Martha Moyano: “Yo asumo los pasivos y seguiré siendo fujimorista hasta el día en que muera”

(Foto: La República)

¿Por qué la Revista Ideele decide entrevistar a una de las defensoras más obstinadas del fujimorismo? Precisamente por eso. La intención de voto de Keiko Fujimori es de aproximadamente 35%. Un tercio del país respalda la propuesta de un grupo político que le hizo mucho daño a nuestra sociedad. Conocer la historia de Martha Moyano es, de alguna manera, comprender un poco a nuestro país.

Ustedes eran siete hermanos. Todos vivían cerca.
Éramos. Antes vivimos en otro grupo residencial con mi mamá.

¿Nunca pensaste en vivir fuera de VES?
No, nosotros somos muy arraigados. Puedo salir por un tiempo, pero siempre tengo que regresar. Estuve dos años en Surco por mi hija que tenía que estudiar, pero me sentía extraña. Siempre pensamos que si fuéramos a construir una casa sería tan bonita como la de los otros lugares, pero en Villa El Salvador.

¿Llegaron en 1970?
En 1972. Mi mamá no estuvo en la primera invasión. Ella se enteró de que el Estado estaba entregando terrenos a través de SINAMOS y se inscribió. Nosotros vivíamos entre Surco y Barranco, perosiempre nos desalojaban y mi mamá volvía a negociar el alquiler. Un día llegó con un camión y nos dijo que nos íbamos. Yo tenía siete años. Me quedé dormida y cuando desperté estábamos en un desierto. Mi mamá había aceptado que le dieran el último lote del tercer sector, en donde terminaba Villa El Salvador. Yo solo lloraba. ¿Cómo íbamos a dormir en ese desierto?

¿Armaron sus esteras?
Mis hermanos mayores llegaron antes y armaron la choza. Había cuatro palos, estacas y esteras. Eran 140 metros. Mi mamá distribuyó el lote y señaló en la arena dónde iba a estar la cocina, la sala, los dormitorios y dejó un sitio para la escalera de caracol que nunca llegamos a hacer. Ya después le pude construir una casa a mi mamá y le hice una escalera, pero no de caracol.

¿La casa que construyeron en el arenal tenía paredes y techos de estera?
Sí, era toda de esteras, incluyendo el baño que tenía un waterque se conectaba al silo. No le podíamos echar agua sino cal.

En ese momento ir a vivir allá era aislarse del mundo.
Claro, la preocupación de mis hermanos mayores era cómo salir de allí. Ellos estudiaban y trabajaban vendiendo cosas, y no había movilidad. Mi hermano mayor – que ya murió de cáncer – no pudo terminar de estudiar contabilidad. Mi hermano menor salía del colegio y se iba a lavar platos en un restaurante. Villa El Salvador tiene 14 kilómetros. Para tomar un bus teníamos que caminar hasta el primer sector al que solo llegaba la línea 55. Esto fue antes de que entraran los “bancheros”. Caminar en la arena hasta allá demoraba de dos a tres horas. Salían a las cuatro de la mañana. No había nada, solo lagartijas y conchitas. Yo era feliz porque jugaba en la arena limpia.

¿A qué se dedicaba tu mamá?
A lo que podía. Tocaba puertas para limpiar casas, lavar, cocinar; aunque no tiene paladar y no cocina bien.

La influencia de tu madre fue decisiva en ustedes. Más bien tu padre estuvo ausente.
Hacia mi papá no desarrollé ningún sentimiento. Él fue el segundo esposo de mi mamá y educó a mis tres hermanos mayores. Para ellos ha sido la figura paterna. Para los menores, incluyendo a María Elena, no. Ya cuando éramos grandes venía a visitarnos y María Elena iba a su casa en Surco. Se separaron y mi madre nos crió sola. Ella es muy dura y alegre a la vez. Ella es muy activa y llena de vida. Solo la he visto llorar el día que asesinaron a mi hermana. Y si lo ha hecho ha sido a escondidas.

¿Cómo fue su vida?
Ella viene de una familia más o menos acomodada, pero pierde todo cuando se embaraza a los 14 años. Mi abuelo era muy duro y ella le ocultó su embarazo. La separan del hombre con la que tuvo el hijo y años después volvió con él y la vuelven a separar.

¿Estudiaste en Villa El Salvador?
El distrito estaba tan bien diseñado que había áreas para construir colegios. Los padres de familia juntaron palos y esteras e hicieron aulas. Yo caminaba desde el Grupo 18 hasta el colegio Juan Velasco Alvarado. No había pupitres. Mi asiento era un ladrillo; otros se sentaban en la arena. Mi hermano me llevaba una silla de madera que había sido de la abuela y la usaba como carpeta. Los profesores eran chicos que habían acabado la secundaria. Al poco tiempo llegó el Fe y Alegría. Después pasé al Pachacútec, que era el colegio estatal pituco y ahí terminé mi primaria y secundaria.

