Hay que desmontar los delirios de la derecha

Escrito por Revista Ideele N°299. Agosto-Setiembre 2021

Diecinueve días después de haber juramentado, el canciller Héctor Béjar renunció. El congreso y los medios lo tenían en la mira y bastó hacer circular un video con unas declaraciones suyas sobre la Marina de Guerra del Perú para sacarlo. Su frase más polémica en el video fue: “el terrorismo en el Perú lo inició la Marina y eso se puede demostrar históricamente y han sido entrenados para eso por la CIA”. Pero con esta frase el ex canciller no se refería a que la Marina haya dado inicio al conflicto armado entre Sendero Luminoso y el Estado Peruano, que para muchos se resume con el nombre de terrorismo.

Lejos de contravenir los hallazgos de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (la cual afirma que la violencia de los ochenta y noventa del siglo XX fue iniciada por Sendero Luminoso), Béjar hacía referencia a que, antes e independientemente del conflicto armado, la CIA instruyó a la Marina en la práctica de actos terroristas y esta los llevo a cabo. César Hildebrandt aclaró algo de este punto: en julio y octubre de 1977 se hundieron dos barcos cubanos con bombas-lapa puestas por “buzos muy expertos… solo la Marina lo podría haber hecho”.[1] Junto al atentado contra el almirante Guillermo Faura y las balaceras a las embajadas de Cuba y de la Unión Soviética, la operación terrorista contra los barcos habría tenido como objetivo debilitar las relaciones entre el gobierno peruano y los países comunistas.

A decir verdad, no sé si la Marina fue pionera del terrorismo en el Perú, pero me hubiera gustado escuchar a los historiadores debatirlo. Lo que vi, en cambio, fue una campaña mediática contra Béjar que sacaba sus palabras de contexto para hacerlas decir lo que nunca dijeron: que la Marina dio inicio al conflicto armado de los ochenta y noventa. Entre una multitud de comentaristas, Augusto Álvarez Rodrich sostuvo que Béjar “habla una serie de sandeces donde elogia a Sendero Luminoso”.[2] Y Rosa María Palacios declaró en Twitter: “Las declaraciones de Béjar son un insulto. El insulto se retira dando satisfacciones al insultado. La única satisfacción posible es su renuncia. O esperar su censura”.[3]

Aquí cabe preguntarse cómo comenzó este delirio. Se dice que comenzó con la presentación del gabinete de ministros encabezado por Guido Bellido, acusado de apología al terrorismo por elogiar a Edith Lagos y comentar que los senderistas fueron “un conjunto de peruanos que tomaron un camino equivocado”.[4] Por supuesto, ni el congreso ni los medios de comunicación se interesaron en reconocer lo evidente: que los senderistas son, en efecto, peruanos y que estaban equivocados. Tampoco se interesaron en investigar el hecho sociológico de que una parte de los asistentes al multitudinario entierro de Edith Lagos no eran senderistas sino admiradores del espíritu rebelde ayacuchano.

Se me dirá también que Castillo y Cerrón son socios políticos que tienen objetivos en común. Sí, lo son, y lo extraño sería que no los tuvieran. Pero es más extraño aún que la derecha liberal pida ahora a uno renegar del otro, cuando se ha pasado décadas lamentando la falta de institucionalidad de los partidos, convertidos en vientres de alquiler. Castillo y Cerrón son socios políticos; sin embargo, no están de acuerdo en todo. Si lo estuvieran, Pedro Francke y sus “Chicago boys” no estarían en el Ministerio de Economía.

También se propaló la noticia de que el exesposo de la ministra de la mujer Anahí Durand fue Alejandro Astorga Valdez, exmiembro del MRTA. No importó a los “demócratas” del congreso y los medios que haya en ese ministerio una valiosa mujer profesional que se ha comprado la causa feminista. Lo que importó fue que estuvo casada con un miembro del MRTA y que tuvo el descaro de mencionarlo en sus agradecimientos por su “amor y apoyo constante y en reconocimiento a su fortaleza en medio de tanta injusticia que nos afecta”. Porque, claro, resulta escandaloso imaginar que los emerretistas puedan dar “amor y apoyo” a sus parejas y que puedan ser objeto de una injusticia judicial. Como escribe Durand en la misma tesis del 2005, su esposo resistió “quince años de cárcel” y luego tuvo que enfrentar “un nuevo pedido fiscal de cadena perpetua”. 

