Las atrocidades del régimen de Bachar Al-Assad en Siria y el bombardeo occidental de centros de armas químicas

Escrito por Revista Ideele N°279. Julio 2018

Desde 2011, cuando comenzó la “primavera árabe” en Siria (22,5 millones de habitantes en 2011, 185 180 km2), el presidente Bachar Al-Assad ha multiplicado las atrocidades contra su propio pueblo que reclamaba una transformación democrática y la modernización de la sociedad. Desde 2013, su régimen dictatorial emplea no solamente bombas convencionales contra civiles y rebeldes sino también armas químicas contra la población. El norte estuvo controlado por la organización terrorista Estado Islámico entre agosto de 2014 y noviembre de 2017. En esta región del Oriente Medio, se ha llegado a crímenes contra la humanidad nunca antes vistos en las guerras civiles o internacionales anteriores (ver Villasante, Revista Ideele n°272, El Estado Islámico).

El régimen de Al-Assad ha sido declarado moribundo varias veces, pero finalmente ha sido salvado in extremis por la intervención de las fuerzas militares más retrógradas del planeta: en 2013, por las fuerzas chiitas de Irán y del partido Hezbollah libanés; y luego en setiembre de 2015, por el régimen ruso, corrupto y dictatorial, de Vladimir Putin. Esta situación ha sido influenciada también por la renuncia de las fuerzas occidentales a implicarse militarmente en esta guerra muy compleja por la cantidad de actores armados, nacionales, transnacionales y locales, que intervienen en el terreno.

Los Estados Unidos habían amenazado con intervenir militarmente si el régimen sirio empleaba armas químicas totalmente prohibidas por las Naciones Unidas desde el final de la Segunda Guerra Mundial; pero finalmente, cuando se supo que tales armas habían sido utilizadas el 26 de agosto de 2013 en la zona de la Guta oriental, el presidente estadounidense Barack Obama renunció a cumplir su advertencia; ello a pesar de que el presidente francés, François Hollande, y el Reino Unido, habían declarado su adhesión a la intervención militar de aliados occidentales contra el régimen de Al-Assad en Siria. Esta decisión absurda e incoherente con los principios de la defensa de poblaciones civiles atacadas por su propio gobierno, ha favorecido la intervención rusa en el conflicto, que condiciona desde entonces el mantenimiento del régimen sanguinario sirio de Al-Assad. A partir de 2014, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y otros seis países dirigen incursiones aéreas contra el Estado Islámico en Siria, evitando atacar al régimen sirio (BBC Mundo del 15 de abril de 2018).

Una nueva fase de la guerra ha sido abierta el 7 de abril de 2018, cuando Bachar Al-Assad lanzó otro ataque con armas químicas en la región de la Duma; hecho sanguinario que ha producido la muerte de decenas de civiles, y que ha tenido como consecuencia el acuerdo entre Estados Unidos, Francia y Reino Unido, para atacar los centros de armas químicas de Siria el 14 de abril. Esta nueva arremetida de tres países que tienen lazos históricos con Siria no ha esperado ningún mandato de las Naciones Unidas pues su rol internacional es nulo o inexistente por el bloqueo permanente del veto de Rusia para adoptar resoluciones de paz.

Veamos en primer lugar la cronología de los hechos centrales y luego presentaré una interpretación de este conflicto nacional, regional y mundial que es mucho más complejo de lo que se piensa. En efecto, no se trata de un caso de intervencionismo de los “imperialistas occidentales”, sino más bien de la combinación de varios tipos de conflicto armado en un solo territorio y en sus fronteras. En primer lugar, hay una situación de guerra civil provocada por el régimen militarista y sanguinario de Al-Assad y sus aliados (Rusia e Irán); en el marco regional del conflicto antiguo entre las dos ramas del islam (chiitas y sunitas). Situación que ha favorecido la emergencia del “califato” del Estado Islámico en 2014; la cual ha provocado la intervención militar de los países aliados con mayor influencia política en esta región (Francia, Reino Unido y Estados Unidos). La intervención militar de Rusia y de Irán (2015) al lado de Al-Assad, ha implicado la extensión del conflicto a las dos viejas potencias (occidentales y soviéticos) que se opusieron durante la Guerra fría. Finalmente, la emergencia de una insurrección armada de los Kurdos (indoeuropeos y musulmanes, apátridas) en Siria ha suscitado la intervención armada de Turquía (donde representan 18% de la población, es decir 15 millones de personas), que teme la creación de un futuro Kurdistán reagrupando a los Kurdos de Irak (17% de la población, independientes desde 1991), de Turquía y de Siria (10% de la población, cerca de 2 millones). También hay minorías kurdas en Irán, Afganistán, Armenia y Azerbaidjan.