¿Hubo ayuda internacional para formar la CUAVES?
En esa época no. Lo que había era un diseño comunal muy interesante. Funcionaba el voluntariado. En nuestro grupo residencial las manzanas tenían una directiva y se formaron voluntarios en salud y en educación. Los voluntarios en salud eran promotores encargados del peso y la talla de los niños. También apoyaban a los pocos médicos de las postas y a las comadronas. Las voluntarias en educación eran profesoras de educación inicial. La dirigencia se ocupaba por turnos, así que todos los vecinos terminaban siendo dirigentesy voluntarios.

Tú fuiste promotora de salud. ¿Y María Elena?
Fue voluntaria de educación. Mi mamá era asistenta social de la manzana. En esa época los titulares eran los hombres, y si una mujer iba a una reunión tenía que tener el permiso del esposo o del papá. Ella hizo un alboroto y terminó siendo aceptada en esas reuniones.

¿Detrás de la organización comunal estaban las organizaciones de izquierda?
Acá había una hegemonía fuerte de la izquierda. Los partidos entraron y captaron a esa dirigencia. No fue que la dirigencia comunal era de izquierda.

¿Sobrevive esa organización vecinal?
No, la distritalización fue una estocada. Ahora hay otras formas de organización como las coordinadoras de salud de las que soy miembro, y las juntas de seguridad ciudadana. Son otros espacios.

Después entraste a un programa de alfabetización.
Sí, nos pagaban un sol por alumna. Nos contrataron a mi hermana y a mí. Yo tuve un problema con el Ministerio de Educación. Nos daban un cuaderno y un tenía que enseñar las letras – A de avión, por ejemplo-. Pero había una señora que en su vida había visto un avión. Entonces empecé a adaptar las palabras a la realidad. Un supervisor cuadriculado escuchó que yo no había usado la palabra del libro, tuve mala relación con él y no me volvieron a contratar.

¿Cómo te contactas con el Centro de Comunicación Popular?
Tenía 17 años. Una amiga con la que salía a mataperrear me llevó al centro que todavía era de esteras. Me agradó y me quedé a apoyar en la biblioteca, a ordenar los libros. Yo había llevado un curso de bibliotecología en la Biblioteca Nacional al que mi mamá me había mandado. Sabía fichar y registrar los libros. Sugerí tener un carnet único y crear la red de bibliotecas populares del distrito. En esa época Michel Azcueta era el alcalde y conversé con él. Logró traer a unos cooperantes italianos que nos apoyaron, trajeron más libros.

¿María Elena y tú conocen al mismo tiempo a Michel Azcueta?
Yo lo conocí antes en el Centro de Comunicación Popular donde trabajé muchos años. En esa época María Elena estaba en la catequesis porque había un chico muy guapo y lo iba a ver a la iglesia. Mi mamá me obligaba que la acompañara porque era la menor, pero cada unase iba por su lado. Hasta que un día algo pasó y mi hermana se peleó con el cura y se salió de la iglesia. Entonces me dijo que formemos un grupo de teatro. Jalamos a mi hermano y al chico guapo. El nombre de nuestro grupo era Renovación. Hacíamos obras educativas contra las drogas y ese tipo de temas. Una vez hicimos una obra en Semana Santa y el guapo actuó de Cristo y ella de María Magdalena. A la gente le gustaba. Pero después María Elena entra al Programa no escolarizado de Educación Inicial (PRONEI) y el grupo se desintegra. Ahí es que ella forma la junta de animadoras del distrito para pelear por más propinas e incentivos.

¿Qué papel jugó Azcueta? Él reúne a muchos jóvenes, fortalece el trabajo comunal. Sus detractores hablaban de “los hijos de Michel”, de un grupo de incondicionales.
Él juega un papel fundamental en la municipalidad. Él era dirigente del Centro de Comunicación Popular, que era el proyecto cultural que aplicaba una serie de propuestas, una ONG. Cuando yo lo conocí yo estaba en la biblioteca y no sabía que él era miembro de la directiva. Me llamó la atención que fuera español; su acento era muy fuerte. Era el periodo de distritalización , en el año 1983. De esa época recuerdo a dirigentes como Odilón Mucha, que terminó yéndose con la plata de la Caja Comunal; a Antonio Aragón. Ellos promovieron la propuesta en una asamblea. Villa María no nos atendía, estaba muy lejos.

