo llegaste al lugar en ese oportuno momento?

Uno de los puntos donde nosotros nos apoyamos para encontrar a posibles protagonistas fue el equipo forense especializado (EFE) del ministerio público. Entonces, nosotros seguimos la labor del EFE y en una de esas exhumaciones a las que los acompañamos, pues nos encontramos con la Sra. Dolores, que era la única sobreviviente de una matanza que hubo en un lugar que se llama Paccha, Chungui. Entonces, por ahí es que llegamos a ese lugar.

Chungui es la región dentro de Ayacucho donde la espiral de violencia tuvo su más alto grado de… horror.

¿Es la hija de Dolores quien hace la exhumación?

No, no es la hija. Ella se llama Soledad. Todo el equipo forense es para sacarse el sombrero porque trabajan en unas condiciones laborales durísimas sin ningún tipo de reconocimientos, casi sin recursos y con una mística que se la han generado ellos mismos, y tienen esa cercanía. Esta película humaniza mucho al Estado. El Estado al final es un conjunto de personas trabajando en una función pública y estas personas a medida que tengan mayor o menor humanidad, pues ponen al Estado una cara o le ponen otra.

EFE tiene su sede central en el mismo Ayacucho, ¿verdad?

Ellos tienen una base en Ayacucho, y nosotros, claro, conversamos con ellos, porque nosotros teníamos muy claro que uno de los lugares con los que queríamos trabajar era Chungui, porque no se puede hablar de aquellos años sin Ayacucho. Pero no se puede hablar tampoco de Ayacucho sin Chungui.

O Chuschi.

Chuschi es donde empezó todo, pero Chungui es la región dentro de Ayacucho donde la espiral de violencia tuvo su más alto grado de… no sé ni cómo explicarte, no sé ni que palabra usar, pero digamos que Chungui fue el horror.

En cuanto a los protagonistas, ¿no tuvieron temor de ponerse en la mira del mundo?

Yo creo que no. Al contrario, al verse en la película y al ver la respuesta que está teniendo la película en Perú, les da más ganas, porque son personas muy valientes. Están muy expuestas, porque la Sra. Dolores que vive en Ate Vitarte va a arriesgarse a ir al sitio a remover tantas cosas y a que le digan cosas. Arriesgarse a encontrarse con quienes mataron a la gente, a eso hay que echarle valor. A Lurgio en cualquier momento le pueden pedir cuentas. Y a José Carlos le han llovido palos por todos lados porque la culpa se hereda, ¿no? Se dice que no, pero sí. Pero todos se han mantenido firmes. No se han achicado. Han seguido conversando. Lurgio está viajando a todos lados para hablar de su libro, igual que José Carlos. Lurgio primero es Senderista, luego es militar, luego es franciscano y luego se sale y ahora es antropólogo y profesor en la Universidad de Huamanaga. Tiene dificultades, claro, porque él habla muy claro todo lo que puede. Tiene esa voluntad de hablar y no le dan mucho espacio dando clases. Ahora está que escribe libros y además es un referente como José Carlos. Se les busca siempre para conversar. José Carlos, después de su libro Los rendidos ocupa la mayor parte de su tiempo atendiendo a gente que lo busca para contarle su historia, porque es un movimiento y todas esas cosas, con sus experiencias, escribe otro libro que se llama Persona – por el que le dan el Premio Nacional de Literatura. Es muy fuerte también. Entonces, un movimiento así no se viene abajo fácilmente.

¿Los familiares de los protagonistas no tuvieron temor de ser señalados?

Cada uno de los protagonistas ha tenido que conversar con sus familiares para salir en la película porque al final uno se expone pero uno al final también tiene familia, pero todos han accedido. Todos los familiares han accedido. Nosotros nos sumamos a un movimiento grande que es de hablar. Creo que hay una necesidad. Hace unos años esto era impensable. Hace 10 o 15 años era impensable hablar de estas cosas. Ahora no, ahora empieza. Mira, cuando lo presentamos en Chungui, también lo presentamos en Huamanga, en el Teatro de Huamanga. Y el Teatro de Huamanga estaba lleno, a reventar. Y no estaba ni una sola cara de las que esperábamos ver. No estaban las mamás de ANFASEP, por ejemplo, pero estaba todo aquello lleno de gente joven y todas caras nuevas. Hay una sed por consumir este tipo de películas que ayudan a pensar y a repensarse, porque yo creo que nuestra película a diferencia de otras películas, no ayuda a entender lo que pasó. Ayuda a entender lo que nos está pasando. Esto nos está pasando y a las conclusiones llegará cada quien. Es eso: es la culpa, el estigma, el perdón. Es decir cuesta entender que la guerra tarda mucho en terminarse. La guerra no se acaba cuando se dispara la última bala o cuando se dice “Ya se terminó la guerra.” ¡No! La guerra tarda mucho en terminar, o quizá no termine nunca, porque quien haya vivido eso como gestor o como actor, pasivo o activo, eso no se lo quita de la cabeza nunca. Hay un problema de salud mental fuertísimo en las comunidades y en el país. Entonces va a aprender a darle vueltas a la cabeza, a convivir con ese horror que se ha visto; es tarea de todos y se empieza por conversar. Ahora, si no te dejan conversar o te dicen que lo que pasó fue esto otro, entonces, a mí ya no me cuentes lo que pasó porque yo ya lo vi. Yo quiero poder hablar sin que eso signifique necesariamente que yo quiera acusar. Ese es otro proceso.

¿Cómo reaccionaron los protagonistas al ver el documental?

Todos reaccionaron de manera muy positiva, porque de alguna manera el rodaje les ha sentado muy bien. Quiero mencionarte una cosa que ha pasado en cada una de las proyecciones que se han tenido hasta ahora, pero la más llamativa de todas fue una privada en el Lugar de la Memoria antes del estreno en el Festival de Lima. Allí había más o menos unas 80-90 personas, periodistas, personas de derechos humanos, gente de la política. Al terminar el documental, el protocolo era que saliera el productor de Perú, nos presentaba a los directores, y después tomábamos un café para conversar. Al final del documental, empieza la música, suben los créditos, se acaban los créditos, se pone la pantalla en negro y ahí no se movía nadie. O sea, no es una película para aplaudir, pero hubo un silencio que era también corporal. Es decir, nadie se movía. Por cierto, el productor no se atrevió a romper ese silencio y tuvimos que hablar nosotros. Y ese silencio ha pasado en cada una de las proyecciones. Yo creo que eso habla muy bien de la película. Eso habla de que la película tiene llegada y yo creo que es útil. ¿A qué se debe el silencio? Ya cada quien tiene su explicación. Yo tengo la mía, y es que la película no pone fácil hablar con discursos trillados. Aquí no se trata de ver quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Esto no va de eso. Va de dolor y de cómo lo superamos.

Sobre el autor o autora

Alan Benavides Romero
Periodista redactor y fotógrafo de derechos humanos y conflictos sociales.

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