Este vasto conflicto nacional, regional e internacional ha producido la muerte de cerca medio millón de Sirios, la mayoría civiles, y la huida de más de cinco millones de personas (BBC Mundo del 15 de abril de 2018).

Breve cronología de los hechos desde 2011

• En febrero de 2011 empiezan manifestaciones pacificas, sobre todo de jóvenes, exigiendo el cambio del régimen autoritario de Bachar Al-Assad instalado en la presidencia después de la muerte de su padre, el general Hafz Al-Assad, en 2000. Recordemos que este general dió un golpe de Estado en noviembre de 1970, en marzo de 1971 se proclamó presidente con el apoyo del Partido Baas (nacionalista, laico y pro-soviético). Entre julio de 2000 y agosto de 2001, hubieron esperanzas de reformas democráticas; pero Al-Assad impuso un régimen autoritario y empezó a atacar a todos los líderes y a los grupos de oposición, sobre todo a partir de 2011. En esta coyuntura, la sequía, el desempleo y la miseria habían aumentado considerablemente, profundizando el descontento general contra el régimen.

• En 2012, la represión brutal del régimen contra las demandas sociales de democracia suscitó la creación de un Ejército sirio libre y de varios grupos armados de oposición apoyados por Arabia SauditaQatarTurquíaEstados UnidosFrancia y Reino Unido. En julio de 2012 el régimen sirio se estaba desmoronando militarmente pues el Ejercito sirio libre estaba ganando terreno en la zona de frontera con la Turquía, cerca de Alepo (1 740 622 habitantes), la segunda ciudad del país después de la capital, Damasco (3 688 278 en 2016); la tercera ciudad es Hama (1 236 854 habitantes).

El Partido de la unión democrática, rama del Partido de trabajadores de Kurdistán (PPK, Turquía), aprovechó los desordenes de la guerra civil en Siria para tomar el control de la región kurda de Siria, Royaba, y forma igualmente una rama armada, las Unidades de protección del pueblo, cuyos efectivos son estimados entre 35 000 y 65 000 soldados, de los cuales 40% son mujeres (Guerre civile syrienne, Wikipédia).

• En abril de 2013, el régimen chiita de Irán decide apoyar al régimen de al Assad, que pertenece a un pequeño grupo chiita (10% de la población siria) llamado alauita. Como sabemos, los chiitas son minoritarios en el mundo musulmán dominado por la rama sunita del islam. A pesar de esta situación, la familia de Al-Assad ha logrado dominar Siria que es mayoritariamente sunita (74%) También existe una minoría cristiana (10%). Irán envió armas para que se recluten cerca de 80,000 combatientes sirios en las llamadas “fuerzas populares”. Poco después llegó también el Hezbollah del Líbano, grupo armado chiita bajo el mando de Hassan Nasrallah, que había apoyado a Al-Assad desde las primeras represiones de 2011. Miles de jóvenes chiitas de Iraq, de Yemen y de Afganistán fueron reclutados. Esta movilización chiita era favorecida por Irán y por el Hezbollah que querían controlar Siria.

La ambición política chiita ha reforzado, como era de esperarse, la islamización extrema de los sunitas que se oponen al mantenimiento de Al-Assad en el poder y que luchaban contra éste en el marco de la expansión del Estado Islámico, la organización terrorista sunita mas importante jamás vista en el mundo, en vías de desaparición desde octubre de 2017.

• En agosto de 2013, muchos pensaban que Al-Assad estaba a punto de caer luego del ataque químico perpetrado el 21 de agosto en la Guta Oriental. El 26 de agosto, Barack Obama declaraba “estamos listos para ir a Siria”. Muchos aviones norteamericanos fueron puestos en alerta en la base de Chipre. Pero al final el presidente Obama temió hacer entrar su país en el gran desorden del Oriente Medio, y además poner en peligro sus negociaciones sobre el control nuclear de Irán. Obama renunció a una intervención en Siria, que era apoyada por Francia, yendo contra la opinión de la mayoría de sus consejeros. En esas circunstancias, Putin se mostró como un hombre político extremadamente hábil: propuso a Obama retirar al régimen sirio su arsenal químico bajo la supervisión de la ONU. Y Obama aceptó, marcando un hito en esta terrible guerra. Como han escrito los analistas Kodmani, Autran y Boutelier (Libération del 23 de febrero de 2018), Obama no sólo debilitó el poderío norteamericano que se funda en la amenaza del empleo de la fuerza militar, sino que además sacrificó al pueblo sirio que era y sigue siendo la gran víctima de esta contienda terrible. Además Obama reforzó la posición de Rusia, que mostraba abiertamente su voluntad de volver a la escena mundial en posición de fuerza. Francia se encontró totalmente aislada y tuvo que renunciar a atacar las fábricas de gases químicos del régimen sirio. La oposición política siria y el Ejército libre sirio se sintieron abandonados por los Occidentales.

