El futuro MUNA: Concibiendo el museo nacional como un derecho cultural

Escrito por Revista Ideele N°294. Octubre 2020

En este ensayo pregunto: ¿Debe el futuro MUNA, el nuevo Museo Nacional del Perú, ser concebido como un derecho cultural? Mi respuesta es un inequívoco sí: porque el museo nacional, a diferencia de museos locales, regionales, y museos privados, tiene como objetivo ser una institución “paraguas” en las que todos los sectores de la población de todas las regiones del país tienen el derecho a ser representadas y tienen el derecho de observarse entre ellas; este museo sería un mosaico de la sociedad nacional del pasado, del presente, del futuro, de la costa, de la sierra y selva y para usar un término familiar, de los cuatro suyos de Perú. Es necesario entonces precisarlo: el carácter de derecho cultural del museo nacional reside en que es representativo, retrospectivo, inclusivo, argumentativo, contemplativo pero a la vez visionario, y con una mirada global observando el mundo ancho y ajeno en el que languidece el patrimonio exiliado peruano. No es fácil que un museo nacional cumpla con todos estos criterios, sobre todo porque nunca se ha intentado crear el museo, por ejemplo, que proponga al visitante escenarios para el futuro, o que se ocupe de objetos que no se pueden presentar en vivo. Pero vale la pena intentarlo.

Es esencial que el guion del nuevo museo nacional se esmere en ejecutar algunos de estos conceptos que le dan su carácter, siendo el ser representativo la piedra de toque de su dimensión nacional que reconozca la compleja diversidad de nuestras poblaciones. Una exhibición dedicada solamente a la cultura material prehispánica crea un mar de lagunas que no son propias de un museo nacional. Una exhibición inaugural para conmemorar el bicentenario de la independencia necesita hurgar en la diversidad artística, histórica, natural del país, y resaltar eventos y temas que han marcado la historia de Perú [1].

El escenario museográfico actual en Lima es un archipiélago: la fauna se visita en el Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; para saber de etnografía amazónica se tiene el Museo Nacional de la Cultura Peruana; para saber de numismática, se va al Museo Central (ex-Museo del BCR); para conocer nuestra historia de la independencia tenemos un ala del actual museo nacional en Pueblo Libre; para nuestra historia muy reciente tenemos el excelente Lugar de la Memoria, dominando la bahía de Lima. Para saber de historia colonial estamos perdidos (los museos con arte de ese periodo no explican minería, mitayos, idolatrías, ¡Túpac Amaru!), la guerra del Pacifico estará en un museo naval, asumo, y un sitio que nos cuente las andanzas del siglo XX no existe. No se pretende que todos estos ejes temáticos estén yuxtapuestos en el nuevo museo nacional, pero sí que sus exhibiciones entrelacen los elementos que cada uno de estos museos. Es una tarea tan compleja como el mensaje de un museo nacional.

En ese sentido arguyo que el actual Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia (MNAAH) ubicado en Pueblo Libre no cumple los criterios que propongo para el futuro museo nacional del Perú. Ciertamente, en un museo nacional de un país con una larguísima trayectoria de vida social y una amplísima diversidad geográfica, esta observación recíproca de nuestras poblaciones se hace a través de los siglos y de sus diversas regiones. En este museo hoy predominan los objetos ordenados de manera cronológica: se es bienvenido con una punta de flecha y se es despedido con un aríbalo. A lo largo de esta secuencia de trece mil años hay objetos extraordinarios como la estela Raimondi de la temprana sociedad de Chavín y los mantos de las momias funerarias de Paracas. Pero durante la visita no se explica bien la secuencia cíclica de grandes imperios y sociedades regionales, de los problemas climáticos durante estos tiempos, de las tecnologías y rituales de estas sociedades. Por ejemplo, es esencial que el visitante no sólo sepa que los Incas no formaron el único imperio nativo en los Andes, sino que experimenten cómo se organiza y qué significa una sociedad imperial en los Andes.

