Examen Virtual en la Universidad San Marcos: El baile de los que sobran

Créditos: Agencia Andina

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¡Hey!, conozco los cuentos

Sobre el futuro

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Fue más seguro

Jorge Gonzalez, Los Prisioneros

Todo parece consumado. Tras una tensa espera, la Universidad entregó este miércoles 7 de octubre los resultados del Examen Virtual y proclamó a los nuevos ingresantes, algunos de los cuales pretende incorporar inmediatamente en este segundo semestre de clases. Pese a las protestas, las citaciones al Congreso y las múltiples denuncias recibidas, las autoridades de San Marcos seguramente se sienten victoriosas. Pero no parecen reparar en el costo de su “victoria”: más de 15 mil postulantes han quedado fuera por no tener acceso a Internet y han visto frustrado sus sueños de un mejor futuro. Por ahora.

Para los lectores que necesitan más contexto, esto es lo que ha sucedido: El 2 y 3 de octubre de 2020, la Universidad San Marcos llevó a cabo su Examen de Admisión 2020-II de manera virtual, el que inicialmente debía realizarse en marzo pero tuvo que ser suspendido debido a los primeros brotes de COVID-19 en el país. Dicha suspensión, que pasó de temporal a indefinida, es donde comienza esta historia. Junto con la prueba, la Universidad suspendió también todas sus actividades. Ese mismo fin de semana, el Presidente salió en televisión nacional y anunció el inicio del Estado de Emergencia, lo que implicó el cierre de las fronteras y la paralización de todas las actividades no esenciales.

Los primeros meses fueron de incertidumbre para todos. Sin embargo, conforme pasó el tiempo y la situación se fue deteriorando, las autoridades de San Marcos se quedaron sin opciones. Ante la perspectiva de dar por perdido el primer semestre, tomaron la misma decisión que la mayoría de universidades privadas y algunas públicas. A mediados de mayo decidieron la reanudación de actividades a través de los medios digitales. Bajo la misma lógica decidieron también que el suspendido Examen de Admisión siga el mismo rumbo, pero antes de llegar allí pasaron varias cosas.

La decisión de tener un examen virtual en lugar de uno presencial se tomó a finales de agosto, pese a la fuerte oposición del sector estudiantil. Desde junio, ya se venían presentado diferentes reclamos sobre las clases en línea. ¿El problema? Los postulantes no contaban con equipos adecuados o buena conexión a Internet para seguir sus estudios por este medio. Los reclamos no carecían de fundamento. Según el Ministerio de Educación, la deserción universitaria se ha disparado: 174 mil han abandonado sus estudios en lo que va del año (6% por encima del promedio de 2019), siendo algunas de las razones la falta de recursos económicos, el deterioro de su salud o la de sus familiares y la escasa conectividad.

Ha habido improvisación, ha habido indolencia, pero sobre todo ha habido discriminación. Al final del día quienes han perdido no son los detractores de este tipo de pruebas sino los alumnos que por el COVID-19 y la brecha digital, ahora deben esperar hasta el siguiente año para poder tentar una vacante, posiblemente con el doble de competencia y la mitad de las oportunidades de ingresar. 

En el Perú la desigualdad tecnológica tiene nombre propio: brecha digital. En enero, Hiperderecho publicó el primer reporte sobre brecha digital de género en el Perú, que recoge las cifras oficiales del Estado. Solo 48.7% de la población accede a Internet de banda ancha.[1] Como ocurre con otras brechas, la brecha digital es la viva imagen de esa realidad que el discurso del crecimiento económico prefiere ocultar. Los menos conectados son, en este orden; las personas que viven fuera de Lima, que además viven en el campo, que son pobres y han nacido mujeres. Ellas y ellos, casi la mitad del país, son el atraso.

Por supuesto, en el ámbito de la educación superior existen ciertas particularidades. Aunque las personas con estudios superiores suelen tener mejores condiciones de acceso a Internet, esto no quiere decir que todos tengan capacidad para dar el salto tecnológico necesario para asistir a clases virtuales. Por ejemplo, solo 35% de hogares en el país cuenta con una computadora. En Lima, este porcentaje alcanza el 54% de hogares, mientras que solo es de 41% en otros entornos urbanos del país. En entornos rurales, apenas alcanza el 5,5%.[2] La realidad es que la mayoría de peruanos se conecta a través de dispositivos móviles y su conexión suele ser suficiente para navegar por Internet y leer texto, pero no para soportar streaming de video, menos si además deben interactuar durante las clases.

