“Si solo nunca hubiera escrito esto”

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“En Daraa, una ciudad en Siria, fronteriza con Jordania, a 3000 kilómetros aéreos de Alemania, un joven, cuyo nombre es Mouawiya Syasneh, prende la cámara de su celular, para que uno lo pueda ver al otro lado de la conexión; el levanta su mano derecha, hace seña y pregunta: “¿me pueden ver?”

La imagen de la cámara susurra y baila al ritmo de sus pasos, no obstante, se le puede divisar bien. Se mueve a través de un paisaje de ruinas, bajo un sol inclemente, ninguna otra persona se deja ver. Todo está tranquilo, solo los pájaros cantan, una mañana en abril, el día 2601 de la guerra. En el Norte de Daraa las tropas de Baschar al – Assad se acercan con lanzamisiles, en el Este  los bomberos suicidas del “Estado Islámico” se auto-dinamitan, en el Oeste tanques cierran las últimas salidas para huír, y Mouawiya Syasneh, nacido 20 años antes en el sur de Daraa y ahora cautivo en los muros de la ciudad, dice frente a la cámara: “Jalla, vengan. Les muestro, donde ha empezado todo”.

Así empieza un reportaje publicado en el semanario alemán “Der Spiegel” el 22 de junio del 2018.

El reportaje cuenta de manera brillante la historia de Mouawiya Syanesh quien  siete años atrás, entonces todavía un niño, había dibujado un grafiti en contra del dictador Assad en un muro de su ciudad.  Los grafitis suscitaron una represión de parte del gobierno, una protesta masiva de los padres de familia, que es considerado un hito que marca un inicio de la guerra civil de Siria. Siete años después,  Mouawiya Syanesh militaba en las fuerzas rebeldes en contra de  Assad en su ciudad que ha devenido en una ruina. El reportero, así dice, ya no podía viajar a Daraas, pero se comunicaba con Mouawiya via whatsapp. Es decir, todo el reportaje se basaba en conversaciones y filmaciones por whatsapp desde una ciudad sitiada por la guerra civil siria.

El reportaje ganó el “Premio Alemán de Reportajes”, uno de los premios más importantes del gremio. El reportero era ya toda una estrella dentro del periodismo alemán: Claas Relotius, a pesar de sus recién 35 años, ya había ganado por cuarta vez el prestigioso premio, y era parte del staff del prestigioso semanario “Der Spiegel”. Cada joven periodista alemán aspiraba escribir como Relotius.

El título del reportaje en alemán era “Por Dios, nunca hubiera debido escribir esto. El muchacho con él que inició la guerra de Siria”, haciendo eco de una frase, que supuestamente dijo el muchacho sirio, arrepintiéndose de haber dibujado el grafiti siete años antes.

Hoy en día, el mismo reportero, Claas Relotius, se lo debe haber dicho a si mismo varias veces. Porque su reportaje, como unos 60 reportajes más, publicados en los medios más importantes de Alemania y Suiza, eran en partes más o menos grandes – inventadas.

El mismo Spiegel hizo público el fraude que había cometido en diciembre  del 2018, y desde entonces no ha cesado el debate en cualquier gremio periodístico alemán.

El caso trae varias lecciones interesantes no solo para los medios alemanes, sino para los periodistas en cualquier país:

¿Por qué falló el fact-checking?

El Spiegel es el medio alemán con el departamento de fact-checking más grande; unas 60 personas trabajan en este área y verifican si los sitios mencionados están donde el periodista afirma, si los hechos históricos coinciden, si de verdad existe el tren que el día X salió del lugar XY, o si los componentes del mencionado fármaco corresponden a la realidad. Lo que los documentalistas del departamento no chequearon: si el reportero había realmente ido a hablar con sus fuentes o si las fuentes habían realmente dicho lo citado en el reportaje. La relación entre el reportero y sus fuentes se consideraba un asunto de confianza, algo casi sagrado, y probablemente se le confiaba aún más a una pluma que había recibido muchos premios como fue el caso de Claas Relotius.  Y si el reportero dijo que solo él podía conocer los datos de sus fuentes, para no exponerlos a riesgos, simplemente se le creía.  Entonces lo que se solía hacer como fact-checking en Alemania era un asunto paradójico: una comprobación minuciosa de ciertos datos, pero ninguna verificación de las fuentes personales de un reportero.