Parte de la estrategia de saturar la visita de Machu Picchu (y poner el sitio en riesgo) es fomentar la construcción del aeropuerto de Chinchero, proyecto que generará profundos cambios en la región: la destrucción del paisaje de la pampa de Chinchero y de la estructura social del pueblo; la sobrepoblación del valle de Urubamba; e imprevisibles cambios en la economía de la ciudad de Cusco: muchos turistas ya no necesitaran pernoctar en la ciudad pues Machu Picchu está en dirección opuesta y más cerca del aeropuerto.

La deseada observación recíproca de nuestras poblaciones, mirarse los unos a los otros, se sustenta en varios elementos. Primero, en la importancia del origen de los objetos “dejados por el tiempo” que es habitual exhibir dentro de un museo. En el actual museo nacional los objetos se obtuvieron en su mayoría de forma ilegal (saqueo) y no científica. Muchos objetos excavados con métodos científicos en el temprano siglo XX fueron enviados a universidades y museos extranjeros. De esas remesas de patrimonio exiliado, sólo los hallazgos de Machu Picchu de 1913 han sido repatriados. Es esencial que el museo nacional exhiba esta vez, en mayor proporción, objetos excavados por los arqueólogos en los últimos cincuenta años, reflejando la importante labor de la profesión en la mayoría de rincones del Perú. Una procedencia documentada del patrimonio exhibido es precisamente la riqueza de los nuevos museos de Lambayeque y La Libertad inaugurados en los últimos treinta años [2].

Segundo, en el marco del nuevo museo se debe confrontar la situación actual del patrimonio monumental. Es necesario presentar el estado de aquel patrimonio puesto en valor y que es posible visitar (una muy baja proporción del número de sitios arqueológicos en el país) y del patrimonio que se lee en las noticias cuando es destruido, saqueado y derrumbado, como el caso de los edificios prehispánicos e históricos que se encuentran en zonas urbanas y en expansión (sea minera, agrícola o residencial). Lógicamente, este patrimonio monumental no es exhibido en el actual MNAAAH. En Perú no hay tradición de trasladar monumentos de su sitio original al museo (como medida para su conservación en los mejores casos, o como botines imperialistas en los peores). Esta fue la esencia de la exhibición, en forma de réplicas a tamaño natural, del difunto Museo de la Nación (creado en 1988). Este museo fue un avance importante en la museología peruana, que luego fue seguido por la creación de los importantes museos de la costa norte, quienes por la calidad de la museografía como por los objetos de entierros hallados por arqueólogos, se convirtieron en los mejores museos del mundo exhibiendo la cultura material de las sociedades Moche y Sicán. Desde 1987, cuando se desaloja por la fuerza a los saqueadores en Sipán y se inicia su investigación arqueológica, Perú ha logrado poseer los mejores ejemplos del arte y tecnología material de sus antepasados andinos; antes de 1987 era el arte exiliado del Perú exhibido en museos extranjeros que representaban sus mejores ejemplos.

Se debe subrayar que el conjunto de los museos de la costa norte son visitados sobre todo por turistas nacionales (un promedio de 90% en el último lustro) [3]. Esto es insólito y un reflejo de lo difícil de promover la llamada “Ruta Moche” al turista extranjero. Pero ello se debe a la estrategia de mercado de las entidades de promoción del turismo: han apostado por el mercado Cusco/Machu Picchu, visitado en su mayoría por turistas internacionales (un promedio de 70% de los visitantes). Parte de la estrategia de saturar la visita de Machu Picchu (y poner el sitio en riesgo) es fomentar la construcción del aeropuerto de Chinchero, proyecto que generará profundos cambios en la región: la destrucción del paisaje de la pampa de Chinchero y de la estructura social del pueblo; la sobrepoblación del valle de Urubamba; e imprevisibles cambios en la economía de la ciudad de Cusco: muchos turistas ya no necesitaran pernoctar en la ciudad pues Machu Picchu está en dirección opuesta y más cerca del aeropuerto.

