Trabajo infantil: las peores de las peores formas

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Diariamente en el Perú  50,000 niños chancan minerales, los ciernen y los seleccionan manualmente. Los niños “topo” cavan huecos profundos en los cerros, ingresan y extraen la piedra pómez. Los niños picapedreros extraen rocones de los cerros y los trituran. Alrededor de 100,000 niñas trabajan 14 horas diarias como empleadas domésticas y unas 10,000 niñas y adolescentes son explotadas sexualmente. Todas éstas son labores denigrantes, riesgosas, esclavizantes, realizadas a la vista y paciencia de todos.

Según el experto en temas de infancia, Walter Alarcón, uno de cada tres niños en el Perú trabaja. Algunas de estas actividades son lícitas y otras no. “Es un número muy elevado y hay que comenzar por algún lado. Por eso yo sostengo que se debe empezar por los niños que están sufriendo las peores formas de trabajo. Otro criterio es que se debe comenzar por los más pequeños: por los niños que tienen cinco o seis años de edad”, manifiesta.

¿Cuáles son las peores formas de trabajo infantil en el Perú? La minería que los pone en permanente contacto con sustancias tóxicas o sustancias químicas, el reciclaje de basura, el trabajo de cargador y carretillero, así como los horarios nocturnos y las jornadas extensas.

En Lima hay un importante número de menores que fabrican ladrillos. Remueven la tierra y echan el barro mojado en las gaveas. Trituran, ciernen, mezclan la arcilla. Hacen bolas, las arruman, las colocan en los moldes, desmoldan. Estos niños son peones que están presentes en todo el extenuante proceso que termina cuando salen por miles los ladrillos compactos. Ayudan a sus familiares y a cambio reciben su plato de comida y su propina.

No importa que luego de este diario trajín terminen con infecciones bronquiales y daños en la piel, con dolores de riñones y de cintura, o que sufran deformaciones de huesos y músculos, además de mil lesiones. Saciar el hambre diario es lo primero. Jonás, un niño de once años, relata: “Salgo a trabajar a las seis de la mañana, a las 12 descanso para almorzar y luego vuelvo al trabajo hasta las seis de la tarde. Hay niños menores que yo, como de ocho años, que no tienen padre y tienen que trabajar para aliviar a sus mamás”.

¿Trata o no trata?

 No todo el trabajo infantil o trabajo peligroso se puede calificar como trata de personas. “Para que sea considerado como trata debe haber captación, transporte, traslado, retención y recepción de personas. Además, el tratante debe haber utilizado algún medio como la coacción, el engaño, el abuso de vulnerabilidad de la víctima, entre otros. En el caso de las personas menores de edad, los medios son irrelevantes en el proceso penal. Asimismo, para que se configure el delito de trata debe haber siempre un fin de explotación  que puede concretarse o no”, sostiene Karina Jensen, experta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). “Asimismo, basta que el tratante haya realizado una de las acciones que anteriormente he señalado para que se tipifique como trata”, concluye.

Para normar la trata existen herramientas legales. En el Perú hace años que ha sido aprobada la Ley 28950. Estamos ante el delito que conlleva las penas más fuertes: entre ocho a quince años, y  20 años de cárcel si la víctima es menor de edad.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

De conformidad con derecho penal peruano, la explotación sexual, el trabajo forzoso, esclavitud y la mendicidad  son unos de los  fines de explotación de la trata de personas, pero también pueden configurarse como un tipo penal diferente. Este punto de convergencia hace que estos delitos se confundan y por ende confundan a los operadores de justicia que deben decretar las sentencias condenatorias cuando las víctimas recurren al sistema judicial en busca de justicia. Karina Jensen precisa: “Los tratantes siempre tienen la finalidad de explotar a sus víctimas, aunque no se concrete la explotación. Cuando la explotación se concreta y los hechos también se enmarcan en otro tipo penal independiente podríamos  estar ante un concurso de delitos. Por ejemplo, en el Código Penal se establece que el delito de trabajo forzoso se concreta cuando una persona somete u obliga a otra persona a través de cualquier medio en contra de su voluntad a realizar un trabajo o prestar un servicio, sea retribuido o no”.

La especialista expresa que hay que continuar capacitando y especializando a los policías, fiscales y jueces para que haya una correcta interpretación de la legislación nacional e internacional y evitar la confusión de los tipos penales. Añade: “Pese a lo que algunos operadores de justicia piensan, aun si la víctima no se reconoce como tal por el abuso de vulnerabilidad y los efectos del trauma,  a explotación existe y el delito cometido por el tratante ha sido consumado.