Hasta ese momento no tenías formación política. ¿Cómo fue ese proceso?
En el año 1984, cuando ya Michel era alcalde, una amiga del centro me convocó a una reunión cultural secreta. Yo acepté porque estaba en el grupo de teatro. Como siempre chismeábamos con María Elena, al regresar a mi casa le dije que le iba a contar algo pero que no le dijera a nadie. Le conté que me habían invitado a la reunión y ella se rió y me dijo: “No le digas a nadie, a mí también”. Entramos juntas al Partido Unificado Mariateguista. Ella tenía más trayectoria porque era mayor y tenía más experiencia en organización.

¿Qué les dijeron en esa reunión?
Recién supe que se estaba formando la célula cultural del PUM. Nos dijeron que era la única en todo el país. Yo estaba emocionada. A María Elena la llevaron a la célula femenina donde todas eran mujeres. Ya había surgido la Federación Popular de Mujeres y la integraron como subsecretaria de organización. Básicamente la integraban clubes de madres que estaban en cada uno de los grupos residenciales. La célula cultural no duró mucho tiempo. Entonces yo hice mi vida política en la célula juvenil y ella en la femenina.

¿Recuerdas algo de esa militancia?
Les cuento una anécdota: recuerdo que yo no sabía que teníamos que cambiarnos de nombres. Al poco tiempo de haber sido convocados, nos preguntaron nuestras chapas para apuntarnos. Teníamos un amigo al que le preguntaron cuál era su chapa y él dijo “Drácula” porque así le decíamos. En realidad, no sabíamos dónde estábamos ingresando.

¿Y tu chapa?
Yo soy Martha Lupe. Mis hermanos me decían “Chupe”, y esa fue la que me puse.

¿No sabías que estabas entrando a militar en la izquierda?
No, al principio yo pensaba que era un espacio cultural. Sí hablábamos de política, pero mi vida era el Centro de Comunicación popular, el trabajo juvenil, la red de bibliotecas populares. Esa era mi militancia. Ya en el año 1986 fui a un aniversario del PUM y recién ahí me di cuenta de que era un partido político.

¿A qué dirigentes políticos conociste?
Años después conocí a Óscar Ugarte; también a Javier Diez Canseco. Él vino a una asamblea nacional de pueblos a la que asistieron como 2 mil personas. La Federación de Mujeres se encargó de la comida y los del grupo juvenil nos encargamos de la seguridad.

¿Estabas al tanto de las discusiones internas en el PUM?
Posteriormente hubo una asamblea de militantes a la que nos convocaron. Allí se produjo una pelea entre Tapia y Diez Canseco por una pistola. Tapia decía que lo habían mandado a Puno y no le habían dado una pistola. Las mujeres empezaron a bromear. Le decían ‘no tiene pistola’ en doble sentido. Pero siempre para María Elena y para mí primero estaba la organización y después el partido. Ella decía que si el partido le imponía cosas que iban en contra de la organización, ella mandaba a la mierda al partido.

Pero María Elena fue una política comprometida, a ti también te identificaban con la izquierda.
Yo creo que ella llegó a tomar conciencia de lo que significaba estar en un partido, de ser militante y el compromiso que implica. En mi caso, en el distrito había una hegemonía de la izquierda. Lo normal era ser de izquierda. Pero yo me veía a mí misma como una chica que hacía teatro y organizaba las bibliotecas en el distrito.

¿Cuándo aparece Sendero Luminoso en el panorama de manera visible?
Había varios partidos de izquierda y Sendero ya se estaba infiltrando sin que nos diéramos cuenta. En el año 1985 y 1986 ya había senderistas en la CUAVES y en el parque industrial. Sendero se infiltra en la Federación de Mujeres en el año 1989. María Elena era tenienta alcalde de la municipalidad en ese momento.

Después María Elena deja el PUM y se va al Movimiento de Afirmación Social (MAS), liderado por Henry Pease.
Eso fue cuando se rompe el PUM. Yo nunca llegué a ser dirigente del partido; era una militante que salía a la calle a volantear y pegar afiches. Las dirigencias de los partidos eran muy elitistas, tomaban acuerdos entre ellos, los de abajo no sabíamos y simplemente aceptábamos. En el caso del PUM, se rompió y no entendíamos nada. En una reunión nos preguntaban si nos quedábamos o nos íbamos. Yo contesté que me quedaba, pero no sabía a qué ni a dónde. Nadie nos explicó. María Elena tenía mucha más experiencia partidaria, y cuando estábamos en la casa de mi mamá me preguntó si me quedaba o me iba. Ella me dijo que se iba. Hay que ser claros: ella rompe con la propuesta de formar un “brazo armado”.

