Castillo y el Movadef

Escrito por Imagen: Radio Onda Azul Revista Ideele N°297. Abril-Mayo 2021

Miembros de la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación del Perú (Fenatep) están reunidos para tomar una decisión que debe de ser unánime: el respaldo a la candidatura de Pedro Castillo, quien disputa la elección presidencial con la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori.  Es la última semana de abril. Simpatizantes del Movadef también se encuentran en el lugar y se disponen a emitir su voto.

¿Qué tiene que ver la organización, a la que se le considera el brazo legal de Sendero Luminoso, en este asunto? ¿Están infiltrados en el sindicato? ¿Los manipulan sin que los maestros sepan realmente quiénes son? Y si lo saben, ¿por qué no los expulsan? ¿O todos los que están reunidos, de una u otra manera, simpatizan con el senderismo?

Estas son las interrogantes naturales que invaden a la ciudadanía luego de ver los reportajes periodísticos que ponen en evidencia los vínculos entre Movadef y la facción del magisterio de Pedro Castillo. Para poder responderlas no basta con retroceder hasta 2017, año en que se realizó una huelga magisterial que paralizó durante tres meses las clases en el país. Debemos ir mucho más atrás: hasta los últimos años del siglo pasado.

Desde sus orígenes, el Partido Comunista del Perú – Patria Roja mantuvo la hegemonía dentro del Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú (Sutep). No se ha conocido, desde su fundación en 1972, ninguna dirigencia nacional que no esté afiliada a dicho partido.

Sin embargo, ha ido creciendo un sector que cuestiona dicha dirección. Las críticas han sido de diverso tipo, desde el manejo económico hasta la línea política. Si hay algo que no puede dejar de reconocerse a los administradores del Sutep es una gestión económica que ha sido exitosa, en la que han demostrado un gran olfato comercial. Con el tiempo se han hecho de una serie de negocios que han terminado siendo muy rentables, entre ellos la Derrama Magisterial y la Librería Crisol.

La huelga tuvo un impacto en el gremio. Durante ese periodo y los años que siguieron hubo una intensa campaña desde el Estado y los medios de comunicación para detectar lo que denominaron infiltración senderista dentro del magisterio. Según esta tesis, los simpatizantes y miembros del Movadef y de “Proseguir” son activistas cuyo objetivo principal es hacer trabajo político, y no gremial. Sobre esa idea se construyen no solo hipótesis sino políticas de criminalización. De esa manera se niega la autenticidad de la lucha de un numeroso grupo de maestros, sobre todo de provincias. Se parte de la premisa de que los profesores son manipulados por miembros de Sendero Luminoso.

En estos temas, cuando se trata de una organización con miles de afilados, se suelen generar resquemores. Algunos –para desmerecer los señalamientos- han dicho que los críticos en realidad están detrás de ese botín. Pero en realidad hay mucho más: durante años maestros y maestras – sobre todo del interior del país- han considerado que los dirigentes de Patria Roja no han defendido, de manera consecuente, sus intereses.

Este sector crítico a la dirigencia empezó a tomar cuerpo los primeros años de este siglo.  Las desavenencias ideológicas con Patria Roja es parte de la historia de la izquierda en el país. La orientación inicial de dicho partido es el pensamiento Mao Tse Tung y sus opositores tenían vínculos con las diversas vertientes de la izquierda.

“El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sutep usaba las luchas para pedir cosas extramagisteriales, que incluso no estaban dentro del pliego de reclamos. Por ejemplo, pidieron Huampaní, pero luego se los quitaron porque sus dirigentes comenzaban hacer orgías ahí, en los años 80. En lugar de enmendarse, al contrario, explotaron su poder gremial, político y económico. La Derrama Magisterial es centro de corrupción.   Ellos anulan las elecciones de todo aquel que resulte ganador que no pertenezca a Patria Roja. Yo gano elecciones limpiamente en Callao, pero me sacan porque denuncié una sobrevaloración en la compra de laptops. A quienes los cuestionan los acusan de terrucos”, señala el profesor Jimmy Calla.

 El líder magisterial del Callao considera que el Sutep ha sido convertido prácticamente en una asociación privada. Señala, por ejemplo, que las bases del Sutep no pueden usar su logo. Además, nadie que no sea miembro de Patria Roja puede acceder a la dirigencia, las condiciones lo hacen imposible: las asambleas en las que eligen a sus representantes solamente lo hacen entre miembros de su partido.