Jensen manifiesta no hay un solo perfil de víctima. Aunque las estimaciones mundiales, muestran  una tendencia a que más niñas y mujeres sean víctimas de explotación sexual y más niños y hombres sean víctimas de explotación laboral, es importante no estereotiparlos. “Se cree que la víctima siempre va a estar encadenada o privada de libertad, pero esto es un mito. Ésta no es comúnmente la víctima de trata; la coacción no es sólo física. Aun si la víctima no tiene restricción física de movimiento o no se considere víctima por su situación de vulnerabilidad, eso no significa que su situación no sea de explotación y que no haya sido captada, trasladada, transportada, acogida, recibida o retenida con el fin de explotarla”, concluye.

Servidumbre con mandil

Yoselyn: “Trabajo desde los siete años. Ahora tengo 14 y trabajo con mi tía cuidando a sus hijos, limpiando y lavando. No me paga sino que me compra ropa.

Vanessa: “Trabajo desde los nueve años. Ayudaba a mi madrina a lavar, cocinar. Ella me gritaba”.

Mayra: “Trabajo desde los siete años en la casa de mi vecina cuidando a su hijita. Ella me da una propina semanal de 15 soles”.

Karina Jensen precisa que el padrinazgo está socialmente aceptado en el país, y que algunos casos de trata pueden configurarse en el marco de esta figura, debido a la normalización de la explotación. En el padrinazgo se promete que los niños y niñas recibirán educación y un futuro mejor, y en muchos casos estos niños terminan en contextos de explotación.

A nivel internacional se está produciendo una tendencia decreciente del trabajo infantil y la erradicación definitiva de sus peores e intolerables formas. El Perú ha suscrito el Convenio 138 que fija la edad mínima para el trabajo infantil y el Convenio 182, que llama a la acción para que los Estados terminen con las peores formas del trabajo infantil, incluidos la trata de niños, niñas y adolescentes. Asimismo, ha suscrito los Convenios No. 29 y No.105 de la OIT que hacen un llamado a erradicar el trabajo forzoso, y por último hay que tener en cuenta el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas especialmente mujeres y niños que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Transnacional.

Pese al número de instrumentos internacionales ratificados, las políticas que se han diseñado no se cumplen. Una prueba es que en los asentamientos humanos ubicados en los cerros que rodean la ciudad de Lima, los niños siguen reciclando las botellas de plástico en medio de la basura.

El Convenio 182 exige también que el país firmante elabore la lista de trabajos peligrosos que deben ser eliminados. La lista existe, pero la situación de riesgo se perpetúa.

Humillación con rouge

“El hijo del patrón me violó y por eso decidí hacer esto. Tengo que ayudar a mis hermanitos, necesito trabajo”, relata una adolescente cusqueña. En el Cusco se calcula que más de 400 menores de edad están siendo explotadas sexualmente. Ahí se han generado seis modalidades, entre ellas, la del turismo sexual y la de las “jaladoras” que son contratadas en las chicherías y picanterías de la periferia de la ciudad para atraer clientes a los locales.

Hay niñas que trabajan para unas mafias que las trasladan a Lima desde las ciudades del interior. Hay organizaciones que ofrecen niñas a clientes especiales. En Cajamarca, Trujillo y Chimbote hay redes que captan a las niñas para que ejerzan la prostitución. El turismo sexual en el Cusco se ejerce a través de los “contactos” que trabajan en los hoteles y que establecen la relación con los turistas que llegan para ese fin.

Las jóvenes que son explotadas sexualmente ganan de acuerdo al número de clientes. El proxeneta suele dejarles dinero para que cubran sus necesidades básicas.

¿Cómo hacer para que la ratificación de convenios, las metas y las políticas de los sucesivos gobiernos no se queden en declaraciones para tranquilizar conciencias? Según Alarcón, se puede reducir el trabajo infantil pese a ser un país desarrollado. Lo lograron México y Brasil en la década del 2000, al reducir los índices de pobreza, cuando implementaron programas de transferencias de ingresos parecidos a “Juntos” No bastaron las leyes de prohibición ni la universalización de la educación, sino que fue necesario mejorar la vida de la gente.

“Por ejemplo, el PETI era un programa brasilero por el que el Estado les daba a las madres de más bajos recursos un ingreso mensual a cambio de que se comprometan a que sus hijos no trabajen. Y había una supervisión de la propia comunidad para asegurar que eso ocurriera. En algo parecido se debe pensar: programas de transferencia de ingresos, o programas dirigidos a bolsones de niños inmersos en las peores formas de trabajo”, señala el especialista.

Todo es mejor que la indiferencia, la vista gorda, el silencio. El país tiene que liberarse de una vez por todas de esta vergüenza de alto calibre.

Sobre el autor o autora

Alan Benavides Romero
Periodista redactor y fotógrafo de derechos humanos y conflictos sociales.

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