¿Conocías la polémica entre los zorros y los libios?
Eso lo entendí años después. Me lo explicaron en el año 1989. Y pensé: “Ay, chicha, me quedé con los libios”. Henry Pease invita a María Elena a un evento del MAS y le propone integrarse. Ella le contesta que entraría con 100 mujeres, siempre y cuando formara parte de la directiva. Pero siempre dijo que su corazón estaba en el PUM. Ella quería volver y ellos querían que vuelva. Ella me dijo: “Yo vuelvo solo si es a la dirección nacional”.

¿Y ella no te propuso entrar al MAS?
No, yo pensaba que si estaba en un partido me debía quedar ahí. Debía morir ahí. Era más arraigada. María Elena era más impulsiva o quizás entendía mejor que yo la propuesta política y no estaba de acuerdo.

¿Tú creías que se debía hacer la revolución?
No hablábamos de eso exactamente. Nunca fui cuadriculada. Pero claro que pensaba que había desigualdad, injusticas, racismo.

¿Tuviste relación con organizaciones feministas?
Personalmente, no. María Elena tuvo una relación muy estrecha con las ONGs Manuela Ramos y Flora Tristán porque ellas apoyaban a las organizaciones de mujeres. Mi formación en los temas de género la tuve por María Elena y viendo a mi mamá. La organización comunal era muy machista y mi mamá tuvo que pelear para que la acepten y que pueda asistir a lasasambleas en las que se informaba cuándo llegaba el agua y esas cosas.

La izquierda no tuvo los cojones para gobernar un país. Hemos sido muy teóricos y poco prácticos. Una cosa es lo que dicen y otra la que hacen.

¿Cuál es tu mayor crítica a la izquierda?
La izquierda no tuvo los cojones para gobernar un país. Hemos sido muy teóricos y poco prácticos. Una cosa es lo que dicen y otra la que hacen.

¿Cuando asesinaron a María Elena estabas todavía en el PUM?
Sí. Después que la mataron los dirigentes de izquierda nos reunimos en el Centro de Comunicación Popular y tomamos acuerdos. Estaban alterados y decían que no iban a permitir que Sendero mate a nadie más. Nos habíamos organizado por turnos para rondar el velorio porque se decía que los senderistas iban a incursionar ahí. Solo Rocío Paz y yo cumplimos todos los turnos. Nadie más cumplió. Yo recogí los restos de María Elena, cerramos el cajón. En la noche pasaron personas en bicicletas que podían ser los “tucos” y también las tanquetas del ejército. Yo le dije a Rocío que lo sentía pero que iba a pedir que una tanqueta para que se estacione frente al velorio. Eso fue un sacrilegio para los dirigentes.

¿No cumplieron por temor?
Debe ser por temor. Después empezaron a irse. Toditas las ONGs que nos apoyaban se fueron del distrito. No hubo una propuesta para enfrentar a Sendero y reconstruir la organización. Eso me molestó grandemente. La Federación de Mujeres se diluyó. ¿Dónde estaba la propuesta política de reforzar las organizaciones?

¿Te sentiste traicionada por la izquierda?
Me sentí traicionada, abandonada, defraudada. Sentí lo mismo que María Elena. Ella y yo hablábamos mucho y me había dicho: “Estos desgraciados, hijos de puta me han abandonado”. Pero lo comentábamos entre nosotras nada más. Ella nunca expresó eso afuera. Tuve que hacer de todo para que la memoria de María Elena permanezca. Por eso formé una organización que se llamó Fundación María Elena Moyano, en la que junté a perro, pericote y gato. Había apristas, de todo. Ésta dejó de funcionar cuando uno de los integrantes propuso que recibamos dinero de la cooperación y yo me opuse a ello. Entonces en el año 1993 organicé un festival musical con mi familia, algo alegre al estilo de María Elena. Lo hice con mi familia – los que no tuvieron que irse – y mi actual esposo. Ahora lo organizamos todos los años. Al principio los cantantes no cobraban. Han venido gratis Gian Marco, Susana Baca, Homero, Los Mojarras. Además, hago dos eventos al año: uno en febrero por su muerte y otro en noviembre por su cumpleaños. He organizado fiestas acá en la puerta de la casa,y eso ha hecho que la memoria de María Elena se mantenga sin apoyo de la izquierda.

Después de esa etapa convulsionada empiezas tu trabajo municipal.
Fui como una supervisora en la municipalidad de Villa María del Triunfo.Trabajaba directamente con el alcalde Villavicencio que era del PUM; pero el trabajo no me lo consiguió el partido sino que yo me lo busqué.

