El racismo en las elecciones presidenciales: una República sin ciudadanos en 2021

Escrito por Imagen: AFP Revista Ideele N°298. Junio-Julio 2021

Las elecciones presidenciales de 2021 marcan un hito importante en nuestra historia pues, por primera vez, el racismo, la arrogancia y el desprecio de las clases citadinas hacia las clases rurales — la “indiada”, los “cholos”, los “indios” — han ocupado un lugar explícito y evidente. Hasta hace poco, el racismo se ocultaba en el espacio público, al menos en forma relativa (se manifestaba en espacios nacionales como el Congreso y la televisión), y se reproducía en el espacio privado. Pero en esta campaña electoral, hemos constatado que muchos peruanos (que se consideran “blancos/blanqueados” y de derecha) no temen explicitarlo en todo lugar, e incluso en modo violento. Las máscaras han caído definitivamente, la polarización se ha condensado en dos personajes que todo opone, y que representan bien los dos polos de nuestra sociedad quebrada por las divisiones de “razas”, una República sin ciudadanos, como escribía Alberto Flores Galindo (1987, en Buscando un Inca, 2008).

El profesor Pedro Castillo, hombre progresista, sindicalista y rondero, encarna la esperanza de las poblaciones rurales postergadas del “Perú profundo” y de las poblaciones citadinas pobres, que cuentan con la solidaridad de las clases medias educadas y de algunos miembros educados de las élites. Al otro extremo, la hija del exdictador condenado a prisión por crímenes contra la humanidad, ella misma acusada de corrupción, ha llegado a representar (gracias a la tolerancia del Poder Judicial y aun cuando tenga origen japonés) a las élites “blancas/blanqueadas” dominantes y racistas del Perú que nunca ha dejado de reproducirse en nuestro país, desde hace 200 años; ello al menos por dos razones: la sociedad y el Estado lo han tolerado, y los grupos racializados no han hecho oír su voz de protesta con fuerza suficiente. Pero los cambios han empezado este año: en primer lugar porque por vez primera se reconoce públicamente el racismo como un problema nacional real.

Muchos autores están aportando sus análisis sobre esta coyuntura compleja, por mi parte, quisiera contribuir con algunas observaciones sobre el racismo y el freno que representa a la construcción de una nación y de una República modernas desde la antropología social y política. En primer lugar, expongo las ideas centrales del racismo contemporáneo; luego abordo el sentido conceptual de la “raza”, del racialismo y del racismo y las causas de su reproducción en el Perú, planteando que seguimos siendo un virreinato (con internet) que rechaza la emergencia de la ciudadanía. En segundo lugar, haré referencia al retorno de la propaganda de la extrema derecha fujimorista, facilitada por la inexistencia de un control regulador del Estado, y que además ha contado con el apoyo de personalidades aparentemente respetables, como Mario Vargas Llosa, que en realidad tienen un largo pasado de racismo anti-indígena y de odio a la izquierda. Todo este drama social y político se desarrolla en medio de la peor pandemia que hemos sufrido en el país, que ha producido el número más alto de muertos (en relación con nuestra población) a nivel mundial. Por sus consecuencias terribles, en particular para las clases trabajadoras que se han empobrecido hasta representar 54% de la población, la pandemia ha contribuido directamente a esta polarización entre ricos-blancos-blanqueados-citadinos y pobres-rurales-citadinos. Las crisis ahondan en efecto los instintos racistas y excluyentes de los grupos que temen perder sus privilegios de clase y de “raza”. No obstante, y a pesar del sufrimiento físico y moral que estamos atravesando, considero que este periodo es positivo y aportará sus frutos en poco tiempo. Sin embargo, el proceso de construcción de una República de ciudadanos será de largo aliento.  

Ideas centrales sobre el racismo contemporáneo

• El racismo es una ideología de “superioridad racial” introducida por los conquistadores europeos en el continente americano a partir de 1492 y es causa de división, de atraso y de subdesarrollo pues se opone a la construcción de naciones modernas fundadas sobre los valores republicanos de igualdad de todos los ciudadanos que ejercen su derecho democrático al sufragio universal.

• En el Perú, el racismo contra las poblaciones originarias, rurales y afroperuanas ha sido un elemento constante durante la época virreinal, reproducido desde 1821 en la República que excluyó a los peruanos originarios de la nación y de la ciudadanía. El racismo se ha manifestado durante la guerra interna contra los campesinos andinos y los nativos amazónicos acusados de ser “terroristas” y se expresa en la coyuntura de crisis política actual iniciada en 2016. El racismo, la discriminación y la xenofobia de las élites y de las clases medias peruanas perdura por la falta de educación cívica e histórica, y por la falta de solidaridad con las clases postergadas del Perú profundo. Las leyes contra “la discriminación” existen, pero no son aplicadas, ni respetadas.

• El “racismo ordinario” ha sido silenciado y denegado, pero no ha desaparecido pues el Estado no ha reconocido su importancia. Además, desde el fin del conflicto armado interno y la fuga del exdictador Alberto Fujimori al Japón, en noviembre de 2000, ningún gobierno ha asumido las tareas urgentes para reformar el sistema educativo y para difundir los valores republicanos de igualdad social y de solidaridad nacional entre todos los peruanos. Tareas urgentes que fueron explicitadas en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, y en su versión resumida, el Hatun Willakuy que, por desgracia, pocos peruanos conocen.

El racismo y el racialismo desde el punto de vista conceptual

He trabajado sobre el tema del racismo y la violencia contra los pueblos originarios en dos publicaciones anteriores [Violence politique au Pérou, 1980-2000, 2016 (traducción en preparación), y en mi libro Violencia política en la selva central, 2019b: Capítulo 2, Una historia brutal: de los contactos iniciales al arrinconamiento colonial y estatal]. También he publicado un artículo sobre el censo étnico peruano, donde evoco el tema racial y étnico (Villasante, 2017, Revista Ideele n° 273). Aquí presento una síntesis de esos trabajos desde la perspectiva conceptual e histórica.

La asociación entre los atributos externos (color de la piel, tipo de cabello, rasgos faciales) y ciertos atributos morales (inteligencia/ignorancia, valentía/cobardía, trabajo/ociosidad) ha dado como resultado la emergencia de la xenofobia y del racismo en todas las sociedades humanas. Este término es de uso moderno y está asociado a la clasificación de las “razas humanas” y a la ideología jerárquica establecida entre ellas (el racialismo). Si el racismo puede ser considerado como un comportamiento humano ancestral de odio y desprecio ante las personas “diferentes de nosotros”, los Otros, el racialismo es una ideología nacida en Europa entre la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX. El debate sobre la antigüedad del racismo es todavía de actualidad, Tzvetan Todorov (1989) considera que el racismo es antiguo y universal; en cambio Michel Wieviorka (1991: 71), restringe el sentido del racismo al periodo moderno posterior a la invención del concepto de “raza” en Europa.

