Republicanismo y neoliberalismo en tiempos de pandemia

Escrito por Revista Ideele N°294. Octubre 2020

Durante estos meses, marcados por la pandemia desatada por la COVID 19, se han desarrollado en nuestro medio una serie de intervenciones, eventos y comentarios de diferente índole. Hemos tenido artículos, conferencias, cursos, estudios y comentarios que van desde el análisis y la comprensión de los diferentes aspectos que este fenómeno tiene en nuestro país hasta informes, noticias y data. Además, han sucedido tantas cosas que nos resulta imposible enumerarlas todas, pero señalaremos aquellas que consideramos más centrales: la crisis económica, la crisis social, la crisis sanitaria y la crisis política.  

En el presente texto examinaremos dos artículos presentado en la escena intelectual nacional a propósito de la pandemia. El primero es el de Alberto Vergara titulado La crisis del COVID-19 como Aleph peruano, mientras que el segundo es el de Daniel Luna & Mijael Mitrovich, Usos de la república: notas sobre Alberto Vergara. La elección de ambos textos se basa en que enfocan la crisis desencadenada por el COVID 19 en el contexto de la crisis del republicanismo en el Perú, teniendo en cuenta que el próximo año celebramos los doscientos años de la independencia y de la fundación de la República Peruana.

I

Ambas comunicaciones han intentado explicar porqué si el Perú contaba con firmes respaldos financieros nos encontramos, al cabo de poco tiempo, en una de las peores situaciones de la región. La hipótesis de Vergara señala dos cosas: primero, que en el país se desplegaron dos proyectos – el neoliberal y el republicano -, pero sólo el primero prosperó mientras que el segundo se quedó trunco. La segunda parte de su hipótesis es que el fracaso del proyecto republicano produjo el fenómeno de que Estado busque recaudar e implementar políticas de ajuste fiscal, a la vez que no quiso gobernar el país.  La intervención del autor de Ciudadanos sin república señala incluso, esta distinción entre “política de ajuste” y la falta de interés por gobernar el Perú se instala al interior del mismo Estado. Así, se podría distinguir entre el papel protagónico y eficaz del BCR y del MEF, mientras que el resto del Estado se encontraría adormilado, especialmente aquellos sectores vinculados a los derechos y servicios sociales, en especial la fallida distribución de los bonos, la débil infraestructura sanitaria y la escasa infraestructura educativa.

El argumento de Vergara continúa señalando que el proyecto neoliberal y el proyecto republicano se podrían desarrollar a la vez, debido a que el primero es el que dinamiza el mercado, mientras que el segundo hace valer los derechos de los ciudadanos. Si bien, en principio, el mercado y los derechos no tendrían por qué encontrarse disociados, sucede que en el país el proyecto republicano nunca logró cuajar adecuadamente desde los tiempos de la independencia. En cambio, el proyecto neoliberal consiguió prosperar porque desde iniciaos del nuevo milenio se consolidó un pacto nacional al respecto.

Vergara pareció entender que la única forma de libre mercado posible es el que incluyese las reformas neoliberales… El llamado «capitalismo de la era dorada» que se desarrolló en las décadas de los 50s y 60s en Estado Unidos y en Europa incluía un mercado controlado democráticamente, en el sentido de que la ciudadanía organizada tenía la misma capacidad que la clase empresarial para incluir en las políticas de los gobiernos. Esta situación configuró un tipo de mercado que se encontraba bajo el control de la democracia.

En Ciudadanos sin república se define al republicanismo de una forma específica, citando a Valentín Paniagua cuando caracteriza al Estado republicano en términos de permitir que el país realice «su genuino derecho a gobernarse por obra de su voluntad y emanciparse de cualquier tutela o vigilancia que no sea la de su propia soberanía expresada en el ánfora y “a reconciliarlo con sus instituciones» (p. 30). Se trata «autogobierno», y del fortalecimiento de las instituciones y su relación con la ciudadanía. Y, Más adelante Vergara señala que el republicanismo “nació por oposición a aquellos regímenes o Estados donde los individuos no eran libres pues no se autogobernaban sino que delegaban tal función a un monarca” (p. 33). E, inmediatamente pasa a señalar los tres elementos centrales del republicanismo: a) la igualdad de los ciudadanos en tanto condición para la libertad, a diferencia del comunismo o el socialismo; b) un orden comandado por la ley y por instituciones legítimas; c) la confianza y la fraternidad entre ciudadanos o grupos de ciudadanos. En síntesis, se trata de una «comunidad de ciudadanos libres e iguales» (p.33-34).