 Cómo y quién lo descubrió

En medio del escándalo, el Spiegel tuvo la suerte de que alguien dentro sus propias filas descubrió el fraude. Fue Juan Moreno, un experimentado reportero del Spiegel, pero que no había ganado premios o que destacaba por su pluma de oro.  Trabajaba en uno de los medios más importantes de Alemania, pero seguía como reportero “free-lance”, sin contrato fijo como él que tenía Relotius.  En 2018 el Spiegel le envió a una misión conjunta con Claas Relotius: mientras que Juan Moreno iba a México a acompañar una caravana de migrantes centroamericanos hacia la frontera estadunidense, Relotius acompañaba una milicia paramilitar estadunidense del otro lado de la frontera, que tenía como objetivo parar migrantes ilegales.  Los dos periodistas no se encontraban para esta misión, sino cada uno elaboraba su texto que después el editor en Hamburgo lo iba a unificar. El reportaje salió publicado el  16 de noviembre del 2018 bajo el título de “La frontera del cazador” y la bajada era :” La hondureña Aleyda camina a través de México para huir a los  Estados unidos. El americano Cazador está a la espera, junto con ciudadanos armados, para impedirlo.  Para ambos no hay marcha atrás”.

En el artículo no hay fotos del miliciano, dizque no se deja fotografiar y solo quiso aparecer con su seudónimo “Cazador”.  Juan Moreno, al leer el texto editado, tuvo varias dudas, encontró puntos que no cuadraban. Entre otras, el tan llamado “Cazador” era el protagonista de un documental que había sido nominado a un Oscar, donde apareció con el nombre completo. Sin embargo, cuando Moreno se acercó a sus jefes del Spiegel para plantearles sus dudas, estos no le hicieron caso. “¿Cómo Relotius? ” le decían. Más allá de una pluma de oro, también tenía la imagen de un hombre modesto, amable, siempre dispuesto a apoyar.  Nadie le creía a Moreno.

Entonces, Moreno aprovechó otro viaje de trabajo que lo llevaba a Las Vegas para ir por su cuenta a la frontera y buscar el protagonista del reportaje. Era fácil encontrarlo.  Solo le dijo “la entrevista cuesta 200 dólares”. Cuando Moreno le mostró una foto de Relotius, y cuando le dijo que se trataba de un periodista del Spiegel, el “Cazador” se acordó: “Si, me escribió un correo, pero nunca vino”.

Con estas pruebas, de vuelta en Alemania, Juan Moreno pudo convencer a sus jefes del Spiegel de pedir explicaciones a Relotius, que después de varias horas admitió haber inventado partes de sus historias.

Claas Relotius, después de que el Spiegel hizo público el fraude, desapareció de la escena pública, y nunca declaró a los medios. Todo lo que sabemos de sus motivos es a través del Spiegel. Según ellos, Relotius   había inventado primero pequeños detalles, y al ver que nadie reparaba en ello, los detalles inventados se hicieron cada vez más grandes, hasta inventar a protagonistas. 

Contar lo que confirma los prejuicios de la audiencia

La mayoría de sus reportajes tuvieron como escenarios lugares remotos, lugares en guerra, lugares muy lejos de Alemania o Europa.  Así fue también la historia “En una pequeña ciudad” que apareció en marzo del 2017 en el Spiegel. En esta crónica Relotius retrataba la vida en una pequeña ciudad de Minnesota, Fergus Falls, una de tantas ciudades que había votado por Donald Trump en las elecciones estadunidenses. Fueron los editores del Spiegel quienes enviaron a Relotius  por cuatro semanas a este pueblo para hacer entender mejor a los lectores alemanes quienes eran las personas que votaban por Trump.  Relotius inicia su crónica relatando un letrero  en la entrada a Fergus Falls que dice “Mexicanos fuera” .  En total, toda la historia retrataba algunos protagonistas que confirmaban los estereotipos que muchos alemanes tenían de unos “americanos ingenuos,  simples, conservadores” que votan por Trump.

