La lucha contra la obesidad infantil. ¿Qué hacer después de los octógonos?

Foto: Ministerio de Salud

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En nuestro país, 1 de cada 4 niños y niñas, entre los cinco y nueve años, presenta más adiposidad y grasa excesiva corporal que la que corresponde a su crecimiento y desarrollo. Lo mismo sucede con nuestra población adolescente, entre los diez y diecinueve años de edad, en donde también cerca de la cuarta parte presenta sobrepeso u obesidad.

De acuerdo a reportes de la Organización de las Naciones Unidas F.A.O., a nivel de Sudamérica, Perú resulto ser el país donde más se incrementó los problemas de peso en infantes.

Ante tal panorama, el de una emergente epidemia por una malnutrición debido al exceso de calorías vacías, es necesario conocer lineamientos y medidas de prevención oportunas y eficientes, las cuales permitan elaborar estrategias de nutrición y salud pública que aseguren que la población infantil de hoy llegue mañana a la adultez con una adecuada calidad de vida y sin riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles ligadas al exceso de peso (tal como la diabetes mellitus tipo 2, las dislipidemias, colesterol, triglicéridos, problemas de articulaciones, asma, hipertensión arterial, el síndrome metabólico, la resistencia a la insulina, entre otros). ¿Cuánto le cuesta al Ministerio de Economía financiar a su par de Salud el tratamiento de enfermedades que se pudieron prevenir durante la niñez?

¿Cuál es el costo social de esta problemática? ¿Cuánto se ha evaluado la salud mental de aquellas niñas y niños que son víctimas de bullying, discriminación o hasta ofensas y maltratos a causa de un inadecuado estado nutricional de sobrepeso y obesidad que perdura incluso en la adultez?

Muchos son los autores que refieren que el tema de autoestima, ansiedad y episodios de depresión -a causa de esta condición y problemática- repercute en la vida académica y disminuye el rendimiento escolar en niñas y niños por igual.

Propiciar actividad física es un reto ante el apego de los menores a los videojuegos, televisión y computadora. Hay personas que ven más la pantalla de su celular que a sus propios hijos. ¿Cuándo fue la última vez que usted salió con su menor hija/o a recrearse al aire libre? ¿Cuál es el recuerdo que atesorarán? ¿Ya corrieron juntos una minimaratón o es que dejaron de jugar ese partido o set hace mucho tiempo? Lo que hagamos ahora repercutirá en la salud física y mental de ambos por los siguientes años.

Prevenir enfermedades mediante la promoción de estilos de vida saludables es una idea audaz, pero permitirá evitar tratar a adultos enfermos por el sobrepeso en el futuro.

Fue trascendental que el Estado peruano -tras un amplio debate y lobbies frustrados por parte de la industria y el sector privado- lograra salvaguardar los intereses que defendían la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales, el Colegio de Nutricionistas del Perú, el Ministerio de Salud y los referidos por la misma Organización Mundial de la Salud, y que, tras años de espera, se lograra encaminar la aprobación la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes, el cual supervisa y  restringe la publicidad infantil que incentive el consumo de alimentos y bebidas no alcohólicas con grasas trans, con alto contenido de azúcar, de sodio y de grasas saturadas. Esta medida busca reducir estas enfermedades no transmisibles que son vinculadas con el sobrepeso y la obesidad.

Sin embargo, es necesario un compromiso político verdadero e íntegro con la sociedad para prevenir y disminuir los índices de obesidad en el país. La aprobación del Manual de Advertencias Publicitarias, en el marco de lo establecido en la Ley Nº 30021, es un gran paso hacia una adecuada regulación de la publicidad dirigida a niñas y niños en diferentes medios escritos, radiales y televisados. Pero, ¿qué más sigue ahora? ¿Qué otras políticas pueden implementarse para prevenir y disminuir los índices de obesidad en el país?

Ser peruano, el compartir en familia, realmente no está definido por consumir once cucharitas de azúcar en una gaseosa amarilla o color cola.

Como Gobierno y Estado, una de las propuestas más importantes implica la inserción y articulación con el Ministerio de Educación: incluir en el currículo un curso de alimentación saludable en los colegios de educación inicial, primaria y/o secundaria. De manera similar, destinar las horas que merece el curso de Educación Física y en el horario adecuado. Así también, disminuir en los programas sociales, la dotación de productos con alto contenido de azúcares simples y refinados; el impuesto de los peruanos no puede destinarse a refinanciar la industria del azúcar. Aún no se ha evaluado el impacto que habría si el Estado promocionara alimentos en vez de productos: ¿Qué generará más impacto económico, mayor PBI: hacer un comercial que promueva el consumo de pescado, o seguir con publicidades de gaseosas en gaseosas? ¿Qué incentivará un mayor consumo e involucrará el desarrollo económico de más familias? Tenemos además una deuda con el agro, a tal punto que estamos importando la quinua de España y dejamos de consumir nuestro producto bandera en el mercado local.

Como Industria, llegó la hora de reformular nuestros productos. Es necesario incluir a nutricionistas dentro de las empresas, no para respaldar descaradamente las formulaciones, que hoy en día nos damos cuenta que están llenas de octágonos, sino para que profesionales en el área den su punto de vista sobre qué debería consumir la población. Una población saludable vive más años, y por lo tanto adquiere productos alimenticios por más años. No es ahorrar 10 pesetas a costa de la salud de las personas. Bebidas de desayuno que dicen tener nutrientes, pero que están compuestas en su mayor parte por azúcares simples. Estamos pagando por azúcar enfrascada. ¿Dónde está la nutrición allí? Y vaya que pagamos un precio alto por tan poco beneficio.

Así también, es necesario regular la idoneidad de la publicidad de alimentos no saludables. A veces las niñas y niños son manipulados por tandas comerciales muy subliminales, diciéndoles que si realmente son peruanos deben tener esta gaseosa, todos los domingos, en su mesa. Ser peruano, el compartir en familia, realmente no está definido por consumir once cucharitas de azúcar en una gaseosa amarilla o color cola; ser peruano debe implicar, en estos tiempos, compartir en familia refrescos valorados nutricionalmente como el de maíz morado, de carambola, de maracuyá, de camu camu, entre otros, que se consumen a lo largo de nuestro territorio y que realmente hacen patria. Casos como la leche que no era leche de la empresa Gloria nos hacen pensar en todo el poder que tiene la empresa para vendernos gato por liebre, y vaya que pagaremos en las futuras generaciones, y con IGV incluido, todos los atropellos a nuestra niñez.

Como sociedad debemos entender que no se trata de ir contra la industria. Todo lo contrario, queremos una industria más afín al siglo XXI, más afín a toda la tecnología e información que es accesible. El cáncer se ha convertido, en nuestro país, la principal causa de muerte, ni qué decir de la diabetes. Cuántos familiares están ausentes por algo que con alimentación pudo en cierto grado prevenirse.

Como individuos debemos tratar de no ofrecer productos cuestionados a nuestras hijas/os, dejar de comer para empezar a alimentarnos y nutrirnos. Como pares debemos empezar el camino a fortalecer nuestra educación nutricional. ¿Quién decide qué enviar a nuestras hijas e hijos? ¿Quién finalmente compra la comida? ¿Quién decide? ¿O es la publicidad la que decide las loncheras escolares y lo que hoy cenarás con tu familia?

(Revista Ideele N°286. Julio 2019).

Sobre el autor o autora

Alan Benavides Romero
Periodista redactor y fotógrafo de derechos humanos y conflictos sociales.

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