Nuevo ciclo de violencia en la Franja de Gaza: Palestina/Israel y el proceso de paz bloqueado desde 1948

Escrito por Revista Ideele N°279. Julio 2018

El 30 de marzo, “Día de la Tierra”, que conmemora la muerte de seis palestinos en 1976, en manos de las fuerzas de seguridad de Israel, comenzó una gran ola de manifestaciones llamada Gran Marcha del retorno que debe durar seis semanas, hasta el 15 de mayo, fecha que los Palestinos llaman Nakba, la Catástrofe, porque recuerda la expulsión de cientos de miles de habitantes árabes de Palestina, durante el conflicto que marcó la creación del Estado de Israel en 1948. Desde hace décadas los Palestinos exigen su derecho a regresar a sus pueblos y ciudades luego de la confiscación de sus tierras y la ocupación de Israel; pero las autoridades rechazan esas demandas afirmando que deberán esperar la creación de un futuro Estado palestino en los territorios de la Franja de Gaza y en Cisjordania.

Para comprender mejor este nuevo ciclo de violencia es preciso aportar algunas precisiones históricas. esta región del Oriente Medio estaba bajo dominación del Imperio Otomano, basado en Turquía actual, entre 1516 y 1918. Durante la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido y Francia apoyaron a las élites políticas locales que querían independizarse de los Otomanos prometiéndoles apoyo ulterior. Pero luego de la caída de los Otomanos, esas dos potencias europeas se repartieron el Oriente Medio, el Reino Unido abandonó Siria a los Franceses y se apropió de la provincia otomana de Palestina. El centro de interés mayor era el petróleo. En 1917, el Reino Unido se acaparó de Irak y de su petróleo, y de Palestina, centro mediterráneo de todo el comercio de la región. La estatus colonial de Palestina será transformado luego de la Segunda Guerra Mundial por dos elementos centrales: la destrucción de los Judíos de Europa por la Alemania nazi, y el movimiento sionista que, desde 1897, promocionaba el retorno de Judíos a su tierra natal. En efecto, gracias al movimiento sionista, los Judíos habían fundado un cuasi Estado en Palestina, aún cuando tenían sólo 6% de tierras; y apoyaban a los Británicos a luchar contra las revueltas de los Árabes.

Después de 1945, los sionistas convencieron a la comunidad internacional de la urgencia de crear un Estado hebreo para recibir a las centenas de miles de sobrevivientes del genocidio nazi. El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea general de la ONU estableció un plan de creación de dos Estados en Palestina, uno hebreo y el otro árabe, y declaró Jerusalén bajo mandato internacional. Por su lado, el Reino Unido anunció el fin de su mandato en Palestina. Pero esta resolución no fue nunca concretizada. Los Árabes no aceptaron la partición, y es ahí que se sitúa, probablemente, el fondo del conflicto que opone Israelíes y Palestinos desde hace 70 años, con repercusiones regionales y mundiales en razón de las pertenencias religiosas diferentes de los contrincantes, que ha producido la amalgama esencialista entre “Judíos/Israelíes” y “Musulmanes/Árabes/Palestinos”. Ambos campos empezaron una guerra civil con la participación de Jordania y de Egipto desde 1947; y finalmente, el 14 de mayo de 1948David Ben Gourion, declaró la emergencia del Estado de Israel.

En junio de 1967, durante la Guerra de Seis días, Israel ocupó la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este; la ocupación del Sinaí (egipcio) y del Golán (Líbano) se terminó entre 1974 y 1975. En fin, el 22 de noviembre de 1974, la ONU reconoció el derecho de los Palestinos a la independencia y a la soberanía. Sin embargo, se trata de otra resolución que ha quedado letra muerta. La guerra continua hasta hoy en día (L’Express, 30 de julio de 2013). A lo largo del tiempo, esta guerra ha provocado un aumento considerable del antisemitismo o antijudaísmo en todos los países árabes y/o musulmanes, y ha alimentado el discurso y las acciones terroristas contra los Judíos, considerados como “enemigos sionistas”, llevados a cabo en particular por el Estado Islámico. De otro lado, la guerra ha causado también el éxodo masivo de las comunidades judías instaladas en el Magreb, en Egipto y en todos los otros países árabes donde vivían.