Finalmente, un museo nacional no debería limitarse a presentar el pasado, sino esbozar problemas actuales y futuros. Por ejemplo, considerando las diversas estrategias que las poblaciones nativas a los Andes ejecutaron para dominar una naturaleza muy difícil y considerando que las décadas futuras harán que esa explotación de la tierra sea aún más complicada con los cambios en el clima del futuro, este museo tiene la obligación de proponer escenarios de cómo ayudaría la experiencia de las sociedades nativas a superar este problema. En los años setenta, Erickson, Kendall y otros [4] se dedicaron al estudio de cochas y camellones en las orillas del Lago Titicaca y de los andenes y canales en el Cusco.

Como iniciadores de una arqueología experimental en los Andes, entendiendo y reproduciendo tecnologías antiguas en desuso, esperaban que la producción agrícola de estas regiones se revitalizara con su puesta en valor. Sin embargo, no se supo integrar su capacidad productiva, y sobre todo las estructuras sociales necesarias para su uso, en la surgente economía de mercado. Herrera [5] ha vuelto a enfatizar lo relevante de reconocer las ventajas de las tecnologías antiguas y, ahora, cuando las economías sostenibles están de moda, casi por necesidad, reintroducirlas a las escalas de comunidad como funcionaban de manera más eficiente. Es curioso que el país esté siempre dispuesto a celebrar las proezas, por ejemplo, de la refacción anual del puente de Queshuachaca, sin comprender que esa tarea reúne el trabajo de varias comunidades donde persisten los conceptos organizativos andinos, y que esas mismas comunidades el mes siguiente puedan estar enfrentándose en batallas rituales ligadas a la fertilidad de la tierra. Dos de las consecuencias importantes del cambio climático son la acelerada desglaciación de los nevados tropicales de los Andes, es decir un aumento del flujo de aguas, y los descubrimientos de momias rituales Inca con la desaparición del hielo. Es imprescindible que las consecuencias ecológicas y culturales de ambos fenómenos, la delicada estructura social de las poblaciones andinas y la desglaciación, sean claramente explicadas como eventos actuales y de mucha secuela y que ello pueda ser hecho bajo la carpa del museo nacional.

En el año 2016 se comenzó a construir el casco del nuevo museo nacional. La ubicación de la  construcción suscitó innumerables comentarios, así como sus finanzas [6]. Pero poco se habló de la concepción de su contenido, en una época en que la idea de un “discurso” nacional es caduca, negativa y poco productiva, mientras que realzar la diversidad cultural de la nación en es más ameno de ser inclusivo y representativo. Para lograr esa amplia representación en el nuevo museo nacional los temas tratados deberían reflejar los retos y desafíos que se presentan a la nación entera, en todos sus sectores económicos y todos sus orígenes geográficos, para el tercer siglo de vida independiente, el sexto siglo de vida mestiza, y el quinto milenio de la existencia de sociedades complejas en los Andes Centrales, desde su incepción en los oasis fluviales de los desiertos de la costa norte del Perú.

¿Es el museo nacional un vehículo para afirmar el derecho, léase la existencia, cultural de las poblaciones de la nación? Esta interrogante será respondida una vez el museo sea inaugurado. Solo entonces podremos observar si los temas ofrecidos hacen de él una institución “paraguas” que represente la diversidad de grupos humanos y de regiones de Perú. Pero esperar a ello para determinar este fundamental carácter del museo nacional es un traspié. Es imprescindible que los creadores del guion puedan alimentarse de ideas públicas y externas. El equipo responsable debe saber del profundo beneficio e importancia (y de la grandísima inversión pública) de este museo, pero el secretismo público en torno a esta conceptualización preocupa al medio especializado.