• En ese contexto, en junio de 2014, el Estado Islámico (creado por el jefe de guerra Abu Bakar al-Bagdadi, que pertenecía a Al Qaeda) empezó una expansión territorial sin precedentes en el norte de Irak y en Siria; en dos años el Estado Islámico llegó a controlar a través del terror y la extrema violencia 40% del territorio iraquí y 25% del territorio sirio. No obstante, el régimen de Al-Assad no atacó directamente al Estado Islámico que se instalaba al este de Siria, y prefirió seguir combatiendo la rebelión armada, bombardeando, torturando y ejecutando civiles y combatientes. La proclamación del “Califato del Estado Islámico” catalizó la creación de una coalición internacional dirigida por los Estados Unidos; y el régimen de Al-Assad pasó a un segundo plano. Obama se contentó con pedir la renuncia de Al-Assad. Los atentados del Estado Islámico en Europa movilizaron las opiniones públicas contra el mal absoluto, y Al-Assad pudo seguir asesinando a su pueblo en la más total impunidad.

• En julio de 2015Bachar Al-Assad estaba otra vez moribundo. A su ejército le faltaban soldados, la oposición armada se había reforzado con la ayuda militar occidental y las tropas fieles al régimen de Damasco habían retrocedido en varios frentes. Desde el inicio de la guerra, habían muerto cerca de 100 000 soldados, un número similar ha quedado inválido o ha desertado; al final sólo seguía combatiendo un tercio de los efectivos iniciales. Una vez más, Al-Assad fue salvado in extremis por un nuevo actor que tiene intereses que desbordan el caso sirio.

El 30 de setiembre de 2015, en un contexto de repliegue de Estados UnidosVladimir Putin ofreció su ayuda militar al presidente sanguinario, enviando más de 5 000 soldados, 70 aviones, y un gran número de mercenarios rusos que combaten extra-oficialmente. Para Putin, el conflicto sirio representa un nuevo conflicto con las fuerzas de la Organización del tratado del Atlántico norte (OTAN), donde los Estados Unidos, Francia y Reino Unido tienen las fuerzas militares más importantes; y también es una ocasión de afrontar los países del Golfo, sobre todo Arabia Saudita y Qatar, grandes aliados de los Occidentales. Rusia tiene relaciones políticas y comerciales con Siria desde hace 50 años, y una base naval en Tartus, en el Mediterráneo (más de 94 mil habitantes). La entrada de esta potencia, que estaba declinando desde los años 1990, en la guerra de Siria marcó su retorno en la escena mundial. Desde entonces, Rusia ha adoptado una posición aislacionista propiciada por el régimen de Putin que afirma sin cesar un supuesto “menosprecio de los Occidentales” hacia su país, y recibe toda crítica como un ataque al “honor de Rusia”, o como “un insulto al presidente Putin”.

Los analistas consideran que Al-Assad debe a Putin su mantenimiento en el poder, sobre todo gracias al poderío aéreo ruso que es el único que ha ganado las guerras en el Oriente Medio desde 1967 [guerra de seis días que opuso Israel a una coalición árabe y que se soldó con el triunfo israelí]. Rusia anunció que entraba en la guerra para luchar contra el Estado Islámico, pero en realidad consagra 90% de sus fuerzas militares a luchar contra la oposición siria; lo cual no ha impedido a Putin declarar “la victoria contra el terrorismo” luego de su participación en el combate de Deir ez-Zor, al borde del río Éufrates (más de 272 mil habitantes), el 2 de noviembre de 2017, cuando las fuerzas del Estado islámico fueron finalmente vencidas. Putin y Al-Assad se comportan como dos jefes de guerra sanguinarios y son incapaces de proponer una solución política al conflicto.