La marcha pacífica del 30 de marzo, durante la cual algunos manifestantes lanzaron piedras y cocteles molotov, quemando algunos neumáticos, ha provocado una fuerte ola represiva pues las fuerzas del orden tiraron balas reales y gases lacrimógenos, provocando la muerte de 17 personas y dejando cientos de heridos. El gobierno de Israel ha calificado este movimiento de cerca de 30 000 personas — que marcharon en el territorio de la Franja Gaza situado al lado de la frontera — como una “peligrosa provocación que puede poner en peligro vidas humanas”. Y para justificar su reacción brutal, las autoridades israelíes afirmaron que el grupo islámico Hamas, que controla de facto la Franja de Gaza, estaba usando las protestas par lanzar ataques contra Israel. La situación humanitaria de la Franja Gaza, de 41 km de largo y entre 6 y 12 km de ancho, donde viven dos millones de personas es sumamente difícil luego de 11 años de bloqueo (por aire, mar y tierra), que restringe el movimiento de personas y de servicios, justificado por Israel por “motivos de seguridad”. En la frontera sur, Egipto abre sólo en forma intermitente el paso de Rafah. En ese contexto, el aislamiento y la crisis económica aumentan la tensión y promueven la cólera de los Palestinos. Las Naciones Unidas, la Organización mundial de la salud y los organismos de defensa de derechos humanos advierten que Gaza está por colapsar: el desempleo alcanza 44%, el acceso al agua potable es mínimo y los cortes de energía de 12 horas al día son terribles para la sobrevivencia, y para el funcionamiento de escuelas y de hospitales (BBC Mundo, 6 de abril de 2018).

Como veremos en esta contribución, el contexto de violencia actual en los territorios palestinos, la Franja de Gaza y Cisjordania, ha sido reactivado por decisiones nacionalistas de ultra derecha de Israel y por la nueva política de los Estados Unidos en Palestina/Israel. En efecto, la extensión de colonias israelíes en Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, zona habitada por Palestinos desde hace siglos, ha sido muy importante desde inicios de 2017. Esta política expansionista está apoyada por el nuevo presidente populista de derecha Donald Trump, que, contrariamente a Barack Obama, ha decidido apoyar al premier ministro Benjamín Netanyahu, de derecha extrema, y cesar el apoyo financiero acordado a la Autoridad Palestina. Estos dos hechos recientes ponen en juego todos los avances en las negociaciones de paz en esta región agitada por la guerra desde hace 70 años, que Israel esta festejando actualmente.

Los acuerdos de paz y las revueltas palestinas
Luego de los acuerdos de paz entre Israel y Egipto, en 1979 y la recuperación del Sinaí en abril de 1982, han habido dos grandes movimientos de revuelta (Intifada) y de conflicto israelo-palestino entre diciembre de 1987 y 1993, que ha provocado la muerte de 1 300 Palestinos y 150 Israelíes. En noviembre de 1988, Yasser Arafat, jefe histórico de la Organización de liberación de Palestina, proclamó la emergencia del Estado palestino, reconociendo Israel y renunciando al terrorismo. Los acuerdos de Oslo comienzan con la Declaración de principios entre la Organización de liberación de Palestina e Israel, sobre la base de un régimen de autonomía palestina; este acuerdo fue firmado el 13 de setiembre de 1993, entre el primer ministro israelí Itzhak Rabin [asesinado por un extremista israelí el 4 de noviembre de 1995] y Yasser Arafat [fallecido en 2004 en Paris]. Este pacto fue completado el 4 de mayo de 1994 por el Acuerdo del Cairo, o Acuerdo Oslo I, que atribuye poderes limitados a la nueva Autoridad Palestina. Ese mismo año, se rubricó un acuerdo de paz entre Israel y Jordania. Luego, el 28 de setiembre de 1995 se suscribió el Acuerdo de Taba, u Oslo II, que implica la repartición negociada de los territorios palestinos en tres zonas de control israelí y palestino. Estos acuerdos han debido implicar la autonomía de la Franja de Gaza y de Cisjordania, y la evacuación de las fuerzas militares israelíes, sin embargo en 2000, cuando se negociaba el estatuto final de los territorios palestinos la Autoridad controlaba solo 40% de Cisjordania y dos tercios de Gaza (Le Monde Diplomatique, Accords d’Oslo).