Las “razas” no son una realidad objetiva, fueron clasificaciones que se inventaron para justificar la colonización y la superioridad de los “blancos” europeos sobre los asiáticos, africanos y amerindios. Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), durante la cual Hitler destruyó a los judíos de Europa, el término “raza” fue excluido del lenguaje jurídico internacional y del campo académico de la antropología social en Inglaterra y en Francia. Se consideró que no es solo reductor de la identidad de las personas, sino que además no tiene nada de imparcial. El color de las personas, considerado central para la clasificación racial, es un factor entre otros de la identidad personal, que tiene otros indicadores como la educación, el nivel económico y el estatus genealógico. Sin embargo, el término siguió siendo empleado en Estados Unidos, tanto por las autoridades como por los universitarios, y en toda América Latina. En Europa occidental los únicos que hablan de “razas” y de “supremacía de los blancos” son los militantes de partidos de extrema derecha, pro nazis, antisemitas y anti migrantes. Se habla de minorías étnicas, de nacionales y extranjeros, y de identidades locales, regionales y nacionales. En Francia, la adhesión a los valores republicanos es la base de la ciudadanía, los franceses de todo origen, de derecha, centro e izquierda, adhieren a los valores de igualdad, libertad y fraternidad instaurados en 1789.

En el Perú el término “raza” se emplea en la Constitución (sin precisar su definición), en los documentos oficiales y en el lenguaje ordinario. Para realizar el Censo de autoidentificación identitaria de 2017, el INEI ha adoptado una clasificación “étnica” que sin embargo se confunde en la percepción ordinaria de los peruanos con una clasificación “racial”. Se crearon 8 categorías oficiales que la mayoría de los peruanos considera sin duda como “razas”: Quechua, Aymara, Nativo o indígena de la Amazonía; Otro pueblo indígena u originario; Negro, zambo, mulato, moreno, afroperuano; Blanco, Mestizo, Otro). según este censo, 60% de peruanos se reconoce Mestizo, 22% Quechua, 6% Blancos y 2,4% Aimara, los otros grupos son reducidos (INEI Censos nacionales, agosto de 2018).

En antropología social, el uso del término “razas” es obsoleto, hay una sola especie humana, las distinciones culturales entre los grupos humanos se explicitan con los términos etnias, grupos étnicos (cambiantes en el tiempo) o pueblos originarios (Villasante 2017). Dicho esto, aunque en el marco académico no se reconozcan las “razas” si podemos reconocer el “racismo”. El racismo es una forma de etnocentrismo extremo y universal, que clasifica a las personas y a los grupos en virtud de sus atributos físicos y/o de sus culturas, y las asocia a algunos rasgos morales e intelectuales de exclusión y de inferiorización, en particular en periodos de crisis (Villasante 2019b: 43).

La idea de una distinción étnica o “racial” existe desde el alba de la humanidad en todas las sociedades humanas, como bien ha explicado Lévi-Strauss en su célebre ensayo Raza e historia ([1952] 1993), que ha inspirado la perspectiva oficial de la Unesco sobre esta noción. Lévi-Strauss ha propuesto la distinción entre las nociones de “raza” y de cultura en términos de unidad de la especie humana y de diversidad de culturas. La percepción racial de la humanidad, que insiste en la diferencia, conduce a una jerarquización entre las “razas” y, en ocasiones, a una ideología de la superioridad racial, es decir al racismo. Se trata de un proceso de distinción entre grupos próximos/lejanos que puede ser manejado con habilidad y pacíficamente, o transformarse en xenofobia, es decir en odio al Extranjero, que puede llegar a la voluntad de exterminar al Otro pueblo (Villasante 2019b: 43-45). Por desgracia, las ideas de exterminación de los “indios” se han manifestado en la actual coyuntura política, como veremos más adelante. 

La jerarquía de las “razas” introducida por los españoles

Las ideas de jerarquía social fundada en la “raza” fueron introducidas por los colonizadores españoles, pero sabemos poco sobre la extrema violencia que caracterizó el periodo colonial peruano. El “descubrimiento de América” por los españoles ha sido analizado con gran rigor académico y desde una perspectiva planetaria por el historiador Tzvetan Todorov en su excelente libro La conquista de América. Todorov ([1982] 2003: 15) propone considerar el año 1492 como el comienzo de la era moderna, “desde esa fecha, el mundo está cerrado… los hombres han descubierto la totalidad de la que forman parte mientras que, hasta entonces, formaban una parte sin todo.”

Ese libro explicita la extrema violencia que los españoles perpetraron en el continente recién “descubierto” y resalta la hecatombe demográfica que perpetraron los españoles. En 1500, la población del continente estaba evaluada en 80 millones de personas, a mediados del siglo XVI no quedaban sino 10 millones. La destrucción de los nativos fue del orden del 90%, un hecho inédito en la historia de la humanidad. No obstante, según Todorov (2003: 144 y sqq.), esto no significa que los españoles hayan sido peores que los otros europeos, sucedió simplemente que fueron ellos quienes ocuparon las Américas, y que ningún otro pueblo europeo tuvo la oportunidad, ni antes, ni después, de masacrar a tantas personas en tan poco tiempo. Los españoles y los otros europeos no querían conocer a los Otros pueblos “americanos”, o comerciar con ellos, como lo hacían en Asia y África, querían asimilarlos y hacer desaparecer su diferencia cultural, aunque millones de personas mueran en ese proceso de barbarie.

En el Perú, la colonización española ha creado identidades regionales que incorporan elementos de identidad y de jerarquía social, es nuestra herencia ideológica de una era premoderna, virreinal. Así distinguimos los costeños, los serranos o andinos y los selváticos. En lo alto de la jerarquía social y de la idea de “civilización” se encuentran los limeños y los costeños en general, luego vienen los “serranos” o “cholos”, y finalmente los selváticos que se distinguen entre los “charapas” o mestizos y los “chunchos” o pueblos originarios percibidos como salvajes, primitivos y atrasados. Marisol de la Cadena (2000) ha planteado que los cusqueños se reconocen como indígenas mestizos, personas orgullosas de su cultura andina y de su lengua quechua, que rehúsan la designación de “indios” a causa de su connotación negativa (personas miserables, sin zapatos, monolingües, sin educación, atrasados y serviles). Por su parte, Flores Galindo (1987) ha demostrado que el proceso de rechazo de la identidad “indígena” se ha desarrollado desde la represión brutal de la rebelión de Túpac Amaru (1781) y en el siglo XX, en el marco de la urbanización, de la migración rural y de la generalización de las ideas racialistas promovidas por las élites europeizadas que tomaron las riendas del Estado peruano desde 1821. El llamado “problema indígena” existe desde hace 200 años. La participación de tropas “indígenas” en las guerras de independencia y en la guerra contra Chile no ha cambiado nada a esa realidad.

El autor español Sebastián Lorente (1813-1884) ha tenido una influencia directa en la difusión de las ideas racialistas en el país a través de los libros de historia escolar, en particular Historia de la civilización peruana publicado en 1866. En su calidad de profesor del Colegio Guadalupe de Lima y de fundador del Colegio Santa Isabel de Huancayo, él contribuyó de manera directa a modelar la conciencia histórica de niños y de adultos (Flores Galindo 2008: 248 y sqq.). Pero Lorente no inventó nada particular, se inspiró simplemente de las ideas de uno de los representantes del racismo “científico”, Joseph Arthur de Gobineau, autor del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (Paris, 1855). En su libro Pensamientos sobre el Perú (1855), Lorente escribió:

“Yacen en la ignorancia, son cobardes, indolentes, incapaces de reconocer los beneficios, sin entrañas, holgazanes, rateros, sin respeto de la verdad y sin ningún sentimiento elevado, vegetan en la miseria y en las preocupaciones, viven en la embriaguez y duermen en la lascivia. (…) Para Lorente el indio termina degradado hasta la escala animal. Un cierto pudor lo lleva a atribuir el juicio a otros: “Alguno ha dicho: los indios son llamas que hablan”. Pero hace la cita sin ninguna aclaración ni desmentido.” (Citado por Flores Galindo 2008: 249).