• En 2016Turquía entró en guerra en territorio sirio con la Operación Escudo del Éufrates que tentaba de alejar a los yihadistas del Estado Islámico de su frontera, y de otro lado neutralizar la posibilidad de crear un vasto “Kurdistán sirio” a sus puertas. Sin embargo, por razones de interés político coyuntural, Turquía se ha acercado a Rusia a pesar de sus divergencias y trabajaban juntos para reforzar el cese del fuego en Siria.

En este período, el Estado Islámico conservaba su control en Raqqa y en la provincia de Deir ez-Zor.

El Observatorio sirio de derechos humanos (OSDH) estimaba que en 2016 habían 320,000 muertos, un millón de heridos y cerca de 5 millones de refugiados. Además, se censaron 6,3 millones de desplazados internos y 13,5 millones de personas dependientes de la ayuda humanitaria. Según UNICEF, 652 niños habían muerto durante el año 2016, de los cuales 255 en sus escuelas; además, se estimaban que habían mas de 850 niños soldados reclutados por los diversos actores armados de la guerra interna. En fin, Amnesty International denunció los casos de tortura y de ejecuciones de masa ordenados por el régimen sirio de Al-Assad (RFI del 15 de marzo de 2017).

• En julio de 2017, el nuevo presidente estadounidense Donald Trump, decidió suspender la asistencia en armas, formación militar y financiamiento al Ejercito sirio libre, rama moderada de la oposición siria; lo cual implicó la consolidación del poder de Al-Assad en su país. A pesar de las grandes diferencias políticas y personales entre Barack Obama y Trump, ambos demostraron que la prioridad para los Estados Unidos no es poner un fin definitivo a la guerra del régimen sirio contra su pueblo, sino simplemente terminar con la amenaza del Estado Islámico. Objetivo casi conseguido con la caída de Raqqa, capital del EI en Siria, donde los estadounidenses mantenían su apoyo a las fuerzas kurdas y sirias que luchaban por retomar el control de esta ciudad. En este período, que marcaba una nueva etapa de la guerra, Trump consideraba incluso posible aliarse a Putin en sus esfuerzos por obtener el cese del fuego entre las fuerzas de la oposición y el régimen, en particular en la zona de la Guta Oriental, al este de Damasco. Gracias al apoyo de Rusia y de Irán, y de las milicias chiitas libanesas e iraquíes, Al-Assad controlaba el “país útil”.

En ese contexto, las alianzas políticas internacionales estaban bastante claras: en el Oriente medio, Estados Unidos estaba aliado a Arabia Saudita y a Israel, ambos enemigos acérrimos de Irán y del régimen de Bachar Al-Assad; en el campo adverso, Siria contaba con el apoyo de Rusia y de Irán. Los analistas planteaban que Trump estaría obligado a escoger entre la causa de sus aliados árabes e israelíes (que en ese campo están perfectamente unidos contra Irán); o aceptar la influencia a largo plazo de Irán en Siria. En segundo lugar, ya nadie consideraba que Al-Assad debía partir para empezar la discusión sobre el futuro político de Siria; pero los Occidentales y los Rusos saben que si este presidente alauita-chiita se queda en el poder entonces la paz no será nunca concretizada en un país mayoritariamente habitado por sunitas (Le Monde, Editorial del 26 de julio de 2017).