Desde 1996, la derecha ultra nacionalista dirigida por el Primer Ministro Netanyahu se opone a los acuerdos de Oslo y no acepta el principio de intercambio de los Territorios ocupados contra la paz. En 1999, se firmó otro tratado fijando las fechas del retiro israelí de Cisjordania. En setiembre 2000, comenzó la Intifada II, que duró hasta 2005, provocando mas de 47 000 muertos. En setiembre de 2002, los Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y las Naciones Unidas elaboraron un plan para crear un Estado palestino en 2005; que no tuvo ningún eco. En 2003, intelectuales israelíes y palestinos lanzaron un pacto dicho “Iniciativa de Ginebra” para relanzar los acuerdos de paz. En fin, en enero de 2005, Majmud Abbas fue elegido presidente de la Autoridad Palestina.

Sin embargo, en Gaza, el grupo Hamas (Movimiento de resistencia islámica) tomó el poder desde junio de 2007, atacó las posiciones israelíes con tiros de roquete, seguidos de represalias israelíes que — con la ayuda de Estados Unidos — disponen de una fuerza militar mucho más importante. En 2009, una encuesta de la ONU ha revelado que la ofensiva contra Gaza de enero — que ha provocado la muerte de más de 1 330 personas (430 niños) —, es un crimen de guerra de grande envergadura. Pero nunca se han aplicado sanciones. El gobierno israelí ha continuado a colonizar los Territorios ocupados. En julio de 2014, tuvo lugar otra ola de ataques contra Gaza, a partir de la cual el Hamas lanzaba sus roquetes contra Tel Aviv, las represalias (Operación Fronteras Protegidas) produjeron 2 100 muertos Palestinos y 170 Israelíes. En junio de 2016, Turquía e Israel han normalizado sus relaciones diplomáticas, y la primera ofreció ayuda a la Franja de Gaza para construir una central eléctrica, hospitales y un centro de desalinización. En fin, el 3 de octubre de 2017, las dos principales organizaciones palestinas, rivales políticamente, el Fatah (Movimiento de liberación de Palestina) fundada por Yasser Arafat en 1959, y el Hamas (creado en 1987 en Gaza), han firmado un acuerdo de reconciliación para “luchar contra el sionismo”; desde entonces la Autoridad palestina había tomado el control político de la Franja de Gaza. Sin embargo el nuevo movimiento inaugurado en marzo de 2018 es controlado, al menos en parte, por el Hamas (L’Express 2013, y Wikipedia 2018).