Hace 10 años esta crónica no hubiera hecho ningún escándalo, simplemente porque ningún habitante de Fergus Falls habría leído el Spiegel impreso con el reportaje escrito en alemán.  Pero en el tiempo del internet y de traductor google, ya nada queda cubierto. Dos habitantes de Fergus Falls, Michele Anderson and Jake Krohn, pasaron el texto del Spiegel por el traductor google y se quedaron estupefactos por lo que leían. Aún más cuando lo hicieron traducir por un traductor profesional. El texto de Relotius mentía sobre la vida de los protagonistas, presentándolos más “tontos” o “simplones” de lo que son.  Era una crónica que complacía los prejuicios de los lectores alemanes, pero no solo por su tono, sino con detalles inventados – como el imaginado letrero “Mexicanos fuera” que nunca había existido –  difamaba a toda una ciudad.  Anderson y Krohn mandaron un twitter al Spiegel con sus descubrimientos, pero nunca tuvieron una respuesta. Recién descubierto el fraude de Relotius, El Spiegel envió a otro reportero a rectificar la historia sobre Fergus Falls y disculparse con los habitantes de la ciudad y las personas mal retratadas.

Anderson y Krohn publicaron luego  en un blog,  como hicieron el fact-checking (https://medium.com/@micheleanderson/der-spiegel-journalist-messed-with-t…).

El story-telling bajo sospecha

El escándalo más grande de los medios alemanes – después de los supuestos diarios de Hitler que resultaron falsos – aún está bajo investigación. Una comisión interna del Spiegel está investigando y va a presentar recomendaciones para mejorar los procesos. Sin embargo, poco después de saberse el fraude de Relotius, muchos periodistas, comunicadores, académicos dieron su opinión y juicio sobre el asunto. Sin duda, el fact-checking en los medios alemanes, o por lo menos en el Spiegel, no ha sido el mejor. Ya se prevé que en el futuro los medios alemanes pedirán a sus periodistas y colaboradores datos, teléfonos de sus fuentes y hasta informes de como hicieron la investigación. Esto ya es una práctica general en los medios de Estados Unidos, pero en Alemania aún no se hacía. El fact-checking debe comprender también llamar a las fuentes para verificar lo supuestamente dicho por ellos.

Segundo, la mezcla entre verdad y mentira de Relotius se nutría de dos cosas: tener a la disposición todas las redes sociales , facebook, youtube, instagram, twitter etc, y con esto un acervo interminable de informaciones no verificables. Y por otro lado, contar que los protagonistas de unas historias que tenían como escenario un lugar remoto de Alemania, no iban a leer nunca lo que Relotius había inventado sobre ellos.  Significa que las redes sociales dificultan y a la vez ayudan con el fact-checking hoy en día. Saber discernir lo uno del otro debería ser materia de enseñanza del periodismo hoy en día.

Relotius era lo que en América Latina llamaríamos un periodista – cronista. Trabajaba sus textos con métodos literarios que no distinguen entre ficción y no – ficción.  El método del “story-telling” ha cobrado mucha importancia en los últimos años en los medios alemanes.  Al contario de un informe con datos bien investigados pero a secas, una crónica quiere demostrar una verdad más grande contando la historia de una persona concreta en un lugar concreto.  Los editores del Spiegel habían hecho del story-telling una marca de casa, hasta que la excelencia narrativa se convirtió en sinónimo de ¿excelencia periodística? Esa por lo menos es la pregunta , y no pocos piden ahora volver a  informes periodísticos más sobrios. ¿Dónde empieza la mentira? ¿Recién cuando invento el  detalle de un protagonista o también cuando describo una escena a raíz de un testimonio de una fuente, a pesar de que como periodista no la he presenciado? 

 El motivo

Claas Relotius, después de que el Spiegel hizo público el fraude, desapareció de la escena pública, y nunca declaró a los medios. Todo lo que sabemos de sus motivos es a través del Spiegel. Según ellos, Relotius   había inventado primero pequeños detalles, y al ver que nadie reparaba en ello, los detalles inventados se hicieron cada vez más grandes, hasta inventar a protagonistas. Sobre todo, cuando una historia no funcionaba como se esperaba. El hecho de haber tenido tanto éxito con sus crónicas, le habría causado cierta presión, de que cada historia tenía que superar la anterior.  Sus últimas palabras, antes de desaparecer de la esfera pública, habría sido: “Estoy enfermo, necesito ayuda”.

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