El relato del científico político termina con una arremetida contra el proyecto de la izquierda. Los partidos de izquierda buscan modificar la Constitución de 1993 porque la considera la plataforma para el desarrollo neoliberal y la causa del proyecto del republicano en el país. En respuesta, Vergara señala que el fracaso republicano se dio desde los inicios de «La República», en tiempos en que no se había articulado el proyecto neoliberal, de modo que el fracaso se debe a la falta de una clase dirigente que quiera llevar adelante un proyecto nacional.

II

Luna & Mitrovich escriben su texto en respuesta a la intervención de Vergara y señalan, con claridad, que la situación en la que nos encontramos no se debe a la falta de un proyecto, sino a la realización de uno cuyo el resultado fue el fortalecimiento del el proyecto neoliberal y el debilitamiento del proyecto republicano. Además, ambos autores señalan que el supuesto «pacto» que llevó adelante el neoliberalismo entre nosotros fue, en realidad, una imposición. Acertadamente indican que el neoliberalismo es incompatible con el republicanismo y que el Estado se rediseñó para poner en marcha al primero en contra del segundo. Desde la imposición del neoliberalismo por la élite «oligárquica» el proyecto republicano desapareció de la escena nacional. Esto explicaría por qué los derechos sociales y económicos se encontraron desprotegidos a pesar de el país gozaba con una sólida macroeconomía.

Los autores señalan que Vergara no carece claridad respecto de lo que es el republicanismo y recurren a la distinción ya clásica entre la concepción liberal de la libertad y la concepción republicana de la misma, distinción afincada en el debate de la teoría política y la filosofía por Philip Pettit. Mientras que el liberalismo entiende la libertad como «no interferencia», el republicanismo la concibe como «no dominación».  Estar interferido supone tener bloqueados algunos cursos de acción por la intervención de terceros, en cambio encontrarse dominado implica encontrarse a la completa merced de la voluntad arbitraria de otro. El ejemplo recurrente para hablar de «dominación» es la relación que se establece entre un amo con su esclavo.

Al parecer, los críticos de Vergara entienden que el neoliberalismo es una prolongación o desarrollo del liberalismo económico clásico, y que se podrían proyectar las críticas de Marx al capitalismo a la situación actual. Lo que sorprende de los autores de Usos de la república es 1) el silencio que tienen respecto del mercado y 2) que no tengan una comprensión más ilustrada del republicanismo.

III

Luna & Mitrovich aciertan al señalar que el neoliberalismo constituye un proyecto completamente adverso al republicanismo. El problema de los autores es que no se encuentran en condiciones de explicar por qué sucede esto. Les falta mayor estudio del fenómeno y una más amplia comprensión de las posibles relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad. Como lo han sostenido el filósofo alemán Thomas Biebricher (Neoliberalism and Democracy) y el filósofo peruano Ciro Alegría Varona (Justicia), el neoliberalismo tiene como objetivo suspender la democracia y los derechos sociales instituyendo un dispositivo de carácter técnico que permita el control de la sociedad. Dicho dispositivo se encarga de controlar el déficit fiscal a fin de que el Estado pueda recaudar adecuadamente y pueda ofrecer dinero a tasas bajas a las empresas privadas más competitivas. De esta forma, tal como lo había mostrado Michel Foucault en Nacimiento de la biopolítica, y clarificado aún más Wendy Brown en El pueblo sin atributos, el neoliberalismo constituye «un modo de gobernanza» que se constituye en un «orden de veridicción». Con ello, lo que significan es que el neoliberalismo, lejos de ser un fenómeno puramente político que se podría estudiar como Marx estudió el capitalismo decimonónico, se trata de un orden político que tienen como objetivo utilizar el Estado para controlar la sociedad por medio de dispositivos sustraídos del debate público (las políticas del BCR y del MEF) para controlar a la sociedad, arrinconar los derechos sociales y dotar de flujo financiero a las empresas privadas competitivas.