Paralelamente, se hizo circular la noticia de que el Fenate (Federación Nacional de Trabajadores del Perú) de Castillo tenía miembros del Movadef. No se quiso entender la diferencia entre que haya miembros del Movadef en un sindicato y que el sindicato sea controlado por el Movadef. Y menos aún se quiso escuchar los artículos y podcasts de Gerardo Saravia en que intenta esclarecer que el Movadef no es el brazo legal de la facción armada de Sendero Luminoso y que tiene objetivos mucho más modestos que los de la guerra popular.[5]

Hay más, pero sin duda fue Béjar quien, por su pasado con el Ejercito de Liberación Nacional, atrajo más que nadie la atención de los autodenominados jueces de la democracia. De más está decir que obviaron la diferencia entre un guerrillero y un terrorista, así como el hecho de que el admirado presidente de Uruguay Pepe Mujica fue también guerrillero en su juventud. También pasaron por alto que Béjar trabajó luego con el SINAMOS cuando buena parte de la izquierda pensaba que el gobierno de Velasco era reformista e, incluso, semifascista. Y se zurraron en su trayectoria como escritor y profesor de la Universidad Nacional de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

En resumen, fue en el contexto de la construcción mediática de los ministros terroristas que aparecieron las declaraciones de Béjar sobre la Marina y estas acabaron por incendiar una pradera que ya echaba chispas. Y sin embargo… el contexto no se construye a partir del “gabinete proterrorista” sino con una teoría conspirativa que Fuerza Popular, otros partidos de derecha y los medios de comunicación instalaron en la segunda vuelta electoral. En la mecampaña contra Perú Libre se martilló que el gobierno de izquierda moderada prometido por Castillo era el caballo de Troya de los comunistas-terroristas. Y ahora la megacampaña produce una caracterización de los ministros que corrobora lo que advertían los canales de señal abierta y los carteles en las grandes avenidas de Lima.

La megacampaña se origina con la apropiación de Keiko Fujimori y sus aliados políticos, empresariales y mediáticos de la teoría conspirativa de Rafael López Aliaga y su estrategia de repetir mentiras y medias verdades. López Aliaga utilizó esta teoría/estrategia contra la dupla “comunista” Vizcarra-Sagasti en la primera vuelta, y Keiko y sus aliados hicieron lo mismo, aunque en mucha mayor escala, contra Castillo y Perú Libre en la segunda. Pero en ambos casos se obedecía a la lógica del delirio paranoico. Así como en la paranoia el delirio intenta “reparar” una mente que se desarma, en el delirio de Keiko y sus aliados se trataba de impedir el colapso del sistema neoliberal a causa de las múltiples demandas sociales. Y para ello se urdió una narrativa en que los agentes más virtuosos de la sociedad peruana se unían a un pueblo peruano trabajador, capitalista y democrático contra la amenaza del comunismo y el desastre de Venezuela.

Sin duda, el anticomunismo no es cosa de la reciente elección, pero nunca antes se había visto un acuerdo tan grande entre partidos, medios y empresarios que tuviera tal resonancia en la población limeña. Lejos de haber desaparecido con la segunda vuelta, la megacampaña continuó en la “tercera vuelta” tratando de distorsionar la “voluntad popular” hasta naturalizarse, después de 28 de julio, como el contexto interpretativo de los acontecimientos políticos. Pero, ahora, además, el partido Morado y muchos periodistas “progresistas”, que se presentan como alternativos a los medios hegemónicos, alimentan consciente o inconscientemente la existencia de un complot comunista-terrorista contra la democracia. Lo cual quiere decir que el delirio paranoico de la derecha radical se ha normalizado en Lima y que hemos entrado al régimen de la posverdad.

No podemos seguir permitiendo que se utilicen los nombres comunismo y terrorismo como si fueran sinónimos. Hay que salir del closet, aceptar lo que es parte de nosotros y comenzar a recuperar la convicción para desmontar los delirios de la derecha. Solo desmontándolos podremos pensar y actuar sin sentir en la nuca un aliento rabioso. Y solo así podremos analizar sobriamente las decisiones, designaciones y estrategias del gobierno de Castillo, y apoyarlo críticamente. Sí, apoyarlo, críticamente, pero apoyarlo, pues –hace falta recordar, y es curioso que haga falta– este no es simplemente el gobierno de Castillo sino el de una tensa coalición de izquierda que en este momento se enfrenta a la determinación del status quo por convertirlo en un segundo humalismo o, de lo contrario, sepultarlo.

