Crecimiento y bienestar: cuestionamientos desde la economía y las políticas públicas

Escrito por Imagen: Oxfam Revista Ideele N°298. Junio-Julio 2021

La narrativa entre crecimiento económico y bienestar debe ser revisada –a propósito de la pandemia por la COVID 19  y los recurrentes “apagones” globales en los negocios y de producción en el 2020- no sólo desde la academia sino desde posiciones doctrinarias -más cercanas al neokeynesianismo- que asuman economistas, bancos, fondos y firmas gestoras de activos para los siguientes quince o veinte años[1].

Sobre todo en América Latina, donde la pandemia desató fantasmas leídos desde una media de entre 50% a cuatro quintos de informalidad [Perú, Colombia, México], precariedad laboral, precariedad contractual, altas cuotas de desigualdad económica patrimonial [Chile, Brasil], dosis mercantilistas y diseños de modelos de negocio monopolísticos [Perú y Chile][2], concentración primaria exportadora con escasa o casi nula diversificación productiva [Perú, Chile y Colombia][3].

Frente a este panorama se suma la recurrente falta de oportunidades para acceder a servicios sanitarios y de educación y cultura que –durante tres décadas o más- “procrastinaron” el gasto social como parte de sólidas políticas públicas en sanidad, materia educativa y retrasos o avances con ralentí en función a los objetivos de desarrollo sostenible a largo plazo [ODS][4].


Gráfica 1

INEI, ENAHO; elaborado por Alexandra Ames [EGPUP]

          

El incremento de la pobreza en un rango u horquilla de 30,1% en –por ejemplo- el Perú [2020] y resto de América Latina, donde destaca una vulnerable [aún] clase media trabajadora juegan también un rol clave en la mencionada “revisión” de los términos crecimiento y bienestar económico[5].

Bienestar económico es un término muy relativo, en extremo relativista. Casi una pos verdad de Gobiernos que descansaron más en el precio de las materias primas con señal alcista [primera década de los dosmiles] y en el ahorro privado de familias, que en políticas fiscales duras y francas por ejemplo.

Crecimiento y bienestar: ¿existen?

No en su verdadera dimensión agregada si se toma en consideración que ambos conceptos no necesariamente involucran el desmantelamiento de la corrupción, de la informalidad, de la precariedad y de la debilidad institucional que alimenta el subdesarrollo y la pobreza.

No obstante, determinados economistas creen que sí existe una opción para vincular ambas nociones a la teoría y práctica de la economía.

Para el ministro de Economía del Perú –Waldo Mendoza- y a propósito de un cambio del capítulo económico de la Constitución de 1993 [diseñada durante una autarquía, la de Alberto Fujimori], “hay problemas mucho más importantes que ocuparse que perder el tiempo en cambiar algo que funciona muy bien y que ha contribuido decisivamente al crecimiento económico del país”[6].

Sin embargo, hasta ahí podemos observar un par de conceptos muy austeros en fondo y forma.

Pues no habrá crecimiento sin desarrollo ni bienestar económico sin consolidación fiscal que procure estándares de igualdad económica y social como parte de los objetivos en materia de política de Estado, gestión de presupuestos y su “matrimonio” desde una inversión privada colgada a una clase empresarial más responsable con su entorno social, económico y medioambiental. A ello añadir los ODS.


Gráfica 2

  INEI, ENAHO, MINTRA, BCR; elaborado por Alexandra Ames [EGPUP]

                  

El crecimiento trae pobreza, y en ello destacó una región que tras treinta años de incrementos –en ocasiones no “tan sostenidos”- en términos de PBI real no logró que las llamadas “reformas neoliberales de los años 80 y 90” decanten en desarrollo económico equilibrado y sostenido; sino, más bien, en un rango donde salud, educación, cultura fueron dimensiones correspondientes más a élites que a la generalidad.

Y la pandemia por la COVID 19 así lo visibilizó, y así desmanteló “el milagro económico peruano”.

Bienestar económico es un término muy relativo, en extremo relativista. Casi una pos verdad de Gobiernos que descansaron más en el precio de las materias primas con señal alcista [primera década de los dosmiles] y en el ahorro privado de familias, que en políticas fiscales duras y francas por ejemplo.

Con un niño de un barrio de capa pobre en Ciudad Juárez –expuesto a un entorno de violencia por el narco, falta de escuelas e infraestructura- la política pública no debe tener la misma visión de “bienestar económico” que con un niño del barrio de Polanco en Ciudad de México, donde el metro cuadrado registra US$ 5.027,7 la unidad[7].

El pequeño propietario de una unidad o pequeña parcela familiar agrícola –de una hectárea, en una zona donde la anemia infantil es crónica- de los andes del sur del Perú, no tiene la misma noción de “bienestar económico” que los propietarios de 1.000 hectáreas de un enclave agroexportador de la costa norte o sur del Perú.

Agroindustria cuya operación –gracias a una ley hecha a medida- por veinte años estuvo colgada a alivios tributarios, apoyos en costos laborales, transferir la mitad del aporte al seguro social y donde la norma les permitió no construir guarderías ni comedores para sus obreros o recolectores[8].