¿Hasta cuándo seguiste militando?
Hasta el año 1994. Simplemente dejé de asistir a las reuniones. Se rompió la relación y les perdí el respeto. Continué con los homenajes a María Elena. Formé un grupo de mujeres con varias de las que trabajaron con María Elena. Una de ellas retomó el trabajo de la federación y yo la apoyé.

¿Nadie te contactó?
En el año 1995 formamos un grupo político que se llamaba Arena Viva, que surgió a partir de un programa radial que producíamos. Había gente que venía de la izquierda y del APRA. La idea era que yo postulara a la municipalidad de Villa El Salvador, pero no conseguimos las firmas. Había otro grupo en el que estaba Michel y todos los de la izquierda. Ellos sintieron que yo estaba confrontándolos. A fines de ese año me vino a buscar un vecino aprista y un señor mandado por Yoshiyama de Cambio 90. Me propusieron estar en su lista de regidores. Les dije que lo iba a pensar, que era muy difícil tomar una decisión.

¿Por qué?
¡Es que era Cambio 90! Nunca había estado en otro partido. Hablé con mi esposo sobre la propuesta, me preguntó qué pensaba y le dije que necesitábamos estar en política para no aislarnos. Me contestó que me apoyaría sea cual fuese mi decisión, y que tenía que asumirla con zapatos y todo. Acepté. Al día siguiente dos amigas de la federación me comunicaron que también se iban a Cambio 90. Les dije que me parecía bien porque ya no teníamos más opciones. Ese día en “La República” salió un titular que decía que yo había traicionado la memoria de mi hermana. Llamé a Gustavo Mohme y no me quiso contestar. Ésa fue para mí la ruptura formal.

¿No lo consultaste con Michel Azcueta?
No, porque Michel no estaba. Se había idoa Chile por un tiempo corto. Me mandó un mensaje para irnos y le dije que no. Cuando regresó atentaron contra su vida.
Mi relación con él era lejana. Cuando estuvo en el hospital fui a verlo. Más bien, ahora somos muy amigos.

¿Tú diferencias a la izquierda de Sendero, o eres de las que piensa que los de la izquierda son terroristas?
Yo diferencio a Sendero de la izquierda y de los caviares. Para mí Sendero no es un partido político, sino una lacra terrorista. La izquierda tiene otra propuesta, hay partidos inscritos. Los caviares forman parte de esos partidos. Son los que venían al distrito porque estaba de moda. Acá han venido muchos. Me refiero a los de las ONGs. Venían en sus Volkswagens. Se hacían los que iban a vivir acá, pero al mes se iban a sus casas.

¿Y cómo se desarrolló la confrontación con Sendero?
Después de que matan a María Elena, mi familia se dispersa. Mi mamá, mis hermanos, mi cuñado y mis sobrinos se fueron a España. Mi hermana mayor me lloraba para irnos, pero yo le dije que no. Yo creía que si me iba estaba aceptando la derrota. Dos meses después nos pintaron la pared y escribieron con sangre – seguramente de pollo – que moriríamos igual que las ratas. Yo me moría de miedo, pero igual decidí quedarme.

¿María Elena sabía que la iban a matar?
Ella hablaba de cómo iba a ser su entierro. En la Federación de Mujeres no se sabía con quién hablabas. No se les podía identificar. De repente caía el esposo de fulanita o la hija de tal. A María Elena la protegía un solo policía, y cuando fue teniente alcalde le prestaban un carro. Mis hermanos se sentían impotentes porque no nos podían cuidar. Ella decidió pasar a la clandestinidad, salir de Villa El Salvador. Pero era una clandestinidad entre comillas porque solo se fue a vivir a otra casa. Igual venía, coordinaba con la gente.

¿Recuerdas ese día?
María Elena tenía el umbral del dolor muy elevado. Era escandalosa cuando se golpeaba. Nosotros sabíamos lo que debió sentir cuando le dispararon en la pierna y la dinamitaron viva. Cuando la mataron yo asumí el liderazgo de la familia. Yo decidí que la entierren en Villa El Salvador y no en El Ángel como quería mi mamá. El odio que mi familia sintió hacia el distrito fue fuerte en ese momento. A mis sobrinos se les acercaban y les entregaban fotos de su mamá destrozada. Nos atormentaban psicológicamente. A mi mamá le entregaron una bolsa con carne de María Elena. He pasado cosas horribles: me entregaron una pierna y tuve que llevarla a la morgue y meterla en el cajón. Decidí incinerarla para que acabe todo.