Ese discurso racista y despreciativo fue apropiado por las élites oligarcas enriquecidas por la explotación del guano en la costa y del caucho en la Amazonía (1880-1920), que explotaban vilmente la mano de obra servil de los nativos y de los peones (mestizos y originarios) de la sierra y de la costa. Más tarde, el racismo fue asumido por los empresarios “modernos”, las élites enriquecidas y las clases medias, y fue también soportado por las clases trabajadoras “indianizadas” hasta la actualidad.

El racismo moderno en el Perú: citadinos-modernos versus rurales-atrasados

El racismo moderno es influenciado por el modo de vida, tanto en el Perú como en el resto del mundo, que distingue jerárquicamente el modo de vida citadino y el modo de vida rural. En efecto, los mestizos serranos y amazónicos son discriminados en Lima, pero son respetados en sus provincias; paralelamente, los limeños se sienten superiores a todos los provincianos en virtud de su modo vida, que ellos consideran superior y más civilizado que el resto del país. Flores Galindo ha sido uno de los primeros académicos que ha subrayado la importancia del racismo contemporáneo, cuando la mayoría de los universitarios e intelectuales se negaba a tomarlo en consideración o lo minimizaba:

En el Perú nadie se definiría como racista. Sin embargo, las categorías raciales no solo tiñen, sino que a veces condicionan nuestra percepción social. Están presentes en la conformación de grupos profesionales, en los mensajes que transmiten los medios de comunicación o en los llamados concursos de belleza, para mencionar algunos ejemplos cotidianos. Pocos han reparado en el contenido racista de una categoría tan usual en los recuentos censales como es la de analfabeto, para clasificar así — como grupo inferior y menospreciado — a quienes ignoran el castellano.

El racismo existe no obstante que los términos raciales, suprimidos en los procedimientos de la identificación pública, no tienen circulación oficial. Pero un fenómeno por encubierto y hasta negado, no deja de ser menos real. (…) El discurso racista en el Perú se estructuró alrededor de la relación blanco-indio y después se propaló a otros grupos sociales. La fuente de este paradigma debemos buscarla en el establecimiento de la dominación colonial. Antes, en el territorio andino existían runas (hombres), que pertenecían a diversos grupos étnicos como los quechuas, aymaras, chocorvos, chachapoyas, chancas. Recién con la conquista surge la categoría de indio, con el propósito de homogenizar forzosamente a la población vencida y reducir sus diversas expresiones culturales a lo que Henri Favre llamaría una “subcultura de la dependencia”. (República sin ciudadanos, 1987, en Buscando un Inca, 2008: 235. Mis itálicas).

Flores Galindo estaría profundamente escandalizado si pudiera observar el racismo actual que se ha mantenido más allá de toda previsión de los académicos. La reproducción del racismo ha sido minimizada en la sociedad y muchos autores negaron incluso su importancia en las relaciones sociales contemporáneas. Nelson Manrique (1996) lo ha notado, precisando que los estudios de fines de los años 90 evocaban sobre todo la discriminación étnica más que el racismo porque el término “etnicidad” parece más neutro que un término asociado directamente al fundamento “biológico” de las personas y que nos negamos a adoptar por temor de herir a los otros, o de ser herido personalmente. El recurso a la denegación contribuye a perennizar el racismo. Manrique ha demostrado de manera lucida el peso del racismo en la violencia política de Sendero Luminoso, y también ha señalado que el racismo concierne sobre todo a los mestizos (60% de la población según el Censo de 2017). En efecto, muchos mestizos rechazan sus orígenes indígenas para alcanzar una mejor posición estatutaria.

En su libro El racismo, la cuestión del Otro, el antropólogo Carlos Callirgos (1993) ha destacado también que la percepción ordinaria asocia los conflictos raciales con los conflictos de clase; y, por otro lado, expone una crítica de la posición de Gonzalo Portocarrero que consideraba que el racismo es un fenómeno que data del siglo XIX en el país. En fin, ciertos autores continúan creyendo que el nuestro ya no es un país racista, o lo clasifican como un elemento exterior al orden social (Degregori, 2010: 55), una especie de singularidad patológica que nos gustaría ver desaparecer.

En realidad, la ideología de la “raza” y el racismo son el núcleo del orden social en América Latina pero también en Canadá y en Estados Unidos, donde los “supremacistas blancos” aumentaron durante el mandato del lamentable presidente Trump (Villasante, 2019a, Revista Ideele n° 287). Dicho esto, en los países latinoamericanos, los rasgos exteriores, la educación y la riqueza fundan una jerarquía de mestizos, teniendo en sus extremos a los “blancos/blanqueados” y a los “indios/cholos”. En los últimos años se han escrito textos y se han producido documentales muy interesantes sobre este tema y, gracias a YouTube, se puede observar el racismo en toda su crudeza.

En 2001, la congresista Paulina Arpasi, quechuahablante, sufrió en carne propia el racismo en el Congreso de la República porque vestía su ropa tradicional de Puno y defendía el uso del quechua (Arpasi, 2017).

En 2007, Hilaria Supe y María Sumire tuvieron que soportar, ellas también, las burlas racistas de la patética fujimorista Martha Hildebrandt, que exhibió su racismo abyecto en el Congreso. Luego, en 2013 esta mujer soberbia e insolente recibió un premio de la UNMSM, en presencia de Keiko Fujimori.

En 2012, Roberto de la Puente, ha realizado un excelente documental (Choleando, Racism in Peru). Otros casos de racismo ordinario fueron documentados en las playas del sur de Lima en 2014.

En 2017, el Instituto de Estudios de las Culturas andinas (IDECA) presentó un reportaje sobre la película “Paisana Jacinta: ¿Entretenimiento o Racismo?”. En un programa de César Hildebrandt, y en presencia del actor Jorge Benavides, la congresista Paulina Arpasi critica el contenido racista de su discurso señalando que es indignamente ver la caricatura de las mujeres andinas (sucias, mal vestidas, ignorantes) que este hombre presenta y que es muy nociva para los niños.

En noviembre de 2017, otro programa de Archivos del Perú presentó la exposición de la congresista Claudia Coari sobre el tema “Racismo en la participación política estatal de las mujeres originarias”; que explicita su historia de lucha contra el racismo anti indígena.

En junio de 2019, el congresista Carlos Bruce declaró que Martín Vizcarra fue escogido porque es “provinciano”, Panorama recogió muchos testimonios con la consigna “Cholo Soy”.

En noviembre de 2019 el programa abiertamente racista “La paisana Jacinta”, interpretada por el actor Jorge Benavides, fue cerrado definitivamente gracias a la demanda presentada por Cecilia Paniura, Rosa Supho, Irene Quispe y Rosalinda Torres contra Frecuencia latina, el Ministerio de Transportes, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de la Mujer y Jorge Benavides. La sentencia fue confirmada en octubre de 2020 por el Segundo Juzgado Civil de Cusco. Es impresionante constatar que esta prohibición haya llevado tantos años pues el programa era un incentivo directo a la reproducción de la violencia racial contra las mujeres andinas del país. Su “popularidad” confirmaba también la aceptación de la sociedad peruana, sobre todo en Lima, de este racismo banalizado.