Decíamos que ante la disyuntiva de seguir en el limbo o continuar las clases en línea, las instituciones educativas no tenían ante sí una decisión fácil. San Marcos, igual que muchas otras, tomó su decisión y hasta cierto punto se hizo cargo del precio: Entregó tablets y financió conexión a Internet para un grupo de estudiantes. Sin embargo, hasta ese momento ninguna otra universidad pública se había planteado realizar sus pruebas de admisión en el mismo formato. La razón es muy sencilla: Desplegar tecnología que permita que 30 mil personas se conecten al mismo tiempo a una misma plataforma y controlar que ninguno de ellos cometa fraude requiere de una logística enorme y de mucha preparación. Hay muchas cosas que pueden salir mal, en la parte técnica, pero sobre todo en la humana. Teniendo o no eso en mente, en julio la Universidad anunció la realización de dos simulacros virtuales. Los requisitos básicos para participar de estos eran contar con una computadora o laptop con micrófono y cámara (no tablets, no teléfonos móviles) y conexión a Internet de banda ancha.

Varios días después de los simulacros, las autoridades de San Marcos presentaron los resultados, asegurando que estos fueron un “éxito”. Algunos de los datos ofrecidos fueron los siguientes: Del universo total de casi 30 mil postulantes inscritos en marzo, solo 14,453 lograron participar de estas pruebas. De dicho número, 12 mil rindieron el examen desde Lima y apenas 2 mil y tantos desde otros departamentos. En cuanto a su procedencia, los postulantes de colegios particulares sumaban 8853, frente a 5600 de los públicos. Un dato importante es que 1500 desafortunados tuvieron problemas de conectividad y energía eléctrica durante la prueba (posiblemente perdiéndola). De todos los que no tuvieron problemas y llegaron hasta el final, un poco más de la mitad obtuvo puntaje suficiente para alcanzar una vacante. Si estas cifras son el éxito, no imaginamos cómo sería el fracaso.

Mientras todo esto ocurría, un grupo muy activo de postulantes autodenominado Coordinadora de Postulantes del Examen de Admisión UNMSM 2020-II venía siguiendo los incidentes relacionados a la prueba. Al inicio habían comenzado protestando por la falta de noticias sobre su posible reprogramación. Luego se habían sumado a los reclamos de los estudiantes por las clases virtuales. Los resultados de los simulacros virtuales terminaron por convencerlos de que, pese a los problemas detectados, la Universidad posiblemente insistiría con una solución virtual. No se equivocaron. El 27 de agosto, en medio de un accidentado Consejo Universitario, el rector Orestes Cachay anunció la realización del Examen Virtual para el 2 y 3 de octubre.

La Universidad San Marcos es una institución muy antigua, incluso más que nuestra República. Durante su existencia ha visto pasar todo tipo de calamidades; guerras, ruina económica, terrorismo. La pandemia de COVID-19 que vivimos es solo un momento más dentro de esa historia y cuando todo eso pase la Universidad seguirá allí. Teniendo eso en mente, se esperaría que quienes dirigen San Marcos no tomen decisiones a la ligera y piensen más allá de sus necesidades inmediatas. Sin embargo, todo apunta a que el Examen Virtual es el producto final de una cadena de decisiones improvisadas, cada cual más dañina que la anterior, siendo los postulantes con menos recursos los más perjudicados. Esto resulta aún más cuestionable teniendo en cuenta que estamos hablando de una universidad pública, la más grande del país, que ha decidido en contra de los valores de inclusión y humanismo de los que se suele jactarse. ¿De qué otra manera se puede juzgar a una Universidad que ha decidido cerrarle la puerta en la cara a más de 15 mil estudiantes que, en medio de la crisis más terrible de este siglo, todavía veían en el proceso de admisión una esperanza?  

Desde Hiperderecho seguimos de cerca la decisión de San Marcos de realizar clases y pruebas virtuales. Principalmente porque considerábamos sumamente cuestionable que una universidad pública utilice un mecanismo que discrimina a un gran sector de la población afectada por la brecha digital, que se ha agudizado aún más a partir de la pandemia. No obstante, casi al mismo tiempo que la Universidad anunció el Examen Virtual, señaló también que para evitar el fraude, se iba a utilizar tecnología de reconocimiento facial e inteligencia artificial. Ambas palabras evocan tecnología avanzada, pero también pueden servir para describir cosas nada complejas como cámaras de alta resolución y algoritmos que hacen sumas y restas. Lamentablemente el Estado no tiene la mejor reputación en la implementación de soluciones tecnológicas. Hace muy poco, un grupo de delincuentes quebró fácilmente las medidas de seguridad del sitio web del Bono Universal y se estima que consiguió apoderarse de casi un millón de soles.

Gracias al apoyo de la Coordinadora de Postulantes, tuvimos acceso a varios de los documentos que la Universidad facilitó a los postulantes del Examen Virtual. Nuestro objetivo era averiguar de qué se trataban esas soluciones tecnológicas. Con un poco de paciencia y no poco esfuerzo, terminamos por descubrir que ambas tecnologías venían en un solo software: SMOWL. Pese a su importancia para la realización de la prueba, los documentos entregados por la Universidad no decían mucho sobre SMOWL, salvo que los postulantes tenían que descargarlo en sus computadoras y otorgarle permisos para acceder a sus cámaras y micrófonos.