El rol desastroso de la ONU en Siria

El 10 de agosto de 2017 Carla del Ponte, miembro de la Comisión de investigación de la ONU sobre los crímenes de guerra en Siria (presidida por el brasileño Paulo Pinheiro), presentó su renuncia luego de haber participado en esta instancia (creada en agosto de 2011) desde setiembre de 2012. Sus razones son explicitas: “aún cuando existen pruebas suficientes para condenar al presidente de Siria Bachar al-Assad de crímenes de guerra, la ONU no hace absolutamente nada.” Esta declaración de una personalidad conocida por su franqueza hizo evidente la debilidad intrínseca de la ONU cuando se trata de condenar a los autores de crímenes de guerra, o evitar atrocidades en el mundo globalizado en el que vivimos. Carla del Ponte mostró que la ONU es una organización que no ha logrado imponer sus propias resoluciones para evitar o para frenar las graves violaciones de derechos humanos de cientos de miles de civiles. ¿Cómo explicar esta situación? Simplemente por el hecho que desde el inicio, la ONU ha creado grupos de países en función de su poderío militar y económico. En una palabra, todos los países del mundo no son iguales entre sí, existe una jerarquía que distingue aquellos que tienen poderío militar y financiero (los 15 países del Consejo de seguridad), y el resto del mundo. Entre los 15 países que tienen más peso en el mundo y en la ONU, existen solamente 5 países que pueden bloquear las resoluciones simplemente porque se oponen a sus intereses políticos, militares y económicos. El “derecho de veto” es en realidad el derecho del más fuerte, que se acompaña de la falta de derecho de los débiles. Extraña paradoja en una organización internacional que pretende defender el “orden y la paz mundial”. (Villasante, Boletín del IDEHPUCP, agosto de 2017).
En ese marco, Rusia ha podido oponer su veto a todas las tentativas de negociación política, e incluso de libre transito de la ayuda humanitaria a los civiles sirios. Desde 2011, Rusia ha usado de su derecho al voto en 12 ocasiones para proteger a su aliado sirio de la represalias occidentales; y en varias ocasiones China, que mantiene una posición diplomática de no-intervencionismo para protegerse, ha votado también al lado de Rusia (el 22 de mayo de 2014, el 8 de octubre de 2016 y el 28 de febrero de 2017) (FranceInfo del 18 de abril de 2018).

Como escribía Tzvetan Todorov en su libro Los enemigos íntimos de la democracia (2012, en francés), el mesianismo político actual consiste en imponer la democracia con las bombas. Hecho paradigmático que demuestra que los valores democráticos desaparecen detrás de los imperativos económicos (petróleo, gas) y políticos (reforzar la dependencia de los países débiles y subdesarrollados). Todorov se oponía al uso militar de las potencias mundiales, y yo compartía su visión pues además las guerras en Oriente Medio tenían y tendrán siempre consecuencias nefastas en Europa: los atentados yihadistas. Así por ejemplo, en Francia, el 23 de marzo de 2018, un hombre de 26 años (Redouane Lakdim, de origen marroquí), ha matado cinco personas en dos ataques en las localidades de Carcassonne y Trèves; desde 2015, 241 personas han fallecido en atentados del Estado Islámico en Francia. Dicho esto, después de constatar que Al-Assad sigue empleando armas químicas contra su pueblo, no se puede seguir considerando que lo mejor sea abandonar al pueblo sirio y la intervención militar occidental parece coherente con la defensa de civiles indefensos.

Los bombardeos occidentales contra las armas químicas en Siria

Los primeros ataques químicos de envergadura, con el gas sarín (o gas mostaza), en Siria tuvieron lugar en marzo y en agosto de 2013 contra localidades situadas en la Guta, cercana a la capital de Damasco, produciendo la muerte de mas de 1 400 personas, en mayoría mujeres y niños. En setiembre, la Organización por la prohibición de armas químicas confirmó que el cloro había sido utilizado en tres localidades sirias. En agosto de 2016, un nuevo informe de la ONU estableció que helicópteros del régimen habían lanzado gases de cloro sobre localidades rebeldes. En abril de 2017, el Observatorio sirio de derechos humanos denunció un ataque con gas sarín en Khan Cheikun (noreste del país), que mató más de 80 personas, entre las cuales 30 niños. En represalia, Trump ordenó el bombardeo de una base aérea el 4 de abril de 2017. La utilización de armas químicas suscitan el horror internacional porque no se trata de conquistar terreno o controlar fuerzas enemigas sino simplemente eliminar a poblaciones civiles, entre las cuales hay algunos combatientes (RBTF del 13 de abril 2018).

El sábado 7 de abril de 2018, el régimen sirio volvió a lanzar bombas químicas (cloro y sarín) contra la ciudad de Duma, en la Guta oriental. Decenas de civiles murieron asfixiados… y los sobrevivientes mostraron su cólera ante el mundo, rechazando que se tomen fotos, declarando que habían perdido toda esperanza de apoyo exterior. El 9 de abril hubo un ataque aéreo en el centro del país contra el aeropuerto militar de Homs, que ha provocado varias muertes y heridos; pero no fueron los Aliados occidentales quienes la realizaron sino Israel. En febrero de 2017, Israel ya había atacado esa zona del norte de Damasco en represalias a la entrada de un dron enviado por Irán en el espacio israelí (RFI del 9 de abril de 2018). Estos ataques complican más aún la situación militar en la región y pone en riesgo una escalada entre Israel y Siria.