Durante años, un numeroso grupo de maestros, que crece sostenidamente, ha buscado democratizar el sistema de elecciones al interior del gremio, pero no ha podido; por eso, cuando hay alguna jornada de lucha, el Gobierno se niega dialogar con alguien que no sea integrante del CEN. Cansados de ello decidieron formar el Fenatep.

El momento en que se produce el quiebre con la dirección nacional del Sutep encuentra a un país ya recuperado de la debacle económica de los ochentas y también pacificado. La subversión ya no era un problema para el Estado peruano. Sendero Luminoso en 1993 planteó el Acuerdo de Paz y posteriormente sus dirigentes encarcelados reconocieron la derrota de la guerra. El MRTA, por su parte, no hacía acciones desde 1997, año en que sus últimos combatientes fueron asesinados tras haber tenido tomada la embajada de Japón por 126 días. Lo único que quedaba de la exsubversión eran unos remanentes en el VRAEM, más relacionados al narcotráfico.

 A pesar de este contexto, el fantasma de la insurgencia persiste y se convierte en una herramienta útil dentro de las disputas internas en uno de los principales gremios del país. Los miembros de Patria Roja solían descalificar como senderistas a una parte de quienes los cuestionaban. ¿Lo eran?

En este punto no sirven las respuestas binarias. Sin duda, durante la época del conflicto armado interno, Sendero Luminoso tuvo una importante presencia en el sindicato de maestros, sobre todo en el interior del país. Sin embargo, presencia no es lo mismo que influencia. En la década de los ochentas Sendero tenía las dos, pero con su derrota, la presencia fue declinando hasta prácticamente desaparecer.

En cambio, la influencia quedó. Tenemos, entonces, a un grupo de maestros que con una ideología y un discurso similar al de Sendero le plantaban batalla a la dirigencia de Patria Roja. Si es que el calificativo de senderista atañe a una persona que comete o piensa cometer actos de violencia con fines políticos, entonces las acusaciones eran falsas.

El inicio del siglo también coincidió con la salida de prisión de algunos militantes de Sendero, quienes luego de estar más de una década encarcelados buscaban reintegrarse a la vida pública. Algunos, como es lógico, recalaron en el magisterio. Pero su discurso ya no era el de la violencia ni la defensa de la lucha armada. No se tiene registrado ningún caso de apología al terrorismo durante esos años en las aulas.

Fue así que se gestó el Comité Nacional de Reorientación y Reconstrucción del SUTEP, más conocido como Conare. El objetivo era arrebatarle a Patria Roja la dirección del Sutep. Lo conformaron maestros y maestras a quienes los unía su posición frente a esta dirigencia, pero también una línea ideológica a la que denominan clasista. Esta corriente mantiene como fundamentos el marxismo clásico y, dentro de ello, la doctrina de la lucha de clases, a la cual se adhieren aún muchos maestros. A pesar de que, en teoría, Patria Roja también comparte estos principios; los clasistas del magisterio sostienen que, en la práctica, han abandonado dicha postura por políticas conciliadoras frente a los gobiernos de turno.

Pero Conare no es un “organismo de fachada” de Sendero Luminoso, como afirma de manera errónea el exministro Carlos Basombrío. Tampoco es un organismo generado. Los organismos generados son aquellos que responden a la estructura orgánica del PCP- SL, como el Movimiento de Obreros y trabajadores Clasista (MOTC), el Movimiento Femenino Popular, entre otros. En el Conare había presencia de algunos pocos miembros de Movadef, y también de varios simpatizantes; pero no eran todos. Lo que pasaba es que estos maestros, por su experiencia gremial y por su formación ideológica, solían destacar.

Una muestra de la diversidad ideológica que existía en Conare lo puede expresar Jimmy Calla, quien se considera trotskista y ha sido fundador de esa facción:

“A mí siempre me han querido involucrar con Sendero, pero eso es mentira. Incluso he discrepado con la gente de Sendero. No comparto su forma de pensar. Yo soy un troskista antiguo y eso todo el mundo lo sabe. El mismo periodista Nicolas Lúcar también era troskista. A él le presenté al profesor Pedro Castillo”.

El Conare fue tomando cuerpo y cobijando en su interior las demandas y angustias de buena parte del profesorado. Su prueba de fuego la tuvieron en 2003, durante el gobierno de Alejandro Toledo, cuando iniciaron una huelga nacional al margen de la dirigencia del Sutep. La cabeza de este movimiento fue Robert Huaynalaya. Este dirigente, en un momento, tuvo cercanía con la facción del “Acuerdo de paz” y posteriormente con la de “Proseguir”. Para entender a estas dos facciones tenemos que abrir un paréntesis.