En septiembre de 2020, la lamentable fujimorista Martha Chávez tuvo también comentarios despreciables contra César Zevallos que había sido nombrado a la OEA: “debió ir a Bolivia por sus rasgos andinos”; fue denunciada ante el Ministerio Público.

En abril de 2021, Giovanna Peñaflor (directora de IMASEN), ha dado una entrevista muy interesante sobre las elecciones y el racismo. [Ver esas referencias en el rubro Racismo en el Perú].

En fin, si, como planteaba Flores Galindo, el racismo era ocultado en público como un sentimiento vergonzoso y anticatólico, en 2021 muchos peruanos se reconocen racistas públicamente, y son incitados a ello por la propaganda fujimorista y por el anonimato de las redes sociales que garantiza la impunidad. Esto implica que los sentimientos racistas, las ideas sobre la superioridad/inferioridad de las “razas” estuvieron siempre presentes y reproducidas en el marco privado de las familias y de las amistades. Hasta el día de hoy, no se comprende que las “razas” no existen sino en la mentalidad arcaica de sociedades pre modernas que niegan la preeminencia de la ciudadanía. Ciertamente, podemos tener identidades regionales, locales, étnicas y lingüísticas diversas, pero una sola ciudadanía, una sola nacionalidad: peruana.

El racismo de las élites: el caso de Vargas Llosa y sus novelas racistas

Las últimas décadas han sido muy dolorosas en el Perú. Las mayores reformas sociales fueron realizadas durante el gobierno del general Velasco (1968-1975), luego el general Morales Bermúdez destruyó todos los avances y durante su gestión se permitió que Sendero Luminoso se desarrolle en Ayacucho. Este grupo radicalizado comenzó su “guerra popular” contra el Estado y contra la sociedad y logró instaurar una guerra interna, una guerra civil en el sur andino, entre 1980 y 2000. El racismo estuvo muy presente durante el conflicto, los militares trataban a los campesinos de “terroristas-indios-comunistas”. Estas ideas falsas y excluyentes han dejado una huella profunda en las mentalidades de los costeños hasta la actualidad, y han sido “reactivadas” por la propaganda fujimorista y por las clases dominantes que se sientes “superiores” por su “raza” y por su dinero a todos los peruanos. El neoliberalismo que se funda sobre el ideal de enriquecimiento como objetivo de vida predomina y es considerado inalterable por las élites y por sus servidores de las clases medias y pobres.

La situación hubiera podido ser diferente a partir de 2001, cuando se retornó a la “democracia”. Pero ello no ha sido posible porque ningún gobierno ha asumido sus deberes de restructuración de todas las instituciones del Estado y tampoco se ha hecho nada para difundir los valores republicanos de igualdad de los ciudadanos ante la ley. La educación cívica es casi inexistente en el Perú. Desde hace 20 años, vivimos en una constante precariedad de gobierno, con instituciones decadentes y con una sociedad que tolera la miseria extrema, el racismo, la discriminación y la corrupción. El último escándalo de los audios de Montesinos desde la Base Naval del Callao, último intento de lograr que Keiko Fujimori gane las elecciones, demuestra la reproducción constante de prácticas mafiosas del fujimontesinismo fundadas sobre el control de millones de dólares robados al país u obtenidos gracias al narcotráfico y que nunca se han recuperado.

En efecto, la práctica fujimorista corrupta, populista, prepotente y racista (Degregori 2012, IF de la CVR 2003, Tomo III) está enquistada en nuestras instituciones, en las élites y las clases medias que se dejaron convencer — por ignorancia y por falta de empatía y solidaridad con las clases marginadas —, que el candidato Pedro Castillo era un “indio ignorante”, un “comunista-terrorista”. Por esta razón abyecta, la hija del dictador Fujimori ganó votantes (aterrorizados por el “comunismo”) y obtuvo 49% de votos en la segunda vuelta, cuando sus votantes fueron solamente 13% en la primera vuelta. Una persona acusada de corrupción no debió siquiera presentar su candidatura, el Poder Judicial lo permitió y ello es totalmente incomprensible.

En ese contexto, el escritor Mario Vargas Llosa se ha atrevido a regresar a la política nacional desde España, su país de residencia, para apoyar a la hija del dictador que él denunció durante muchos años y que lo venció en las elecciones de 1990. Ese año, los peruanos eligieron a un hijo de migrantes japoneses creyendo en su propaganda de “otredad”, de símbolo del “Perú profundo”, opuesto a un Vargas Llosa descendiente de españoles, citadino, burgués y ultra liberal; totalmente desconocido por el pueblo rural y pobre del país. Pero como sabemos, ni bien se instaló en Palacio, Fujimori instauró las mismas recetas ultra liberales del escritor burgués que nunca han funcionado en América Latina.

El apoyo de Vargas Llosa a la hija del dictador es un acto inmoral y vergonzoso que prueba que entre los partidarios del ultra liberalismo no hay solamente empresarios ignorantes, funcionarios y militares ávidos de dinero sucio, sino también eruditos burgueses como él que están dispuestos hasta a defender a una corrupta con tal de mantener un sistema económico que les permita seguir acumulando riqueza en modo anacrónico, como en el virreinato. “Mejor una criminal que un comunista” decían los votantes de extrema derecha. Es decir que se pretende defender privilegios de clase en una sociedad profundamente desigual, jerarquizada en “razas” y con un alto nivel de pobreza.

• En primer lugar, Vargas Llosa ha demostrado que ni a él ni a las élites les interesa respetar el orden democrático y que estaban dispuestos a participar y a financiar campañas populistas, abiertamente racistas y denigrantes para impedir el triunfo del profesor Castillo. Carlos Trelles (Sudaca, 23 de junio) ha publicado un texto muy interesante sobre este tema. El rechazo visceral al profesor Castillo condensa dos hechos constantes de la derecha pestilente: el racismo anti indígena y el terror al “comunismo”.

• En segundo lugar, las críticas a Vargas Llosa olvidan que este escritor expone su posición de defensa del neoliberalismo y su postura racista ante los “indios” desde hace por lo menos 40 años. En efecto, Vargas Llosa presidió la Comisión de investigación de los hechos de Uchuraccay en 1983 [la masacre de ocho periodistas por comuneros que los confundieron con senderistas], por encargo del presidente Belaunde, y en su Informe (ratificado por antropólogos lamentables, Ossio, Fuenzalida y Millones) expresó su profundo racismo contra los “indios atrasados y violentos”, “hombres que viven como en los tiempos prehispánicos”. De ese modo, Vargas Llosa contribuyó a reforzar la idea del “salvajismo” de los “indios” en la sociedad peruana durante toda la guerra interna (Informe final de la CVR, Tomo V, 2.4. El caso de Uchuraccay).