El presidente Trump en Washington y el nuevo presidente Emmanuel Macron en Paris anunciaron que estaban realizando encuestas para determinar la naturaleza del ataque sirio a Duma. La primera ministra Theresa May en Londres reclamó una respuesta fuerte luego de la confirmación del uso de gas sarín. El lunes 9 de abril se realizó una reunión extraordinaria del Consejo de seguridad de la ONU aunque se sabía que no se podría adoptar una resolución punitiva pues Rusia opondría su tradicional veto. El secretario estadounidense de Defensa, Jim Mattis declaró que lo primero será determinar porqué se siguen usando armas químicas cuando Rusia se había declarado garante de su supresión total. Por su lado, el Ministerio de Defensa ruso anunció el domingo 8 de abril haber llegado a un acuerdo con el grupo rebelde Jaych al-Islam para que evacuen la Guta, luego de bombardeos masivos que duraron tres días y el uso del gas sarín el 7 de abril (Hala Kodmani, Libération del 9 de abril de 2018).

El sábado 14 de abril de 2018, los Estados Unidos, Francia y Reino Unido llevaron a cabo un ataque conjunto de por lo menos tres estructuras militares (un centro de investigación de armas químicas y dos centros de producción) en represalias al ataque del régimen sirio del 7 de abril. El objetivo de los Aliados era simplemente hacer imposible el nuevo uso de armas químicas por el régimen sirio. El Observatorio sirio de derechos humanos informó que tres aeropuertos cercanos a la capital (Barzeh, Keswa y Mazeh) fueron también bombardeados. Rusia no fue informada de esos ataques. El sábado, el Ministerio de Defensa ruso anunció que los ataques no habían tocado sus bases militares (en Hmeimim y en Tartus). Francia anunció haber empleado cinco fragatas y nueve aviones de caza, así como misiles navales utilizados por vez primera contra un objetivo militar.

La Unión Europea, la OTAN, así como Alemania, Italia, España, Portugal, Canadá, Turquía, Israel, Arabia Saudita y Qatar, han aprobado esta intervención. Evidentemente, Siria y Rusia han condenado el ataque aliado, negando el uso de armas químicas; en Rusia se ha lanzado otra ola de propaganda declarando que el tal “ataque era una invención de los Occidentales enemigos del pueblo ruso.” Como era de esperarse, el imprevisible presidente Trump se ha felicitado de los resultados militares, en tanto Francia ha sido el único país que ha anunciado la urgencia de retomar el proceso de negociaciones políticas que pongan un fin a esta terrible guerra (L’Obs del 14 de abril de 2018).

La encuesta internacional ha comenzado aunque se puede esperar que ésta sea difícil por la obstrucción y el negacionismo del régimen sirio y de Rusia. Sin embargo, el ataque del 14 de abril ha sido, en primer lugar, una demostración de poderío militar de los Aliados ante Rusia y ante Irán. Los analistas del periódico francés Le Monde consideran (con razón) que la falta de reacción occidental en esta ocasión habría enterrado definitivamente la posición de la comunidad internacional —de los países occidentales con intereses directos e históricos en Siria debemos precisar. Por lo tanto, es evidente que el ataque tenía objetivos de disuasión. De otro lado, el hecho que este ataque haya sido realizado por tres países miembros de la OTAN (que incluye Turquía), demuestra que existe todavía algo de la “comunidad internacional”, a pesar del veto permanente de Rusia en la ONU. En fin, el ataque ha sido una advertencia fuerte contra la posibilidad de un bombardeo masivo y con armas químicas en la localidad de Idlib, donde viven 2 millones de civiles y donde siguen luchando los rebeldes sirios (Le Monde del 17 de abril de 2018).

El Perú en el Consejo de seguridad de la ONU

En ese contexto, la participación de países tercermundistas en el Consejo de seguridad de la ONU, extendido a 15 países —entre los cuales se encuentran desde febrero de 2018: Perú, Venezuela y Burundi— es más decorativo que real. Veamos los hechos: en Venezuela los derechos humanos y cívicos son pisoteados desde que Hugo Chávez tomó el poder (1999), y la situación continua después de su muerte en 2013 con el siniestro Nicolás Maduro que agrede y violenta a su propio pueblo, como Al-Assad en Siria. En Burundi la situación política es catastrófica, la Corte penal internacional ha abierto una encuesta por crímenes contra la humanidad (desapariciones, torturas, ejecuciones) entre abril de 2015 y octubre de 2017 cometidos por el régimen del presidente Pierre Nkurunziza —que quiere ser elegido por tercera vez en 2020— contra la oposición.