El paréntesis

Sendero Luminoso inicia sus acciones armadas en 1980, sin embargo, la preparación de lo que llamaron guerra popular viene de mucho tiempo atrás. Esta organización pertenece a la vertiente maoísta. El Partido Comunista fundado por Mariátegui -al inicio llamado Partido Socialista- a fines de la década de los sesenta se dividió en dos, de acuerdo a la escisión del movimiento comunista internacional: estuvieron los seguidores del modelo soviético y los del modelo chino. Dentro de la corriente china, seguidores de Mao Tse Tung, se encuentran tres ramas en el Perú: Patria Roja, Bandera Roja y Sendero Luminoso.

En 1992 es capturado el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, y en 1993 solicita al gobierno de Alberto Fujimori iniciar las conversaciones a fin de lograr un acuerdo de paz que ponga término al conflicto armado. A partir de ese hecho se paralizan las acciones armadas y posteriormente reconocen su derrota.

La mayor parte del grupo subversivo acata el llamamiento de Guzmán, pero una facción decide resistirse. Esta es encabezada por el camarada Feliciano, quien es capturado en 1999. En la actualidad, y desde hace más de dos décadas, no existen acciones armadas con un horizonte político, lo que subsiste es un reducido grupo de gente armada en el VRAEM relacionada al narcotráfico. Los seguidores de Guzmán califican a este grupo como mercenarios, mientras que el grupo del VRAEM considera a quienes optaron por la vía del Acuerdo de Paz como traidores. Su división es irreconciliable.

Desde 1993 los seguidores de Guzmán han persistido en la lógica de desarrollar una lucha política, que en un principio estuvo limitada porque la mayoría de sus dirigentes se encontraban en prisión. Con el paso de los años, estos fueron recuperando su libertad y lograron fortalecer su trabajo político.

En 2009 se funda el Movadef que, a fin de participar en la vida política del país, ha buscado de manera infructuosa inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones. Su discurso ya no es en favor de la lucha armada, su principal bandera es la amnistía general y las demandas sociales propias de las agrupaciones de izquierda.

 Esta organización no tiene muchos militantes, pero sí son muy activos y buscan tener presencia en los distintos gremios, uno de ellos es el de los profesores.

Huaynalaya

En 2003 el gobierno de Alejandro Toledo se debatía en una profunda crisis política. El Ejecutivo afrontaba varias denuncias de corrupción y los comportamientos públicos del presidente eran cada vez más cuestionados por sus detractores.  La huelga magisterial fue la cereza de la torta. Esta fue realizada al margen del CEN del Sutep y alcanzó episodios de beligerancia en Ayacucho, Huancavelica, y Junín. Fue la primera en que la crítica a la dirigencia nacional se expresó en una ruptura.

La huelga fue impulsada por Robert Huaynalaya del Conare, un personaje singular que, en poco tiempo, hizo un tránsito ideológico inédito. En un primer momento estaba influenciado por el Movadef, pero después pasó a simpatizar con la facción de “Proseguir”.

Cabe señalar que, por más que el nombre lo sugiera, los miembros de “Proseguir” no son partidarios, en la actualidad, de una vía armada, ni tienen vínculos con los del Vraem o están preparando una nueva insurrección. Nada más lejos de la realidad. El punto principal de disidencia con sus excompañeros es una mirada sobre lo que ocurrió hace casi tres décadas, además de puntos específicos sobre cómo afrontar luchas gremiales en estos años.

En 2007 se produce  una nueva huelga magisterial de mucho más alcance. Para ese entonces, los maestros agrupados al margen de la dirección del Sutep estaban mucho más fogueados. En esta medida sí confluyeron todos los maestros, tanto los afiliados a Patria Roja como los que se rebelaban a esta dirigencia. Nuevamente el líder de los disidentes fue Robert Huaynalaya.

La huelga tuvo un impacto en el gremio. Durante ese periodo y los años que siguieron hubo una intensa campaña desde el Estado y los medios de comunicación para detectar lo que denominaron infiltración senderista dentro del magisterio.

Según esta tesis, los simpatizantes y miembros del Movadef y de “Proseguir” son activistas cuyo objetivo principal es hacer trabajo político, y no gremial. Sobre esa idea se construyen no solo hipótesis sino políticas de criminalización.