Sendero esparcía rumores de que María Elena había usado dinero de las donaciones.
El rumor en un pueblo como este corre rápido. Ellos decían que era corrupta, que tenía una casa de tres pisos. Esta casa en la que estamos tenía techo de eternit y no existía la parte de adelante. Dijeron que era dueña de una fábrica de quesos, que vendía la leche en el mercado. Esos dichos los soltaban en las organizaciones.

También dijeron que había “tirado dedo” y que estaba en complicidad con la policía.
Eso lo dijo una militante de izquierda cuyo nombre me reservo. Lo dijo en un medio de comunicación. Señaló que ella era una especie de informante del Estado.

A fines de 1995, ¿qué opinión tenías de Fujimori y su gobierno?
Cuando acepto ya habían capturado a Abimael Guzmán. Para mi familia y para mí era un gobierno que estaba haciendo las cosas como se debía. Por eso tomé esa decisión. Había metido preso al cabecilla responsable del asesinato de María Elena.

¿No te importaba el autogolpe del año 1992?
Yo formé parte de ese 90% de la población que aplaudió el cierre del Congreso, a pesar de que en ese momento yo era del PUM. Salí a la calle con un grupo de señoras a manifestarnos a favor. Los partidos tenían élites que escogían entre ellos quiénes iban a ser los candidatos al Congreso. Entre ellos se turnaban. Nosotros, los de la base del partido, siempre criticábamos eso; era peor si vivías en Villa El Salvador. Nunca se nos consultó quiénes iban a ser los candidatos presidenciales.

Pero María Elena era crítica al gobierno de Fujimori.
No, la izquierda ha construido una leyenda. Han querido apropiarse de su imagen. Cuando se dio el llamado fujishock, María Elena organizó más comedores populares.Recibió la propuesta de Alberto Fujimori para formar parte de la Mesa de Lucha contra la Pobreza y aceptó.

¿En 1990 votaste por Fujimori contra Vargas Llosa?
Claro, esa fue la directiva del partido. Una vez Antonio Zapata me entrevistó en el canal que decían que era de Montesinos. Él era del staff de entrevistadores. En ese momento yo le recordé eso. Le dije que no se acordaba porque él se fue a Estados Unidos. Yo lo conocí porque llegaba en su Volkswagen en la época que estaba de moda venir acá.

Ya había salido en algunos medios lo de las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos.
Recuerden que están hablando con la hermana de María Elena. A ella la mataron brutalmente. Nosotros tenemos información de que la gente de La Cantuta era senderista. Eran estudiantes terroristas, incluyendo a Gisela Ortiz. Ella dirigía el comedor y su hermano las habitaciones.

Bueno, tú crees eso. Pero, ¿justificas la forma en la que los mataron? Fueron ejecuciones extrajudiciales.
Yo no estoy justificando cómo los mataron; lo que digo es que no eran estudiantes inocentes.

Pero hubo un juicio y una sentencia. Fujimori fue condenado por las matanzas de la Cantuta y Barrios Altos.
En Barrios Altos estuvo un infiltrado que se llama Douglas Arteaga. Él enviaba información cada quince días. Él afirmó que todos eran terroristas, excepto el niño, obviamente. Este señor está vivo y ya salió de prisión, y es con quien tomé contacto.

Yo recogí los restos de María Elena, cerramos el cajón. En la noche pasaron personas en bicicletas que podían ser los “tucos” y también las tanquetas del ejército. Yo le dije a Rocío que lo sentía pero que iba a pedir que una tanqueta para que se estacione frente al velorio. Eso fue un sacrilegio para los dirigentes.

No hay ninguna investigación periodística que afirme eso.
Ricardo Uceda investigó y determinó que eran terroristas. Le llamó “la historia secreta de Barrios Altos”. El hijo de Vargas Llosa también. Esta gente estaba planeando atentar contra Máximo San Román, que pasaba todos los días por ahí en su camioneta.

En ningún momento Uceda señala eso. Los informes periodísticos dicen que se equivocaron de objetivo y que la gente de Barrios Altos no tenía nada que ver, que estaban festejando su pollada.
Uceda lo dice en un informe periodístico. Y este señor Douglas lo dice en un informe judicial.

¿Justificas el accionar del Grupo Colina?
El comando Rodrigo Franco mató. ¿Y acaso Alan García está preso? Hay sesgos en las posiciones con respecto a los mandatarios.El Comando Rodrigo Franco se formó en el Estado; en cambio el grupo Colina lo formaron esos policías para vengar la muerte de su amigo que se apellidaba Colina y que fue asesinado por Sendero Luminoso. Y este grupo hace estas dos acciones porque, en el caso Barrios Altos, supuestamente ellos asesinaron a los Húsares de Junín.Y en el caso de La Cantuta, los estudiantes fueron responsables del atentado de Tarata.