Como podemos observar, la política israelí de oposición constante al reconocimiento de un Estado palestino, se ha acompañado siempre de métodos expeditivos y brutales contra las demandas del pueblo palestino. Es cierto que estas demandas son pacíficas de parte de la Autoridad palestina, dirigida por Majmud Abbas; pero también existen grupos armados, sobre todo el Hamas de Gaza, que actúan de manera autónoma, lo cual implica un ciclo de represalias excesivas y crueles contra la población civil palestina. Dicho esto, es evidente que hay un pueblo palestino atacado que trata de defenderse, y un pueblo agresor que no reconoce los derechos de los más vulnerables y olvida su propia historia de sufrimiento. Esta interpretación —hay que explicitarlo para que no haya ninguna duda—, no tiene ningún lazo con el antisemitismo o con el antijudaísmo de los extremistas musulmanes o de los partidos neonazis de Europa (sancionados por las leyes y el rechazo de las sociedades civiles) y de Estados Unidos (que han aumentado desde que Trump llegó al poder). La crítica de la política israelí se funda sobre los hechos reprensibles concretizados por los responsables políticos y militares de ese país, con el apoyo de un sector de la sociedad civil que ha votado por la derecha nacionalista (Israel es el único país democrático del Oriente Medio). No obstante, otro sector de la sociedad israelí rechaza y reprueba la violencia de su gobierno contra los Palestinos, y existen cientos de objetores de conciencia (sarvanim en hebreo, también llamados refuznik) que rechazan el servicio militar en los Territorios palestinos y que prefieren ir a la cárcel. Aunque, desgraciadamente, los oponentes a la extrema derecha, civiles y jóvenes en edad de hacer el servicio militar obligatorio (3 años para los hombres, 2 años para las mujeres) no sean lo suficientemente numerosos para ser elegidos en el gobierno.

En ese marco, la coyuntura actual representa un nuevo ciclo de violencia, empeorado por la guerra en Siria [ver mi artículo sobre este tema]; por la posible apertura de un nuevo frente de guerra entre ése país e Israel; y por la ayuda financiera constante de los Estados Unidos a Israel. Así por ejemplo en setiembre de 2016, se firmó un acuerdo de donación de 38 millones de dólares en ayuda militar por los próximos diez años. En ese marco de violencia, la crisis palestina y la deterioración de la situación humanitaria en la Franja de Gaza son desgracias ante las cuales los países vecinos, sobre todo Arabia Saudita y Egipto, cierran siempre los ojos. Es una evidencia que la situación interna de esos países depende tanto de sus alianzas políticas y del apoyo financiero de Estados Unidos (Egipto sobre todo) que prefieren alinearse con decisiones contrarias a los intereses de los que ellos llaman a menudo, casi con sorna, “nuestros hermanos palestinos”. Palestina sirve en realidad de “causa de unidad árabe”, aunque desgraciadamente no reciba nada a cambio de ello.

Israel y su política de brutalidad y expansionismo
Según Amnesty International (Informe 2017-2018) y Human Right Watch (Israel/Palestina, 2017), para amedrentar a los manifestantes que se oponen a la ocupación ilegal de esos territorios, el Estado de Israel detiene ilegalmente miles de Palestinos que son sistemáticamente torturados y en ocasiones ejecutados. Las familias no pueden siquiera visitarlos, lo cual contribuye a la desesperación que se ha vuelto ordinaria en Gaza y en Cisjordania. En abril de 2017, cerca de 1 500 prisioneros comenzaron una huelga de hambre de 41 días para reclamar una mejora de su situación de encarcelamiento, pero las autoridades no han hecho nada y se han contentado con sancionar a los presos. Se estima que durante el año 2017, los agentes de seguridad israelíes han herido 3 494 personas, han ejecutado entre 62 y 75 Palestinos (entre los cuales 14 niños) de los territorios ocupados y 5 Palestinos de nacionalidad israelí.

El recurso excesivo de la fuerza militar es también recurrente; se estima que durante las manifestaciones han muerto al menos 20 personas, y miles han sido heridas con balas reales y balas de metal recubiertas de caucho. En la mayoría de los casos, los manifestantes tiraban piedras con hondas, siguiendo el modo de ataque minimalista inaugurado en la Intifada, y no representaban un peligro a la vida de los soldados. Paralelamente, las casas de los pueblos palestinos siguen siendo destruidas. En enero de 2018, Israel ha adoptado la “Ley de regularización”, que legaliza en modo retroactivo la apropiación por los colonos israelíes de miles de hectáreas de tierras de Palestinos, y se han realizado también ofrecimientos de venta de tierras en Jerusalén Este y en Cisjordania.