De esa manera se niega la autenticidad de la lucha de un numeroso grupo de maestros, sobre todo de provincias. Se parte de la premisa de que los profesores son manipulados por miembros de Sendero Luminoso. Si se tiene en cuenta que los activistas orgánicos del Movadef presentes en el magisterio no llegan a quince, aquella tesis resulta poco creíble. No contamos aquí a simpatizantes o a personas que se adhieran con algunas de las demandas de dicho movimiento, porque justamente estos no responden a su dirección.

Además, ese grupo minoritario del Movadef tiene propósitos que nada tienen que ver con acciones de lucha armada. Su objetivo de lograr inscripción electoral se vería truncado  si se le vincula, de manera efectiva, con actos de violencia porque estos validarían la tesis del Estado.

Prueba de ello es que en los más de diez años que tiene de formado el Movadef ninguno de sus activistas ha sido detenido por estar involucrado en actos violentos. Los cargos por los que sus miembros actualmente purgan prisión consisten en  hacer pintas, volanteos y participar en reuniones orgánicas, todos estos relacionados con el pedido de amnistía general.

Castillo

Luego de la huelga de 2007, Conare fue golpeado. Por un lado, las diferencias entre los acuerdistas y los de proseguir se hicieron más marcadas; por el otro, la campaña conjunta del Gobierno, los medios de comunicación y Patria Roja respecto a que los maestros que integraban a este sindicato estaban vinculados a Sendero Luminoso empezó a generarles problemas.

Todo eso determinó que, lo que en algún momento fuera un sindicato fuerte, se disperse e incluso divida. Un incidente con un funcionario del Ministerio de Educación produjo la salido de Huaynalaya del magisterio y aquella facción del Sutep quedó descabezada.

La elección del nuevo dirigente se hizo problemática en los años posteriores. La mayoría de los maestros afines al Movadef, que podían asumir un cargo dirigencial, habían sido señalados como filosenderistas, lo que, además de volverlos en un posible blanco de los medios de comunicación, también repercutía en las bases del Conare. En los años posteriores algunos maestros de esta facción  fueron detenidos en el marco de los procesos que se iniciaron a los miembros del Movadef.

 En 2017 la necesidad de contar con un dirigente se hizo imperativa porque las bases estaban presionando por una nueva huelga nacional. Las principales demandas eran el aumento de remuneraciones, el pago de la deuda social, la derogatoria de la Ley de la Carrera Pública Magisterial y el incremento del presupuesto en el sector Educación.

En esas circunstancias llegaron a la capital delegaciones de diversos lugares del país, para deliberar. Sabían que iban a ir solos, no con Patria Roja, lo cual les abría otro flanco de ataque. La persona que tenía que elegir para que conduzca la huelga debía de estar libre de toda sospecha, y no debía tener ningún vínculo con el movimiento clasista, que estaba mapeado tanto por el gobierno como por los enemigos del mismo magisterio.

De esta manera fue que se eligió al profesor Pedro Castillo. Él llegó casi en solitario, como un profesor más de Cajamarca que no conocía a nadie y poco a poco fue ganándose la confianza de los maestros. Precisamente, el motivo de su elección se debió a que no tenía ningún nexo con el Movadef.

Para ese año, la cantidad de maestros dispuestos a hacer la huelga y a desafiar la hegemonía del CEN del Sutep se había multiplicado. El Conare era solo un actor, pero que se convertía en decisivo por la disciplina y experiencia de sus dirigentes.

Es importante entender este punto porque dentro de toda la confluencia de maestros que se adhirió a la huelga habían muchas posiciones: acuerdistas, antiacuerdistas, Puka Llakta, clasistas sin organización, evangélicos, apristas y sobre todo independientes, a quienes los que tenían algún tipo de activismo orgánico les solían llamar “anarcos”.

Pedro Castillo fue elegido como el representante de todos los maestros de base para la huelga nacional. Nunca integró el Conare, y menos el Movadef, como se insinúa en los medios de comunicación, a partir de informaciones repartidas por el Ministerio del Interior. Pero sí es cierto que las organizaciones mencionadas lo apoyaron.

“Era imposible poner a un compañero nuestro, teníamos que respaldar a alguien independiente y el profesor Castillo tenía el consenso de las bases”, cuenta un profesor afiliado al Movadef.