El nuevo museo nacional está dominado en el espacio por el sitio arqueológico más importante de Perú, el milenario santuario de Pachacamac. Esta relación espacial hará posible crear nudos conectores, quipus como se dice, entre el presente y el pasado monumental de las sociedades andinas de todos los tiempos y el futuro. El hecho, a su vez, que el museo domine visualmente el océano Pacifico (o viceversa) debe ser fuente del tema de la fundamental importancia del mar, sus recursos y su naturaleza a lo largo de la historia, desde las anchovetas y yuyos secos de Caral y las demás ciudades de la costa hasta la industrialización pesquera, pasando, por supuesto, por el oro blanco del guano producido por los millones de aves en las islas, que generaron tanto conflicto en el siglo XIX. El Perú de hoy es heredero de una larga y extraordinaria historia creada por poblaciones enérgicas y creativas que dominaron paisajes ricos pero agrestes. Así, los visitantes del nuevo museo nacional percibirán que tienen derecho a la introspección de esta larga historia, que tienen derecho a confrontar los tantos tiempos, los diversos temas y las tantas gentes de este inmenso territorio, y, sobretodo, tienen el derecho de sentirse actores esenciales de la fascinante aventura que hoy llamamos Perú.


Notas

[1] En 2017-18 Finlandia conmemoró el centenario de su independencia con una exhibición temporal exhibiendo facetas de su historia: el racismo contra las poblaciones Sami (los lapones); la riqueza de su música rock dura; las campañas contra la deficiencia de vitamina D;   y como no, el fenómeno Nokia, entre otros. https://www.kansallismuseo.fi/en/exhibitions/suomen-tarina

[2] Museo Tumbas Reales de Sipán, Museo de Sitio Huaca Rajada – Sipán, Museo Nacional Sicán, el remodelado Museo Arqueológico Nacional Brüning, Museo de Sitio Huaca Chotuna-Chornancap, Museo de Sitio de Túcume, Museo de la Señora de Cao y el Museo Huacas de Moche.

[3] http://datosturismo.mincetur.gob.pe/appdatosTurismo/Content2.html

[4] Erickson, Clark L. (2000) “The Lake Titicaca Basin: A Pre-Columbian built landscape.” En D. Lentz (Ed.), Imperfect balance: Landscape transformations in the Precolumbian Americas. New York: Columbia University Press. https://core.ac.uk/download/pdf/76392515.pdf

Kendall, Ann y Abelardo Rodríguez (2009), “Desarrollo y Perspectivas de los Sistemas de Andenería de los Andes Centrales del Perú”. Cusco y Lima: Travaux de l’IFEA. Institut français d’études andines, y Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas. https://books.openedition.org/ifea/6110

[5] Herrera, Alexander (2011) “La recuperación de tecnologías indígenas: arqueología, tecnologías y desarrollo en los Andes.” Bogotá y Lima: Universidad de los Andes, Instituto de Estudios Peruanos, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y PUNKU Centro de Investigación Andina.

[6] “Se inicia construcción del MUNA”,  https://www.gob.pe/institucion/cultura/noticias/48807-se-inicia-construccion-del-muna;  Lizarzaburu, Javier. “Por qué defiendo el MUNA”, https://limamilenaria.blogspot.com/2016/10/por-que-defiendo-el-muna.html?m=1;  
Higueras, Alvaro (2017) “The Making of a New National Museum in Peru”. En American Anthropologist 119, 136- https://www.academia.edu/31706676/;
Asurza Matos, Celeste (2018) “El nuevo museo nacional (MUNA): crónica de irregularidades” Lima: Revista IDEELE 285. https://revistaideele.com/ideele/content/el-nuevo-museo-nacional-muna-cr%C3%B3nica-de-irregularidades.

Sobre el autor o autora

Alan Benavides Romero
Periodista redactor y fotógrafo de derechos humanos y conflictos sociales.

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