El embajador peruano Gustavo Meza Cuadra declaró a inicios de marzo que “somos percibidos como un país comprometido con el multilateralismo, el derecho internacional y la solución pacífica de las controversias” y que las buenas relaciones con todos los miembros del Consejo “nos dan un peso especifico que se ve reflejado, por ejemplo, en la designación del Perú como presidente del Comité contra el terrorismo, probablemente el órgano subsidiario más importante.” (Caretas del 2 de marzo de 2018). En realidad, como hemos visto en este texto, ni el Perú, ni los otros miembros del Consejo de seguridad ampliado de la ONU tienen peso alguno en la situación de guerras como la de Siria, que depende enteramente de las decisiones de los tres países aliados occidentales (Estados Unidos, Francia y Reino Unido) que se oponen constantemente a Rusia y a la China, aliados tradicionales en el Consejo de seguridad de los cinco países que manejan los asuntos mundiales.
Los países latinoamericanos son dependientes de las potencias mundiales y no respetan el orden internacional de los derechos humanos en sus propios países, por esa simple razón, no deberían siquiera estar en el grupo de Seguridad de la ONU. Por lo tanto, las declaraciones de los representantes peruanos sobre la crisis reciente en Siria carecen de importancia y expresan simplemente su ignorancia, y/o su arrogancia, sobre el trasfondo de esta guerra compleja y cruel en la cual sólo tienen un rol político real las potencias mundiales, ningún país del Tercer Mundo como el nuestro; y ni siquiera la ONU que no ha podido impedir ni el genocidio en Ruanda (1994), ni los crímenes de masa en ex Yugoslavia (1995), ni el genocidio actual de los Rohingyas por el régimen de Birmania, apoyado por Aung San Kyi, que recibió (injustamente) el Premio Nobel de la Paz en 1991. Hay que comprender que la razón de la elección peruana es un hecho fortuito que acomoda a las potencias mundiales, sobre todo cuando vemos que otros países sin ninguna respetabilidad internacional, como Venezuela y Burundi, también fueron elegidos en ese Consejo de seguridad.

Por otro lado, el Consejo de derechos humanos de la ONU que tiene su sede en Ginebra, ha incluido el Perú (con México y Chile) entre sus miembros a partir del 1ro de enero de 2018, en reemplazo de Bolivia, Salvador y Paraguay; los otros países latinoamericanos de este Consejo elegido por tres años son Brasil, Cuba, Ecuador, Panamá y Venezuela (La República del 16 de octubre de 2017). A este respecto, Meza Cuadra ha declarado que la elección del Perú: “refleja la consistencia de la política exterior peruana en la defensa y promoción de los derechos humanos” (Caretas del 2 de marzo). Pero en ello también se equivoca rotundamente; el Estado peruano no respeta los derechos humanos y la reciente liberación inmoral e ilegal de Alberto Fujimori lo demuestra fehacientemente; ello además de los cientos de denuncias de violaciones masivas de los derechos humanos concretizados por el Estado durante la guerra interna que no están aún resueltos después de 18 años de la caída y la exclusión del dictador Fujimori de la presidencia del país. Por lo tanto, que el Perú sea parte del desprestigiado Consejo de derechos humanos de la ONU, incapaz de hacer respetar sus propias resoluciones de defensa de derechos humanos en el mundo, tiene poca importancia y es contrario a la realidad peruana. No hay nada de qué ufanarse.

Reflexiones finales

Los últimos acontecimientos militares y humanitarios en Siria prueban que Al-Assad y sus aliados rusos e iraníes han decidido continuar la destrucción del pueblo sirio con bombas químicas para afirmar sus posiciones políticas, creyendo que gozan siempre de la más total impunidad. La respuesta militar de tres países occidentales ha demostrado que ello no es posible en adelante, ya que Estados Unidos, Francia y Reino Unido están dispuestos a imponer el cese de los abusos militares. Francia ha empezado además a buscar los canales diplomáticos pertinentes para entrar en una fase de negociaciones de paz.

Por su parte, la ONU ha demostrado una vez más que es incapaz de organizar o propiciar los acuerdos de paz que respeten los derechos cívicos y humanos de los civiles en Siria y en el resto del mundo. Por lo tanto, el futuro en Siria será decidido entre las potencias que están interviniendo para propiciar la paz definitiva conjuntamente con las fuerzas políticas de la oposición siria. La tarea no será ni fácil, ni de corto plazo. Tenemos por delante varios años de guerra y de muertes de civiles desarmados en Siria, y una probable escalada militar entre Israel y Siria; lo cual implicará la continuidad del desorden y de las atrocidades en el Oriente Medio.