Luego de la huelga de 2017, ante la negativa del Minedu de conversar con las bases del Sutep (durante el proceso de lucha dejó de llamarse Conare por la estigmatización que generó), los profesores decidieron fundar la Fenatep y eligieron a Pedro Castillo como su dirigente. Él tuvo que pedir autorización y licencia para poder postular.

Cuando se indaga entre los adherentes al Movadef por Castillo, no encontramos referencias de una persona cercana, más bien recogemos las mismas dudas que podría tener la ciudadanía.  No saben cómo va actuar de ganar las elecciones y hasta tienen cierta molestia por lo que consideran un discurso más acorde con el mantenimiento del sistema. Para ellos, si Castillo aspira a ser un representante legítimo de las luchas populares tendría que haberse pronunciado en contra de lo que denominan persecución política.

“¿Ha dicho algo de [el operativo] Olimpo? Nada. ¿Se ha pronunciado en contra de la explotación capitalista? Nada. No podemos sembrar ilusiones en el pueblo.”, expresa una activista del Movadef.

No lo ven como un enemigo, pero tampoco como alguien cercano.

A partir de las fotos que se han difundido en la prensa en las cuales se probarían los vínculos de Castillo con gente cercana a Movadef  se han sacado conclusiones erradas. De igual manera, en base a esa supuesta relación se le atribuye las posturas radicales de la última huelga. Pero las apariencias, a veces, engañan.

No existe relación jerárquica entre Castillo y el Movadef porque el candidato no tiene ninguna relación con dicha organización. Prueba de ello es que en la primera vuelta electoral esta organización llamó a votar blanco o viciado. Nunca se pronunciador a favor del profesor-candidato.

Es cierto que la huelga de los maestros llegó a un punto insoluble. Las demandas de los profesores no podían ser atendidas por el Ministerio de Educación, por razones económicas y políticas. Las primeras eran imposibles de ser atendidas en la magnitud de lo pretendido, y en lo segundo se abrían un flanco con el sindicato oficialmente reconocido. El gobierno de Kuczynski había tomado la decisión de no dialogar con la facción disidente.

Sin embargo, Pedro Castillo no pudo detener la huelga antes de que se empantane. Se cree que esta se alargó hasta tres meses por presión de Movadef, pero eso no fue así. Castillo quiso deponer la medida en dos ocasiones; en la segunda, los miembros del Movadef también eran de la posición de que la acción había cumplido su objetivo y que la lucha se iba a desgastar.

“Nuestra lucha siempre es con razón, ventaja y sin sobrepasarse. Ya en ese entonces veíamos que no tenía razón continuar con la huelga, pero las bases querían seguir”, afirma una activista de Movadef.

Desde el Gobierno y los medios de comunicación por lo general se maneja la lógica que son las bases las que siguen sin dudas ni murmuraciones lo que les señalan sus dirigentes. Esto no siempre se cumple. En dicha huelga el líder se subordinó a la decisión de sus agremiados. La dispersión de los demandantes y la poca solidez del liderazgo fueron los problemas centrales de los episodios de junio de 2017.

Como hemos señalado, de los miles de maestros movilizados, una minoría estaba desperdigada en diversas organizaciones y  la mayoría no pertenecía a ninguna. Aquello, pues, complicó los consensos. Y como entre las organizaciones hay también diferencias y pugnas, muchas veces decisiones lógicas suelen ser aprovechadas por el contrincante para desprestigiar.

Plantear, en medio de la efervescencia, la necesidad de terminar la huelga era bastante audaz. Para ello se necesitaría un liderazgo consolidado y que tenga detrás una organización sólida y numerosa. Pero nada de eso pasaba con Pedro Castillo, cuya forja como dirigente se dio en el mismo proceso de lucha.

¿Qué puede extraerse de la personalidad de Castillo después de esta jornada sindical que puso en jaque al ministerio durante tres  meses? Un líder muchas veces vacilante, pero fiel a la decisión de sus bases. Nadie podrá decir que se vendió o que se benefició de manera personal con aquella lucha.

Es un error subestimar a la gente que protesta. La radicalidad de estas luchas no tiene nada que ver con los distintos grupos políticos que están ahí. Si están Puka llakta, Movadef o Patria Roja es porque existen profesores que simpatizan con dichas organizaciones, no porque exista un plan de desestabilización digitado por ellas. Si los problemas sociales son graves, la respuesta será proporcional a estos.

Deja el primer comentario sobre "Castillo y el Movadef"

Deje un comentario

Su correo electrónico no será publicado.


*