El plan de Cerrón

Ya hemos visto que durante la segunda vuelta se propuso que el gobierno de izquierda moderada de Castillo era un simulacro detrás del cual se escondía la amenaza del comunismo-terrorismo. Otra manera de decirlo es que detrás del simulacro se escondía el plan Cerrón. Y, ahora, con la presentación del gabinete Bellido, se corrobora que Castillo mintió al electorado. Prometió que Cerrón no estaría ni de portero, pero ahora se ve “claramente” que el portero es en realidad un titeretero que mueve al presidente a su antojo para agudizar las contradicciones, cerrar el congreso, llamar a la Asamblea Constituyente e instaurar un gobierno comunista como el de Cuba o Venezuela. De hecho, para el politólogo Alberto Vergara, algo de esto ya ha ocurrido pues, en la práctica, “Castillo está vacado y Cerrón manda al margen de la institucionalidad democrática”.[6]

¿Qué evidencias se tiene de que existe un plan de Cerrón? Las designaciones de Guido Bellido como Presidente del Consejo de Ministros, un hombre cercano a Cerrón, Waldemar Cerrón, hermano de Vladimir, y la de algunos ministros inexpertos de PL o cercanos a PL que no están a la altura de su cargo. Hay más, pero estas designaciones demuestran que Cerrón está retando al congreso para que censure al gabinete y estar un paso más cerca a la disolución del congreso. De allí el poco interés de PL por las comisiones parlamentarias: ¿para qué van a luchar por las comisiones si el objetivo real es la disolución?  

Seamos claros: Cerrón puede tener en efecto un plan para disolver el congreso (asumámoslo como cierto, aunque esto no deje der una conjetura), pero él no controla toda la bancada de PL ni mucho menos a la alianza PL-JP. Recuérdese que hay 13 maestros congresistas de PL cercanos a Castillo que han estado contra la designación de Bellido y que posiblemente acaben armando su propia bancada. Y recuérdese además que los aliados de JP se inscriben claramente dentro de la institucionalidad democrática.

Se me dirá que Cerrón se sirve de los “caviares” de JP para blanquearse hasta que ya no le sirvan más. Todo cabe dentro de lo posible, pero eso todavía no ha sucedido y por el momento habría que pensar lo siguiente. Si JP hubiera ganado las elecciones en alianza con PL, ¿le habrían dado a este partido el Ministerio de Economía, el más importante de todos, el cual reparte la plata a otros ministerios? ¿Y no es un signo de apertura ideológica que, a pesar de la mentalidad machista de Castillo, Cerrón y PL, le hayan dado el ministerio de la mujer a alguien como Anahí Durand? Todo esto sugiere que hasta el momento Castillo valora a sus aliados en dos puntos claves: la política económica y la política de género.

Se me dirá también que Castillo y Cerrón son socios políticos que tienen objetivos en común. Sí, lo son, y lo extraño sería que no los tuvieran. Pero es más extraño aún que la derecha liberal pida ahora a uno renegar del otro, cuando se ha pasado décadas lamentando la falta de institucionalidad de los partidos, convertidos en vientres de alquiler. Castillo y Cerrón son socios políticos; sin embargo, no están de acuerdo en todo. Si lo estuvieran, Pedro Francke y sus “Chicago boys” no estarían en el Ministerio de Economía.

Se me dirá, no obstante, que la designación de Waldemar Cerrón como vocero de la bancada demuestra la influencia de Cerrón en el gobierno. Una influencia negativa, además, pues si Betssy Chavez hubiese sido la vocera, PL no habría perdido todas esas comisiones parlamentarias. Y yo concedo este punto: no solo Waldemar Cerrón sino la designación de algunos ministros inexpertos de (o cercanos a) PL pueden hacer que el gobierno acabe disparándose en el pie. Pero una cosa es que Cerrón tenga influencia en el gobierno y otra distinta que pueda determinar lo que ocurre en él.

