“El colegio no es una pantalla”

Escrito por Imagen: Diario Gestión Revista Ideele N°299. Agosto-Setiembre 2021

Los más jóvenes asociarán “la voz” a concurso de canciones y si bordeas las cinco o más décadas “la voz” es sinónimo de acertado, de alternativa frente a algo. Voy a aplicar este segundo.

En la reciente polémica sobre el retorno seguro a clases con adherentes y contrarios inclusive entre las mismas autoridades del gobierno, ¿cuál sería “la voz”? ¿Retornar el 2021 o esperar al 2022? Si la discusión la dejamos entre adultos, abundarán argumentos de diferente calibre y la tendencia será a polarizar más que a consensuar dependiendo el rol, intereses y práctica.

¿No sería “la voz” preguntarles a los niños, niñas y adolescentes?

Escuchamos la voz de quienes están más afectados por los efectos del encierro que por la pandemia, al punto que algunas proponen  “pedirles disculpas” porque “sin evidencia científica los encerramos, los culpamos de contagiar y aun no vuelven a su escuela[1]”. 

El trato que han recibido los niños y los adolescentes no hace sino corroborar lo que vemos en situaciones de desastre: invisibles como sujetos con voz y vivencias propias. No tomados en cuenta las decisiones, supuestamente para su propia mejoría. Son “atendidos” pero no acompañados y tratados como personas cuyas opiniones son parte de las soluciones y que necesitan comprender lo que ocurre para que el miedo y la angustia no bloquee su capacidad de hacer del momento de crisis una oportunidad de aprendizaje.

Bien nos haría visibilizar y escuchar los argumentos de los niños, por un asunto de rigurosidad científica, si es que no queremos admitir que son ciudadanos y tienen derechos.

Los niños como sujetos, como personas con agencia (capacidad para dar soluciones a lo que les compete) no han sido tomados en cuenta. ¿Qué periodista les ha preguntado directamente qué opinan? ¿Quién les ha preguntado cómo perciben el miedo, el estrés de sus padres y vecinos o el dolor y la angustia de las muertes que en algunos casos enlutaban con frecuencia la vida familiar? ¿Quién sabe qué están sintiendo los huérfanos por efecto COVID? ¿Qué es lo que ellos han aprendido de la experiencia de la pandemia?

Han aprendido a reducir su espacio vital con regulación de horarios y convivencia para las clases virtuales, los que están en mejores condiciones, impregnados de un sentimiento de culpa porque se propalaba que ellos eran los principales transmisores agresivos de la Covid 19 cuando luego se demostró lo contrario. Luego,  salir temerosos sin hacer uso de parques, durante una hora en compañía de sus padres. Y el actual:  cuando un grupo de ellos al lado de sus familias ha decidido volver porque “no se aprende tras una pantalla”[2]. Han salido a marchar, aprendiendo otro significado: no son los desfiles escolares que imitan los militares con rostro adusto y movimientos rígidos. Este tipo de marcha ha sido festiva y lúdica: en bicicleta, patineta, conversando y riéndote con tus amigos al mismo tiempo que hacerse escuchar.

Los niños también fueron protagonistas de esta marcha. Noté algo nuevo: niños expresándose con argumentos genuinos, pronunciando y entonando espontáneamente cada palabra. Varios de ellos fueron entrevistados o tomaron el micrófono frente al Minedu y era evidente que sus palabras y sus voces expresaban lo que han aprendido: “que el colegio no es una pantalla, no es un zoom, es un lugar”, “en el colegio quisieras estar con tus amigos y no matarte del aburrimiento y eso no debería pasar”, un lugar “donde encontrarte con tus amigos y conocer a sus profesores”. También definieron lo que es y no es aprendizaje. “Piensan que mientras sigas aprendiendo (léase acumulando y repitiendo información) está bien sin preguntarnos si nos gusta o no”. “La educación no es solo aprender, también son otras cosas”, “el aprendizaje tiene que ser divertido”.

Lo significativo de estas expresiones es que ellos aluden a la escuela como un lugar donde se viven experiencias afectivas y sociales.  Estoy segura que cuando padres sabrán qué proyecto educativo elegir para sus hijos y si son docentes qué harán para provocar aprendizajes.  

Para terminar, quisiera ensayar una hipótesis: ¿será que esa escuela que reclaman estos niños es lo suficientemente buena para ellos al punto de que la extrañan como para reclamarla en las calles? ¿Un lugar, donde se aprende divertido y se tienen amigos? Y será que quienes no la reclaman ¿es porque esa escuela no ha logrado convertirse en el espacio extrañado y da lo mismo estar sentado frente a una pizarra que frente a una pantalla? Creo que “la voz” sería dar voz a los protagonistas del aprendizaje: los niños, niñas y adolescentes.


[1] Colectivo Retorno Seguro.

[2] Este y los testimonios a continuación son de niños durante la marcha por el Retorno a Clases el 21082021.

Sobre el autor o autora

Emma Aguirre Fortunic
Licenciada en Educación Inicial por la UNMSM con estudios de Maestría en Gestión Educativa en la PUCP, profesora con título otorgado por el Instituto Superior Pedagógico Público Emilia Barcia Boniffatti hoy Escuela Profesional. Su trayectoria está marcada por ser gestora de iniciativas: Coordinadora de los Derechos del Niño para la firma de la Carta de la Convención, Promotora de los Programas de Cuidado Infantil en San Juan de Lurigancho antecesores de los Wawa Wasi, la primera Guía de Estimulación Socio Afectiva y de Lenguaje (1987) en el contexto de violencia para niños sectores populares. Directora de la Dirección de Educación Inicial del MINEDU (2007 – 2011). Actualmente consultora independiente e integrante del colectivo Retorno Seguro.

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