Louise Glück sobre las copas inmensas de los arces

Escrito por Revista Ideele N°294. Octubre 2020

Abro esa puerta entreabierta, con la facilidad que significa abrir una puerta a medias. Ingreso de golpe. Esa puerta es Lamium, un poema de Louise Glück, premio Nobel de Literatura 2020: “Así se vive cuando tienes un corazón helado/ Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,/ bajo las copas inmensas de los arces”. Acaso un elogio a las sombras, pienso.

Avanzo en el territorio del poema, traducido por el poeta peruano Eduardo Chirinos y que aparece en el libro El iris salvaje (1992), ganador del premio Pulitzer de Poesía en 1993. Me he dejado engañar por la simplicidad con la que entré en él. “El sol apenas me alcanza./ A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos./ Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo./ Siento su brillo entre las hojas, vacilante,/ como quien golpea un vaso con una cuchara de metal”. Yo soy ese vaso, pero los versos de Glück no son una cuchara de metal, tampoco un cuchillo X-Acto, el mismo que inventó su padre.

Louise Glück no se entiende con el lenguaje de los cuchillos, sino con el de las ganzúas, me digo. Y en seguida recuerdo las palabras que la Academia Sueca utilizó al distinguirla con el máximo reconocimiento para una escritora: “por su inconfundible voz poética, que, con una belleza austera, convierte en universal la existencia individual”.

“He tenido tantas críticas terribles y condescendientes o esas malditas con elogios débiles”, responde Glück en una entrevista pasada cuando le preguntan qué se siente ser aclamada y despertar interés en muchos lectores. Vuelvo a la “belleza austera” y no se me ocurre situar estas palabras en otro lugar que no sea el del elogio débil y mezquino.

“Enseño y escribo poesía”, dice Glück cuando se presenta. Quizá la austeridad de Glück se podría entender desde su renuencia a los elogios y las exaltaciones. “No todos necesitan de la luz/ en igual medida:/ Algunos/ creamos nuestra propia luz: una hoja plateada/ como un sendero que nadie puede recorrer”, leo. Un verso luminoso, no porque despide luz, sino claridad.

Demasiada luz parece empobrecer a la poeta de Firstborn (1968), su primer libro, que hace poco recomendó no leer. “Sugeriría que no lean mi primer libro. Me gusta más mi trabajo reciente. Diría que Averno sería un punto de partida, o mi último libro, Faithful and Virtuous Night”.

Glück suele pasar largos periodos sin escribir, pero ha encontrado en la docencia el combustible que la hace volver a la hoja en blanco. Estamos, también, frente a una poeta que no busca ser alguien fácil de entender y agradar. Hay resistencia en sus versos y en su forma de ver la vida. Glück se resiste, incluso, a las consecuencias del premio: “Me preocupa la preservación de la vida diaria, de las personas que amo”.

Lírica, libre de pretensiones, inspirada en su vida, sí, pero no confesional. La poesía de Glück rechaza la autoridad, habla de la decepción, la traición y los asuntos familiares. Pero al mismo tiempo, es desoladora, incisiva y apasionada, como el último verso de Lamium: “Pero esto ya lo sabes./ Tú y aquellos que piensan/ que viven por la verdad, y en consecuencia,/ aman todo lo que es frío”.

La puerta se ha cerrado conmigo adentro. Internarse en los poemas de Glück no es difícil, lo difícil es no querer salirse de ellos por un buen tiempo.

Sobre el autor o autora

Juliane Ángeles
Periodista. Egresada de la Maestría en Escritura Creativa por la UNMSM y bachiller en Ciencias de la Comunicación por la USMP. Más de ocho años de experiencia en gestión y edición de contenidos digitales. He trabajado en el Grupo RPP y El Comercio. Dirije la web leepoesia.pe

Deja el primer comentario sobre "Louise Glück sobre las copas inmensas de los arces"

Deje un comentario

Su correo electrónico no será publicado.


*