Hay que dejar de mirar al Gobierno como una sólida unidad que responde al plan de Cerrón, pues allí hay más bien una multiplicidad de la cual Cerrón es solo uno de sus elementos. De hecho, es esta multiplicidad no del todo consistente la que retarda las buenas decisiones; la otra parte sería la inexperiencia. Pues las decisiones tardías abundan desde la campaña: recuérdese cómo se demoró Castillo para proponer un equipo técnico, o un plan alternativo al Ideario, o para calmar al empresariado y al “centro” progresista dando más protagonismo a Pedro Francke. Es, junto a la inexperiencia, la dificultad para conciliar distintas posiciones la que casi le cuesta a Castillo una elección ganada (la otra parte es la megacampaña en su contra) y la que en las tres primeras semanas de gobierno le ha costado la mesa directiva del congreso y las más importantes comisiones.

En el psicoanálisis lacaniano, se piensa que la cura de un paciente pasa por atravesar el fantasma fundamental (es decir, relativizarlo, restarle fuerza). Y la cura del análisis político en este caso pasa por atravesar la teoría conspirativa llamada “plan de Cerrón”. Si uno lo consigue, se podría ver que más que un proyecto totalitario, hay en el gobierno inexperiencia y dificultad para conciliar diversas posiciones. Y también que hay ministros y proyectos muy buenos en las carteras de economía, salud, justicia, educación, mujer, etc. De manera que, si uno se deja arrastrar por las teorías conspirativas de la derecha, puede acabar perdiendo una gran oportunidad de cambiar algo o mucho en el país. Pero para resistir la potencia de esas teorías, se necesita no solo espíritu crítico sino también convicción.

Recuperar la convicción

No me sorprende que los progresistas o la derecha liberal se dejen arrastrar por las teorías conspirativas de la derecha radical y conservadora. Tampoco me sorprende que lo haga cierta “izquierda” capitalina. Pero me preocupa que PL lo haya hecho. Porque, retrocediendo sobre nuestros pasos, no fue la derecha quien sacó a Béjar de su puesto sino el gobierno de Castillo.

Así como a muchos en la izquierda, al gobierno le temblaron las piernas. Sí, seamos francos. Cuando irrumpe el terruqueo cerca de nosotros, nos sentimos tentados de decir: “El terruco es él, no yo”. Y es esto mismo lo que a fin de cuentas hizo el gobierno con Béjar: “El terruco es él. Nosotros, el gabinete, el gobierno, nos solidarizamos con la gloriosa Marina de Guerra del Perú y le agradecemos su esfuerzo contra el terrorismo”.

No quiero decidir aquí si el gobierno actuó bien o mal haciendo renunciar a Béjar. Quizás Béjar no era un canciller para un congreso tan adverso. O quizás este era el precio a pagar por que pueda prosperar el gabinete Bellido. Pero quizás también el retroceso del gobierno haya sido como entregar a los perros un hueso jugoso y nutritivo que los incentive a venir por más y con más fuerza. De hecho, un día después de la salida de Béjar, el almirante Montoya anunció que seguirán con las interpelaciones de ministros, y Rosa María Palacios y Álvarez Ródrich manifestaron en coro que Bellido no es el ministro que necesita el país, que Castillo debería salirse del plan de Cerrón, presentar un gabinete nuevo que responda a la “voluntad popular” (la cual no es más que la voluntad de la derecha) y sepultar de una vez por todas las aspiraciones a la Asamblea Constituyente.

El tiempo permitirá evaluar mejor la decisión del gobierno de abandonar a Béjar, pero por lo pronto se ha perdido una oportunidad para empezar a desmontar las teorías conspirativas de la derecha que le dan contexto a las acciones políticas. Quiero terminar concentrándome en esto. Si las piernas tiemblan ante el terruqueo, es porque este es parte de una teoría conspirativa potente y extendida en la población. Pero también tiemblan las piernas porque muchos de nosotros en la izquierda no estamos seguros de lo que pensamos y creemos. Basta con unas pocas y sencillas preguntas para probarlo. ¿Cómo debemos lidiar en la izquierda con nuestro pasado violento?, ¿debemos aceptarlo o rechazarlo de plano?, ¿seguimos todavía creyendo que nuestro norte es la superación del sistema capitalista? Y si esto es así, ¿cuál es el nombre de nuestro proyecto alternativo?