Ante estos hechos, muchos civiles Palestinos han llevado a cabo atentados al arma blanca, con autos y con armas de fuego que han costado la vida de 14 israelíes. En julio de 2017, luego del asesinato de dos israelíes, el gobierno ha instalado detectores de metales para filtrar las entradas a la celebre mezquita Al-Aqsa, ou Haram al-Sharif, lo cual ha provocado un gran movimiento de protesta centrado en la organización de rezos colectivos en toda Cisjordania. En esta región del mundo (como en la India), la religión representa la ideología que sostiene y justifica el orden político. Por ello, la protesta palestina se organiza siempre alrededor del islam, opuesto a la religión hebrea. Los ultra religiosos israelíes hacen lo mismo, asociando todo lo “negativo” de los Palestinos a su religión islámica y al Corán, donde existen muchos pasajes violentos contra los “judíos/infieles”. Felizmente, cuando las puertas detectoras de metales fueron retiradas en setiembre, las protestas se detuvieron.
Un drama suplementario del pueblo palestino es aquel de su división política. Si bien es cierto existe una Autoridad Palestina, con un presidente electo y funcionarios civiles y militares, el grupo extremista Hamas controla de facto la Franja de Gaza. En setiembre de 2017, los dos gobiernos palestinos habían comenzado un proceso de reconciliación que fue sin embargo rechazado por Israel.

Estados Unidos contribuye al nuevo ciclo de violencia entre Palestina e Israel
El 6 de diciembre de 2017, el imprevisible y lamentable presidente Trump anunció que Estados Unidos reconocía Jerusalén como capital de Israel, lo cual representa una violación del derecho internacional, que no reconoce esa ciudad santa de las tres religiones monoteístas como capital, sino Tel Aviv. Como era de esperarse, el Primer Ministro Netanyahu le agradeció de inmediato. Pero su situación personal es muy delicada dado que desde febrero de 2018, la policía ha recomendado su inculpación por corrupción, fraude y abuso de confianza. Sus días en el gobierno podrían estar contados.

Este anuncio de Trump despertó una ola muy grande de protestas en los territorios palestinos y a través del mundo. El presidente de la Autoridad palestina, Majmud Abbas ha declarado que Washington no podía jugar en adelante su rol histórico de mediador de la paz entre Israel y Palestina. Por su lado, los aliados tradicionales de Estados Unidos han denunciado la nueva política de Trump en Israel/Palestina, así por ejemplo, Arabia Saudita ha criticado un “retroceso a favor del proceso de paz y una violación de la posición norteamericana, históricamente neutra sobre el estatus de Jerusalén.” Pero como de costumbre, no ha prometido nada a favor de los Palestinos, ni negociaciones ni apoyo militar y humanitario. La Unión Europea, Turquía, Jordania, Alemania, Reino Unido y Francia, han afirmado su rechazo firme al anuncio de Trump. El grupo Hamas ha declarado que el anuncio de Trump abría las puertas del infierno a los intereses estadounidenses en la región; por su parte, Irán considera que la decisión de la Casa Blanca provocará una nueva Intifada (Jeune Afrique, 7 de diciembre de 2017).

El 6 de diciembre la ONU emitió una resolución condenando el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel. Sobre los 193 Estados que votaron, 128 se declararon a favor; hubieron 35 abstenciones y 9 votos en contra. Entre los países latinoamericanos que respaldaron la resolución estuvieron: Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela. Como era de esperarse, Trump ha amenazado con retirar apoyos financieros a éstos países. En cambio, Honduras y Guatemala apoyaron a los Estados Unidos, y este último país anunció que abriría una embajada en Jerusalén (BBC Mundo del 21 de diciembre de 2017). Es evidente lo que ambos países centroamericanos esperan de Trump.