• Después de Uchuraccay, donde Vargas Llosa se quedó tres horas, escribió tres novelas donde demostraba su profundo desprecio hacia los “indios”: La historia de Mayta (1984), El Hablador (1987) y Lituma en los Andes (1993), donde los “indios” son “caníbales”, obras criticadas por varios autores [Méndez 2002, Vich 2002, Franco 2006]. En 1996 publicó además una crítica de la obra de José María Arguedas, La utopía arcaica, donde lo presenta como un “desarraigado” que conocía “dos mundos antagónicos”, no obstante, como escribe Rodrigo Montoya (1998), “Vargas Llosa no conoce los Andes”. María Rostworowski ha ratificado este hecho en una entrevista (Servindi, 22 de junio). No sólo no conoce esta región del Perú, sino que además se atreve a mostrar su desprecio por sus habitantes.

En La historia de Mayta (1984), Vargas Llosa intenta asociar toda la izquierda peruana con las acciones de violencia y de terror de Sendero Luminoso. En 1958, Mayta es un cincuentón homosexual y trotskista que pretende iniciar una revolución desde Jauja con siete hombres; el levantamiento fracasa y Mayta es capturado. En 1983, un narrador busca datos para escribir la historia de Mayta en un contexto de violencia política en el cual las tropas de Estados Unidos llegan para repeler una invasión comunista ruso-cubano-boliviana. En esta novela hay dos intenciones paralelas: denigrar a los “indios” y denigrar a la izquierda. Y en tela de fondo, el menosprecio del autor por la pobreza que no le inspira la mas mínima empatía o compasión humanista. En las tres novelas citadas se usa el término despectivo que nadie emplea salvo para insultar, “indio/s”, reiterando los mismos prejuicios racistas de los colonos españoles y de sus herederos criollos, sin notar jamás un solo rasgo positivo o agradable; es realmente asombroso. Cito algunos pasajes para ilustrar esas observaciones.  

“Había entre nosotros [en el colegio Salesiano] más cholos que blancos, mulatos, zambitos, chinos, niséis, sacalaguas y montones de indios. Pero aunque muchos salesianos tenían la piel cobriza, los pómulos salientes, la nariz chata y el pelo trinche, el único de nombre indio que yo recuerde era Mayta. (…) El día en que los Andes se muevan, el país entero temblará. (…) Cuando los indios se alcen, el Perú será un volcán. (…) Pero ahora la mayoría de los asesinados o secuestrados por los comandos revolucionarios, las fuerzas armadas o los escuadrones contrarrevolucionarios, pertenecen a estos distritos [de la periferia]. Tengo la impresión de no estar en Lima ni en la costa sino en una aldea de los Andes: ojotas, polleras, ponchos, chalecos con llamitas bordadas, diálogos en quechua. ¿Viven realmente mejor en esta hediondez y en esta mugre que en los caseríos serranos que han abandonado para venir a Lima? Sociólogos, economistas y antropólogos aseguran que, por asombroso que parezca, es así. Las expectativas de mejora y de supervivencia son mejores, al parecer, en estos basurales fétidos que, en las mesetas de Ancash, de Puno o de Cajamarca donde la sequía, las epidemias, la esterilidad de la tierra y la falta de trabajo diezman a los poblados indios. (…) [Mayta se encuentra en la comunidad de Quero, camino de Uchubamba, donde espera “reforzar sus cuadros” para iniciar la revolución] Sí, Mayta, en esta mugre, en este desamparo, vivían millones de peruanos, entre orines y excrementos, sin luz ni agua, llevando la misma actividad vegetativa, la misma rutina embrutecedora, la actividad primaria y casi animal de esta mujer con la que (…) no había podido cambiar sino unas pocas palabras, pues su castellano era incipiente.” (Vargas Llosa [1984] 2000: 13, 21-22, 71, 303).

Cuatro años después de Mayta, Vargas Llosa publicó otra novela “indianista”, El Hablador (1987); donde hay dos relatos paralelos: un hombre blanco, de la costa, que evoca los recuerdos de juventud con su amigo Mascarita — un “judío” de aire repulsivo, fascinado por la “cultura amazónica”, que estudia Derecho y Etnología —, y un “indio machiguenga” [matsigenka] contador de historias de su pueblo. Un “indio” de una “tribu desparramada entre las selvas de Cusco y Madre de Dios”, todavía más “primitivo de mentalidad mágico-religiosa” que los andinos pues vivía en la “Edad de Piedra”. Mascarita se transforma en un “hablador” llamado Tasurinchi [el nombre de una divinidad solar entre los pueblos étnicos arawak es Tasorentsi]; casado con una mujer de la “tribu”. El autor evoca la brujería, el “daño”, los demonios, los “enemigos mashcos” que masacran a los machiguengas cortándoles las cabezas… Vargas Llosa explicita también su creencia en la superioridad de la “civilización” costeña: “¿En serio te parece que la poligamia, el animismo, la reducción de cabezas y la hechicería con conocimientos de tabaco representan una forma superior de cultura, Mascarita?”. Y nuevamente evoca su ideología neoliberal y su odio de la izquierda: “¿No había dicho Marx que el progreso vendría chorreando sangre? (…) Si el precio del desarrollo y la industrialización (…) era que esos pocos millares de calatos tuvieran que cortarse el pelo, lavarse los tatuajes y volverse mestizos — o para usar la más odiada palabra del etnólogo: aculturarse—, pues qué remedio.” Esa aculturación estaba en marcha a través del Instituto Lingüístico de Verano, representado en la novela por la pareja Schneil. En la realidad histórica el ILV promovía el capitalismo, la colonización y el evangelismo y controlaba muchas comunidades amazónicas; por su intervencionismo económico y político fueron expulsados de algunos países latinoamericanos (Ecuador, México, Panamá), trabajó en el Perú desde 1946 y su presencia fue restringida en 1980; en 2015 lograron regresar, a pesar de la oposición de las organizaciones nativas. Pero de ello el novelista no dice absolutamente nada.

Para una antropóloga especialista de los Ashaninka como yo es una novela penosa, pesada y muy difícil de leer por la enorme masa de prejuicios racistas que se expone (la “tribu” es una noción evolucionista obsoleta), por la ideología ultra liberal y el desprecio de las culturas originarias, y en general por la formidable ignorancia de Vargas Llosa de la Amazonía y de sus habitantes. Espero aportar una crítica más significativa, desde la antropología social, en un futuro cercano.

En 1993, Vargas Llosa publicó la novela Lituma en los Andes. En su libro El caníbal es el Otro, Víctor Vich (2002, 2017: 74) ha observado que fue premiada por la editora Planeta, “gracias a un jurado compuesto únicamente por intelectuales españoles. (…) En su ansioso deseo de representar al “otro” indígena, esta novela no consigue sino satisfacer una especie de “deseo colonial” que curiosamente define mucho más la identidad del colonizador que del colonizado.” La novela cuenta la historia del cabo Lituma (costeño y racional) y su adjunto Tomás (quechua hablante) en un pueblo andino durante la guerra interna. Como escribe Vich (2017: 77) todo se reduce al “paradigma civilización/barbarie” y a la descripción degradada de los “indios” que, colmo de la barbarie, realizan un ritual caníbal bajo la orden de un pishtaco. Los Andes, los “indios” y los senderistas son presentados como sujetos primitivos:

“¿Qué hacia en medio de la puna entre serruchos hoscos y desconfiados que se mataban por la política y, para colmo, desaparecían? (…) ¿Cómo era posible que esos peones (…) que se vestían como cristianos, hicieran cosas de salvajes calatos y caníbales? (…) [Salcedo, un comerciante costeño se transformó en pishtaco] Los trinchaba del ano a la boca y los ponía a asarse vivos, sobre unas pailas que recogían su sebo. Los desollaba para hacer máscaras con la piel de su cara y los cortaba en pedacitos para fabricar con sus huesos machacados polvos de hipnotizar. Desaparecieron varios.” (Vargas Llosa 1993: 14, 204, 211).