No hay ninguna investigación seria que señale eso.
Sería bueno que lo investiguen. No hay un informe serio que haya descubierto que Fujimori haya mandado matarlos. Como los del grupo Colina eran agentes del Estado, se le atribuye a Fujimori la responsabilidad de los asesinatos.Pero en los juicios la autoría es individual. Si Alberto Fujimori hubiera sido un dictador, ¿no creen que Abimael Guzmán estaría muerto?

Hubiera sido demasiado obvio y Guzmán se hubiera convertido en un mártir.
Claro, tampoco les convenía.

Entonces tú crees que Montesinos no le informaba a Fujimori que el grupo Colina estaba actuando y que hacía este tipo de acciones.
Yo no sé si le informaba o no.

¿Qué piensas de Montesinos?
Fue un personaje nefasto que no solo estuvo en el gobierno de Fujimori, sino que vino de gobiernos anteriores como el de Velasco. Avasalló todo estamento de poder en el Estadoa escondidas de Fujimori.

¿No crees en la teoría de la autoría mediata aplicada al caso Fujimori?
No. Yo lo conozco personalmente.No puedo creer que él haya ordenado matar a un grupo de personas cuando pudo haberlo manejado desde el Poder Judicial. ¿No dicen que manejaba el Poder Judicial? Tenía el poder y 90% de aprobación después del cierre del Congreso. Es ilógico.

¿Cuándo conociste a Fujimori?
Recién en el año 2000 cuando me convocan para estar en la lista del Congreso. Yo fui regidora municipal en el año 1995, pero estaba en un número muy abajo, y logré el puesto cuando dos regidores pasan a ser ministros.Es así que entró a la municipalidad de Lima. Nunca tuve relación con Fujimori ni con nadie de Cambio 90. Aprendí en el partido que “tú eres candidata y nos vemos si ganas; pero si pierdes, chau”. Gané y conocí a Alberto Fujimori en una reunión con los congresistas electos.

Entonces no lo conociste mucho.
Lo conocí más cuando vino a un mitin de campaña y le pedí que ofrezca la universidad, que era el sueño de años. Yo hice el proyecto de ley, se lo presenté, lo firmó y ahora tenemos la Universidad Nacional Tecnológica de Lima Sur. En el año 2000 tuve comunicación con él para coordinar algunos asuntos del Congreso y en el año 2005 viajé para visitarlo cuando lo apresaron en Chile.

¿Cuándo eras regidora coordinabas con el partido y el Ejecutivo?
No, tanto es así que yo fui la que denuncié a la empresa Lucchetti . Andrade era el alcalde de Lima. Yo pregunté sobre el tema en una sesión y él la suspendió. Yo no entendí por qué. Pedí que se formara una comisión investigadora. Lucchetti me ofreció el moro y el oro pero no acepté. Primero Andrade los defendía; después cambió de posición y se fue para el lado de los Romero.

Se supo después que Montesinos había favorecido a esa empresa y que logró sacar permisos irregulares para que su planta opere en los pantanos de Villa.
Para que vean. Ni siquiera mi bancada me respaldó cuando denuncié a Lucchetti.

¿Y qué sentiste cuando Fujimori renunció por fax? ¿No te sentiste decepcionada?
Él no renunció por fax. La carta ingresó y fue sellada en la mesa de partes. No me sentí decepcionada porque estaba adentro y sabía la situación que se vivía. A mí me dijeron que no debía hablar porque era nueva, pero cuando cae Alberto Fujimori tuve que asumir una defensa férrea porque los demás empezaron a huir. Nos quedamos diez parlamentarios. A mí me han dicho de puta para abajo en el Parlamento; hasta los que ahora son mis amigos me decían así.

¿Conociste a Montesinos?¿ Nunca sospechaste que había algo raro detrás?
Hubo una reunión de congresistas con Fujimori y él estaba ahí. Le dije que mucha gente le tenía miedo pero yo no. Él sonrió. No vi nada; yo no estaba en el gobierno. Entré en el año 2000. Mi familia y yo nos aferramos a Fujimori por la lucha antisubversiva.

Hablando del presente, ¿por qué no estás en la lista al Congreso por Fuerza Popular?
Yo no milito en Fuerza Popular, pero soy fujimorista. Yo debí ser invitada, pero no fue así.

¿Te has sentido desplazada?
Por supuesto que me he sentido desplazada. Presenté mi currículo como me dijeron, mis certificados del Poder Judicial, me llamaron al local del partido en la avenida Arequipa. Pero ya lo superé. Recordé que cuando yo ingresé era nueva e inmediatamente me pusieron en la lista, y seguramente otros también se sintieron lo mismo.