Buscando en Internet, es posible encontrar la página web de SMOWL que es una tecnología desarrollada por Smowltech, una startup española fundada a finales de 2012, que provee soluciones de e-proctoring. La forma en que SMOWL realiza el “reconocimiento facial” y emplea “inteligencia artificial” es interesante. En un video de Youtube explican que al tener acceso a la cámara, SMOWL toma una fotografía del rostro del estudiante con el fin de contrastar luego dicha imagen con el rostro de la persona que se sienta frente a la computadora y dice ser el estudiante, impidiendo así la suplantación. Pero además de ello, SMOWL también se mantiene activa mientras el alumno rinde una prueba y emplea tanto la cámara como el micrófono para detectar acciones “sospechosas” como que aparezca alguien más frente a la cámara, se oigan ruidos o el alumno ingrese a otras páginas web durante la prueba. Cuando se produce una acción de este tipo, SMOWL graba pequeños videos que almacena para que luego sean revisados por un humano.

No hace falta mucha imaginación para encontrar múltiples formas de vulnerar dicho sistema, algunas de ellas no muy complejas como que el suplantador se registre desde el primer reconocimiento de SMOWL, que se coloque otro monitor detrás de la computadora para transmitir las respuestas, tener un teléfono móvil a la mano fuera del campo de visión de la cámara, entre otros. Que a los postulantes les hicieran ingresar en una llamada grupal con examinadores el día del Examen no resuelve en nada estos problemas. Durante todo septiembre, las autoridades de San Marcos defendieron la infalibilidad de este sistema y su argumento frente a la brecha digital fue que buscaban favorecer al menos a cierto grupo de postulantes que sí tenían condiciones para dar la prueba. Los demás, los desconectados, tenían que esperar.

Los argumentos que empleó San Marcos con SMOWL son lo que se conoce como el mal del “solucionismo tecnológico”; es decir, la creencia errónea de que añadir tecnología a un proceso o a una solución les otorgan automáticamente mayor valor (en este caso, mayor seguridad). Aunque la empresa Smowltech es muy clara acerca de cómo funciona su producto y qué se espera de él, la Universidad no reveló hasta ahora si tomó medidas de contingencia adicionales ni tampoco dijo bajo qué criterios decidió o no anularle el examen a un postulante al que el software le detectó conductas sospechosas o que no logró identificar mediante el reconocimiento facial. Tal vez una forma en que esta información sería más accesible es si San Marcos cumpliera con la normativa de protección de datos personales. Pero durante nuestro trabajo de investigación, descubrimos que la Universidad jamás se ha molestado siquiera en registrar una base de datos, tal como manda la ley vigente, menos en hacer disponibles canales para que los postulantes puedan conocer de qué manera se ha tratado su información personal (lo que sería un medio idóneo para revelar alguna injusticia cometida en su contra). Por estos motivos, Hiperderecho denunció a la Universidad ante la Autoridad de Protección de Datos Personales, que en su momento tendrá que decidir si San Marcos actuó o no conforme a ley.

Si hasta este momento el lector no está convencido, lo invitamos a que consulte el rosario de denuncias que los postulantes han presentado a diferentes autoridades, entre ellas el Congreso, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Educación. También puede buscar en redes sociales el hashtag #EstafaVirtualUNMSM para conocer las denuncias de plagio y suplantación realizadas durante la prueba del día 2 y 3 de octubre. Tal como comentábamos, ni el sistema SMOWL ni mantener una videollamada activa durante el Examen Virtual eran suficientes para evitar la avalancha de posibles fraudes. Ha habido improvisación, ha habido indolencia, pero sobre todo ha habido discriminación. Al final del día quienes han perdido no son los detractores de este tipo de pruebas sino los alumnos que por el COVID-19 y la brecha digital, ahora deben esperar hasta el siguiente año para poder tentar una vacante, posiblemente con el doble de competencia y la mitad de las oportunidades de ingresar. Que se unan al baile, de los que sobran. 


[1] Algunos meses después de la publicación de nuestro reporte, el INEI actualizó las cifras para 2018, en donde señala que la cifra total se ha incrementado hasta alcanzar el 52.2% Enlace: http://m.inei.gob.pe/estadisticas/indice-tematico/population-access-to-internet/

[2] INEI: Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Enlace: https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/01-informe-tecnico-n02_tecnologias-de-informacion-ene-feb-mar2018.pdf

Sobre el autor o autora

Carlos Guerrero
Director de políticas públicas de Hiperderecho.

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