En fin, en su libro La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, Vargas Llosa explicita nuevamente su postura europeizante (no sabe que en Europa nadie se permitiría racializar a los peruanos pues está penado por la ley) para criticar la cosmovisión andina del mundo que ha guiado el trabajo literario de Arguedas. Una visión del mundo que, según él, es “irracional”, “premoderna y primitiva”, en oposición a la “racionalidad científica” expresada por Karl Popper. De lo que se trata es simplemente de oponer y descalificar el “pensamiento mítico-andino” expuesto por Arguedas a la supuesta “razón” europea. El planteamiento no podría ser más absurdo, anacrónico y arbitrario; el arcaico es Vargas Llosa cuando escribe lo siguiente:

“Una cultura mágico-religiosa puede ser de un notable refinamiento y de elaboradas asociaciones (…), pero será siempre primitiva si aceptamos la premisa de que el tránsito entre el mundo primitivo y el tribal y el principio de la cultura moderna es, justamente, la aparición de la racionalidad, la actitud científica de subordinar el conocimiento a la experimentación y al cotejo de las ideas y de las hipótesis con la realidad objetiva…” (1996: 186-187).

Ese tipo de enunciados datan de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, cuando los primeros antropólogos como James Frazer y Lucien Lévy-Bruhl hablaban del “pensamiento mágico”, de la “mentalidad primitiva” y de los “pueblos primitivos y tribales”, que han sido duramente criticados y deconstruidos por Ludwig Wittgenstein, por Emile Durkheim y por Claude Lévi-Strauss. Vargas Llosa desconoce todo de la antropología moderna construida a partir de los años 1950 y de la premisa que la guía: el análisis de la diversidad de culturas, de creencias, de estructuras sociales en el marco global de la unidad del género humano. Desconoce e ignora también la postura ciudadana y digna del respeto de las diferencias culturales de los Otros, desnudando una vez más su racismo abyecto. Como es profundamente ignorante en ciencias sociales y humanas, no sabe siquiera que sus ideas ya fueron explicitadas por muchos letrados europeos que, desde el siglo XVIII, construyeron el racialismo científico oponiendo, justamente, la Barbarie de los Otros a la “civilización” europea (Todorov 1982). Pero eso es el pasado obsoleto.

Rodrigo Montoya ha propuesto una crítica muy interesante y pertinente sobre esta obra en su artículo “Todas las sangres: ideal para el futuro del Perú” (1998), donde escribe:

“El universo andino ocupa un espacio muy pequeño en la obra de Vargas Llosa. En su informe sobre el asesinato de ocho periodistas en Uchuraccay, Ayacucho (1983), y su novela Lituma en los Andes (1993), habla del carácter aparentemente “primitivo” de los llamados indios y de los sacrificios humanos que a fines del siglo XX seguirían aún vigentes. MVLL no conoce los Andes (…) En su libro La utopía arcaica vuelve sobre los Andes para tratar de demostrar que el sueño indigenista carece de sentido, y que los indígenas nada tienen que decir ni hacer en el futuro del país. La obra literaria de Arguedas es el pretexto para afirmar su nueva fe sin limites: el capitalismo.”

En efecto, Montoya considera que Vargas “es un defensor del capitalismo en el mismo momento en el que desde dentro del capitalismo empiezan a verse los limites del neoliberalismo. (…) Confunde otra vez sus deseos con la realidad; con el andar del tiempo crece también la distancia que lo separa del Perú.” De hecho, ese novelista ya no es peruano desde hace mucho tiempo, pretende simplemente servirse de su fama de “buen escritor” para exhibir sus ideas alucinadas y seguir en la primera plana de los medios de nuestro país: por simple y frívolo narcisismo.

No obstante, hasta hace poco Vargas Llosa minimizaba el racismo en el Perú, negaba el suyo claro está y cantaba el triunfo de la democracia. En una entrevista con Rubén Gallo (2017) declaró: “En el Perú, y en la mayoría de países latinoamericanos, la raza es un tema solapado, que no sale a la luz, pero que está siempre en las conductas de las personas. (…) Afortunadamente hemos vivido una evolución… Hoy día el racismo está mucho menos extendido que hace veinte o treinta años. (…) Y la polarización política, que era feroz cuando era joven, se ha suavizado muchísimo porque hay una práctica de la coexistencia democrática.” Todo lo sucedido en 2021 prueba lo contrario. En realidad, el racismo sigue siendo un invariante de nuestra estructura social y la polarización entre la derecha
— que se ha vuelto extrema — y las posiciones progresistas y de izquierda nunca ha sido tan evidente.

Propaganda racista y llamados a la exterminación de los “indios”

Durante la campaña electoral en los medios audiovisuales y en las redes sociales se ha llevado a cabo una propaganda repugnante contra los peruanos del interior del país y contra el supuesto “comunismo” de Pedro Castillo y del partido Perú Libre. Como sabemos, el Grupo El Comercio controla 80% de los medios de comunicación y todos estuvieron transmitiendo las falsedades de la propaganda fujimorista. Algo nunca visto en el país pues los medios masivos se han comportado del mismo modo que en los países dictatoriales (Venezuela, Nicaragua, Cuba, Arabia Saudita, Egipto, Siria, Birmania) o totalitarios (China, Rusia, Corea del Norte). Sin que ninguna autoridad estatal haya impuesto las reglas ordinarias en una “democracia”. La libertad de expresión funciona muy mal porque además, el Estado es incapaz de regular el acceso de la libre competencia de empresarios, facilitando el acceso a los permisos para crear radios, canales de televisión y periódicos nuevos (Tafur, 25 de junio, Sudaca.pe).

Señora vota en Capachica, Puno, el 11 de abril de 2021 (El Heraldo, EFE).

Pero la avalancha de propaganda de la peor especie se ha desarrollado sobre todo en las redes sociales, donde jóvenes de las élites económicas, pésimamente educados, sin moralidad alguna y sin decencia ni honor, han proferido llamados a la “destrucción” de Ayacucho, Apurímac, Cajamarca, Cusco, Puno. Han comparado los votantes de Castillo a “llamas”, “alpacas”, “cerdos y vacas”. Han llegado al extremo de lanzar llamados al “exterminio” de los “cholos/indios”, a la “violación”, a la “esterilización de mujeres”, y a la violencia contra los niños (Rospigliosi, Sudaca.pe). Nos quedamos sin voz ante tanta ignominia y oprobio, de una violencia extrema nunca vista en nuestro país.