Pero la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad no necesariamente debe ser así. El error de perspectiva de Vergara consiste en asociar el mercado al proyecto neoliberal. En otras palabras, Vergara parece pensar que el único proyecto que podría hacer valer el mercado es el neoliberal, razón por la cual lo defiende. Frente al silencio de Luna & Mitrovich, sería inaceptable una democracia que eliminase de un plumazo el libre mercado. Pero Vergara pareció entender que la única forma de libre mercado posible es el que incluyese las reformas neoliberales. De esta manera, uno de los errores o carencias sustantivas tanto de Vergara como de Luna & Mitrovich consiste en no percibir diferentes formas de libre mercado.  El llamado «capitalismo de la era dorada» que se desarrolló en las décadas de los 50s y 60s en Estado Unidos y en Europa incluía un mercado controlado democráticamente, en el sentido de que la ciudadanía organizada tenía la misma capacidad que la clase empresarial para incluir en las políticas de los gobiernos. Esta situación configuró un tipo de mercado que se encontraba bajo el control de la democracia. Pero, ya iniciada la década de los 70s en adelante se combatió la capacidad de los ciudadanos de codefinir las políticas gubernamentales y del Estado, de manera que quienes comenzaron a definirlas fue la élite empresarial. Con ello se desarrolló un mercado que rebasó el control democrático y se impuso sobre los ciudadanos y controló el gobierno.

Pero Luna & Mitrovich también yerran al ver en la versión del republicanismo cívico defendido por Pettit la única variante posible del mismo. De hecho, tal como lo han señalado tanto Marco Genoa como el mismo Pettit, se pueden identificar tres variantes del pensamiento republicano, por lo menos. La primera es la que se asienta en las ideas de Aristóteles y constituye el «humanismo cívico» defendido por John Pocock, Charles Taylor y Alasdair McIntyre, entre otros. La segunda se asienta en las ideas de la República Romana y es defendida actualmente por el mismo Pettit y por su maestro Quentin Skinner. Finalmente, la tercera es la tradición franco-prusiana, remitida a Rousseau y a Kant y que en la actualidad es defendida por Rainer Forst, Christine Korsgaard y Ciro Alegría Varona, entre otros. Así en Justicia el sensiblemente desaparecido Ciro Alegría señaló que:

Kant desarrolla el significado político de esta idea [de república] cuando precisa que, sin importar cuál sea la forma de gobierno que se adopte (si es el gobierno de uno solo, monarquía; de unos pocos, aristocracia; o de la mayoría, democracia), lo principal es el modo en que se adopte, es decir, si es por decisión privada de quien gobierna – lo que es típico de una autocracia- o si es por obra de un poder legislativo independiente del ejecutivo y que se guía por razones que todos pueden examinar, comprender y compartir libremente -lo que es propio de una república (Kant, 1985, primer artículo definitivo; Ak, VIII, p. 352). (P. 30) (cursivas nuestras).

Así, el corazón del republicanismo kantiano se encuentra en que el poder legislativo y los ciudadanos «se guían por razones que todos pueden examinar, comprender y compartir libremente» tal como el mismo Kant lo señala es su idea del «uso público de la razón» y Onora O’Neill y Enst Tugendhat lo caracteriza a través de los términos seguible o plausible respectivamente. De este modo, el republicanismo toma un mayor significado que el que Vergara y Pettit le otorgan. Queda claro que el neoliberalismo organiza un «orden de veridicción» en torno a supuestos que se sustraen al ejercicio del dar y recibir razones y que congelan la democracia al momento.

IV

La comprensión de Vergara respecto del neoliberalismo y del republicanismo resulta ser insuficiente. La mirada de Luna & Mitrovich del republicanismo se encuentra un poco más nutrida, pero aún les falta aquilatar lo que éste entraña, a saber, el intercambio de razones. La mirada de Kant revisada por Alegría, O’Neill y Tugendhat enriquece mucho más el asunto tanto que permite ver la superioridad del republicanismo frente al liberalismo y al neoliberalismo con relación a la democracia. En el contexto de la pandemia actual, no sólo el neoliberalismo ha mostrado sus límites, sino también los usos al paso del republicanismo.

El debate entre Vergara y Luna & Mitrovich nos muestra no sólo las debilidades que tiene en la práctica la república peruana que, ad-portas de cumplir su segundo centenario, no consigue consolidarse y estabilizarse, sino también la poca comprensión de lo que el régimen republicano entraña. La fragilidad de las instituciones republicanas se ha mostrado con toda claridad en el contexto de la crisis sanitaria: la mezquindad de los intereses por el poder y el beneficio personal no hacen que recordarnos la crisis de la Guerra con Chile y la del Conflicto Armado Interno. Pero, la poca claridad de nuestros científicos políticos respecto de la teoría republicana y de lo que implica el neoliberalismo ha contribuido a la dirección errática de los esfuerzos.  Si queremos iniciar nuestro segundo centenario como república, es indispensable hacer esfuerzos para clarificar estas cuestiones importantes.

Sobre el autor o autora

Alessandro Caviglia Marconi
Magíster en Filosofía - PUCP Licenciado en Filosofía - PUCP

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