Crisis y persistencia: un apunte sobre el movimiento cultural independiente

Escrito por Revista Ideele N°298. Junio-Julio 2021

Las graves heridas ocasionadas al movimiento cultural peruano, producto de la guerra interna vivida en nuestro país entre los 80 y 90, no impidieron que la actividad cultural en sus múltiples manifestaciones (cine, teatro, danza, etc), soportada por los esfuerzos del miles de artistas independientes, continuara entre peligros, estallidos de bombas y sin ninguna protección del Estado.

Así lo demuestran los registros de las muchas producciones que en los territorios de mayor riesgo actuaron dejando en el escenario las huellas de su paso y el eco de sus denuncias frente a la situación de violencia, pero a la vez, significando un testimonio vivo de resistencia.

Posterior a ello y luego de en un proceso difícil de recuperación de la estabilidad e institucionalidad, de dura batalla por mantener nuestras organizaciones, nuestros espacios y fortalecerlos gracias al diálogo y reflexión permanente sobre nuestra práctica; explorando en nuestras raíces tanto como en  la riqueza de las distintas corrientes y movimientos, un nuevo contexto trágico nos sorprende empujándonos  al encierro, la inacción y el desconcierto.

Con la llegada de la pandemia, sin dar tiempo a nada, cientos de proyectos se quedaron estacionados en el tiempo. Eventos musicales, escénicos, cinematográficos, festivales de danza, conciertos, conferencias, programas de formación, seminarios, muchos con inversión ya hecha, tuvieron que ser suspendidos, generando graves pérdidas económicas. Esta situación dejó en la calle a miles de artistas, técnicos, profesores, gestores culturales y a un público sin su soporte  anímico y espiritual más importante: la cultura. Tal como me lo expresó una asidua al teatro: ustedes no son los únicos que están sufriendo, hay un público que se ha quedado sin su mejor alimento y está esperando que regresen.  

Según un estudio realizado por la Asociación Playbill, a causa del estado de emergencia se cancelaron, de marzo a diciembre del 2020, 453 temporadas, 3239 funciones, se devolvieron 15 025 entradas cuyo valor asciende a los S/ 344 919 y se paralizó el movimiento de S/ 4 500 000 (*).

Espacios recuperados, salas teatrales construidas y centros comunales, permanecen aún cerrados soportando deudas municipales y bancarias que en muchos de los casos no han podido ser sostenidas por falta de una pronta respuesta de parte del Estado. No se ha incluido al rubro cultura en los planes de reactivación económica, tales como Reactiva Perú o el programa PRODUCE, como si los trabajadores del arte y la cultura fuéramos ciudadanos de segunda categoría. Como si no fuéramos también, parte de la PEA.

Esta invisibilización inicial, no solo de nuestra presencia como fuerza social, pluriregional, viva y transformadora,  sino de nuestros derechos, nos llevó a dinamizar nuestra capacidad organizativa para reclamar un justo tratamiento frente al olvido. En acciones rápidas pudimos agruparnos en diferentes frentes y exponer a las distintas instancias del Estado y a la colectividad en general,  nuestra postura, resaltando el carácter histórico de nuestro movimiento, la trascendencia histórica de nuestros aportes y su indispensable preservación.

La persistencia del movimiento consiguió establecer un diálogo más abierto y fluido con el Ministerio de Cultura  y apresurar las iniciativas de amortiguamiento para nuestro sector,  posibilitando que hacia fines del año pasado se pudieran conceder  partidas para la continuidad de la actividad cultural independiente, en rubros como música, escénica, libros, cine, entre otros.  Sin embargo, muchos de los grupos, especialmente aquellos de las comunidades más alejadas, quedaron al margen de esta opción, entre otras razones por la dificultad de acceso a las plataformas virtuales o por deficiencias en su proceso de formalización. Hay que considerar que la práctica tradicional en el sector cultura se basa en el compromiso verbal, donde la “palabra empeñada” basta, antes que en la rigurosidad del “papel sellado”.  

Hoy se ha dado inicio a un nuevo tiempo para la actividad cultural independiente, se ha producido el salto a escenarios más amplios y articulados, inclusivos y democráticos, donde quedan evidenciados los esfuerzos de las distintas regiones  y generaciones. Se han construido un conjunto redes con capacidad de interlocución e incidencia frente al Estado, que se proyecta a la comunidad con una infinidad de opciones de entretenimiento, reflexión y formación.   

Tenemos una Red de Creadorxs y Gestorxs del Perú, Red de Circos, el  Movimento de Grupos de teatro, Red de Narración Oral del Perú Redes de Salas y espacios culturales, entre muchas otras y un mapa bastante completo de quienes las integran.  Redes activas, sostenidas en los procesos creativos de los grupos y en las experiencias individuales, del trabajo comunitario y especialmente por la búsqueda de una identidad, que vienen haciéndole frente a los retos

Frente al contexto político y ante la necesidad de preservar estos esfuerzos y nuestro compromiso con el pueblo peruano de continuar participando en la construcción de una nación inclusiva, respetuosa de su pluriculturalidad, se convocó a las dos alternativas políticas participantes de la segunda vuelta electoral a la firma de un Pacto por la Cultura con 10 puntos de agenda:

  1. Fortalecer el Ministerio de Cultura en su rol y gestión como ente rector, autónomo y fundamental para el desarrollo integral del país, garantizando una política acorde a las necesidades de la diversidad de artistas y gestores culturales, asegurando la continuidad de las iniciativas que esta institución viene implementando a favor del sector y creando las condiciones para superar sus actuales falencias.
  2. Implementar políticas que reconozcan la transversalidad de la Cultura, generando estrategias a nivel intersectorial e intergubernamental.
  3. Garantizar el respeto y la promoción de la memoria, la tolerancia y la inclusión social, así como el rol de los lugares o museos de la memoria en esta tarea.
  4. Respetar el derecho a la Consulta Previa, a la defensa del territorio, a los modos de vida y lenguas de los pueblos indígenas.
  5. Reconocer y respetar las diversas identidades y credos que conviven en el país.
  6. Fortalecer institucionalmente a las Escuelas de Arte y promover la educación artística e intercultural.
  7. Promover un marco normativo que proteja al trabajador(a) cultural y garantice sus derechos laborales y sociales.
  8. Priorizar la protección y promoción del patrimonio material e inmaterial.
  9. Promover las industrias culturales y el acceso a la diversidad de expresiones artísticas como derecho fundamental.
  10. Reconocer y fortalecer las expresiones y organizaciones culturales a nivel comunitario, tanto en ámbitos urbanos como rurales.

En un evento público realizado el miércoles 26 de mayo de este año, el pacto fue firmado por la candidata a la vicepresidencia del partido Perú Libre, la señora Dina Boluarte  y, por su parte, lo hizo la señora Patricia Juárez,  postulante a la vicepresidencia por Fuerza Popular.

Así entramos al Bicentenario con un amplio y fortalecido movimiento artístico cultural nacional, independiente, dialogante, compartiendo en el espacio virtual con muchos otros esfuerzos institucionales, que se han reinventado para resistir, con un calendario nutrido de actividades, a la espera del reencuentro presencial y cercano con el público, componente fundamental de nuestro quehacer, para compartir en vivo un mismo tiempo y espacio, una vibrante experiencia cultural. 

(*)http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S2415-09592020000100263&script=sci_arttext

Sobre el autor o autora

Celeste Viale Yerovi
Actriz, educadora y comunicadora.

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