En otro video una docente de la USMP conversa con un estudiante y ambos expresan su desprecio por el profesor Castillo acusándolo de “comunista”; los “universitarios” nunca se enteraron de que el comunismo se derrumbó entre 1989-1991. Otro audio ilustra los llamados a la violencia (“tomar Palacio”) para oponerse a los resultados electorales (Wayka, 18 de junio). Y las élites extremistas han llegado al extremo de evocar un golpe de Estado contra el “comunismo” y el “terrorismo”, mostrando rosarios (Wayka, 15 y 16 de junio). Todo ello en nombre de la defensa de sus privilegios de clase anacrónicos y obsoletos, y de su incapacidad a aceptar que tengamos un presidente progresista, profesor rural y rondero, que para ellos es solamente un “indio/comunista”. El nivel de ignorancia de estas “élites”, sobre todo de los jóvenes, es realmente pasmoso (ver el video de Wayka, 26 de junio).

Esos hechos implican dos cosas que no son suficientemente denunciadas: en primer lugar, que los discursos de odio racial y los llamados a la violencia no son ni penalizados ni prohibidos, son tolerados; y, en segundo lugar, que es inadmisible que en el país no exista todavía ninguna instancia de regulación de la publicidad y del contenido de los medios de comunicación masivos.

No obstante, el racismo ha sido denunciado en los medios alternativos (Wayka, Sudaca.pe, Servindi, etc.), y en particular por Glatzer Tuesta en Ideele Radio, lo cual es muy positivo para ampliar el debate que recién empieza. Ahora sabemos que el racismo de extrema derecha se ha desarrollado considerablemente en el país y que tiene portavoces que utilizan palabras de odio que merecen ser penalizadas pues son contrarias a la Constitución (Art. 2) y a la Ley n° 27.270 contra actos de discriminación. Recién en junio de 2020, el Ministerio de la Cultura presentó un proyecto de ley contra el racismo y la discriminación racial para sancionar penalmente los agravios de ese tipo, incluyendo el delito de discurso de odio étnico-racial. El Congreso hubiera podido promulgar esa ley en 2020, pero prefirió ocuparse de vacar al presidente Vizcarra. Por lo cual, es una tarea urgente para el próximo Congreso. Esta situación denota el atraso de la administración estatal en materia de penalización del racismo, que va de par con la inexistencia de una instancia que regule el contenido de la información de los medios de comunicación, como se hace en todos los países modernos y decentes. Son tareas inaplazables para el gobierno del presidente Castillo.

En fin, si los medios alternativos han asumido su rol de información transparente durante este periodo, los organismos de defensa de los derechos ciudadanos se han demorado mucho en reaccionar.  La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos ha publicado un pronunciamiento recién el 17 de junio, denunciando las amenazas y las acciones de hostigamiento violentas que se perpetran contra personalidades, periodistas, artistas y autoridades que “se vienen naturalizando en las redes sociales y en las manifestaciones públicas”. Citemos en particular la propaganda “#chapa tu caviar”, contra las personas progresistas que aportan su apoyo al profesor Castillo, recordando las peores épocas del “terruqueo” de la extrema derecha de los años 1990.

En las marchas fujimoristas se usaron también los símbolos del movimiento Alt-Right de los “supremacistas blancos” de Estados Unidos: antorchas que recuerdan el Kukuxklán y hasta saludos nazis [ver la entrevista de G. Tuesta a José Ragas]. Este tipo de extremismo fascista supera todo lo visto anteriormente y anuncia un periodo de pérdida y/o de negación de valores republicanos de parte de las clases altas y medias jamás visto en el país.

Reflexiones finales

• La coyuntura actual, a pesar de sus angustias, de los conflictos sociales y hasta familiares ligados a la polarización política, es muy positiva para el inicio del proceso de construcción nacional: el proceso de toma de conciencia del racismo como fuente de división y de fraccionamiento entre los peruanos ya ha empezado, ya no podremos negarlo o minimizarlo como hemos hecho durante 200 años.

• En adelante, tenemos la obligación moral de participar activamente en la construcción de una república de ciudadanos, de una nación peruana compuesta de ciudadanos conscientes de sus deberes y derechos, sin distinción de “razas”, de género o de religión; como está escrito en todas las constituciones modernas, pero que no se ha concretizado en el Perú hasta la actualidad. No podemos seguir siendo un virreinato con internet, tenemos que construir un Estado-nación digno del siglo XXI. Es evidente que la mejor manera de avanzar es a través de la educación y de la información sobre nuestro pasado reciente de la guerra interna, denegado por el fujimorismo, que pocos peruanos conocen, y sobre los valores democráticos y republicanos. Todo ello está contenido en el Informe Final de la CVR y en su versión resumida, el Hatun Willakuy. Este libro es central para comprender nuestra historia y nuestro presente y debe ser divulgado a nivel nacional, en los colegios, institutos técnicos y universidades, para que los niños y los jóvenes se eduquen en los valores democráticos, conociendo nuestra historia y preparando el futuro de una nación inclusiva, libre e igualitaria.

• En fin, el gran cambio actual implica la presencia en la escena nacional de un actor que estuvo soslayado durante siglos: el pueblo rural consciente de sus derechos, el pueblo postergado y racializado de las serranías, de la costa y de la Amazonía que reclama una mejor calidad de vida 200 años después del nacimiento de un país excluyente gobernado por los criollos-blancos-blanqueados. Antes que discutir sobre lo que puede o no puede hacer el presidente Castillo, que tiene un excelente equipo y mucha honestidad, creo que es urgente debatir sobre esta gran novedad, el apoyo masivo de las clases postergadas al nuevo presidente. Lo cual es acorde con un despertar regional en todas las Américas al que asistimos “gracias” a la pandemia que ha desnudado el estado estructural de todos los países, despertando la esperanza de cambios globales, contra el liberalismo empobrecedor e injusto. Es lo que observamos actualmente en Estados Unidos, en Brasil, en Colombia y en Chile, donde vastos movimientos sociales reclaman un orden social inclusivo y justo.

Esos son los grandes retos del año del Bicentenario que podremos celebrar con un presidente nativo de Cajamarca, donde Atahualpa fue ejecutado por Pizarro el 26 de julio de 1533; y de donde nace una nueva esperanza para todos los peruanos. 

Referencias citadas

Callirgos Carlos, 1993, El racismo, la cuestión del Otro, Lima.

Degregori Carlos Iván, 2010, Qué difícil es ser Dios, Lima.

Degregori Carlos Iván, 2012, La década de la antipolítica. Auge y huida de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, Lima.

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Flores Galindo Alberto [1986] 2008, Buscando un Inca, Lima.

Franco Jean, 2006, Alien to Modernity: The Razionalization of Discrimination, A contra corriente; Journal on Social History and Literature in Latin America, vol. 3, n° 3: 1-16.

Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, 2003. Versión resumida: Hatun Willakuy, Lima, 2004 y 2008.

Lévi-Strauss Claude ([1952] 1993, Raza e historia, Madrid.

Manrique Nelson, 1996, Racismo y violencia en el Perú, Pretextos n° 8, Lima.

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Montoya Rodrigo, 1998, Todas las sangres: ideal para el futuro del Perú, Nuestra América 12 (34), https://www.scielo.br/j/ea/a/G3pXjCt4n3mf9RDVPQbKW3f/?lang=es

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Vargas Llosa Mario, 2017, Conversación en Princeton con Rubén Gallo, Madrid. https://www.youtube.com/watch?v=GGd2_jmj6Uk

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Villasante Mariella, 2017, Censo étnico peruano: ¿cómo conciliar la diversidad étnica y la ciudadanía? Revista Ideele n° 273, Lima, 4 septembre 2017,  https://www.revistaideele.com/2021/03/14/censo-etnico-peruano-como-conciliar-la-diversidad-etnica-y-la-ciudadania-nacional/

Villasante Mariella, 2016, [traducción en preparación], Violence politique au Pérou, 1980-2000, Paris.