A prueba de balas
¿Qué opinas de Keiko?
Keiko ha crecido un montón y pienso que es independiente, tiene su propia manera de ver las cosas.¿Le crees cuando habla de los errores del gobierno de su padre?¿No es una estrategia de la campaña?
No es una pose. Yo sé que ella reconoce las cosas positivas del gobierno de su papá. Por ejemplo, la política económica y las formas de acercarse a la población, la presencia del Estado en los lugares más lejanos.¿Tú también piensas que el Informe Final de la Comisión de la Verdad fue un aporte para entender lo que sucedió en el país?
Yo tengo otra opinión sobre el informe. No estoy de acuerdo con las conclusiones.¿A pesar de que sostiene que Sendero fue el principal perpetrador de la violencia?
Dicen que fue el responsable de la mitad de las muertes. Pero ellos fueron los que iniciaron la violencia, los que empezaron a asesinar. Las Fuerzas Armadas se defendieron. Otra cosa: la Comisión de la Verdad trata a Sendero como un partido político violento, le da categoría de guerrillero, aunque no lo dice explícitamente.¿En qué más discrepas?
Ellos hacen un análisis de los años 1980 hasta 1992. En esos años ha habido miles de muertos y asesinatos y el único preso es Alberto Fujimori. Yo he leído punto por punto y he comparado como hablan sobre Belaunde, García y Fujimori. En las conclusiones sobre el gobierno de Fujimori todos son cuestionamientos.Por ejemplo,dicen que cerraron el Congreso para perpetuar la corrupción; no para elaborar otra Constitución. Entonces digo que hay un sesgo.¿Y estás de acuerdo con la propuesta sobre la reconciliación?
Es bien difícil. En el año 2001-2002, cuando yo formaba parte de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, llegó el proyecto de ley para crear la Comisión de la Verdad y yo me opuse. Yo no me voy a darle la mano jamás a Abimael Guzmán. ¿De qué tipo de reconciliación me están hablando?¿Qué se podría hacer entonces? 
Es fácil decirlo desde afuera. Yo me he opuesto hasta el final a que haya reparaciones civiles individuales. Nosotros nos hemos negado a recibir alguna reparación.¿Por qué?
María Elena era militante, sabía lo que hacía y estábamos convencidas de que así tenía que ser. ¿Por qué le voy a cobrar al Estado si él no mató a María Elena? Le dio protección dentro de sus límites. La mejor reparación es que este distrito se desarrolle.Hay reparaciones colectivas y simbólicas.
En esas creo.Pero María Elena era una dirigente pública amenazada. El Estado debió protegerla mejor.
Sí, hubo una falla. Era un Estado débil. Fueron los primeros años de Alberto Fujimori.¿Qué errores le reconoces a Fujimori?
Yo creo que no logró hacer una lucha antisubversiva ideológica y psicológica: solo se les ganó en el campo militar.¿Y la corrupción?
Creo que debió ponerse mucho más firme. Habría que identificar qué casos de corrupción hubo. Básicamente la compra de congresistas.La educación de sus hijos en Estados Unidos.
Eso es una leyenda. Nadie puede demostrar que fue dinero del Estado. Cuando asume Kuscinsnky el ministerio de Economía informó que las arcas del Estado estaban en azul.Sí, pero eso fue porque habían vendido muchas empresas públicas.
Sí, pero solo le imputan esos dos casos de corrupción. ¿Dónde están las pruebas?¿Y cómo justifica ingresos que le permitieron mandar a estudiar a sus hijos a Estados Unidos? Keiko ha dicho que le daban la plata en un sobre.
Keiko ha dicho que fue plata de la familia Higuchi. La esposa daba la plata y él pagaba la educación de los hijos.Eso sucedería en una relación normal, pero la suya estaba quebrada.
Los hijos nunca rompieron con su madre.Y los padres nunca dejaron de hablarse.Se dice que Fujimori maltrataba a su esposa.
Personalmente no puedo decir si es verdad o mentira. Yo le pregunté a uno de sus hijos sobre una supuesta tortura. Ella tiene dos puntos debajo de la nuca. Me respondió medio resentido que ella está en un tratamiento por una enfermedad. Se parece a la acupuntura, pero usan un líquido que quema. Sé que no ha habido maltrato físico.Ella contó que la encerraban en Palacio. 
Eso no lo sé.Finalmente ¿Por qué cargar con los pasivos de corrupción de un régimen tan desprestigiado?
Yo asumo los pasivos. Porque acepté entrar al partido y seguiré siendo fujimorista hasta el día en que muera.

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