Poco tiempo después, el 2 de enero de 2018Trump comenzó a amenazar a los Palestinos de suspender la ayuda financiera enviada si los representantes de la Autoridad palestina y de la Franja de Gaza no aceptaban regresar a la mesa de negociaciones con Israel. A pesar de las vivas criticas que recibió de autoridades palestinas y de la comunidad internacional, el 16 de enero el atroz presidente Trump anunció la suspensión de 65 millones de dólares (sobre un total de 125 millones) del fondo de ayuda de Naciones Unidas para los refugiados en Palestina y en el Oriente Medio (UNRWA). Entre el 20 y el 23 de enero, el vicepresidente Mike Pence realizó una corta visita a Egipto, Jordania e Israel; pero, por razones obvias, Majmud Abbas, presidente de la Autoridad palestina y las otras autoridades de los territorios ocupados se negaron a recibirlo. El 25 de enero, en en Foro económico de Davos (Suiza), Trump consideró que eso era “una falta de respeto” Y Hanane Achaui, alto dirigente de la Organización de la liberación de Palestina (OLP), declaró: “rechazar un encuentro con el opresor no es una falta de respeto, es respetarse a uno mismo”. La OLP ha acusado los Estados Unidos de atacar al sector más vulnerable de la población palestina, los 5 millones de refugiados que ayuda la UNRWA, y los pagos de las escuelas y de los hospitales en la Franja de Gaza, en Cisjordania y en Jordania. Los dirigentes palestinos consideran también que Trump ha seguido las instrucciones de Netanyahu que pide hace mucho tiempo el desmantelamiento de la UNRWA (RFI del 17 de enero de 2018).

La coyuntura de la violencia será muy importante en mayo próximo. En efecto, se ha fijado el 14 de mayo de 2018 como fecha de la instalación de la Embajada estadounidense en Jerusalén; una fecha que es considerada como una provocación por los Palestinos que reivindican su soberanía sobre la parte este de la ciudad santa. El 15 de mayo es la fecha oficial del 70 aniversario de creación del Estado de Israel, y, como ya lo notamos antes, la Nakba, la Catástrofe para los Palestinos que fueron forzados al éxodo después del nacimiento oficial de Israel. En fin, entre el 15 y el 16 de mayo se inicia oficialmente el mes de ayuno musulmán, el ramadán.
Según el historiador Vincent Lemire en la Franja de Gaza, el grupo Hamas organiza las manifestaciones siguiendo un calendario más bien político que militar (los atentados de 2014). El jefe de Hamas, Ismael Haniyeh, habría querido lanzar una nueva Intifada en diciembre de 2017 luego del anuncio de Trump sobre Jerusalén; pero finalmente lanzar una ola de protesta en pleno mes de ramadán debe alimentar y mantener el movimiento social durante varias semanas. Lemire considera también que un movimiento de gran envergadura, es decir una Tercera Intifada, no es viable en la situación actual dadas las condiciones deplorables en las que sobreviven los Palestinos. Sin embargo la cólera esta bien presente pues una vez mas se comprueba que ante movimientos pacíficos, los militares israelíes no saben responder de otro modo que con la violencia exacerbada. Luego de la represión de marzo, la imagen de Israel se ha deteriorado a nivel internacional; mientras tanto, el Primer ministro Netanyahou sigue encerrado en su ideología de ultra derecha, más aún cuando sabe que cuenta con el apoyo de Trump (Le Parisien del 2 de abril de 2018).

Reflexiones finales
• La situación de grave tensión, de aumento considerable de la miseria y del hambre en la Franja de Gaza y en Cisjordania, ha sido catalizada de manera muy irresponsable por los cambios de la política de Estados Unidos en esta región convulsionada del Oriente Medio. Trump ha cometido un error muy grave con su decisión de reconocer Jerusalén como “capital de Israel”, luego se ha atrevido a disminuir la ayuda a la agencia de la ONU que asiste a los refugiados en todos los territorios ocupados; sin pensar en las consecuencias de sus actos. Ello es una prueba más de la incompetencia y de la falta de ética y de moral de este triste personaje para dirigir una de las cinco potencias que rigen los destinos de países en gran dificultad política y humanitaria como Palestina.