Wieviorka Michel, 1991, L’espace du racisme, Paris.

Otras referencias citadas

Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, https://www.servindi.org/actualidad-noticias/17/06/2021/en-defensa-de-la-democracia-contra-la-violencia-electoral-y-politica

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Racismo en el Perú, Videos

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— Giovanna Peñaflor, La Mula Reportajes, 26 de abril de 2021, Racismo en elecciones, https://www.youtube.com/watch?v=VPi1hmrD81U 

— Instituto de Estudios de las Culturas andinas, Paisana Jacinta: ¿Entretenimiento o Racismo?, con la congresista Paulina Arpasi, https://www.youtube.com/watch?v=UnfXVrGaJV8

— María Sumire, 2007, Panorama reportajes, La lucha por el quechua, https://www.youtube.com/watch?v=fMhnB9-YAzQ

— Martha Hildebrandt, Parlamentarias Janeth Cajahuanca y MH se prodigaron duros calificativos, TVOPeru, 24 de marzo de 2010, https://www.youtube.com/watch?v=iSLNoe4yDHM

— Martha Hildebrandt, San Marcos rinde honor a distinguida lingüista Dra. Hildebrandt, RTV San Marcos, https://www.youtube.com/watch?v=CMjbOTkId3s&t=9s

— Martha Hildebrandt, #Memorex: El fujimorismo siempre tuvo racistas, NapaTV 3, 21 de marzo de 2010,
publicado nuevamente en septiembre de 2020, https://www.youtube.com/watch?v=wiVawRskM6I (Otra versión: https://www.youtube.com/watch?v=ZCewfFKOJNo )

— Martha Chávez, Frases para el olvido: el virus del racismo en la política peruana, ATV Noticias, 3 de septiembre de 2020, https://www.youtube.com/watch?v=tUeYE3JYivc

— Ministerio de Cultura, Discriminación étnico-racial, 2020, https://alertacontraelracismo.pe/articulos/el-delito-de-discriminacion-en-el-peru-avances-y-retrocesos-en-sus-veinte-anos-de

— Paisana Jacinta, 15 de octubre de 2020, Paisana Jacinta no se volverá a emitir nunca más tras demanda procedente, Break viral, https://www.youtube.com/watch?v=c2YrLGtBfmc&t=27s

— Paulina Arpasi (2001) 2017, Racismo en la participación política estatal de las mujeres originarias, Instituto de Estudios de las Culturas Andinas, https://www.youtube.com/watch?v=xE4NY4SXnLo

— Racismo ordinario en las playas del sur de Lima, Sol, playa y discriminación, Panorama, 27 de enero de 2014, https://www.youtube.com/watch?v=8Ux2_NYag2Y&t=40s

— Roberto de la Puente, Choleando, Racism in Peru (2012), 14 de agosto de 2013, https://mail.google.com/mail/u/0/?ogbl#inbox/FFNDWLHplPfPrZgLTSvmRVqSlVdkXxvb?projector=1

— Wayka, 19 de junio de 2021, Ciudadanos denuncian a Butters, Ortiz y Montoya, https://alertacontraelracismo.pe/articulos/el-delito-de-discriminacion-en-el-peru-avances-y-retrocesos-en-sus-veinte-anos-de

— Wayka 26 de junio de 2021, Fujimoristas promueven discursos de odio en redes sociales, https://www.youtube.com/watch?v=0ctoiCOO2hI&t=1s

Rospigliosi Julio, 16 de junio de 2021, En el racismo hermanos, Sudaca.pe, https://sudaca.pe/noticia/informes/en-el-racismo-hermanos/

Servindi, 19 de junio, Campesinos, indígenas y academia piden respetar resultados electorales, https://www.servindi.org/actualidad-noticias/19/06/2021/organizaciones-campesinas-y-centros-de-estudios-piden-respetar, ver también https://www.servindi.org/actualidad-noticias/12/06/2021/indigenas-y-campesinos-rechazan-anulacion-del-voto-rural

Servindi, 22 de junio, María Rostworowski: “Vargas Llosa nunca entendió al mundo andino”, https://www.servindi.org/22/06/2021/rostworoski-vargas-llosa-nunca-entendio-al-mundo-andino

Tafur Juan Carlos, 25 de junio, Por verdadera libertad de prensa, Sudaca.pe, https://sudaca.pe/noticia/opinion/por-verdadera-libertad-de-prensa/

Trelles Carlos, Sudaca, 23 de junio, La derecha peruana en pantalla gigante, https://sudaca.pe/noticia/opinion/la-derecha-peruana-en-pantalla-gigante/

Tuesta Glatzer, Ideele Radio, Entrevista a Marco Avilés sobre el racismo, 11 de junio, https://www.youtube.com/watch?v=0yqeczx7Lks

— Entrevista a José Ragas sobre el racismo, 14 de junio, https://www.youtube.com/watch?v=Gn95dnAX60s

— Entrevista a Cecilia Méndez sobre el racismo, 16 de junio, https://www.youtube.com/watch?v=ZTTBEL_I1LM

Universidad San Martín de Porres (USMP), Comentarios en aula virtual, 14 de junio, https://www.youtube.com/watch?v=bgn5Vqrhvdo

Vargas Llosa Mario, 2021, Mario Vargas Llosa pide a los peruanos votar por Keiko Fujimori, Euronews, 19 de abril, https://www.youtube.com/watch?v=eH1KUy18gHg&t=3s

Wayka, 15 de junio, Operadores fujimoristas contra la democracia, https://www.youtube.com/watch?v=qAm45ctp5Pw

Wayka, 16 de junio, ¿Por qué marchan realmente los fujimoristas? https://www.youtube.com/watch?v=461OyXXPFFk

Wayka, 18 de junio, Audios colectivo Salvemos la democracia, https://www.youtube.com/watch?v=y05oeizIgGc

Sobre el autor o autora

Mariella Villasante
Doctora en antropología (École des Hautes études en sciences sociales, Paris), investigadora independiente y asociada al IDEHPUCP. Especialista del Perú, de los pueblos amazónicos y de Mauritania. . Desde noviembre de 2019 colabora con la Dirección General de Personas Desaparecidas del MINJUS, Oficinas de Lima y de Huancayo. Reside en Francia. Ha traducido el Hatun Willakuy en francés en junio de 2015 [Le Grand récit de la guerre interne au Pérou, Paris]. Y ha publicado tres libros sobre el Perú: Violence politique au Pérou. Essai d'anthropologie de la violence (París, 2016); Chronique de la guerre interne au Pérou, 1980-2000 (París, 2018), Prefacio de Salomón Lerner). Y finalmente: La violencia política en la selva central del Perú, 1980-2000. Los campos totalitarios senderistas y las secuelas de la guerra interna entre los Ashaninka y Nomatsiguenga. Estudio de antropología de la violencia, Prefacio de Salomón Lerner (Lima, COMISEDH y Tarea Gráfica, 2019).

1 Comentario sobre "El racismo en las elecciones presidenciales: una República sin ciudadanos en 2021"

  1. Excelente artìculo que debería difundirse por todo el Perù !!!

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