No puedo explayarme aquí con las respuestas. Pero sí puedo decir algo que ponga en marcha la discusión. Con respecto al pasado violento de la izquierda, provoca responder que lo rechazamos de plano ya que, actualmente, por buenas razones, hemos optado por la institucionalidad democrática. Pero ese rechazo nos condenaría a no poder establecer diferencias éticas entre el terrorismo de Sendero Luminoso y la guerrilla del Ejercito de Liberación Nacional, entre los Jemeres Rojos y los communards de París, o entre el periodo estalinista y los primeros años de la URSS. No se puede simplemente decir que toda la violencia fue necesaria para cambiar el mundo, pues hubo violencia que no solo obstaculizó el cambio, sino que lo hizo retroceder. Pero tampoco se puede decir que toda la violencia fue negativa porque sencillamente no es verdad. ¿Acaso el alabado mundo de la democracia liberal no vio la luz con la revolución francesa? ¿Acaso la nación peruana que hoy celebra su bicentenario no nació de una cruenta guerra de independencia?

La izquierda no debe dejarse arrinconar por la cínica indignación moral de una derecha que deniega su propio pasado violento. Los que apoyan a la Marina citan a la CVR para refutar a Béjar, pero no dicen nada sobre el terrorismo de los Infantes de Marina en la sierra. Urge a la izquierda hacer una revisión crítica de su pasado y sacar sus propias conclusiones.

Con respecto al proyecto de superación del capitalismo, en mi último libro Sobre héroes y víctimas me pregunto sobre cuál debería ser nombre del proyecto: democracia radical, socialismo o comunismo. Junto a Alain Badiou, Slavoj Zizek y otros, Daniel Bensaïd opta por la palabra comunismo y arguye que “es la que conserva más sentido histórico y carga programática explosiva. Es la que mejor evoca lo común del reparto y de la igualdad, la solidaridad enfrentada al cálculo egoísta y a la competencia generalizada, la defensa de los bienes comunes de la humanidad, naturales y culturales, la extensión de los bienes de primera necesidad de un espacio de gratuidad (desmercantilización) de los servicios, contra la rapiña generalizada y la privatización del mundo”. Pero yo, emulando a José Carlos Mariátegui con su Partido Socialista Peruano, opto provisionalmente por el nombre socialismo para darle apertura a un proceso que recién comienza, o mejor, re-comienza.

En cualquier caso, aún si se escoge socialismo, o democracia radical (como lo hacen Ernesto Laclau y varios movimientos sociales en el siglo XXI), o algún otro nombre que evoque la urgencia ecológica, sería un error repudiar o desentenderse de comunismo. No solo por lo expuesto por Bensaïd sino porque eso implica desconectarse de la sucesión de luchas históricas que, en los siglos XIX y XX, afianzaron un trayecto hacia una nueva organización colectiva.[7] Sin duda, las soluciones del comunismo del siglo XX no pueden ser las nuestras, tenemos que asumir la invencióncomo nuestra principal consigna, pero se hace mal en no reconocer a nuestros antecesores bajo la excusa de que somos ahora una “izquierda democrática y moderna”, pues entonces uno se extravía del trayecto y se encuentra a la deriva contra el embiste de las teorías conspirativas de la derecha. 

Hay que aceptar críticamente las experiencias comunistas en los últimos dos siglos. Es una manera de empezar a cobrar el valor y la fuerza necesarios para resistir las megacampañas de terruqueo que vienen de todas partes. Oscar Wilde llamó a la homosexualidad “el amor que no osa decir su nombre”. A manera de pastiche, Slavoj Zizek titula uno de sus últimos libros Una izquierda que osa decir su nombre para luego explicar, en la última frase de la Introducción, que ese nombre vergonzoso es comunismo.[8]

Los homosexuales tienen mucho que enseñarnos. En una época se les decía en EE. UU. queers (raros), pero en vez de rechazar el nombre, o decir “No, yo no soy raro, el raro es el otro”, lo aceptaron como un objeto de identificación y posteriormente desarrollaron la “teoría queer” que da inicio a todo el pensamiento sobre el género, hoy tan cuestionado por la derecha radical. De igual manera, cuando alguien nos dice comunista, no deberíamos recurrir a la denuncia del prójimo para sugerir implícitamente que “Nosotros somos tan buenos como quien nos denuncia”, sino afirmar: “Soy, en efecto, comunista porque soy parte de un largo proceso político disciplinado y azaroso que explora la posibilidad de hacer existir un orden colectivo donde no estén reñidas la libertad y la igualdad”.