(REVISTA IDEELE EDICIÓN N° 279, JULIO DEL 2018)

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Fuentes utilizadas
— Mariella Villasante, El Estado Islámico contra las sociedades de Siria e Irak y contra el « Occidente ». ¿La caída de Mossul implica el fin del terrorismo islamista ?Lima5 de agosto de 2017, Revista Ideele n°272: http://revistaideele.com/ideele/content/sobre-el-estado-islámico-¿la-ca%C3%ADda-de-mossul-implica-el-fin-del-terrorismo-islamista

— Mariella Villasante, Atrocidades en Siria : la debilidad intrínseca de la ONU y el « derecho » de los países más fuertesBoletín del IDEHPUCP, Lima, 12 de agosto de 2017: http://idehpucp.pucp.edu.pe/opinion/atrocidades-en-siria-la-debilidad-intrinseca-de-la-onu-y-el-derecho-de-los-paises-mas-fuertes/

— Siria: https://es.wikipedia.org/wiki/Siria

— “Guerre civile syrienne”: https://fr.wikipedia.org/wiki/Guerre_civile_syrienne

— Le Figaro del 29 de abril de 2011: http://www.lefigaro.fr/mon-figaro/2011/04/29/10001-20110429ARTFIG00720-les-relations-entre-les-etats-unis-et-la-syrie.php

— RFI del 14 de marzo de 2017:  http://www.rfi.fr/moyen-orient/20170315-six-ans-guerre-syrie-tournant

— Le Monde, Editorial del 26 de julio de 2017: http://www.lemonde.fr/idees/article/2017/07/26/la-guerre-de-syrie-n-est-pas-finie_5165219_3232.html

— Caretas del 2 de marzo de 2018: http://caretas.pe/internacional/81959-el_peru_y_el_fuego_sirio

— Libération del 9 de abril de 2018  http://www.liberation.fr/planete/2018/04/09/la-ghouta-a-l-agonie-l-occident-de-nouveau-au-pied-du-mur_1642244

— RFI del 9 de abril de 2018 http://www.rfi.fr/moyen-orient/20180409-syrie-attaque-aeroport-militaire-tayfur-donald-trump-bachar-el-assad-attaque-c

— RBTF del 13 de abril 2018: https://www.rtbf.be/info/dossier/chroniques-de-fabrice-grosfilley/detail_des-armes-chimiques-utilisees-en-syrie-nous-ne-pouvons-pas-l-ignorer-fabrice-grosfilley?id=9891715

— L’Obs del 14 de abril de 2018: https://www.nouvelobs.com/monde/guerre-en-syrie/20180414.OBS5167/syrie-cibles-reactions-ce-que-l-on-sait-sur-les-raids-de-la-coalition-occidentale.html

— BBC Mundo del 15 de abril de 2018 http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37451282

— Le Monde del 17 de abril de 2018: http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/04/17/syrie-mission-a-accomplir_5286376_3232.html

— FranceInfo del 18 de abril de 2018: https://mobile.francetvinfo.fr/monde/revolte-en-syrie/veto-echec-des-mediations-comment-la-guerre-en-syrie-revele-l-impuissance-de-l-onu_2710240.html#xtref=acc_dir

Sobre el autor o autora

Mariella Villasante
Doctora en antropología (École des Hautes études en sciences sociales, Paris), investigadora independiente y asociada al IDEHPUCP. Especialista del Perú, de los pueblos amazónicos y de Mauritania. . Desde noviembre de 2019 colabora con la Dirección General de Personas Desaparecidas del MINJUS, Oficinas de Lima y de Huancayo. Reside en Francia. Ha traducido el Hatun Willakuy en francés en junio de 2015 [Le Grand récit de la guerre interne au Pérou, Paris]. Y ha publicado tres libros sobre el Perú: Violence politique au Pérou. Essai d'anthropologie de la violence (París, 2016); Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 (París, 2018), Prefacio de Salomón Lerner). Y finalmente: La violencia política en la selva central del Perú, 1980-2000. Los campos totalitarios senderistas y las secuelas de la guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia, Prefacio de Salomón Lerner (Lima, COMISEDH y Tarea Gráfica, 2019).

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