• Los países árabes, sobre todo Arabia Saudita y los otros países del Golfo, ricos en petróleo (gracias a sus alianzas con los Occidentales) han abandonado al pueblo palestino, a sabiendas de la terrible situación que atraviesan en la Franja de Gaza, en Cisjordania, y también en los numerosos campos de refugiados palestinos en Jordania y en Siria.

• Dado el ambiente interno en Israel, donde el campo de la derecha extrema ha ganado mucho espacio, y dado el apoyo absurdo que recibe de Trump, los Palestinos afrontan un período de grandes incertitudes sobre el futuro de sus esperanzas de paz y de fundación de un Estado soberano. Esta guerra, en la cual los Palestinos de la Franja de Gaza y de Cisjordania son las principales víctimas, y que concierne el Oriente Medio, los otros países árabes, las comunidades judías del mundo y finalmente, por sus consecuencias, todo el planeta, es el ejemplo paradigmático de la poca o nula función de pacificación internacional de la Organización de Naciones Unidas. Esa es la terrible y dramática realidad.

(REVISTA IDEELE EDICIÓN N° 279, JULIO DEL 2018)

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Fuentes consultadas:

— Le Monde Diplomatique, Accords d’Oslo: https://www.monde-diplomatique.fr/index/sujet/accordsdoslo

— L’Express, 30 de julio de 2013: https://www.lexpress.fr/actualite/monde/proche-moyen-orient/chronologie-d-israel-1947-2013_474825.html

— Jeune Afrique, 7 de diciembre de 2017: http://www.jeuneafrique.com/500135/politique/trump-isole-comme-jamais-apres-avoir-reconnu-jerusalem-comme-capitale-disrael/

— BBC Mundo del 21 de diciembre de 2017: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-42449990

— RFI del 17 de enero de 2018 : http://www.rfi.fr/moyen-orient/20180117-onu-washington-trump-aide-unrwa-refugies-palestiniens

— Wikipedia, Histoire d’Israel, [abril de 2018]: https://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_d%27Israël#cite_note-307

— Amnesty International, Israel et les territoires palestiniens occupés 2017/2018: https://www.amnesty.org/fr/countries/middle-east-and-north-africa/israel-and-occupied-palestinian-territories/report-israel-and-occupied-palestinian-territories/

— Human Rights Watch, Israel and Palestine, Events of 2017: https://www.hrw.org/world-report/2018/country-chapters/israel/palestine

— Le Monde diplomatique, febrero de 2018, https://www.monde-diplomatique.fr/2018/02/A/58400

— Le Parisien del 2 de abril de 2018: http://www.leparisien.fr/international/bande-de-gaza-pourquoi-le-printemps-s-annonce-tres-tendu-02-04-2018-7642329.php

— BBC Mundo, 6 de abril de 2018 http://www.bbcmundo.com/mundo/noticias-internacional-43641355

Sobre el autor o autora

Mariella Villasante
Doctora en antropología (École des Hautes études en sciences sociales, Paris), investigadora independiente y asociada al IDEHPUCP. Especialista del Perú, de los pueblos amazónicos y de Mauritania. . Desde noviembre de 2019 colabora con la Dirección General de Personas Desaparecidas del MINJUS, Oficinas de Lima y de Huancayo. Reside en Francia. Ha traducido el Hatun Willakuy en francés en junio de 2015 [Le Grand récit de la guerre interne au Pérou, Paris]. Y ha publicado tres libros sobre el Perú: Violence politique au Pérou. Essai d'anthropologie de la violence (París, 2016); Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 (París, 2018), Prefacio de Salomón Lerner). Y finalmente: La violencia política en la selva central del Perú, 1980-2000. Los campos totalitarios senderistas y las secuelas de la guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia, Prefacio de Salomón Lerner (Lima, COMISEDH y Tarea Gráfica, 2019).

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