No podemos seguir permitiendo que se utilicen los nombres comunismo y terrorismo como si fueran sinónimos. Hay que salir del closet, aceptar lo que es parte de nosotros y comenzar a recuperar la convicción para desmontar los delirios de la derecha. Solo desmontándolos podremos pensar y actuar sin sentir en la nuca un aliento rabioso. Y solo así podremos analizar sobriamente las decisiones, designaciones y estrategias del gobierno de Castillo, y apoyarlo críticamente. Sí, apoyarlo, críticamente, pero apoyarlo, pues –hace falta recordar, y es curioso que haga falta– este no es simplemente el gobierno de Castillo sino el de una tensa coalición de izquierda que en este momento se enfrenta a la determinación del status quo por convertirlo en un segundo humalismo o, de lo contrario, sepultarlo.


[1] “Hildebrandt: La marina estuvo metida en actos terroristas, así que no me vengan con cuentos”. En La República. 18/08/21. https://larepublica.pe/politica/2021/08/18/cesar-hildebrandt-la-marina-estuvo-metida-en-actos-de-terrorismo-asi-que-no-me-vengan-con-cuentos/

[2] Augusto Alvarez Rodrich, Claro y directo. 16/08/21.  https://www.youtube.com/watch?v=8T3h5E9YJDI

[3] Rosa María Palacios. Tweet del 16/08/21. https://twitter.com/rmapalacios/status/1427424508076511241

[4] Perú Digital Noticias. https://www.youtube.com/watch?v=QbJ7zQgHxlY

[5]Gerardo Saravia, “Castillo y el Movadef” . https://www.revistaideele.com/2021/06/04/castillo-y-el-movadef/

[6] Entrevista a Alberto Vergara en La República. 01/ 08/21. https://larepublica.pe/politica/2021/08/01/alberto-vergara-en-los-hechos-pedro-castillo-ya-fue-vacado-por-vladimir-cerron/

[7] Bensaïd, D. (Diciembre, 2009). “The Powers of Communism”. En. Marxist Internet Archive. Recuperado de https://www.marxists.org/archive/bensaid/2009/12/powers.htm

[8] Slavoj Zizek, A Left that Dares to Speak its Name. Cambridge, Uk. Polity Press, 2002. Pg 6.

Sobre el autor o autora

Juan Carlos Ubilluz
Doctor en Literatura

1 Comentario sobre "Hay que desmontar los delirios de la derecha"

  1. Marita+Baltazara+Espinoza+Valdivieso | 24 agosto 2021 en 21:18 | Responder

    Juan Carlos Ubilluz Raygada, en el presente ensayo titulado. “Hay que desmontar los delirios de la derecha”. Nos señala los pasos a seguir consecutivamente, seguida de una narrativa coherente, explícita que hacer o cómo avanzar en los frentes del surgimiento de “teorías conspirativas” – TC o de grupos conocidos como la DBA. Apañados por los medios concentrados de comunicación e incluso por periodistas que se autodenominan “democráticos”. JCUR. Señala que “el gobierno ha perdido una oportunidad y una estrategia de guerra (juegos de trono) de hacerle un “pare”convincente y frontal a estas TC. Un ejemplo es el pedido de RENUNCIA del Ministro de RREE del Peru Hector Bejar Rivera. (20 días). Al contrario el gobierno debió enviar un mensaje a las TC o la DBA “que no los van a vencer”; “las piernas” no les temblarán ante tanta torpeza terruqueadora.
    Así mismo JCUR, ha enunciado preguntas a ser consideradas por los grupos llamados de izquierda (hay varias izquierdas, pueden ser: alta, media, baja…), quienes tienen y deben “salir del closet”, expresar “una posición ideológica” constructiva, de escuchar y de diálogo. Sino manifiestan una posición, entonces a los de izquierda “también tiemblan las piernas”. “Por que muchos de nosotros(as)… no estamos seguros de lo que pensamos y creemos”. Y es en esta disyuntiva de “ser o no ser” que los otro(as), los de la DBA y las élites de poder avasallan, engañan, mienten, insultan… humillan. Seguramente por este tipo, perfil de personas Cesar Abraham Vallejo Mendoza, en el poema “Los Nueve Monstruos”
    Dijo: “hay, hermanos, muchísimo que hacer.”

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