El choque en el crecimiento viene tanto por demanda como por oferta, pero en ambas orillas o en medio: una capa pobre vulnerable a un sistema de precios con señal alcista [inflación], una clase media urbana vulnerable que perdió el acceso a seguros privados en el 2020 en menos dos dígitos respecto al 2019 habida cuenta en desempleo y subempleo[9], comunidades campesinas y nativas desplazadas de su entorno si son vecinas a una operación minera, entre otros detalles.

Para Germán Alarco, investigador de la Universidad del Pacífico, quien apela a la Encuesta de Hogares [ENAHO] del Instituto Nacional de Estadística e Informática [INEI], “el cambio de modelo de la edad de oro del capitalismo [fordista] al neoliberal de crecimiento económico” explica mucho quiénes fueron los ganadores y quiénes los perdedores de los avances en términos de PBI real[10].

¿Qué hacer?

A propósito de someter a escrutinio los manoseados “crecimiento” y “desigualdad” que decantaron en desigualdad patrimonial y salarial, Joseph Stiglitz señala que esta “es la causa y la consecuencia del fracaso del sistema político”.

Stiglitz la monta contra un Estado “ausente” o “semi ausente” y agrega que ello “contribuye a aumentar la presencia de fallas de mercado como las asimetrías de información, fallas de Gobierno por exceso o ausencia de regulación, búsqueda de rentas, desregulación, reducción de inversiones públicas, financiarización [SIC] de la economía, entre las principales”, dijo el Nobel[11].

Las reformas entonces son inevitables en función a un reperfilamiento de las políticas públicas, la gestión pública, la gestión de presupuestos [mejorando la ejecución y seguimiento], reformas judiciales, políticas, reformas del sistema de pensiones y el afinamiento de los programas sociales.

Es crítico el papel de un Estado más dinámico en la protección del medioambiente y de los derechos de la comunidad ante el avance de la industria extractiva, y retomar las mesas de diálogo en función a la diversificación productiva[12].

O crecer transformando la estructura productiva, sin desigualdades, creando una economía más competitiva, redefiniendo la relación con el empresariado, reformulando la política fiscal –buscando justicia fiscal- y la política monetaria, retomando la agenda energética y en un nuevo consenso político no polarizador.

Al final, crecimiento y bienestar que se diluyan en tan solo “unos pocos” que concentran “mucho” pasa por combatir esta desigualdad: porque la desigualdad es una decisión política y el “modelo” que la alimenta es –en concreto- un Estado ausente.


[1] Recoba, E. Entorno doctrinario y negocios. Artículo. iForex Financial News, 2021: https://es.iforex.com/noticias/educaci%C3%B3n-financiera-doctrina-econ%C3%B3mica-y-202106251759

[2] Coeficiente GINI en Chile: https://www.ciperchile.cl/2019/12/10/parte-ii-la-desigualdad-es-una-decision-politica/#:~:text=El%20%C3%ADndice%20de%20Gini%20para,m%C3%A1s%20desigual%20de%20la%20OCDE.

[3] COVID 19: impacto en América Latina y El Caribe: https://es.statista.com/estadisticas/1110215/impacto-coronavirus-pib-america-latina/

[4] Objetivos de Desarrollo Sostenible: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

[5] Reporte de pobreza. https://www.inei.gob.pe/prensa/noticias/pobreza-monetaria-alcanzo-al-301-de-la-poblacion-del-pais-durante-el-ano-2020-12875/#:~:text=En%20el%20a%C3%B1o%202020%2C%20la,Estad%C3%ADstica%20e%20Inform%C3%A1tica%20[INEI].

[6] https://gestion.pe/opinion/waldo-mendoza-el-capitulo-economico-de-la-constitucion-de-1993-noticia-2/

[7] Expansión, revista digital. 1 de junio, 2017.

[8] Eduardo Zegarra, Noticias SER: https://www.grade.org.pe/novedades/la-ley-agraria-en-el-limbo-hacia-donde-ir-por-eduardo-zegarra/

[9] Situación del mercado laboral en Lima Metropolitana. INEI. Mayo, 2021: https://www.inei.gob.pe/media/principales_indicadores/05-informe-tecnico-mercado-laboral-feb-mar-abr-2021.pdf

[10] G. Alarco, C. Castillo, F. Leiva. Riqueza y desigualdad en el Perú: visión panorámica. OXFAM, 2019.

[11] J. Stiglitz. El precio de la desigualdad. Taurus, 2012.

[12] G. Alarco. Lecturas prohibidas: análisis y propuestas para el Perú. Otra Mirada, 2018.

Sobre el autor o autora

Eduardo Recoba
Eduardo Recoba Martínez es economista y periodista. Tiene columnas en LaMula, Radio Nacional y Radio Marañón. Es articulista invitado en Revista Ideele. Es corresponsal para Latinoamérica en iForex financial news. Fue consultor y docente.

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